| opinion | |||||||
JUAN LUIS S�NCHEZ RAM�REZEl sonido de la radio-despertador anunci� que no ser�a un d�a m�s de clase. Aquella voz que sal�a del aparato de molestos n�meros verdes no era la misma que la de la ma�ana anterior, aunque perteneciera a la misma persona. Aquella voz temblaba de nervios, de presi�n, de incertidumbre, de miedo, de angustia. Temblaba de fr�o. Un fr�o que sali� del altavoz lateral, subi� el volumen de la radio, levant� de s�bito las mantas, apag� el radiador de aceite y encendi� todas las luces del cuarto. Fr�os. N�meros fr�os. Recuentos, datos y ninguna voz. Fr�o: ausencia de calor, ausencia de vida. Un fr�o que hac�a comprender que quedarse en la cama era morir tambi�n. Con los primeros recuentos de v�ctimas, los alumnos de la Facultad de Comunicaci�n (y de otras muchas m�s) tomamos las riendas de la movilizaci�n social, demostrando que estamos vivos, que nos interesan las cosas importantes y que no somos una amalgama de borrachos que s�lo responden a est�mulos en forma de anuncios publicitarios. Lo demostramos actuando en solidaridad con el pueblo gallego tras el hundimiento del �Prestige�, lo demostramos actuando en solidaridad con el pueblo iraqu� y la convivencia democr�tica internacional hace ya m�s de un a�o, lo estamos demostrando actuando en solidaridad con las v�ctimas de la violencia. Ayer, en Plaza Nueva, con todos los representantes pol�ticos presidiendo la convocatoria oficial, se escuch� alg�n berrido aislado: ��Pena de muerte!�, ��Ah� est�n los socios de los asesinos!�, ��Esto es culpa del Gobierno neoliberal!�� Tambi�n hubo alg�n conato de agresi�n. Algunos habr�n deducido que se trataba de j�venes radicales. No. Los j�venes se empe�aron en que esas voces quedaran ahogadas, y a cada salida de tono respond�an en masa: ��No m�s muertes!� e incluso entonaron el Libertad sin ira mientras mostraban sus manos blancas. Una vez m�s durante la ma�ana, los estudiantes (que no somos un grupo heterog�neo, hay de todo) demostramos uni�n, serenidad y una fuerte convicci�n de que era el momento de condenar. Los an�lisis habr�an de llegar algo despu�s. En la misma ma�ana del viernes, estudiantes, profesores, periodistas y v�ctimas del terrorismo participaron en un �foro-mesa redonda� en la Facultad de Comunicaci�n de la Universidad de Sevilla. M�s all� de la consternaci�n, la mayor�a de las intervenciones se han mostrado convencidas de que la masacre de Madrid no debe aumentar la �anestesia social general� y que la pol�tica, con min�sculas en el papel pero con may�sculas en el sentido, es la clave para la soluci�n de las causas de lo que hoy lloramos. Porque �los trenes de la muerte� salieron de una estaci�n. Nadie busca medallas generacionales, ni apuntar ning�n tanto en el expediente de la �egosolidaridad�. La idea es otra: los j�venes, muchos j�venes al menos, saben participar. Mire a su derecha, o a su izquierda, y ver� alg�n veintea�ero con las manos blancas, el coraz�n encogido y la voz rota por los cristales del aquel tren de cercan�as. Intente buscar despu�s a ese veintea�ero en alg�n Telediario de Urdaci. Hace fr�o. |
|||||||
![]() |
|||||||