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Red Bolivariana, 25 de Febrero de 2002
Vodevil con cachucha
Catherine
García Rodríguez
Donde
no hay democracia, puede haber cualquier cosa menos democracia
Célebres
palabras de la primera cachucha sublevada
¿Quién
puede entender a una oposición que después de criticar ferozmente la supuesta
militarización de la Administración Pública aclama como a un Mesías a cuanto
uniformado abra la boca para hablar mal del Gobierno?
Las
desorientadas y desesperadas hordas que hemos visto en las últimas
concentraciones en la Plaza Francia, aclamando la irracionalidad de cualquier
tonto útil que se preste para hacer públicas sus inconformidades personales,
son una masa acéfala, conformada por grupos enfrentados entre sí, que únicamente
convergen en un punto: sacar a Hugo Chávez del poder.
La
irracionalidad los ha llevado a hacer cosas tan ilógicas como ir a protestar
frente a la residencia presidencial, aún sabiendo que el Presidente no se
encontraba allí. ¿Contra quién protestaban entonces? ¿Contra la Primera Dama
y sus hijos? Seguramente ni ellos mismos lo saben, pues parece que lo único
que pretendían era hacer su acostumbrado circo, su show barato al peor estilo
de programa sabatino.
Para
la oposición todos los caminos conducen a Chávez. Todas las causas y azares
tienen el sello del sino presidencial. ¿Tragedia de Vargas?: Chávez (Iglesia
dixit); ¿Buhoneros?: Chávez; ¿Guerrilla Colombiana?: Chávez; ¿Bin Laden?:
Chávez.
Una
parte de esa nueva especie llamada “antichavismo” basa sus críticas en
especulaciones tan absurdas que ni siquiera ellos se las creen. Si yo
perteneciera al grupo de la oposición seria y sensata, que por supuesto existe,
me darían vergüenza los shows que en los últimos días se han escenificado en
la Plaza Francia.
Algo
sí está claro, la oposición de Chávez sueña con un líder que se parezca
mucho a él, que hable como él, que tenga su carisma, que se ponga el uniforme
militar –que tanto han criticado– y los anime a dar el "gran
golpe". "Dios mío, ¿por qué no haces que Chávez se vuelva
antichavista?", imploran mirando al cielo. Porque la materialización de
sus esperanzas está en ese ídolo que no termina de llegar, en esa figura que
encauzará a Venezuela hacia la "verdadera prosperidad", porque, como
decía mi abuelita: "aquí hace falta un hombre con los pantalones bien
puestos o una cachucha, para que arregle esto".
Sin
embargo, para tristeza de nuestras cada vez más despistadas hordas
antichavistas, quienes se tienen que poner los pantalones son ellos. Venezuela
necesita una oposición racional, que base sus críticas en argumentos serios y
no en la verruga de Chávez; una oposición que se organice de una vez por
todas; que plantee alternativas diferentes para esa parte de la población que
por las razones que sea no se siente identificada con la política de Gobierno
del Presidente; una oposición que se proponga metas a largo plazo y que
consolide de una vez una plataforma política sólida. Bienvenida entonces la
oposición inteligente y sensata, la que tiene argumentos, ideas, proyectos,
metas. Venezuela no puede esperar.