![]()
Red Bolivariana, 26 de Enero de 2002
La Trampa
Por Fernando Vegas
Todos tenemos derecho a que se nos respete nuestra singularidad. Ese es un valor universal. Decía recientemente L´Humanite en un editorial, cuando la singularidad se generaliza, se pierde. Y, -diríamos nosotros-, si se impone se degrada.
Desde algunos medios se nos pretende imponer la singular manera con la cual aprecian el proceso político venezolano y particularmente su personal visión del presidente. Decimos imponer porque no se está informando a los lectores con la crónica de los hechos tal y como suceden, sino como el redactor interpreta que sucedieron y aun exponiéndolos de manera contraria a como acaecieron. Eso no es democrático. La democracia preserva el derecho a la singularidad de opinión, pero no puede ni debe respaldar la imposición de opiniones.
En la edición dominical del 6 de enero pasado, El Nacional de manera abierta narró hechos inciertos: en su primera plana dijo en el pie de foto de la tríada directiva recién electa, que no pudo juramentarse porque la turba que invadió el recinto lo impidió, mientras que para los que observamos la sesión de la Asamblea Nacional por TV el día anterior, las mentadas turbas nunca ingresaron al Palacio Legislativo (según la cámara de televisión se mantuvieron en las adyacencias de la esquina de San Francisco) y la troika sí fue juramentada. Más aun, una nota de prensa describió una visita del presidente a Catia que fue victima de un enorme cacerolazo que ni siquiera le permitió descender del vehículo debiendo seguir en caravana, asunto que quedó desvirtuado con un video que mostraron en VTV en el cual se aprecia a Chávez caminando entre la muchedumbre sin atisbo alguno de actos visibles de rechazo.
Este diario tiene todo el derecho a expresar su opinión, pero no a mentir para tratar de imponer su particular manera de ver el acontecer político nacional. También quienes no están de acuerdo con El Nacional tienen derecho a manifestarlo, trátese de obreros, amas de casa, escritores, profesores o funcionarios de la administración. Si el pasado lunes, un numeroso grupo de ciudadanos se concentró frente al diario para expresar repudio a la su política informativa, pareciera que estaban en su derecho, tanto como el que ejerció un grupo de personas en La Carlota el 10 de diciembre próximo pasado, cuando con golpes de cacerolas quisieron hacerse escuchar por las personas que atendían a la celebración del aniversario de las FAV, entre quienes estaba precisamente el presidente Chávez, quien no se quejó del evento.
El que escribe, como muchos venezolanos, presenció por TV a la gente que se congregó frente a El Nacional para protestar, y francamente no miré acciones violentas, apasionadas si, pero violentas no. Tampoco se trataba de una flemática manifestación de egresado de Harvard, los participantes eran del pueblo llano y sencillo que quería enseñar sus dichos, escritos en carteles que exigían información veraz.
Tenemos que habituarnos a que en nuestro país fluyen aires de democracia real, con plena libertad de expresión. Lo que ocurre es que el combate político no puede ser monopolio de quienes están en la oposición, también el oficialismo y sus simpatizantes tienen la legítima capacidad de exponer sus ideas, incluso haciendo uso de los mismos medios y la manifestación pública es uno de ellos.
LA PROVOCACIÓN
La Policía Metropolitana actuó de manera poco profesional bajo las órdenes de quien teniendo un proyecto político personal pretendió hacer una demostración de lealtad y afecto a quien funge como su mentor desde la dirección del periódico. Cuando la policía en lugar de dialogar con los presentes optó por gasearlos y cañonearlos con agua de alta presión, si pudo ocasionar actos retaliatorios y violentos de la muchedumbre, por ejemplo, que le lanzaran una lluvia de piedras a la fachada del edificio. Afortunadamente, la Guardia Nacional se apersonó, tomó el lugar de la policía y conversó conciliatoriamente con los manifestantes para que se retiraren, lo que finalmente ocurrió.
(¡Qué lástima que no cayeron en la provocación!, -dirían los ideólogos de la oposición-, ahora tendríamos una foto del edificio del diario con la fachada destrozada a pedradas dándole la vuelta al mundo.)
CONCLUSIÓN
Se requiere hacer un esfuerzo para encontrar espacios para el diálogo y la discusión. Naturalmente, debe tratarse de intercambios francos, sinceros, serios y bien intencionados. No pueden algunos grupos opositores sentarse a hablar para pedir la salida del presidente, es que se les olvida que se trata de un mandatario electo, ¿con cuál argumentación democrática se pretende fundamentar ese pedimento? Las encuestas claramente manipuladas que exhibe día a día El Nacional no pueden sustituir ni la legalidad ni la legitimidad de la suprema encuesta que entrega la ciudadanía en las urnas electorales.
La diatriba, el discurso insultante debe dar paso a la conversación y la discusión vigorosa, si se quiere, pero civilizada y democrática.
La conseja dice que ¨el que siembra vientos cosecha tempestades¨. El repique diario que tienen algunos medios de comunicación no necesariamente les procurará futuras victorias electorales a sus candidatos, pero si pueden encender la mecha de una eclosión popular que nadie desea porque, -como el río que se sale de madre-, se llevará por delante a tirios y troyanos. Naturalmente, quienes tienen un pie puesto en la escalerilla del avión privado para alzar vuelo apenas suenen los primeros tiros, con la pretensión de regresar a reconstruir su poder sobre las ruinas, no se inmutan ante esa posibilidad, total tampoco exponen nada en la maniobra táctica, el trabajo de campo lo desarrolla la clase media que se desempeña como carne de cañón del proyecto antichavista.
El plan del presidente Chávez es el establecimiento de un estado capitalista de contenido social, que reparta de manera más equitativa las riquezas de nuestra tierra. En este proyecto todos tenemos cabida. Las etapas se han venido cumpliendo rigurosamente: Asamblea Constituyente, elaboración del instrumento constitucional, referéndum aprobatorio de la Constitución Bolivariana de Venezuela, promulgación de las leyes que ejecutan los principios constitucionales y, ahora, entramos en la fase de aplicación de esas leyes, para comenzar a crecer de una manera equilibrada y justa. Hay toda una nueva institucionalidad y una manera más abierta de ejercer la libertad de expresión que nos convoca a participar, pero debemos entender que los tiempos han cambiado y no es con los criterios del pasado como podemos avanzar en este sentido. Debemos comenzar por aceptar las reglas del juego para actuar lealmente dentro de ellas.