Renovación
Carismática Católica Diócesis de la Serena |
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Información Los datos de interés para los hermanos que integran el ministerio los podrá encontrar en este lugar.
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Los Ministerios Tomado de la web de la renovación de los hnos del Perú
RENOVACIÓN CARISMÁTICA CATÓLICA Línea de Acción «Formación y Liderazgo» Curso elaborado por: Luis Alberto Amico CURSO: LOS MINISTERIOSCONTENIDO DEL CURSO:
Objetivos del curso:
Metodología del curso:Se buscará combinar lo expuesto aquí con ejemplos prácticos aportados por el ponente. Para ello, se aconseja que se invite a ponentes con amplia experiencia en la RCC, no sólo en su propio grupo de oración, sino que conozcan la realidad de otros lugares. Al finalizar cada tema, pueden hacerse Talleres o compartir preguntas por grupos. Es bueno que se incentiven las preguntas por parte de los participantes del curso. EL SERVICIOObjetivo del Tema:Establecer que el servicio es la forma de vida propia del cristiano, y que no puede haber otra. Destacar la necesidad de tener un auténtico espíritu de servicio. Enseñanza
«5 Yo soy la vid, ustedes las ramas. El que
permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto;
porque sin mí no pueden hacer nada. 6 El que no permanece unido
a mí, es arrojado fuera, como las ramas que se secan y luego son
amontonadas y arrojadas al fuego para ser quemadas.
7 Si permanecen unidos a mí y mis palabras permanecen en
ustedes, pidan lo que quieran y lo tendrán. 8 Mi Padre recibe
gloria cuando producen fruto en abundancia, y se manifiestan como
discípulos míos.
9 Como el Padre me ama a mí, así los amo yo a ustedes.
Permanezcan en mi amor. 10 Pero sólo permanecerán en mi amor,
si ponen en práctica mis mandamientos, lo mismo que yo he puesto en
práctica los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11
Les he dicho todo esto para que participen en mi alegría, y su alegría sea
completa.
12 Mi mandamiento es éste: Ámense los unos a los otros, como yo
los he amado. 13 Nadie tiene amor más grande que quien da la
vida por sus amigos. 14 Ustedes son mis amigos, si hacen lo que
yo les mando. 15 En adelante, ya no los llamaré siervos, porque
el siervo no conoce lo que hace su señor. Desde ahora los llamaré amigos,
porque les he dado a conocer todo lo que oí a mi Padre.
16 No me eligieron ustedes a mí, fui yo quien los elegí a
ustedes. Y los he destinado para que vayan y den fruto abundante y
duradero. Así, el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre.
17 Lo que yo les mando es esto: que se amen los unos a los otros»
(Juan 15). «LA GLORIA DE MI PADRE...»
El capítulo 15 del evangelio de San Juan
nos da una muestra de lo que Cristo espera de aquellos que buscan
seguirle. Aquí, Jesús nos habla del servicio, unido al amor
y al dar fruto. Es que el amor no sólo es cuestión de palabras
bonitas o de gestos simbólicos. Para Jesús, amar es “dar la vida” por el
otro (v. 13). Amar es cosa seria.
Cuando servimos, y lo hacemos con amor,
este servicio produce abundantes frutos, y eso es lo que quiere el Señor:
fruto abundante (v. 5, 8 y 16), para que así demos gloria al Padre. El
fruto es el signo de la madurez de una planta y lo es también del
cristiano. Podemos saber que un cristiano está alcanzando su madurez en la
fe, no porque habla o canta bien, ni porque llama la atención, como una
flor, sino porque da frutos; y los principales frutos, para Jesús, son: – La unidad: «El que permanece unido a mi, como yo estoy unido a él...» (v. 5). El discípulo de Jesús no sólo debe estar en contacto con él. Debe estar unido a él. Cristo es quien nos da la fuerza, la unción. Es quien nos da la vida que transmitimos a los demás. Esto significa tener una relación muy estrecha con él. – El amor: «Mi mandamiento es éste: Ámense los unos a los otros...» (v. 12). «Lo que yo les mando es esto: que se amen los unos a los otros» (v. 17). Ese amor se expresa en comunidad, no viviendo aisladamente, buscando únicamente satisfacer las propias necesidades. El verdadero amor se da y se comparte. – El servicio comprometido: «Mi Padre recibe gloria cuando producen fruto en abundancia, y se manifiestan como discípulos míos» (v. 8). «Nadie tiene más amor que quien da la vida por sus amigos» (v. 13). El amor se proyecta hacia los demás. Se involucra y compromete, no es indiferente ni ocasional. – La fe: «Si permanecen unidos a mí... pidan lo que quieran y lo tendrán» (v. 7). «...Así, el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre» (v. 16). La fe está muy relacionada al servicio, pues gracias a ellas podremos vencer los obstáculos que surjan al intentar cumplir nuestra misión. – La alegría: «Les he dicho todo esto para que participen en mi alegría, y su alegría sea completa» (v. 11). El servir al Señor y a nuestros hermanos no tiene que ser tomado como un sacrificio, más bien debe ser para nosotros motivo de gran alegría y satisfacción, pues sirviendo me estoy realizando como persona y como cristiano. – La fidelidad: «Pero sólo permanecerán en mi amor, si ponen en práctica mis mandamientos, lo mismo que yo he puesto en práctica los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor» (v. 10). Aquí, la fidelidad es una conjunción de obediencia y perseverancia. Nótese que para Jesús, perseverar no es mantenerse firme penosamente en medio de los sufrimientos, o llevar una vida llena de sacrificios sin retribución alguna, sino que es simplemente “permanecer en su amor”. De la servidumbre al servicio
La historia del pueblo de Dios nos enseña
que éste vivía en la esclavitud en Egipto, viviendo una cruel servidumbre:
«Los egipcios esclavizaron cruelmente a los israelitas» (Ex 1, 13).
Este trabajo obligado era indigno para el pueblo que el Señor había
elegido. Pero Dios los libró de dicha servidumbre, convirtiéndolos
nuevamente en personas libres. Pero, ¿para qué los hizo libres?
«Libraré a mi pueblo del yugo de la
esclavitud y no volverá a ser esclavo de extranjeros. Y me servirá a mí,
su Señor y Dios» (Jr 30, 8–9). «Y éste es el juramento que había
hecho a nuestro padre Abraham: que nos libraría de nuestros enemigos,
para servirle a él sin temor alguno» (Lc 1, 73–74). «Una vez
libres de la esclavitud del pecado, ustedes han entrado al servicio de una
vida de rectitud» (Rm 6, 18). Dios convirtió nuestra servidumbre
en servicio. Somos libres para servir al Señor,
no para otra cosa. Además, el servicio mismo es liberador y es la mejor
forma de mantenernos libres. El servicio en comunidad
Con líderes maduros, tendremos comunidades
maduras. Las comunidades maduras son aquellas en las que cada uno de sus
miembros ha descubierto qué “rama” de la vida es; es decir, cómo y dónde
quiere Jesús que le sirvamos, y habiéndolo descubierto, se ha puesto a
trabajar comprometidamente para la construcción del Reino de Dios.
Esta es la voluntad de Cristo: «Ustedes
saben que quienes figuran como jefes de las naciones las gobiernan
tiránicamente y que sus dirigentes las oprimen. No debe ser así entre
ustedes. El que quiera ser importante entre ustedes, que sea su servidor;
y el que quiera ser el primero entre ustedes, que sea esclavo de todos.
Pues tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a
dar su vida en rescate por todos» (Mc 10, 42–45). Jesús mismo se
pone como ejemplo de servidor. Si él lo hizo, nosotros, que nos llamamos
discípulos suyos, no podemos menos que hacer lo mismo: «El que dice que
está unido a Dios, debe vivir como vivió Jesucristo» (1 Jn 2, 6).
En ese sentido, quería que sigamos su ejemplo: «Mi Padre no cesa nunca de
trabajar, por eso yo trabajo también todo el tiempo» (Jn 5, 17).
En un Grupo de Oración o comunidad
cristiana, el ambiente más adecuado para desarrollar permanentemente
nuestro servicio son los ministerios. Cuando servimos así, en equipo,
tenemos, como lo dice Pablo, «los mismos sentimientos que corresponden a
quienes están unidos a Cristo Jesús»
(Flp 2, 5).
Nosotros somos administradores de los
dones y gracias de Dios, y es nuestro deber emplearlos al servicio de
nuestros hermanos: «Cada uno ha recibido su don; póngalo al servicio de la
multiforme gracia de Dios. El que habla, que lo haga conforme al mensaje
de Dios; el que realiza un servicio, hágalo con la fuerza que Dios le ha
concedido, a fin de que en todo Dios sea glorificado por Jesucristo, a
quien corresponden la gloria y el poder por siempre. Amén» (1 Pe 4,
10–11). No sólo digamos: “Gloria a ti, Señor”. Démosle la debida gloria al
Señor sobre todo con nuestros frutos (Cf. Jn 15, 8). Servicio y santificación
Los líderes de una comunidad deben
trabajar básicamente para una cosa: para que todos los miembros del Grupo
conozcan a Jesucristo, se santifiquen y así, alcancen su salvación.
Todo cristiano debe ser consciente de que
su vocación es la santificación (Cf. 1 Tes 4, 3). El que no aspire
a santificarse, no podrá ser un discípulo de Cristo. Pero, ¿cómo
obtendremos la santidad?
La santidad pasa, ineludiblemente, por el
servicio consagrado a Dios y a nuestros hermanos.
La diferencia entre unos y otros será, entonces, en la forma en que el
Señor quiere que nos santifiquemos, es decir, la manera concreta en que
quiere él que le sirvamos. Cada santo que conocemos y que admiramos,
alcanzó la santidad precisamente siguiendo fielmente el plan de Dios para
su vida, sin sustituirlo por uno propio y personal. ¿QUÉ ES UN MINISTERIO?Objetivo del Tema:
Presentar los Ministerios
como una manera concreta de organizar nuestro servicio, realizado en
comunidad. Enseñanza:1. ¿QUÉ SON LOS MINISTERIOS?
La palabra griega diaconía
(propiamente: “el servicio en un banquete”), se utiliza en la
Biblia indistintamente con el significado tanto de servicio como de
ministerio. La expresión latina “ministrare”, significa,
precisamente, servir. “Ministerio” en el Nuevo Testamento quiere
decir servicio. La Palabra de Dios resalta la importancia del
ministerio al servicio de la salvación (cf. 2 Co 11, 14–15), del
evangelio (Ef 3, 5–7; Col 1, 23), y de la nueva alianza (2
Co 3, 6).
Hay dos formas de enfocar nuestro
ministerio. La primera, de manera personal. En este sentido,
nuestro ministerio es nuestro servicio, nuestro apostolado, el encargo o
misión que hemos recibido del Señor; como por ejemplo, la enseñanza, la
música, el pastoreo, la intercesión, el apostolado de enfermos, el
servicio de ambientación, la predicación, etc. Todo esto puede
considerarse como nuestro ministerio personal o apostolado. Es muy
importante que todos tengamos muy claro cuál es el ministerio que hemos
recibido del Señor.
En el plano comunitario, es decir,
dentro de un Grupo de oración o una comunidad cristiana, un ministerio
es un equipo de hermanos de la comunidad que, compartiendo un mismo
carisma, y de manera permanente y comprometida, realizan un servicio o una
tarea específica dentro o fuera del grupo de oración, como parte de su
crecimiento personal y comunitario.
2. VARIEDAD DE LOS MINISTERIOS
La manifestación y desarrollo de los
carismas en nuestro grupo de oración son un signo importante de que está
actuando el Espíritu Santo, que lo guía y llena de su gracia: «Del
mismo modo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los
miembros, aun siendo muchos, forman un solo cuerpo, así también Cristo.»
(1 Co 12, 12).
Por una acción misteriosa, cuando el
Espíritu Santo actúa en el Cuerpo de Cristo –la comunidad eclesial–, los
carismas manifiestan la UNIDAD en la DIVERSIDAD. Esto quiere decir que,
habiendo muchas personas en una comunidad, en que cada una realiza una
función diferente, todas trabajan para el bien de todo el cuerpo, y así
toda la comunidad crece unida y fuerte.
En el Cuerpo de Cristo no todos hacen ni
deben hacer lo mismo. Unidad no significa uniformidad. La
diversidad, cuando es fruto de la acción del Espíritu Santo que distribuyó
los carismas a cada uno en particular “según su voluntad” (1 Co 12,
11), no ocasiona división ni confusión, sino todo lo contrario: unidad,
comunión. La diversidad de carismas enriquece a la Iglesia. Pero si
los carismas y ministerios no se ejercen en la unidad y la comunión del
Espíritu, entonces la empobrecen. 3. Tipos de ministerios
Según el actual Estatuto de la RCC,
existen dos tipos de Ministerios. El primero –y el más común–, es el
Ministerio de Servicio (art. 20º, 41º – 43º, 60º – 63º). El segundo, es el
Ministerio Carismático (art. 80º – 85º). a. LOS MINISTERIOS DE SERVICIO: Son los Ministerios que internamente tienen los grupos de oración, las Coordinaciones Zonales, Diocesanas y Nacional, y pertenecen a la estructura organizativa a la que corresponden. Por ejemplo, un grupo de oración o Coordinación puede contar con los ministerios de música, enseñanza, acogida, intercesión, sanación, etc. En ese caso, se dice: «Ministerio de Acogida del grupo de oración X», «Ministerio de Enseñanza Zonal», «Ministerio de Música de la Coordinación Diocesana de...». Un grupo de oración o Coordinación puede y debe tener los Ministerios de Servicio que disciernan que son necesarios. Un ministerio de servicio grupal está integrado por miembros comprometidos del grupo de oración; por tanto el ministerio pertenece y depende del grupo y sigue los lineamientos que su equipo de Servidores, encabezado por el Responsable del grupo, le precisen. Es importante señalar que no existen jerarquías ni línea de autoridad entre los diferentes niveles de un mismo Ministerio de Servicio. Es decir que, por ejemplo, un Ministerio de Música Diocesano no tiene autoridad directa sobre un Ministerio de Música Zonal, ni un Ministerio de Enseñanza grupal debe obediencia a un Ministerio de Enseñanza Zonal. Cada uno responde ante el nivel en que se encuentra: el Ministerio de servicio grupal sigue los lineamientos únicamente de su equipo de Servidores del grupo, el Ministerio Zonal sigue lo que le indica su Coordinación Zonal, y así sucesivamente. Los Responsables de los Ministerios Zonales y Diocesanos, integran su respectiva Coordinación, con voz y voto (Estatuto de la RCC, arts. 30º y 35º). b. LOS MINISTERIOS CARISMÁTICOS: Son Ministerios que «no pertenecen a la estructura interna de algún Grupo de Oración o Coordinación de la RCC Zonal, Diocesana o Nacional, sino que como tales son una Comunidad propia» (Estatuto de la RCC, art. 80º). Es un conjunto de hermanos, miembros activos de la RCC, que deciden formar un equipo que brinde algún servicio, como puede ser: evangelización, música, comunicaciones, etc. Pero al no ser un Ministerio perteneciente a algún grupo o Coordinación, pueden desarrollar su labor en diversos niveles. Por ejemplo, un Ministerio Carismático de Evangelización, puede ser invitado a dar jornadas o cursos en un grupo de oración, en una Zona o a nivel diocesano. Es importante, entonces, que los miembros del Ministerio Carismático disciernan bien su llamado concreto, y que estén insertados en una diócesis específica, donde ejercerán preferentemente su labor (Estatuto de la RCC, art. 82º). El Ministerio Carismático, en ese sentido, empieza a ejercer su servicio oficialmente en el momento en que su constitución es aprobada por el Coordinador Diocesano de la RCC respectivo. Se recomienda que los Ministerios Carismáticos cuenten con objetivos y normas de trabajo y organización explicitadas en un documento escrito, el cual debe ser revisado y aprobado por su Coordinador Diocesano de la RCC. Se recomienda también que cada Ministerio Carismático cuente con su respectivo asesor. También es importante que los miembros del Ministerio Carismático sigan participando de su grupo de oración o comunidad. 4. IMPORTANCIA DE LOS MINISTERIOS
La presencia de los ministerios en los
grupos de oración constituye un elemento primordial para que la comunidad
crezca armoniosamente; es decir, para que madure en Cristo. Cada uno ha
recibido un don de servicio que, al ser ejercido a través de un
ministerio, entonces significará un beneficio para su comunidad (cf. 1
Co 12, 7).
En la comunidad de la Iglesia existen
necesidades importantes. Para ello, tienen que realizarse los servicios
que atiendan esas necesidades. Este es precisamente el papel de los
carismas y los ministerios: servir para el beneficio de toda la comunidad,
para “provecho común” (1 Co 12, 4–7).
Si no existieran necesidades reales, no
tendrían razón de ser los ministerios. Por ello, cuando éstos no se forman
o no cumplen adecuadamente su labor, todo el cuerpo se resiente y empieza
a funcionar defectuosamente, desarrollándose unos miembros más que otros.
La consecuencia es que la comunidad no logra crecer y madurar, y sus
miembros viven en una “eterna infancia”, es decir, con una fe rudimentaria
e incapaz de profundizar en el conocimiento de Dios y de dar fruto: “Se
han vuelto lentos para comprender... ustedes necesitan leche y no alimento
sólido...” (Hb 5, 11–6, 2).
Por ello los ministerios son tan
importantes en los Grupos de oración, pues los Grupos que reciben
continuamente formación y no dan frutos de servicio concreto, que aumentan
sólo en cantidad, mas no en calidad, en realidad no han
crecido, sólo han “engordado”.
Si el Señor nos dio un carisma, hemos
recibido de Él además el ministerio en el cual se ejerce dicho carisma. Y
si se nos confió un ministerio, es porque recibimos el encargo, la misión
de realizar un servicio en la Iglesia:
“Es absolutamente necesario que cada fiel
laico tenga siempre una viva conciencia de ser un «miembro de la
Iglesia», a quien se le ha confiado una tarea original, insustituible
e indelegable, que debe llevar a cabo para el bien de todos” (Juan Pablo
II, exhortación apostólica Christifideles laici, 28).
Según lo afirmado por el Papa, la tarea
del laico en la Iglesia es:
FRUTOS DE LA PRESENCIA DE LOS MINISTERIOSObjetivo del Tema:
Destacar los beneficios que traerá para la
comunidad el implementar los Ministerios que ésta necesita. Enseñanza:
Leamos con atención estas palabras:
«Y fue también él quien constituyó a unos
apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, y a otros pastores y
doctores. Capacita así a los creyentes para la tarea del ministerio y para
la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad
de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, hasta que logremos ser
hombres perfectos, hasta que consigamos la madurez conforme a la plenitud
de Cristo. Así que no seamos niños caprichosos, que se dejan llevar
de cualquier viento de doctrina, engañados por esos hombres astutos, que
son maestros en conducir al error. Por el contrario, viviendo con
autenticidad el amor, crezcamos en todo hacia aquel que es la cabeza,
Cristo. A él se debe que todo el cuerpo, bien cohesionado y unido por
medio de todos los ligamentos que lo nutren según la actividad propia de
cada miembro, vaya creciendo y edificándose a sí mismo en el amor»
(Ef 4, 11–16).
En este valioso texto, la palabra de Dios
nos dice que:
LO QUE EL SEÑOR HACE EN UNA EFUSIÓN
La Palabra del Señor es clara cuando
indica que el Espíritu Santo “reparte a cada uno según quiere” los
carismas (1 Co 12, 11), y esto, para “provecho común” (1 Co
12, 7). Esto quiere decir que cuando el Señor derrama su Espíritu sobre
una comunidad en una efusión del Espíritu, repartirá los carismas que
necesita la comunidad. No más ni menos.
Por ejemplo, si el Señor ve que la
comunidad necesita cuatro miembros que ejerzan el ministerio de la
enseñanza, llamará a dicho ministerio a cuatro hermanos, no a tres ni a
ocho. Si la necesitad es de cuatro hermanos que se dediquen a la música,
dará el carisma a cuatro miembros del grupo de oración, de tal manera que
las necesidades de la comunidad sean
cubiertas por la cantidad de miembros adecuada.
Pero si de los cuatro hermanos de la
comunidad que recibieron el carisma de la enseñanza, sólo dos lo ejercen
mientras que los otros dos no lo hacen, esto ocasionará que:
Resultado:
Toda la vida del cuerpo se trastorna.
Muchos están haciendo lo que no deben o no fueron llamados a hacer, y la
comunidad no puede alcanzar su madurez.
Recordemos que una de las principales
virtudes de un buen líder es el saber reconocer (discernir) los carismas
de los miembros de su comunidad. Así, podrá colocar a cada miembro en el
ministerio al cual el Señor lo haya llamado a servir. Pero si el líder no
se da cuenta de qué dones han recibido los hermanos de su grupo, entonces
les asignará tareas o funciones que no les corresponden. Lo lamentable
sería que alguien esté esforzándose durante años realizando tareas que no
estaban en el plan de Dios para su santificación.
No se trata de que todos hagan todo,
porque así nada harán bien. Lo importante es estar donde el Señor
quiere que estemos, haciendo lo que el Señor quiere que hagamos.
Tampoco quiere esto decir que sólo haremos lo que corresponde a nuestro
ministerio, porque nos especializamos en ello. Muchas veces surgen
imprevistos y será necesario que realicemos algo diferente a nuestro
ministerio, así no creamos tener el carisma respectivo, y tendremos que
hacerlo poniendo todo de nuestra parte para realizar este servicio bien
hecho. Pero lo importante es que reconozcamos claramente nuestro
ministerio y le demos prioridad sobre otros servicios, sin
descartar el apoyar otras actividades en las que sea necesaria
nuestra participación. Eres miembro del Cuerpo de Cristo, pero: ¿Ya has descubierto qué parte del Cuerpo de Cristo eres? CRITERIOS PARA IMPLEMENTAR LOS MINISTERIOSObjetivo del Tema:
Exponer orientaciones prácticas para el
momento en que se van a formar los Ministerios. Enseñanza:CÓMO ELEGIR LOS MINISTERIOS
La creación de cada ministerio debe
discernirse bien y esto sólo se hace comunitariamente, esto es, a nivel
del Equipo de Servidores. Lo primero que debe determinarse es la
necesidad real de que ese servicio debe realizarse en la comunidad. No
deben formarse los ministerios caprichosamente, o porque los demás grupos
los tienen y “no nos podemos quedar atrás”.
Por ejemplo, si se hace necesario que en
el grupo de oración exista un equipo encargado permanente de dirigir la
música y la animación, y enseñe nuevos cantos a la asamblea, se forma el
ministerio de Música, integrado por varios hermanos con el carisma de la
música y la animación, que se dedicarán a esa labor específica.
De igual manera, si notamos que el Señor
está enviando cada semana hermanos nuevos al grupo de oración, ha llegado
el momento de formar el ministerio de Acogida, pues cada hermano nuevo se
merece una adecuada bienvenida y su respectivo seguimiento.
Es importante discernir, antes de
establecer un ministerio, si el Señor ha dado ese carisma a miembros de la
comunidad. Si ello ocurre, es un signo de que el Señor quiere instituir
este ministerio en el grupo de oración. El siguiente paso es llamar a las
personas que lo integrarán. ¿QUIÉNES DEBEN INTEGRAR LOS MINISTERIOS?
Deben ser hermanos en los que podamos
apreciar, las siguientes disposiciones mínimas: a. Una clara conversión. Es decir, que sean renovados en Cristo. No puede ser alguien que recién está asistiendo al grupo de oración, así manifieste ciertas habilidades para desempeñar este servicio (la excepción sería si este hermano “nuevo” ya ha pertenecido a otro grupo de oración y ha tenido antes la experiencia de conocer al Señor). Lo más aconsejable es que, para que alguien se integre a un ministerio, debe haber recibido, por lo menos, el Seminario de Vida en el Espíritu completo. b. Identificación con el grupo de oración. Debe tratarse de hermanos que se sientan verdaderamente parte del grupo de oración, que tengan una identificación con él. No es recomendable llamar a hermanos que, a pesar de tener la capacidad de ejercer el ministerio, no muestran mayor identificación con el grupo de oración y la RCC, y asisten por igual a otros grupos carismáticos o de otro movimiento sin tener en claro dónde quieren servir comprometidamente. Quien integra un ministerio debe ser alguien que sienta claramente que el Señor le llamó a servir siendo parte de esta comunidad. c. Deseo de servir. Uno puede tener el carisma y habilidades innatas para desarrollar una determinada tarea, pero si no muestra disponibilidad, docilidad y deseo de servir al Señor y a sus hermanos aún a costa de muchos sacrificios y privaciones, no debe ser llamado a un ministerio. El trabajo en un ministerio representa para el cristiano el ejercicio responsable, permanente y comprometido de su carisma. A alguien que pertenece a un ministerio se le pueden permitir muchas cosas (errores, faltas, dudas, etc.) pero nunca el que no tenga el deseo de servir. La Palabra del Señor nos exhorta: “En el cumplimiento del deber: no sean flojos. En el Espíritu sean fervorosos, y sirvan al Señor” (Rm 12, 11). d. La manifestación del carisma correspondiente. El carisma nos capacita para desarrollar la tarea del ministerio, es la “herramienta” que necesitamos para realizar ungidamente dicha labor. Si uno no tiene el carisma, entonces será inútil que pertenezca a dicho ministerio. Podrá apoyar eventualmente, como un acto de amor, pero no dedicarse a dicho ministerio. el responsable del ministerio
El Ministerio tiene que ser dirigido por
alguien con experiencia en el uso del carisma propio de dicho servicio, y
es mejor que sea un servidor en actividad. En todo caso, ha de ser una
persona de confianza del Responsable del grupo de oración, quien es la
persona encargada de nombrarle. El Responsable del Ministerio no debe ser
una persona autoritaria, sino alguien que escuche sugerencias y además
motive a sus hermanos a que se santifiquen sirviendo con amor y alegría.
Tiene, asimismo, que informar permanentemente al Responsable del grupo de
oración y al Equipo de Servidores sobre la marcha de su Ministerio, y
escuchar con humildad sus sugerencias. No debe olvidar en ningún momento
que el Ministerio está ante todo al servicio de los hermanos del grupo de
oración, a quienes deben respeto y amor, así como obediencia a sus
autoridades.
Es fundamental que el Responsable del
Ministerio sea alguien que sepa descubrir quiénes son los hermanos de la
comunidad que tienen las características antes mencionadas para integrar
su ministerio, y ¡LLAMARLOS! LA INCORPORACIÓN aL MINISTERIO
La mejor forma es que el propio
Responsable del ministerio se encargue de invitar personalmente a
quienes ha discernido que deben incorporarse al equipo. No es bueno hacer
invitaciones generales a la asamblea: “¿Quién quiere pertenecer al
ministerio de...?”, o: “La reunión del ministerio X es tal día; los
que quieran ir, vayan nomás...”. Esto podría ocasionar que se
incorporen personas que no deberían estar en el ministerio y luego pueden
dificultar la marcha del equipo.
Al momento de llamar al hermano, el
Responsable del ministerio ha de explicarle claramente en qué consiste la
labor a la que ha sido convocado y quiénes integran el equipo.
No debe presionarlo a aceptar
inmediatamente la invitación, sino darle el tiempo que necesite para
contestar. Si la respuesta es afirmativa, el Responsable debe acogerla con
alegría y en la siguiente reunión del ministerio presentarlo formalmente
como integrante del mismo y orar por él (imponiéndole las manos) para que
el Señor le dé la unción que necesita para cumplir su misión en la
comunidad.
El paso siguiente es capacitar
adecuadamente al nuevo integrante del ministerio, sin exigirle demasiado,
pero a la vez transmitiéndole la confianza y el apoyo necesario. LA FORMACIÓN EN EL MINISTERIOSiendo los carismas
gracias de Dios, éstos no se reciben como fruto de nuestros méritos
personales. Son regalos del Señor para nosotros, y sobre todo, para la
comunidad.
En este sentido, se dice
que son “extraordinarios”, porque la capacidad que recibimos para realizar
un servicio determinado –sanación, enseñanza, intercesión, etc.–, no
procede de nuestras capacidades humanas, aunque muchas veces se apoyen en
ellas. Sin embargo, el hecho de
que esta “fuerza” recibida sea “sobrenatural” (porque su fuente es el
Señor), no quiere decir que no debamos formarnos en el adecuado ejercicio
de nuestro carisma. Cada carisma lo recibimos
como una semilla, y es nuestra responsabilidad hacerlo desarrollar a
través de la práctica y la formación.
Está claro que la capacidad no procede de
la formación; es decir, que no voy a tener o hacer aumentar en mí, por
ejemplo, el carisma de la sanación, porque haya leído varios libros sobre
este tema. Pero la formación constante me ayudará mucho para conocer este
carisma, saber en qué consiste, cómo ejercerlo adecuadamente para mayor
provecho de mi comunidad, y cómo desarrollarlo.
La falta de formación acerca de un carisma
nos puede llevar a cometer muchos errores al tratar de usarlo, así lo
hayamos recibido de una manera notoria. el trabajo del ministerio
El ministerio está para hacer algo.
Por ello, en sus reuniones han de:
PRINCIPALES MINISTERIOS EN LA RCCObjetivo del Tema:
Conocer lo fundamental sobre los
Ministerios de Servicio más presentes en los grupos de oración de la RCC,
a fin de enfocar debidamente su funcionamiento. Enseñanza:
1. EL MINISTERIO DE ACOGIDAA. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
B. BENEFICIOS PARA LA COMUNIDAD
C. CARACTERÍSTICAS DE QUIEN INTEGRA EL MINISTERIO
D. TAREAS QUE REALIZA EL MINISTERIO
2. EL MINISTERIO DE PASTOREO
A. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
Nota.- Por «pastoreo» generalmente se suele entender muchas cosas, que van desde consejería hasta dirección espiritual. Lo que aquí vamos a desarrollar corresponde más a lo que en los años recientes se viene conociendo como «acompañamiento espiritual», dirigido fundamentalmente a aquellos hermanos de la comunidad que ya tienen una permanencia estable en el grupo de oración, sobre todo, a quienes culminaron el Primer nivel de Formación. Por lo tanto, no se tratará aquí sobre el pastoreo que se desarrolla durante los cursos del Primer nivel de Formación. B. BENEFICIOS PARA LA COMUNIDAD
C. CARACTERÍSTICAS DE QUIEN INTEGRA EL MINISTERIO
D. TAREAS QUE REALIZA EL MINISTERIO
E. RECOMENDACIONES
F. Bibliografía recomendada
3. EL MINISTERIO DE INTERCESIÓNA. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
B. BENEFICIOS PARA LA COMUNIDAD
C. CARACTERÍSTICAS DE QUIEN INTEGRA EL MINISTERIO
D. TAREAS QUE REALIZA EL MINISTERIO
4. EL MINISTERIO DE MÚSICAA. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
B. BENEFICIOS PARA LA COMUNIDAD
C. CARACTERÍSTICAS DE QUIEN INTEGRA EL MINISTERIO
D. TAREAS QUE REALIZA EL MINISTERIO
5. EL MINISTERIO DE ENSEÑANZAA. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
B. BENEFICIOS PARA LA COMUNIDAD
C. CARACTERÍSTICAS DE QUIEN INTEGRA EL MINISTERIOA. LOS EVANGELIZADORES Son los que llevan
la Buena Nueva y anuncian la salvación. Son ellos los que echan la semilla
en todos los que les oyen. Son los sembradores que muchas veces no ven el
resultado de su trabajo, ya que la semilla germina cuando Dios lo decide.
Los evangelizadores están llevando a cabo la labor que nos encargó el
Señor en Mc 16, 15: “Id y anunciad la Buena Nueva”. Para realizar
esta labor no se necesita tener grandes conocimientos de doctrina, ni
siquiera de la Biblia. Basta –en nuestro caso de la RCC– haber hecho un
Seminario de Vida en el Espíritu y haber tenido un encuentro personal con
Cristo vivo. Condiciones para
ser Evangelizador:
B. LOS MAESTROS Ellos enseñan a los
ya evangelizados lo que Jesús nos reveló y la forma en que nos enseñó a
seguir sus huellas, así como la forma en que deberemos reaccionar en cada
circunstancia de la vida según su ejemplo. Los Maestros cumplen con el
mandato del Señor en Mt 28, 19: “Id y haced discípulos”. Condiciones para
ser Maestro:
C. LOS
PREDICADORES (EXHORTADORES) Son aquellos que
tienen la capacidad de ayudar a la gente a tomar decisiones, empujándoles
y motivándoles a la acción. Es como encender la chispa. Este don no puede
usarse sin el apoyo de un maestro o pastor que continúe su obra.
Hay tres modos de
exhortar: alentar, reprender y retar a hacer algo.
Estas personas están actuando según lo que dijo Pablo a Timoteo: “Exhorta
con paciencia e instruye” (2 Tm 4, 2). Condiciones para
ser Exhortador:
D. LOS CATEQUISTAS Ellos llevan al conocimiento progresivo de la fe. Tienen éxito si previamente la persona a catequizar ha sido evangelizada, es decir, conoce a Dios y se prepara para pertenecer a su Iglesia tomando su lugar en el Cuerpo de Cristo, donde con seguridad le corresponde un lugar. Conducen a ser un verdadero católico. Condiciones para
ser Catequista:
D. TAREAS QUE REALIZA EL MINISTERIO
6. EL MINISTERIO DE SANACIÓNA. FUNCIÓN DEL MINISTERIO
B. Beneficios para la comunidad
C. Beneficios de orar en equipo
D. Dones que intervienen
E. Características DE QUIEN
INTEGRA el ministerio
F. Cómo orar en el Ministerio
de Sanación
G. Cómo sanaba Jesús
CÓMO DESCUBRIR MI CARISMAObjetivo del Tema:Ofrecer algunas orientaciones que ayuden a los participantes a discernir su propio carisma y el Ministerio al cual esté siendo llamado por el Señor. Enseñanza:«Uno solo es el Espíritu, y reparte sus dones a cada uno como desea» (1 Co 12, 11). Existen diversas clasificaciones de los carismas. Entre ellas tenemos:
a. Actitudes que preparan para recibir y discernir nuestro carisma
Con todo esto,
puedes darte cuenta de que el descubrimiento de los dones tiene que ver
más con una actitud abierta, sincera y decidida del creyente que con una
actuación sobrenatural de Dios. El creyente actúa y practica, Dios
confirma y enseña. b. ¿Se puede pedir un don en particular?
Dios da los carismas como le complace (c.f. 1 Co 12, 11), lo que
significa que tenemos que descubrirlos y actuarlos, pero:
En este caso, se trata de la Comunidad quien discierne qué carismas
necesita y los pide al Señor en comunidad y para la Comunidad. c. ¿Qué hacer con el don recibido?
Los dones son herramientas que nos ayudan a realizar nuestra misión
en la Iglesia (grupo, parroquia, movimiento, etc.). Edifican la Iglesia, y
si no se usan eclesialmente pierden profundidad en su tarea. Cuando
discernimos que hemos recibido algún carisma, es nuestro deber ejercerlo (ministrarlo),
pero para ello tenemos que incorporarnos al Ministerio –si ya existe– en
el que podremos hacerlo. Pide al Señor mucho discernimiento y sobre todo
fe y amor para ejercer dicho carisma con quienes Él quiera y en la forma
que Él señale. Es
fundamental que tengamos la visión del plan de Dios para nuestra
vida, y dónde encaja el carisma recibido en dicho plan. El descubrir la
voluntad de Dios es aún más importante que conocer qué carismas tenemos.
Esta voluntad de Dios, que se expresa en una misión concreta, nos
la va mostrando progresivamente, conforme tengamos las actitudes
anteriormente mencionadas. d. ¿Por qué algunos hermanos no usan sus dones?
e. ¿Cuál es mi don?1. ¿Cómo lo sé?:
2. ¿Por qué lo uso y estoy en un Ministerio?, ¿para qué lo hago? ¿Qué necesidad eclesial espero satisfacer? 3. ¿Qué talentos tengo?
4. ¿Cuáles son los frutos?: Personales y Comunitarios.
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Isa 53:1 ¿Quién dio crédito a nuestra noticia? Y el brazo de Yahveh ¿a quién se le reveló? Isa 53:2 Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (le vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar. Isa 53:3 Despreciable y desecho de hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro, despreciable, y no le tuvimos en cuenta. Isa 53:4 ¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. Isa 53:5 El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados. Isa 53:6 Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino, y Yahveh descargó sobre él la culpa de todos nosotros. Isa 53:7 Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca. Isa 53:8 Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido herido; Isa 53:9 y se puso su sepultura entre los malvados y con los ricos su tumba, por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca. Isa 53:10 Mas plugo a Yahveh quebrantarle con dolencias. Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahveh se cumplirá por su mano. Isa 53:11 Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará. Isa 53:12 Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes.
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