Remitido, 10 de Diciembre de 2001

Creadores, intelectuales y profesionales de la cultura ante el país.

Firman
Razones

La mayoría de los venezolanos depositó y ratificó sucesivamente, en 1998, 1999 y 2000, un claro mandato en los gobernantes que eligió. Ello expresaba y expresa el convencimiento de que Venezuela puede llegar a ser el país en el que siempre hemos querido vivir y superar el índice 80% de la población que todavía se encuentra condenada a condiciones de sobrevivencia.

El país votó por la Constitución de 1999 con la finalidad de refundar la República para establecer una democracia participativa que consolidara los valores de la libertad, la justicia, la independencia, la paz, la solidaridad, el bien colectivo, la integridad territorial, la convivencia, el imperio de la ley para asegurar el derecho a la vida, a la cultura, al trabajo, la educación, a la justicia social sin discriminación ni enajenación. La realización de estos objetivos pasa, necesariamente, por suprimir las denigrantes desigualdades sociales, los envilecidos mecanismos de los pactos políticos entre los grupos que ostentaban el poder y los privilegios, a expensas del tesoro público, las tierras y riquezas patrimoniales y las instituciones democráticas. De todo ello se desprende un cambio democrático radical en la forma y sentido de concebir y organizar la vida política, económica, cultural y social del país.

Una minoría de ciudadanos, cuyos privilegios creen vulnerados o afectados por las autoridades elegidas por más de la mitad de los venezolanos, ha emprendido, ejerciendo los derechos establecidos por la Constitución, una abierta oposición a la gestión del presidente Hugo Chávez. Esto no sólo es lícito sino conveniente en el espacio de un pluralismo que lejos de debilitar la democracia, la fortalece. No se trata de negar a nadie el derecho constitucional a profesar las ideas y simpatías o antipatías que escoja. Lo que sí debe quedar explícito es que cualquier idea exige responsabilidad y ética en su ejercicio, venga de donde venga.

Lo que no puede arrogarse como derecho esa minoría, a riesgo de colocarse no sólo contra la voluntad popular sino también contra la ley misma, es convertir la disidencia en campaña desestabilizadora, o en descarada incitación al golpe de Estado y al magnicidio, que pretende doblegar, someter o simplemente chantajear a un gobierno fruto de la voluntad popular.

Hay que decirlo con claridad: muchos de estos grupos minoritarios fueron notoriamente favorecidos por los gobiernos anteriores, contra toda prudencia y sensatez republicanas, a través de monopolios empresariales, mediáticos, educativos, culturales y de salud, entre otros. Ahora esos grupos utilizan esos monopolios descaradamente para intentar impedir las transformaciones que los venezolanos emprendimos.

Son estos sectores privilegiados los que han levantado una cortina de humo mediática que se propone ocultar el verdadero fondo del problema. Su discurso no ha querido pasar de las cacerolas al argumento racional; esto nos obliga y compromete, en nombre de una responsabilidad política común, a la exposición razonada de unas leyes justas, fundamentalmente justas, para las clases secularmente desposeídas y olvidadas, así como para la clase media.

Estos grupos se cierran a la discusión racional porque tendrían que revelar los intereses que representan. Detrás del conjunto de leyes que están por promulgarse reside una nueva y radicalmente distinta concepción del país. Entramos ahora en una nueva etapa de nuestra historia. Sobre la base de la legitimidad del cambio, sustentada por una Constitución que ha ampliado sustancialmente la esfera de los derechos ciudadanos y civiles, se está comenzando a construir la plataforma jurídica que dará respuesta a los gravísimos problemas que se han acumulado durante demasiados años de saqueo.

En este contexto es imposible soslayar el papel que juegan los propietarios de los medios de comunicación. Cuando estos patronos vulneran los principios de equidad y objetividad en función de sus propios intereses —salvo que sean órganos de partidos o parcialidades definidas—, vulneran también los principios fundamentales de nuestro sistema democrático. Nunca como ahora en la historia republicana de Venezuela un gobierno ha respetado tanto la crítica, la disidencia, y hasta el abuso. Esta estrategia mediática ha creado la matriz de opinión de que los problemas de Venezuela comenzaron en el período de gobierno del presidente Hugo Chávez, cuando todos sabemos que en realidad es una pesada carga que hemos heredado de los gobiernos anteriores.

¿Dónde están los periodistas perseguidos y desaparecidos?

¿Cuántos periódicos han sido acosados y amenazados de quiebra a fin de forzarlos a cambiar su línea editorial?

¿Cuántos medios han sido allanados o cerrados?

¿Cuántos presos políticos torturados y asesinados hay?

¿Cuántos venezolanos se han visto obligados a pasar a la clandestinidad o al exilio político?

¿Cuántas veces se han suspendido las garantías constitucionales?

¿Cuántos asesinatos en masa han ocurrido como los de Cantaura, Yumare, El Amparo y el Caracazo?

¿Cuántos ministros de economía del actual gobierno están en la nómina de los grupos económicos?

Y ahora que estamos en un proceso de cambio, ¿vamos a escamotearlo y volver a la situación que crearon muchos de los que ahora vociferan? ¿Qué proyecto de país tienen? ¿Será el mismo que aplicaron durante 40 años?

Recordemos que ante el tímido programa de reformas de Rómulo Gallegos en 1948, a un grupo le convino exaltar los ánimos de modo parecido al actual. Esto hizo que muchos de los que querían el fin de Gallegos padecieran luego diez años de dictadura. En América Latina abundan estas experiencias: Jacobo Arbenz, João Goulart, Juan Bosch, Salvador Allende, entre otros. Son lecciones que deberíamos aprender de la historia para no repetirla. No perdamos el clima de libertad y tolerancia que hemos ganado. No es concesión de gobierno alguno sino conquista popular de muchos años de sacrificio. Que las generaciones futuras no nos reprochen que, por un modo irresponsable de asumir el presente, volvamos a atrasar nuestro proceso histórico durante no se sabe cuánto tiempo.

Es necesario fijar posición para defender la razón mayor de este proceso: construir una auténtica comunidad nacional con equidad y sin exclusiones, en donde la vida política sea hecha por todos como una dimensión realizada y formadora de las relaciones humanas. Es por eso que este nuevo proyecto histórico suscita en nosotros una solidaridad superior: lo entendemos como un proceso extenso y laborioso que supone muchas instancias y que, al mismo tiempo que nos incluye, también nos trasciende.

Es nuestra convicción y responsabilidad llamar a todos los venezolanos a participar en el fortalecimiento del proceso revolucionario fundamentado en el intercambio de ideas, la apertura y la paz: una revolución cultural participativa, creativa, constructiva y liberadora, que permita a las mayorías crear y disfrutar la riqueza cultural y simbólica, no sólo de nuestro país sino de la humanidad toda.

La cultura es, esencialmente, expresión de la creatividad. Fuerza generativa que da sentido a la vida y propicia las más trascendentes y bellas expresiones de lo humano. Está en nuestras manos la tarea de construir ese país que queremos, merecemos y creemos posible. Por ello exhortamos a recuperar y fortalecer la lucidez y racionalidad necesarias para esa magna elaboración colectiva. Tenemos la gran tarea de crear una cultura que nos haga soñar de nuevo. Un pueblo renace cuando hay una visión de belleza que inspira a las personas a unirse en un proyecto común.

Firman

Fruto Vivas
Víctor Hugo Irazábal
Armando Rojas Guardia
Gonzalo Ramírez
Stefania Mosca
Luis Brito
José Cesarino
Luis Camilo Guevara
Francisco Pérez Perdomo
Alfredo Chacón
Adriana Meneses
Rita Salvestrini
Roberto Hernández Montoya
Enrique Hernández d’Jesús
Juan Pedro Posani
Luis Alberto Crespo
Gustavo Pereira
José Balza
Manuel Espinoza
María Luz Cárdenas
Ricardo Benaím
Jorge Pizani
María Elena Huizi
Maurice Reyna
Sergio Antillano
Trina Manrique
Antonio Almeida
Cecilia Todd
Frank Lanz
Laura Nazoa
Humberto Clark
Óscar Vásquez
Carlos Lanz
Mirla Alcibíades
Alberto Quintero
Paul Delguezábal
María Jesús Silva
Pedro Barreto
Roland Denis
Jorge Rodríguez
Augusto Martínez
Rodolfo Santana
Alfredo Lugo
Chiche Manaure
Eduardo Guzmán
Tamanaco de la Torre
José Matamoros Mendoza
Vidal Cisneros
Luis Humberto Chacón
Ernesto Román
William Machado
Miguel Márquez
Pedro Sanz
Simón Guerrero
Caupolicán Ovalles (hijo)
William Osuna
Mateo Manaure
Oswaldo Vigas
Marisela Montes
Sandra Pinardi
Lía Caraballo
Marinelli Bello
Francisco d’Antonio
Francisco Javier Lasarte Valcárcel
Antonia Cipollone Iemma
Luis Palencia Sánchez
Juan José Hernández
Catherine Chacón
Reinaldo Rojas
Nelson Guzmán
Gonzalo Gómez
Jaidin Rosa
Freddy Sánchez
Alejandra Carrera
Mariela Sánchez Urdaneta
Pedro Romero
María Cruz Fadul
Rosa María Guede
Héctor Rodríguez Manrique
Pedro Corales
Irene Guillén
Elys Salamanca
María de los Ángeles Lucena
Arelis Barbella
Alice Dotta
Jacobo Penzo
Alicia Briceño
Herman Lejter
Manuel Silva Ferrer
Teresa Hernández
Rocío Fuentes
Aldemaro Barrios
Isabel Huizi
Vasco Szinetar
Cecilia Todd
Valentina Marulanda
Simón Rojas
Martha Liendo
Oslinda Ferrer
Mariangélica Toro
Nelson Oyarsábal
Ramón Rodríguez
Vicenta Sánchez
Gerardo Piñero
Nabor Zambrano
Damaris Scott
Ernesto Enrique Mendoza
Alfredo Delgado
Mónica Montañés
Roberto Benaím
María Margarita Rasquín
Luis Gómez Urdaneta
Ramón Gordils
Ramón Mederos
Carmen Cecilia Lara
Carmen Elena Ramos
Carmen Hernández
Víctor Rojas Vilera
Gabriela Moreno
Freddy Leonardo Moncada
Edmundo Aray
Igor Arias
Tibisay Maldonado
Carlos Guzmán
Tibisay León
Soliria Mendizábal
Diómedes Cordero
Juan Carlos Santaella
Antonio Trujillo
Marco Antonio Pérez
Elías Yánez
Salomé Rojas
Anamaría Fernández
Pilar Arteaga
Alfredo Almeida
Alberto García
Óscar Acosta
Noel Márquez
Tibaire Rojas
Gian Domenico Puliti
Emiro Lobo
Vicente Rosa
Carlota Vivas
Andrés Mejía
Hermes Vargas
Laoise Armas
Natalie Rocha
Temístocles Salazar
Gladys Meneses
Imelda Rincón Finol
Maribel Espinoza
Nelson Gutiérrez
Jesús Chucho García
Juan Villasmil
Rodolfo Sanglimbeni
Áurea de Mendoza
Juan Carlos Núñez
Alberto Torres
César Alejandro Carrillo
Orlando Sifontes
Arturo Esté
Franklin Guédez
Reinaldo Bolívar
Óscar Battaglini
Jesús Sevillano
Emil Calles
Omar Galíndez
Franklin Chacín
Freddy Gil
Agustín Calzadilla
Consuelo Ascanio
Orlando Yajure
Freddy Gutiérrez
Cristóbal Bastidas
Luis Damián
Baldo Alesi
Eli Freites
Gladiola Herrera
Egla Rengifo
Ángel Moro
Homero Español
Javier Biardeau
Carlos Molina
Ángel Palacios
Roberto Rodríguez
José Julián Villalba
Freddy Fernández
Júpiter Figuera
Irene Figuera
Carlos Escobar
Marisol Guerra
Jesús Rojas Boada
Chela Vargas
José Rafael Núñez
María Margarita Vásquez
Ramón Yánez
Andrés Vargas
Benito Mieses
Nicolás Piquer
Paúl del Río
Luis Cardozo
Álvaro Cabrera
Esso Álvarez
Pilar Pérez Baldó

[Siguen firmas]

Razones

El Nacional, 12 de Diciembre de 2001

Roberto Hernández Montoya. El comunicado surgió como una preocupación de un grupo de personas que “como ciudadanos, tenemos derecho a reunirnos para manifestar nuestras ideas y pensamientos”.

¿Usted está dispuesto a señalar, con nombres y apellidos, a los dueños de esos medios de comunicación, a quienes se acusa de “vulnerar los principios de equidad y objetividad en función de sus propios intereses”? 

Es cuestión de ver cualquier medio para darse cuenta de que la realidad es la que está expresada en esa idea. Los medios tienen el derecho de fijar su posición a favor o en contra de lo que les parezca. Personalmente, no tengo nada en contra de esas manifestaciones, pero también creo que las personas que sienten atacadas tienen derecho a defenderse.

¿Podría decir en qué momento se le ha negado a usted, o la institución que preside, la posibilidad de expresar su opinión? 

Yo soy colaborador de El Nacional desde hace casi un cuarto de siglo y debo decir que nunca me he sentido presionado por nadie. Tampoco me ha sucedido en ningún otro medio de comunicación en el cual haya trabajado o colaborado. Eso lo digo en lo personal, pero no quiere decir que no haya personas a quienes se les niegue el derecho a manifestarse o replicar.

¿Cree que este Gobierno ha sido lo suficientemente generoso con la cultura y que le ha dado la jerarquía que el sector esperaba, como para manifestarse en solidaridad con el proyecto político del presidente Hugo Chávez? 

El país no ha sido generoso con la cultura, a pesar de que la cultura sí ha sido generosa con el país. Pero ese no es un problema ni de este Gobierno ni del anterior sino de la mayoría de las tendencias políticas. De tal manera que el carácter estratégico de la cultura no termina de ser visto en su justa dimensión, sino que se la sigue viendo como una actividad de distracción.

¿Usted piensa que este comunicado es un llamado al diálogo, ya que más bien ha sido visto como una provocación para quebrar las relaciones entre los medios y los representantes del quehacer cultural? 

Los intelectuales tenemos el deber de provocar el diálogo. El enfrentamiento siempre ha existido y de está en el tapete. Pero no es cuestión de averiguar quien lo ha provocado sino de buscar los mecanismos para la discusión seria. .. Lo importante es que los intelectuales no estemos de espaldas al país y creo que al fomentar una discusión, el comunicado cumplió su cometido.

Alfedo Chacón. La redacción no es un momento único y final, es un proceso que alimentó de las propuestas de unas cuantas personas que venían insistiendo en que los intelectuales, artistas y profesionales de la cultura se manifestaran públicamente ante la coyuntura que está viviendo el país.

¿Y quiénes son esos “propietarios de los medios de comunicación” a quienes se acusa de vulnerar “los principios de equidad y objetividad en función de sus propios intereses”? 

Para una buena parte de los venezolanos, el sistema de medios significa una relación entre comunicación y país que a muchos no nos satisface. Por una parte, hay una propiedad privada sobre unos canales de información y comunicación y, por otra, están los intereses nacionales. Es evidente la contraposición que existe entre un país que se pronuncia mayoritariamente por sustituir un modelo vigente por uno que habían prometido una transformación, y una minoría muy mínima, que son los propietarios de los medios y que pasa a ser la minoría política. No hay duda de que ese inmenso poder que significa el control del sistema mediático está siendo usado de una manera que endosa al país cuáles son los interese generales que hay que defender y cuáles son las posiciones de la defensa de esos intereses que había que adoptar. Es por esta razón que la confrontación política venezolana ha llegado a un grado tan alto de irracionalidad.

¿Con el documento no se está contribuyendo a radicalizar el país? 

Su intención fue precisamente manifestarse ante una visión del país, cuyo problema fundamental tiene que ver bien con la estructura económica, social y cultural. La mayoría electoral se dirigió hacia otro polo: la voluntad responsable de transformación. Este proceso no se ha llevado lo suficientemente claro y perceptible por la mayoría como para que se supere el ofuscamiento ideológico. Se ha enajenado una serie de sectores que en otras condiciones pudieron haber respaldado este proceso de manera más sosegada. Pero ha tenido el menor costo de enfrentamientos ideológicos, de sangre derramada y de persecuciones que pudiera atribuírsele a cualquier proceso de cambio.

Gonzalo Ramírez. La realización del comunicado se debió a “un trabajo colectivo en el que participó mucha gente. Allí no hubo protagonismos, creo que los protagonistas somos todos los que pertenecemos al sector cultural y estamos dispuestos a provocar acciones orientadas hacia un cambio de actitud”.

¿Estaría dispuesto a señalar quiénes son los dueños de los medios de comunicación los que se acusa de “vulnerar los principios de objetividad y equidad en función de sus propios intereses”? 

Creo que ese no es el centro de la discusión. El problema son las líneas informativas y las posiciones tomadas. No se trata de conductas personales. Creo que de parte de los medios comunicación ha habido una pérdida de la subjetividad consistente. A este proyecto que estamos defendiendo se le tilda de intolerante, pero creo que del otro lado también hay mucha intolerancia. A alguien que está en la oposición le cuesta reconocer que otro que está con el proceso de cambio tiene el mismo derecho como interlocutor.

¿Usted cree que los términos en los cuales está redactado el documento que suscriben algunos intelectuales y profesionales de la cultura, crea un clima para propiciar discusiones cordiales? 

Seamos serios y no flanqueemos las cosas. La división del país, que no existe ahora si no que es de siempre, no la creó Hugo Chávez. Ahora, cuando hay un proceso de cambio, que por sobre todas las cosas se propone hacer justicia, evidentemente se están vulnerando intereses y privilegios. Repito que la división del país no la creó Chávez, existe y existía antes y nosotros sólo hemos heredado una carga sumamente pesada. La idea que propone este proceso es poner orden en el despelote, pero la tarea no es fácil y el país no se va a arreglar en tres años.

Sergio Antillano. Como todo documento, tiene demasiadas ideas y una dificultad natural: estar de acuerdo con unas cosas y no con otras.Sobre los medios no me parece que se diga nada nuevo. Las primeras víctimas de este proceso de radicalización y polarización, en lo que se refiere al lenguaje y al estilo, son los medios, que han ido perdiendo la percepción del público y su situación de equidad y equilibrio. Los lectores solían olvidar que los medios toman partido y se parcializan. Creo que ya se pasó la raya de la confianza del espectador. Cuando se compran ciertos medios, se sabe de antemano que buscan echarle plomo al Gobierno. 

¿Ha sido víctima de esa falta de equidad y equilibrio? 

No. Estoy en una institución pública de servicio cultural y a los periódicos les tengo todo el agradecimiento del mundo. Pero, en términos políticos, los ejemplos están a la vista. Más que información hay opinión.

¿Cree usted que el Gobierno mantiene ese equilibrio en el diálogo social? 

Los medios están haciendo lo mismo que le critican al Presidente. Hasta CNN, siendo extranjera, lo expresa correctamente: “Venezuela amaneció dividida”. No se puede ignorar que hay dos posiciones. El momento en que se pone a prueba el temple del periodismo es cuando es agredido. Ahí debe mantenerse incólume. No se justifica la pérdida de equilibrio por los insultos de alguien. Ayer El Nacional debió abrir con la promulgación de la Ley de Tierras y, del otro lado, con el país del paro. Eso es equidad.

El Nacional, 11 de Diciembre de 2001

Luis Alberto Crespo Estoy totalmente de acuerdo con lo que allí se expresa, aunque me hubiese gustado ver reflejado que tenemos una espera de un presupuesto digno, que se corresponda con los proyectos que tenemos.  

En el remitido se acusa a los propietarios de los medios de comunicación de vulnerar los principios de equidad en función de sus propios intereses. ¿Puede usted nombrar a esos propietarios?

-No nos referimos a nombres sino en términos generales. Pero sí hay una manipulación y manejo del lenguaje, sobre todo en el periodismo político, no en el cultural. Ahora, debo aclarar que si se hubiese nombrado a un propietario de los medios, con su apellido, no hubiese firmado, porque muchos periódicos, principalmente El Nacional, han sido pilares de la promoción y difusión de la cultura venezolana.

¿Cree usted que el gobierno del presidente Chávez ha sido suficientemente generoso con la cultura y ha jerarquizado bien al sector, como para merecer manifestaciones de apoyo como la que firmó usted y prácticamente todos los directivos de las instituciones tuteladas por el Conac?

-Sí, ha sido suficientemente generoso. Basta solamente el hecho de que haya abierto un espacio para la reestructuración de las instituciones artísticas; de que haya permitido que frente al Viceministerio de la Cultura esté un hombre como Manuel Espinoza. Otra cosa es el problema del presupuesto. Ese ha sido siempre el gran problema y yo aspiro que tenga mayor dignidad.

Luis Brito García “Escuche y entienda señor Presidente, es urgente reflexionar, atender al llamado de las personas estén o no con el proceso. Usted habla de una democracia participativa. Es necesario establecer la seguridad, el respeto a la vida, las aspiraciones de justicia, la educación y el cese a la corrupción. Tanto hablar y no hay un corrupto, de antes ni de ahora, que haya sido juzgado ni castigado. Ninguna de estas aspiraciones consagradas en la Constitución como derechos ciudadanos se pueden cumplir en un clima de trifulca e intranquilidad. Se hace necesario regresar a la concordia. Es imperativo que usted asuma la presidencia para gobernar en un clima de diálogo y respeto mutuo, evitando actitudes desafiantes que desperdician tiempo y dinero. Sus largas e innecesarias utilizaciones de los medios, los cuales hoy le pasan factura, constituyen factores que violan nuestra intimidad y sólo han conducido a que retornen los fantasmas del pasado. La mejor forma de enrumbar el destino colectivo es con su ejemplo, que debe ser el trabajo, la firme disposición de estructurar políticas y leyes que apunten al desarrollo social, incentivando la educación y la preparación de mano de obra calificada para un desarrollo industrial que detenga así el caos económico, ya que el país no puede hipotecar su futuro con la exaltación de la economía informal. Esta sociedad se está reuniendo, en todos sus sectores, para pedir algo que es su derecho a disentir, y usted está en la obligación de atenderla y dialogar con ella, sin demeritarla ni utilizar adjetivos ofensivos que provoquen una reacción de resentimiento social, de ‘enguerrillamiento’. Esto va para ambas partes, es un llamado también a los medios y a usted. Los ciudadanos del común merecemos respeto, no somos minoritarios. Yo no quiero un golpe, no quiero un ‘Chile sangriento’, no quiero una guerra civil que está a las puertas. Yo no fui al paro, no porque esté contento con lo que está pasando. No fui porque allí están representadas la mayoría de las fuerzas que significan un pasado político aberrante. Yo tampoco estoy contento, pero es momento de rectificar. Si usted no cambia, si no dialoga, acepte las consecuencias. ¡La pelota está en sus manos!”

Adriana Meneses. Estuve presente en la reunión en la cual se discutió el comunicado y sí lo firmé. Reconozco que nunca he sido perjudicada. Por el contrario, siempre he tenido la mejor receptividad hacia las actividades del museo.

Gustavo Pereira. Estoy indignado por lo que está ocurriendo, desde el punto de vista del papel que los medios están jugando en esta crisis.

¿Quiénes son los propietarios de los medios de comunicación a quienes acusan de vulnerar los principios de equidad y objetividad?

-Mire, yo creo que una mayoría amplia de los propietarios.

¿Incluiría dentro de esa mayoría a El Nacional?

-Podría comenzar a hablar desde mi propio periódico que es El Nacional, del cual me siento copropietario, no sólo porque soy amigo de sus dueños actuales, sino porque soy un admirador y fui amigo entrañable de su fundador Miguel Otero Silva. Siento que el periódico ha perdido el equilibrio.

Nabor Zambrano. Me parece que es un documento muy razonable, muy conciliador.

-¿Quiénes son esos propietarios de los medios de comunicación a los que acusan de vulnerar los principios de equidad y objetividad en función de sus propios intereses?

-Vamos a estar claros. En Venezuela se viene practicando un periodismo muy carnicero, un periodismo ovárico. Uno analiza el discurso de muchos medios y periodistas y uno siente que se ha perdido la objetividad.  

Manuel Espinoza. Creo que el problema central que se está debatiendo en el país es el político en relación con el gran tema social. El proceso mismo nos obliga a definiciones. Este es el momento de clarificar posiciones frente al tema central del debate –que no puede ser excluido– que es el problema social y de ahí, por supuesto, pasar al problema político. Tenemos que construir un país con la colaboración de todos, pero a partir de un principio de armonía, convivencia, concordia y concertación que está signado por una línea de demarcación y de deslinde, que es lo social. Queremos un país donde exista verdadera justicia y una democracia auténtica. ¿Cómo se explica, moralmente, que un país con un inmenso potencial de riquezas naturales y humanas esté viviendo la situación que atravesamos todavía con 80% de pobreza? 

Nosotros queremos plantear una discusión sobre el tema político y el problema social. Por ejemplo, se me dice que en los gobiernos anteriores se creó la infraestructura cultural que ahora tenemos. Sí, claro, sería absolutamente insensato que yo lo negara porque yo he sido también protagonista de ese proceso de construir espacios públicos para la cultura. Entre las primeras decisiones que hemos tomado nosotros está precisamente garantizar la consolidación de ese proceso y el mejoramiento de esas instituciones que hemos heredado. Pero tenemos que precisar el concepto de cultura que nosotros manejamos ahora.

El problema central es oír la radio las 24 horas del día, prender la televisión las 24 horas del día, leer toda la prensa las 24 horas del día, ver los porcentajes de información adversa al gobierno y analizarlos. ¿A qué responde eso? ¿A un propósito de información objetiva de lo que está pasando o a una agenda política que está detrás de eso y a la cual responden los medios de comunicación y todos sus dueños? La percepción y la imagen sustituyen a la realidad, eso lo sabe cualquier persona que maneja información. Entonces, allí no voy a caer en que yo te voy a señalar a alguien. Por ejemplo, Manuel Espinoza conoce desde niño a Miguel Henrique Otero. Yo tengo una vinculación casi familiar con Miguel Henrique, Carmen Ramia y María Teresa Castillo y me siento complacido de eso porque surgió de una relación histórica con Miguel Otero Silva. He hablado en varias oportunidades con Miguel Henrique en la convicción de que el periódico El Nacional –que lo siento como mi periódico, como ciudadano venezolano que soy, porque ha contribuido a formar mi conciencia social desde niño– debe y tiene la obligación de contribuir a crear una verdadera conciencia social en el país. Nuestra conciencia social fue vulnerada, debilitada, desmantelada. Es necesario que un periódico, y esa es una aspiración, desempeñe un papel de equilibrio para contribuir a crear una visión lúcida y objetiva de lo que está pasando verdaderamente en este país y eso pasa por una contribución a una formación social de este pueblo.

El tema que es fundamental para nosotros es que el espacio de la cultura se active dentro de una nueva concepción y una nueva dimensión, valorizando la cultura en su sentido fundamental e integrador. Nosotros tenemos la obligación de ensanchar ese espacio de acción cultural a lo social. Las instituciones se quedaron en un aspecto de la cultura, "las artes" y concentradas aquí, en Caracas, donde se quedaba 80% de los recursos del Estado para el sector. También debemos iniciar y crear una alternativa democrática de respuesta a los medios, mediante las radioemisoras comunitarias y televisoras alternativas...

El Estado tiene que reestructurarse completamente. Hemos heredado un Estado ineficiente, lleno de trabas, de obstáculos de tipo legal, formales. Y ese Estado ineficiente todavía es ineficiente. Estamos en un proceso de reestructuración para que esa dimensión del Estado, que es la estructura de gestión pública de la cultura, pueda dar respuestas apropiadas a los problemas que tenemos planteados.

Todos los organismos públicos o privados de la cultura se deben movilizar para profundizar ese debate. Por primera vez nosotros estamos focalizando, orientando y proponiendo una reflexión desde la cultura.

Creo que por la misma contingencia, la forma en que se reunieron las firmas al final, se cometió un delicadísimo error, que fue no ser riguroso en la confirmación de muchas personas que están ahí. Se utilizaron firmas en la esfera de la amistad y la confianza creyendo que podía existir una supuesta solidaridad con el comunicado. Yo, como responsable de este sector, pido excusas a las personas agraviadas porque efectivamente se cometieron imprudencias, un exceso de confianza, y eso hay que reconocerlo. Pero lo que es importante es empezar a deslindar, definir, clarificar posiciones frente a lo esencial que se está planteado en el país que es un problema político de lo social. 

¿Reaccionar o rectificar? 
Antonio Guillermo García Danglades

Me pareció bien ofensiva, y hasta amenazante, la columna “¿Son los medios de comunicación enemigos de la cultura?” del pasado 11 de diciembre escrita por Chefi Borzacchini, Andreína Gómez y Pablo Gamba en respuesta al remitido “Creadores, intelectuales y profesionales de la cultura ante el país”.

El remitido no acusa en ningún momento a los medios de comunicación de ser enemigos de la cultura, pero si denuncia la parcialidad política y perdida de equilibrio y objetividad que vienen sufriendo en los últimos años. No obstante, en lugar de invitar a la reflexión, El Nacional prefirió demostrar que el remitido se hizo sin el consentimiento de apenas 8 firmas y perseguir a quienes valientemente lo suscriben  para reclamarles su desconsideración e ingratitud con un periódico al que "muchos artistas y gerentes de instituciones culturales acuden para solicitar la promoción de su trabajo y la petición y defensa de las asignaciones presupuestarias para sus proyectos." 

Creo que El Nacional podría abrirse un poco mas a la critica, y en lugar de reaccionar como si se tratara del “perro que muerde la mano que le da de comer”, debería someterse a un proceso de autocrítica para ver si en realidad ha perdido equilibrio y objetividad. Quizás entonces ponga en practica lo que tanto le ha recetado al presidente: “rectificar.”

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