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Como si hubiéramos estado de
vacaciones; sin embargo, las tareas no disminuyen en
estos meses. Ciertamente, algunos hermanos han
podido visitar a sus familiares de ultramar, y ha
habido unas cuantas salidas al aeropuerto para
despedirlos.
De viaje se fue el padre José Estebas a Chiclayo.
Lo hizo con maletas y todo, para reforzar la
comunidad. Gracias, José, por tu disponibilidad;
que son dos cambios el mismo año. También llevó
maletas el joven Édinson Sigüeñas para
incorporarse al noviciado de Monteagudo: Será el único
representante de Perú este año. Nos costó,
reservar un puesto en los vuelos de Iberia.
En agosto renovaban los votos fray Miguel Núñez y
fray Jorge Cubas, que al igual que sus compañeros,
se han tenido que estrechar un poco para dar cabida
a los cinco neoprofesos que legaban de Monteagudo,
no sin su pequeña aventura por culpa de horarios
mal entendidos. Se ve que tenemos poca experiencia
de vuelos.
Hubo otros viajes: el padre vicario y el padre
Ignacio Reinares volaban a Colombia para las
celebraciones del IV Centenario de la Recolección
en América. El día 11 de agosto se inauguraban en
el Desierto de la Candelaria, con vísperas
cantadas, serenata, rosario de faroles por el pueblo
y fuegos artificiales. El 12, tras las laudes y una
conferencia a cargo de los teólogos de Suba, se
ofició la eucaristía solemne presidida por el señor
obispo de Chiquinquirá, después de la cual se
presentó una ofrenda floral ante el busto del padre
Mateo Delgado, primer impulsor de la Recolección en
Colombia.
El día 14, en la catedral de Bogotá, se tuvo la
eucaristía, presidida por monseñor Olavio López y
acompañado de unos sesenta sacerdotes, en la que
participó el coro del colegio Agustinano de Ciudad
Salitre. Con ello comenzaba el simposio del cuarto
centenario, con gran asistencia de público y
conferenciantes de reconocida categoría, quienes
resaltaron la participación de nuestros hermanos en
la vida eclesial, religiosa, social, política,
literaria y artística de Colombia a lo largo de
estos cuatrocientos años. La vicaría de Perú
obsequió a la provincia de La Candelaria un retablo
ayacuchano que representaba los misterios del
nacimiento, pasión y resurrección del Señor, obra
artística que provocó admiración en todos.
La celebraciones de san Ezequiel, santa Mónica, san
Agustín y Nuestra Señora de la Consolación fueron
motivo para el encuentro fraterno en torno a
nuestros santos, modelos para nuestras vidas. En la
solemnidad de san Agustín fueron invitados a la
comunidad San Ezequiel Moreno para los diferentes
actos los familiares de los religiosos presentes y
ausentes, miembros de las comunidades de la
fraternidad seglar y benefactores. Pasamos de
ochenta los comensales. El día de santa Mónica se
tuvieron sendas celebraciones para la comunidad de
las madres cristianas santa Mónica en Santa Rita y
en La Caridad. Se aprovechó la celebración para
animar y coordinar el compromiso de oración que han
asumido. Va creciendo constantemente el número de
coros de madres que, a ejemplo de santa Mónica,
oran por sus hijos.
El día de Nuestra Madre de la Consolación, después
del mediodía, fallecía nuestro querido padre José
Alberdi, que ha recibido una atención esmerada,
particularmente, de la comunidad del teologado de la
que era miembro. Era sábado, y la Virgen le acompañó
en la llegada a la meta. Fue velado en el salón de
la casa esa tarde, y el domingo en el salón
parroquial, donde recibió la despedida de numerosos
fieles que lo recordaban con el mismo cariño con
que él los trató durante los años que residió en
Santa Rita. Sobre su féretro alguien depositó un
caramelo. Que goce de la dulzura y la paz del Señor
por toda la eternidad.
Después de la misa de funeral en la parroquia Santa
Rita de Casia, en la que concelebramos todos los
religiosos, más el padre Roberto venido de
Chiclayo, el lunes recibió sepultura en el
cementerio de los padres Pasionistas de La Planicie,
en La Molina, al lado de su connovicio el padre
Feliciano Díez. El Señor, que los unió en esta
vida, los reúna también en torno a sí en la
eterna.
Como toda la provincia, recibimos, consternados, el
último día de julio la noticia del fallecimiento
del padre Félix Alonso. Las comunidades lo
encomendamos en nuestras oraciones, y en la iglesia
de Santa Rita, donde le tocó trabajar mientras
estuvo en el Perú, se ofreció la eucaristía en la
que participaron numerosos fieles, hermanos de la
fraternidad agustino-recoleta y una representación
del colegio. Que goce del descanso eterno.
P. José Miguel Lerena.
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