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Caracas, Venezuela, 04 de agosto de 2001.
Respuesta
a un Cubano en el Exilio.
Juan Vicente Gómez Gómez.
No soy cubano, pero leer una carta como la escrita por José Carlos Vallejo produce náuseas.
Infiero que se trata de un cubano en el exilio. Lo que no me es dado determinar es sí se trata de alguien que salió de Cuba recién iniciada la revolución cubana, o en fecha posterior. Este detalle no tiene mayor importancia, ya que en definitiva sólo sirve para justificar el resentimiento que él, y tantos otros como él, puedan tenerle a Fidel. Cosa que les respeto por lo demás. La náusea me la provoca el carácter panfletario de lo escrito. Ya estamos hartos de tanto lugares comunes que vienen repitiendo los cubanos en el exilio, desde hace años.
Hoy, entre ellos, está de moda descalificar a cualquier nación o Gobierno que tenga relaciones comerciales con Cuba.
Qué descalificación más grande que la de afirmar que España, Canadá, Italia, República Checa, se dejaron engañar, entregando dinero a fondos perdidos; los que fueron usados por el Gobierno cubano para cualquier fin, distinto al que originalmente estaba destinados. Qué mayor descalificación que llamar imbéciles a los empresarios que fueron a invertir en Cuba. Ya que de imbéciles se tiene que tratar si se dejan esquilmar en la forma que señala José Carlos Vallejo.
Él debe ser uno de los que deben estar presionando para que la ley Helms Burton se aplique con todo rigor. Lo que él y otros muchos como él ignoran, no sé si de buena fe en cuyo caso se trata de ignorantes, o de manera interesada es que actuando de esa manera a quienes le hacen el juego es a los intereses de la mafia judío-italiana, que tuvo que salir corriendo de Cuba, no más llegar Fidel a las puertas de La Habana. Ella sí que había invertido a fondo perdido, puesto que todo lo que invirtieron para sobornar a la administración Batista, se les volvió nada con la llegada de Fidel al poder.
Él, y los que como él piensan, parecen olvidar que en los EE UU no manda el presidente de la República. Quien llega a la presidencia debe plegarse a los intereses de los “lobbys” que financiaron su campaña.
El patriarca Kennedy pactó con la mafia, para que ésta intimidara a los sindicatos, y ellos votaran por J.F. Una vez en el poder Bob, como fiscal, desata una campaña en contra de la mafia, ya sabemos lo que les pasó a ambos después. Bahía de Cochinos es sólo un hecho en una cadena de acontecimientos que evidencian como se movían los intereses de la mafia dentro del contexto del asunto cubano. ¿O será acaso un cuento de ciencia ficción, que la CIA encomendó a un mafioso la misión de envenenar a Fidel Castro? Fidel radicaliza su posición, porque así lo quiso el Gobierno de los EE UU. Si Fidel hubiese permitido que todo siguiera igual, nada de lo que ulteriormente sucedió, hubiese sucedido. Pero los “lobbys” de empresarios, mafiosos o no, que controlaban los monopolios en la isla no lo iban a permitir. Ellos corrompieron la administración pública cubana, empezando por Batista que era su títere y que bailaba al son que ellos le tocaban. Fidel llegó para acabar con esa situación, por lo cual lo pertinente era actuar como lo hicieron, y obligar al Gobierno de los EE UU a lo que le obligaron. Fue un error. Y los errores se pagan.
Fidel habrá de desaparecer y Cuba después de él será otra. Eso lo saben muchos empresarios norteamericanos y cubanos en el exilio. Ellos siempre han vivido con la esperanza de regresar para reinstalar antiguos privilegios. Es hora que despierten de ese sueño, el tren de la historia, como a la Penélope que canta Serrat, los dejó esperando en el anden.
En cuanto a lo que este señor afirma de Chávez, es una repetición de lo que dicen aquellos venezolanos, desalojados del poder en 1998, y que hoy lamen sus llagas en Florida; lo que no me extraña ya que el exilio cubano y el venezolano en Miami, tienen la misma raíz, padecen de las mismas frustraciones y por ende articulan el mismo discurso.
Tanto los unos como los otros hundieron a sus respectivos países. Fueron fieles lacayos del imperio. Y éste les gratificó por todo lo que ellos hicieron. Hoy les da cobijo y pone a su disposición todos los medios necesarios para que intenten reinstalar un orden de cosas que ha sido alterado. Para que hagan todo lo que está a su alcance para impedir que un proyecto integrador se consolide. A través de los medios puestos a su disposición reivindican los principios democráticos (en los que nunca creyeron), cuando en el estado de Florida se consolidó uno de los fraudes electorales más descarados que conozca la historia de los EE UU. Silencian el hecho de que la administración Nixon acabó con gobiernos democráticos votados por el pueblo chileno y uruguayo; y nada tienen que reclamarle a Kissinger. Por lo cual se dan a la tarea de descalificar cualquier postulado que propugne una democracia participativa; cuando en Europa, y más aún después del bochornoso espectáculo de la Cumbre del G-7 + Rusia en Génova, cientos de intelectuales claman por ella.
Y por supuesto ninguno de ellos ve nada de malo en las obsequiosas reverencias que Piqué prodigó a George W. Bush; ni que Aznar se haya arrastrado a los píes del Sumo Pontífice de la “Globoamericanización”. Como tampoco le hubiese molestado que Aznar, retomando viejos ritos franquistas, le hubiese recibido arrodillado en un reclinatorio, ante una mesa en la que el símbolo del dólar hubiese sustituido al crucifijo. Están demasiado acostumbrados a estas cosas, para que ellas les sean chocantes.