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22 de Noviembre de 2001
Paradojas
Antonio Guillermo García Danglades
El
empresario nacional, el mismo que ha vivido de la teta del petro-Estado y
corresponsable del atraso socio-económico de Venezuela, ha “roto” sus
relaciones con el gobierno por no encontrar muestras sinceras de diálogo; un diálogo
que históricamente ha servido para condicionar el Estado al interés de las
grandes empresas. No es un secreto que los gobiernos en Venezuela siempre han
actuado como agentes de la acumulación de capital a través de la aplicación
de impuestos regresivos, recortando el presupuesto social y aumentando los
niveles de explotación por medio de la reducción del salario real y
reorientando el ahorro de los trabajadores, tal y como sucedió cuando la
“tripartida” calderista y neocoorporativa acabó con los derechos de antigüedad.
Asimismo, los grandes medios – empresarios al fin – se han convertido en sus
voceros al calificar de “farsa” el llamado al entendimiento hecho por Chávez,
mientras la clase media cae rendida ante la “condición universal” de que
solo asegurándoles enormes ganancias el país podrá salir “adelante”, aun
cuando tengamos la distribución del ingreso mas desigual de todo el continente.
Con el sonar de las cacerolas, los desmemoriados exigieron la renuncia del único
presidente en la “era democrática” que no se ha rendido ante los intereses
oligarcas por representar cabalmente a quien le dio el mandato de crear un nuevo
orden institucional que transforme la estructura socio-económica del Estado.
Paradójicamente,
una republica constitucionalmente participativa se ha basado en el procesos
electoral, que a fin de cuentas es la máxima expresión de la democracia
representativa, para justificar la necesaria, urgente e impostergable Ley
Habilitante que permita cancelar la enorme deuda que nos dejo la Constitución
Nacional. Sin embargo, la oposición, que no ha tenido escrúpulos para
descalificar el carácter participatorio de nuestra democracia, se ha ensañado
contra el ejecutivo por no incluir sus puntos de vista contrarrevolucionarios,
entendiendo “revolución” como el proceso de reconstrucción político, económico
y social enmarcado en la constitución. Esta paradoja es lo que logra explicar
la convulsión política actual; no es casualidad que la histeria desatada en la
oposición se presenta en momentos en que la “revolución” comienza a
contabilizar sus acciones.