Caracas, 30 de Enero de 2002

Respuesta al colega

Por Alcides Castillo. 

Sr. Bujanda, alguien decía que la soberbia es a los adultos lo que la malcriadez es a los niños.

Veamos, usted me recuerda  a La Madre Coraje.  Bertol Bretch, dibuja a un grupo de patéticos personajes, tres muchachas que se excusan por ser prostitutas. Decían: “Eramos jóvenes, necesitábamos el dinero”. Cuando uno es joven, con pocos recursos y tiene poca experiencia piensa que nadie más tiene talento. Es La Hoguera de las Vanidades. Quiere devorarse al mundo  y, ni por asomo, piensa en las consecuencias del atragantamiento y la indigestión que podrían producirse al tomar ciertos caminos que luego se hacen irreversibles. El que suele deslumbrarse por la ambición -o como dijera Andy Warroll, por esos 15 minutos de inmortalidad que a veces nos brinda la vida- queda atrapado por algunas tontas prebendas fáciles y puede caer en actitudes mercenarias que nos marcan para siempre. Cuando se es asalariado, es decir, empleado al servicio de otro, lo único con lo que se cuenta es con la dignidad y cuando se trafica con ella, nadie, especialmente los patrones y los amos, aunque nos sonrían y guiñen el ojo en Macondo, nos respeta, pues en el fondo nos aceptan en tanto que cortesanos.

Amancebarse ensamblando la pluma, y embalsamando el espíritu al servicio del goce de algunos intereses mezquinos e inconfesables, y vivir  reclinado mansamente bajo el amparo del chinchorro complaciente de  un mecenas, no es una práctica nueva, pero para ello hace falta un cierto talante que se expresa incluso en la corporeidad, en la inclinación de la cabeza y en la sonrisa insegura de quien en su fuero interno sabe que lo que está haciendo tiene nombre y deja huellas en las manos.

Me entristece tu actitud descalificadora, cuando afirmas que en Alò Presidente no se dan tubazos. A decir verdad, cada vez que se informa algo que sale por un medio por primera vez antes que en ningún otro, estamos en presencia de un tubazo, lamento que no lo sepas. Pero qué se le va a hacer, hay momentos en los que ni siquiera reconocemos lo obvio. Sin embargo, lo que más tristeza me dio, por ti como profesional, fue la manera como la emprendiste contra mí, cuando te refieres a mi carta descalificándola al tildarla de “memorias”. Mira chico, yo tampoco conozco tu obra escrita, supongo ya ha salido publicada en varios idiomas. Hasta hoy lo que he sido, a mucha honra, es reportero, de ello he vivido. Y no me anima la miseria humana para tratarte de la misma manera. Luego dices, de mala fe, que soy un mal dirigente sindical. ¿Cómo puedes juzgarlo tú? que nunca te has colegiado y menos sindicalizado por vivir adulando a tus patronos. O, ¿Es que a algún patrón o aspirante a lacayo le parece “bueno” un dirigente sindical que no sea de esos de la CTV y que no esté a su servicio?.  ¿Te parece mejor Carlos Ortega que yo? Ni siquiera me ofende o me preocupa que pretendas exponerme al desprecio público, tratando de insinuar que negocié mi salida por el fuero sindical. Los que me conocen en el medio periodístico, luego de 20 años de ejercicio, y este mundito nuestro es bien, pero bien pequeño, saben quién soy yo y quién eres tú. Mi dignidad no está en discusión, y menos por personas que no saben lo que eso significa.

Cuando llegaste a Jefe de Política, tal como lo afirmas, muchos compañeros que ya tienen su nombre hecho, pues tú no lo tienes, tal como reconoces, te tendieron el hombro, para que pudieras hacer un buen periódico. Temíamos tu fracaso -tal como está ocurriendo- pues no te habías graduado y ya te nombraban jefe, además sólo habías hecho farándula con muy poco éxito. Habías hecho, en corto tiempo, los puntos para ganarte el carguito frente a la empresa.

Fiel a tu talante, llegaste a amedrentar y a botar a varios colegas de ese diario.

Lo diré de una vez. Yo tampoco quiero demorarme. El problema tuyo no es tu calidad a toda prueba, la cual te autoriza para calificar de bueno o malo el trabajo ajeno, irrespetando a tus colegas. Es tu genuflexión frente a la empresa, la cual está siendo evaluada por el país y los de nuestro oficio. Resulta que después de 5 años en esa empresa, tú te das cuenta que soy un mal periodista. Entonces te felicito por ello, pues luego de veinte años de ejercicio en distintos medios logré disimular mi calidad, hasta que llegaste a poner las cosas en orden ¡Alabado sea Dios! Es extraño e injusto que alguna potencia extranjera, no te haya descubierto. Deberías estar en otra parte...

Ah!,  otra cosa: es verdad, por fin tienes razón en algo de tu comentario. Un buen periodista sabe los pocos dividendos que da alinearse con el poder. Sobre todo cuando se trata del poder de los dueños de los medios, los señores de la información nunca son agradecidos. Lo que pasa es que en tu posición actual no sabes reconocer, o no te interesa diferenciar, lo que es un periodista al servicio de un proceso de cambios ¿Mucho pedir?. El filósofo alemán Nietzsche, decía que “la única verdad de los hombres son sus errores irrefutables”. Pero para qué atormentarte con esta cita tan urticante que seguramente, un muchacho avisado, que sabe leer y escribir correctamente, con pretensiones intelectuales ya conoce.

Por último, si en algún momento tus amos actuales deciden -como va a ocurrir algún día, porque aunque no lo creas, es un destino-, prescindir de tus servicios, no busques explicaciones en un pajar, verdugo no pide perdón. No te preguntes qué hiciste mal, entiéndelo como un mal día para un reportero.

Ese día, te voy a dar una primicia: búscame. Mis ojos achinados que tanto te gustan e inquietan, a los que calificas de bailones y traviesos, te mirarán inmóviles y comprensivos, como te lo mereces, con compasión. Te lo prometo, te voy a defender sin resentimientos, como buen sindicalista y profesional, como lo hice y lo seguiré haciendo, y como le consta a todos mis colegas, los que no pueden decir de ti las mismas cosas.

Espero que hoy estés “Vibrando”, te imagino así cada vez que te sientas en tu butaca de jefe, y en la excitación que da el poder -efímero como todo-, comienzas a corregirle la plana a tus colegas -según los dictados de ¿“tú conciencia”?- y que en cada temblor recuerdes aquello que decía Bolívar “El talento sin probidad es un azote”.

En cuanto a usted, Sr. Pedro Llorens, a quien el sol no sólo le llegó a la espalda sino a la cabeza, no seré yo quien le arrebate su ya bien merecido premio a la infamia. Usted sí sabe sacar cuentas e impartir la línea a los periodistas. ¿Cuáles son sus dividendos por escribir contra el Gobierno?. Usted, que hace reseñas “virtuales”, y nunca sale a la calle, es un plumífero tarifado, siniestro personaje, conocido en los medios donde ha “prestado” sus servicios, y de quien no vale la pena ocuparse mucho.

Sin más,  atentamente: Alcides Castillo.

PD:-Espero que el día de tu caída tengan la  indulgencia y la memoria de tus servicios, que no te hagan como a Luis Daniel Falkenhawen, antiguo jefe de relaciones laborales, y a otros “de confianza” a los que no dejaron entrar y les pusieron sus coroticos en la puerta de entrada para que se la entregaran los vigilantes. Ese día tendrás que inclinarte por última vez, pero será para recoger la caja. En ese momento, recuerda no dejar la foto de los tiempos felices y en familia sobre el escritorio del que venga a sustituirte, porque en tu precaria posición siempre hay otro detrás de ti, esperando su hora. Es importante que te paguen completo y a tiempo, que te den todos tus cesta ticket y no tengas, con toda tu grandeza, que ir a reclamar tus derechos al Ministerio del Trabajo, haciendo una cola como un mortal cualquiera junto a muchos de esos que andan en revolución por la calle, podrían reconocerte. ¡Qué vergüenza para un genio!. ¡Ah! y si es posible no olvides que te den una carta de recomendación, que debe ser una pieza de literatura digna de tu altura. Dile a Sergio, tu padrino, y a Don Miguel (ahora que estás en la buena, que de una vez te la dejen redactada), que aunque matemático debe saber de eso... ¡Sí!,  bien redactada... Que no Pongan a Argenis Martínez a escribirla, el mismo que hace los editoriales contra Chávez. Eso no, él es muy ácido y podría afectarte. Con esa cartica podrás encontrar trabajo-nunca en el gobierno, porque eso sería trabajar para El Poder-  en otro medio de oposición si es que quieren los servicios de un sicario, para que sigas en lo mismo, en lo que sabes hacer y te da goce, en otro, y en otro medio y así hasta el fin de tus días.

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