Opinión
UN DIA DE LA REALIDAD ARGENTINA
DE LA RADIOGRAFIA DE LA ARGENTINA SUFRIENTE AL PALO DE AMASAR
Por: Raúl Isman* (Fecha publicación:06/12/2002)
Información Adicional
Tema: Crisis argentina
Región: América Latina
País/es: Argentina
El 24 de noviembre de 2002 pasará a la historia como una más de las ya incontables y emblemáticas gestas argentinas. Ese día
- otra vez - quedaba tan densa como patéética y groseramente sintetizada la realidad nacional.
Este retrato resulta ininteligible sólo para quienes no quieren verlo, de tan cristalino como es. Por la mañana, un día domingo- de tremendo calor, por añadidura- un togado funcionario del poder judicial dictaminó proceder al allanamiento de la firma textil Brukman, una de las primeras plantas fabriles en destacarse dentro del movimiento de empresas recuperadas y autogestionadas. Dejemos de lado el marcado contraste entre la celeridad con que la justicia y su brazo ejecutor, la federal, implementaron la orden y la lentitud exasperante y burrocordobesa que muestran cuando se trata de encarcelar a un banquero, un empresario estafador, un represor o un político corrupto. En el citado allanamiento fueron detenidos seis trabajadores con más un peligroso sujeto: una niña de corta edad, hija de una de las operarias del lugar. Estos detalles quedan como pura y simple anécdota. En realidad y desde nuestro punto de vista, el problema principal es la contradicción entre dos formas de entender el derecho. Estas son:
1) La vigencia absoluta e irrestricta del derecho de propiedad privada, derecho colocado por encima y en orden jerárquico superior de otros que puedan conculcarse, por ejemplo, el derecho al trabajo y a la vivienda. En este caso, tanto da que se refiera a los propietarios de la firma o a los acreedores de esta, ya que no conocemos los detalles de la situación concursal. Por cierto que cuando se trata de los ahorristas estafados por los bancos, no se supo de juez que haya allanado ninguna institución financiera, ni encarcelado a los ejecutivos responsables de las expropiaciones que sufrió el ahorro nacional.
2) La existencia real, vigente y operante del derecho al trabajo, tal cual lo garantiza el Artículo XIV de nuestra Carta Magna. Para garantizar tal prerrogativa constitucional, se ha constituido un vasto movimiento de trabajadores en empresas abandonadas por sus dueños, quebradas o con dificultades de diversa índole y, en los hechos, desarrollan un modelo de gestión alternativa al despotismo del capital. Demuestran así que lo único posible no es la aceptación pasiva y resignada- como pretenden los defensores del discurso único neoliberal- de la miseria que este sistema nos depara a los trabajadores, seamos ocupados o desempleados. Es factible trabajar y lograr el conjunto de derechos que nos merecemos, sólo que para ello hay que pelear por estos y no esperar que sean concedidos desde arriba. Pero más allá de toda concepción jurídica, ninguna corriente del derecho - ni siquiera las más conservadoras- autoriza a destruir maquinaria en un operativo de este tipo. Y sin embargo, ocurrió.
Entonces la justicia torna a su majestática lentitud. No conocemos de ninguna investigación- y menos medida concreta- contra los policías federales responsables del allanamiento y, por lo tanto, de la integridad del patrimonio de la empresa.
Inmediatamente y en un rasgo por demás saludable, se produjo una inmediata movilización defensiva por parte de asambleístas de la Capital Federal, organismos de derechos humanos, partidos de izquierda y democráticos y otros sectores. Durante todo el día una importante multitud se acercó a la planta del barrio de once y tendió un cerco de protección solidaria a las instalaciones y, simbólicamente, al derecho al trabajo, expropiado a gran parte del pueblo por el modelo neoliberal dominante.
Hacia las 16 horas, se produjo el segundo momento importante del día. Repentinamente, la Capital Federal, el conurbano, la provincia de Buenos Aires, el país casi entero se quedaban sin energía eléctrica. Las personas en las calle, en bares o en sus casa, muchos de los cuales se aprestaban para ver un partido de fútbol definitorio del campeonato, aún los menos politizados, señalaron certeramente lo que ocurría: se trataba de un apriete gestado por las privatizadas que desean conseguir un incremento en las tarifas. El último sábado de noviembre, los medios daban a conocer que el presidente había firmado el nefasto incremento.
La maniobra era tan burda que fue amplificada hasta por los medios más favorables a estas empresas. Al día siguiente, el comentario era generalizado y nadie podía encontrar una sola voz en la calle que defendiera la posición de los prestadores de servicios. El martes 26, el diario Clarín mencionaba que el desperfecto fue producido por una pieza que costaba 5000 unidades monetarias de nuestra nueva madre patria, 'in good we trust'. Este detalle debe ser retenido por el lector.
Compartimos absolutamente el pensamiento generalizado acerca de las causas del fenómeno, pero no nos referiremos a ello. Vamos a analizar el problema desde la simple e ingenua aceptación del discurso de las empresas. Los prestadores de servicios han hecho de la calidad de los mismos el leimotiv de su prédica y el centro de sus comunicaciones con el público usuario y el poder político. En función de las tantas veces cacareada calidad del servicio al consumidor, cobraban las tarifas más altas del mundo durante la vigencia de la Argentina convertible y reclaman un ajuste condigno, luego de la devaluación. Obsérvese bien el problema, la lógica de la ganancia empresaria requiere imperiosamente un incremento en el precio de las prestaciones. En una sociedad brutalmente empobrecida, esto significara irremediablemente más empresas y comercios cerrados, más ciudadanos sin servicios y sin trabajo, en una palabra, sumar más indigencia y desesperanza al pavoroso panorama actual de la sociedad civil, la Argentina sufriente.
Desgraciadamente, los argentinos padecen el abandono y la traición por parte de las asociaciones e instituciones que debieran representarlos. Las dos CGT están borradas del escenario político nacional y los grupos empresarios reunidos en Mar Del Plata (coloquio de ID.A) no tuvieron un mínimo y tímido pronunciamiento hacia el problema, pese al carácter central que tienen estas prestaciones para los costos de producción y operatividad de las empresas. En el Parlamento Nacional, los legisladores más sensibles a los padecimientos del pueblo- en función del carácter exiguo de sus fuerzas- no logran instalar este y otros temas acuciantes para nuestra ciudadanía, mientras ven como la mayoría justicialista se solaza en el despiadado canibalismo de su puja interna y los radicales hacen de comparsa al PJ en función de postergar todo lo posible el pronunciamiento popular en las urnas, que sin dudas será lapidario para el
partido de los boinas blancas.
A las empresas de servicios ni siquiera les importa ni siquiera el hecho que el tarifazo se volverá en su contra, habida cuenta del fuerte incremento de la morosidad y el no pago que sin dudas se provocará. De tal manera que continúan con sus presiones, aliados a monstruosos personajes carentes de toda sensibilidad, como los funcionarios del FMI, largamente conocidos por todo frecuentador de los medios masivos de comunicación: Anoup Peter Sellers Sing, Anne Fredy Krueger y tantos émulos de Narciso Ibáñez Menta.
Con relación a la tan cacareada calidad de los servicios, pretexto aducido por el ministro de Economía Roberto Lavagna para fundamentar el incremento, la salida del servicio en casi todo el país por una pieza de ínfimo valor demuestra hasta el hartazgo que estas empresas son buitres carroñeros que han venido para succionar la riqueza de los argentinos y transferirla al exterior. Por lo tanto, la calidad es un slogan publicitario, pero no una preocupación real para conglomerados que hacen cualquier cosa menos atender a los usuarios y empresas argentinas con un servicio barato, accesible y eficiente.
Las consecuencias del apagón deberían convocar a la labor de la justicia, si la hubiera en este desdichado país. Es muy prematuro para evaluar los daños materiales que se produjeron. Pero si puede decirse alguna palabra de uno de sus más terribles resultados. Artefactos hospitalarios de enorme valor e imprescindibles para la atención de la salud de la población sufrieron averías de distinta índole. Esto debe ser mensurado por los entes de control y la justicia y pagado por las empresas responsables.
Lo anterior se aplica si el daño se hubiera producido por la famosa pieza de 5000 verdes. Pero si el siniestro se produjo por la causa que es vox populi, existe una responsabilidad penal consistente en un daño probablemente irreparable al patrimonio del sistema de salud pública. En consecuencia, deben aparecer los responsables y pagar con la cárcel, además del dinero que corresponde a la responsabilidad civil. Pero sospechamos que la justicia nada hará y la sociedad quedará una vez más desamparada por las instituciones estatales y librada a sus exclusivas fuerzas.
La movilización solidaria con Brukman señala y demuestra la voluntad de transitar otro camino. De un lado está el poder económico y sus sirvientes de los partidos políticos y el sistema judicial. Del otro, el pueblo argentino, que nada puede esperar del modelo neoliberal. Este asegura más hambre, más pobreza, más exclusión.
Por los motivos antepuestos, la del 24 de noviembre es una fecha paradigmática más entre las efemérides argentinas. Sólo que en este país corremos el riesgo que todo el calendario se vuelva emblemático en sí mismo. La Argentina sufriente, radiografiada en la fecha citada, observa con terror el palo de amasar. De los recuerdos de una infancia cálida- sin tantas comidas rápidas de plástico- y de dulzuras maternas, el mencionado adminículo domestico emerge en la actualidad como imagen de la prepotencia y la represión. Y la operación queda completa cuando asumimos cual es el sitio donde debemos introducirnos el ya varias veces citado palo. Es decir, donde la fértil imaginación del lector imaginará tan rápida como dolorosamente, si no logramos derrotar al poder económico parasitario y vampirezco que nos subyuga.