El Nacional, 3 de Diciembre de 2001.

La Ley de Tierras
Néstor Francia

Según parece, la mayoría de los opinadores que han escrito sobre la Ley de Tierras y Desarrollo Agrícola han omitido su lectura. Todo lo reducen al tema de la propiedad privada y del intervencionismo estatal. Yo me la leí, y adelanto dos conclusiones: una, se trata de una ley básicamente justa y dos, es imposible que el latifundismo venezolano, anárquico y terrófago, concilie con su espíritu y sus contenidos.

Es básicamente justa porque trata de ordenar problemas fundamentales de toda política agraria, como la tenencia de la tierra, su vinculación con programas agrícolas nacionales, el desarrollo rural y la normativa para el usufructo del territorio que pertenece a todos los venezolanos. Se afecta, por supuesto, cierta propiedad privada. ¿Pero qué tipo de propiedad privada? Una de las razones por las cuales Venezuela es un país sin desarrollo agrícola, es la anarquía que ha reinado en el problema de la propiedad de la tierra: "este pedazote es mío (en muchos casos propiedades ilegales, fruto de invasiones de cuello blanco, bajo el amparo irresponsable del poder), hago en él lo que me venga en gana, con el único interés de engordar mis arcas".

La Ley de Tierras trata de poner orden en ese caos que es el agro venezolano, que impide cualquier política de seguridad alimentaria y que nutre la injusticia distributiva. Es una ley que propone vías conciliatorias para el caso de expropiaciones u otro tipo de intervención del Estado, tales como la negociación amistosa y los certificados de fincas mejorables, que permite al afectado contar con plazos para adecuar su producción a las necesidades generales de la economía regional o nacional, según el tipo de tierra que posea. Por otra parte, nadie habla de los campesinos, a quienes la estupidez ilustrada no incluye entre los "sectores productivos", asignando la productividad tan sólo al capital y a los propietarios, y no a los trabajadores manuales. Los campesinos sólo existen en boca de Chávez, para los críticos se trata de "invasores" o "conuqueros". ¡También por eso es que este hombre a veces se resbala, pero no se cae! Errores del Gobierno: su proverbial incapacidad para comunicar lo positivo y su impericia para negociar y aislar a los recalcitrantes.

Es justo que se discutan, razonablemente, los contenidos de la ley, pero no que se pretenda liquidar su positivo espíritu en nombre tan sólo del lucro, del individualismo y de la anarquía latifundista.

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