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El Mundo,
22 de Febrero de 2002
El Tiro por la Culata
Álvaro
Agudelo
El perfume
-Christian Dior, Chanel 5, Arman- toma ppor asalto el ambiente, trepa por las
plantas, se mete por los ductos, inunda los sótanos y sube al obelisco. Es un
olor penetrante, un fino olor de mujeres bien lavadas y bien vestidas, con
lentes oscuros, recién maquilladas, de negro todas. Y al lado de ellas hombres
maduros, camisas con yuntas de oro, corbatas francesas, fresca agua de colonia y
el inconfundible aliento a tabaco y licor. Todos recién levantados de una
siesta apacible, con la decisión de quien asiste a una estirada fiesta en el
Country, cuidándose de no transpirar mucho, avanzan resueltos, como manada de
gacelas en una pradera africana, luego de dejar los lujosos vehículos con los
choferes en sitio seguro.
COMIENZO
DE FIESTA. El “hapening” comienza con el sonido de una olla refulgente,
virgen de cocina, sin la huella del calor, con un gritico acompasado y unos
saltos que dejan ver piernas maduras y pies sin juanetes.
“!Fuera
Chávez!” -gritan unos y unas.
“¡Chávez
huevón, vete pa’l carajo!” exclaman los y las más audaces, poniendo bocas
de furia y apelando con rapidez al espejo para verificar que la pintura no se le
corrió (a las damas).
Ellos y
ellas despotrican contra los negros, los tierrúos, los colombianos, los
marginales, los sin diente. “¡Que se vayan pa’l coño!”, dice una dama a
media voz, mientras las que están a su lado agregan en coro: “¡Que dejen
solo al mono de Miraflores!”.
LA
INTELIGENCIA. Alguien parecido a un intelectual de página cuatro o al analista
de un programa de televisión de la mañana, bien temprano, no se aguanta y hace
una interpretación sociológica de lo que ocurre: “Es que Chávez removió el
odio social, dividió a Venezuela en dos. Esto nunca se vio antes” (antes de
Chávez los pobres eran humildes y los ricos comprensivos, murmuraba un
periodista adecopeyano). El intelectual y el analista -o politólogoconviene en
escribir un guión para Orlando Urdaneta, bien cómico, para la clientela
hotelera, y aseguran que la presentación la hará Zapata (por supuesto corea
una muchacha redondita).
FASCISMO
LIGHT. La noche cae lentamente sobre Altamira Place. Hay que retornar a los vehículos
porque esperan cenas en cálidos hogares o en restaurantes donde le tocan
cacerolas a los chavistas. El próximo encuentro será cuando otro militar dé
el brinco.
Unos
rezagados (y rezagadas) comentan con tristeza que el “show” de la reina del
Carnaval -no lo digo yo sino Nelson Bocaranda- el de los bigotes de charro, se
agotó muy rápido y que el del marino será más breve. “A mí, vale -acota
con displicencia la más perfumada y exuberante, ya no me da nota. ¡Yo lo que
quiero es golpe de cuartel y no golpe de televisión!”.
El
fascismo light, orgiástico y delirante, deja rastros negros -su color históricamente
preferido- y una pesada capa de odio sobre el cemento de la plaza, a la espera
de nuevas jornadas gloriosas.
Pare la
oreja
GUAICAIPURO:
¿Por qué no dijo cuando era presidente de Petróleos de Venezuela lo que ahora
dice? Es fácil salir a criticar cuando a uno lo ponen en la calle. Lo que
indica valor y principios es renunciar. Pero chupar y luego decir cosas que no
se dijeron cuando se disfruta el cargo, es lo más parecido a un gesto de villanía.
Este cronista le pide perdón al general Lameda, pero así ve mucha gente su
caso. ¿Por qué no atendió las exigencias de Chávez para que se rebajara a la
mitad -cuando menos- el sueldo de 16 millones que ganaba mensualmente como
presidente del ente petrolero? ¿Por qué mantuvo intacta la dorada costra
burocrática de la industria que tanto le cuesta al país? ¿Por qué no acabó
con el pago de bonos especiales y el gasto dispendioso en el exterior? Nada hizo
y en cambio guardó silencio. Decir lo que ahora dice es fácil. Ya sin cambur
le quedaban dos opciones: callar con dignidad o despotricar sin dignidad. Optó
por la segunda, y con ello los que antes lo atacaban ahora lo elogian.
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El Mundo, 20 de Febrero de 2002
PRIMER ACTO. Chávez cambió el discurso. Se abrió al diálogo. Cambió la espada de mano: de la zurda a la derecha y anunció su disposición a envainarla.
Chávez prometió dialogar con todos los sectores del país sin exclusiones.
Anunció medidas económicas sensatas: rebajar el déficit y dejar que flote el dólar, con lo que acabó con el fantasma del control de cambio (con el que soñaban sus adversarios).
A la vez, el Gabinete se dispone a actuar en la dirección definida por el Jefe del Estado, de manera coherente y cerrando filas (es lo que se percibe en el ambiente), y al mismo tiempo Chávez maneja con prudencia el caso del capitán Flores y del coronel Soto.
Todo con estricto apego a la ley, respetando el debido proceso y la presunción de inocencia.
SEGUNDO ACTO. ¡Qué vaina nos echó Chávez!, comentan en medios opositores. Marín, Borges y demás quedan colgados de la brocha, con el discurso paralizado en un tiempo que ya no es el mismo. Un Chávez tranquilo, dedicado a las tareas de gobierno, concentrado en los temas económicos y sociales, actuando en plan de estadista, coloca ante un dilema a la oposición: o rectifica o se sigue aislando. Le quita el piso al discurso opositor extremista, basado en la respuesta irracional, que sólo busca pescar en el terreno de una clase media alienada (la que por cierto más beneficios ha recibido del gobierno de Chávez), consolidar el apoyo de grupos económicos poderosos y de la inefable clase alta de pacotilla.¿Cómo encarar la situación? ¿Qué hacer ante un Chávez que de nuevo pasa a la ofensiva, ahora con un mensaje de paz y diálogo?
¿Qué hacer?
¿Qué harán los medios desbocados? ¿Qué harán los columnistas anclados en un lenguaje plagado de lugares comunes, denuestos y descalificaciones (y además tarifado)? ¿Qué harán los analistas chimbones que no pegan una y apuestan a la inminente caída de Chávez, al golpe militar (sin militares)? ¿Qué harán a partir de ahora los economistas delirantes y pela bolas que antes recomendaban las medidas que acaba de tomar el Presidente? Si antes de las medidas Chávez era comunista y después de ellas se le tilda de neoliberal, ¿cómo explicar la contradicción? O es comunista o es neoliberal, pero ambos dos no puede ser.
¿Qué harán los humoristas que hacen su agosto, ganándose millones de bolívares a costillas de Chávez -sin pagar derechos de autor, con presentaciones ripiosas, de un humor chabacano, para deleite de un público que ya se hastió? ¿Qué hará, por cierto, un bufoncito fracasado que aparece como héroe en carteles que inundan la ciudad?
¡Dios mío!
¡Dios mío -exclamó un beneficiado del discurso duro de Chávez- qué haré ahora¡ ¡Qué vaina me echa este nuevo Chávez! Tendré que rogarle a Dios que este carajo retorne a su anterior postura. Pero si no lo hace y sigue manso, si no hay golpe ni levantamiento popular ni invasión norteamericana, ¿qué haré? Cambiar mi discurso oposicionista me significa un gran esfuerzo mental, y no estoy para esos trotes. Tendría que adaptarme a la nueva situación, lo cual me costará mucho. Cambiar el tono de mis artículos y análisis es una ladilla. ¿Qué será entonces del billete que recibo por debajo de la mesa de poderosos amigos? (Esos carajos, como siempre sucede en Venezuela, correrán a jalarle al Chávez que antes odiaban porque los ricos son así: no aguantan dos pedidas).
¿Cómo mantendré el régimen de vida que ahora llevo, los restaurantes caros todos los días, la buena bebida, la garzonier, los chances que me tengo que quitar a sombrerazos por culpa de la generosa chequera que me dieron y, dígame, las cuotas del carro y el chalecito? ¿Cómo paro la plata para enfrentar esos compromisos? ¡Qué vaina me echa este loco! Ahora tendré que volver al viejo status, modesto y apretado.
¡Qué buena vaina...! ¡Dios mío, qué será de mí!