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16 de Noviembre de 2001
Licencia
para matar
Manuel Alejandro Bazó.
Era
el nombre de una película de James Bond. Hoy significa la globalización de la
pena de muerte. No tuvieron que ponerse de acuerdo todos los países, bastó con
que la impusiera el más poderoso. Esta vez sin derecho a defensa ni a juicio. Sólo
se requiere ser sospechoso de haber cometido actos terroristas, lo que, a falta
de pruebas, termina reduciéndose a “ser terrorista”.
Cada
día la Libertad Duradera asesina más civiles en Afganistán. Mientras tanto
los verdugos insisten en que la operación es un éxito. Los gobiernos que no
comparten la opción por la muerte son tildados de ambigüos, sospechosos de
simpatizar con el integrismo islámico, culpables del delito de enemistarse con
Estados Unidos, pero condenar el terrorismo debería ser condenarlo venga de
donde venga, sobre todo si es de Estado. Valentía, dignidad, soberanía, son
caras virtudes, de allí que no abunden en las relaciones internacionales.
Bin
Laden es apenas un sospechoso, pero el gobierno de Bush es culpable de asesinar,
impunemente, a hombres, mujeres, ancianos y niños afganos. Por lo tanto, todos
los aliados a esta masacre y quienes simpatizan con ella son cómplices de
genocidio. Cada vez se hace más claro que Bin Laden y Al Qaeda no son peores
que Bush y la CIA. Queda por ver quién salvará al mundo de quienes quieren
salvarlo del terrorismo.