La izquierda, el movimiento popular y el gobierno de Nestor Kirchner
20/02/2004
por Raúl Isman
PUENTES - Raúl Isman aporta elementos para el debate sobre la izquierda, el gobierno de Néstor Kirchner y la coyuntura político-social y económica de la Argentina.
'El Peronismo es el hecho maldito del país burgués'.
John William Cooke. Militante peronista.
'El Peronismo es el hecho burgués del país maldito'.
Respuesta de algunos militantes a la frase anterior, durante la década del '70.
'El Kirchnerismo es el fortuito hecho revolucionario en el maldito país burgués'.
Enunciado de síntesis, origen desconocido.
INTRODUCCIÓN
Los epígrafes citados líneas arriba son suficientemente ilustrativos- un verdadero compendio histórico en tres oraciones- acerca del profundo retroceso soportado por el pueblo argentino; básicamente, desde 1976, a partir de la llegada de la infame dictadura militar. Si en los inicios de la década del '70, la discusión pasaba por que tipo de revolución (en su dimensión nacional, social y política) era aceptada e impulsada por los militantes; en la actualidad, por el contrario, un capitalismo nacional autosostenido y con un mínimo de integración social es un horizonte altamente deseable para las víctimas de casi tres décadas de latrocinio neoliberal. Esta nueva sociedad permitirá una mejor reconstitución de los sectores populares profundamente debilitados, disgregados y fragmentados por efectos de las políticas económicas y sociales ya señaladas. Por ende, en caso de lograrse, permitirá una extensión en cantidad y profundidad de beneficiarios de la inclusión social. Además, se logrará un salto cualitativo de la ciudadanía (en el contenido más sustantivo del término) y una significativa ampliación de la capacidad hacia la acción soberana para el conjunto de la nación. Desde luego que todo lo anterior necesariamente implica- y es inseparable, en rigor- la existencia de un estado nacional soberano, mal que le pese a Tony Negri y pensadores al uso.
A lo largo de las presentes líneas se aportaran algunas ideas para el debate acerca del verdadero contenido de la nueva etapa abierta social y política abierta en la Argentina con la llegada al poder político del Doctor Néstor Carlos Kirchner. Además, intentaremos reflexionar acerca de la necesidad que las fuerzas de izquierda acierten en la caracterización de la coyuntura y en las iniciativas tácticas necesarias para ligar las luchas presentes y el nivel actual de conciencia de las masas, por un lado; y, por el otro, los grandes objetivos del conjunto del movimiento popular. En dicho sentido, las insuficiencias de la sinistra criolla son- a nuestro modo de ver- realmente inocultables. Desgraciadamente, las caracterizaciones bizarras, exóticas, delirantes o impresionistas imperan por doquier. En cambio, el puente que ligue el presente con el futuro (y el pasado) es un proceso de crítica cultural permanente a los valores, contenidos y pautas burguesas, tarea irrenunciable para todos los militantes populares y de izquierda, en todas sus variantes. La referida crítica apunta a desarrollar la conciencia de las masas, sin la cual las luchas que se han librado o se verifican en la actualidad resultan en gran medida estériles. No se trata de un juego banal e intelectualizante, sino más bien de una necesidad tan urgente como práctica: si se yerra en el diagnóstico y la táctica, la izquierda corre el riesgo de continuar en los arrabales de las masas: siempre tan sacrificada y abnegada en el esfuerzo de sus militantes, como carente de influencia real y profunda sobre vastos sectores de nuestro pueblo. Además, si no hacemos aportes para desarrollar la conciencia de los sectores populares, estos continuarán prisioneras ideológica y políticamente del bloque dominante. En este terreno del discurso es donde Kirchner- en nuestra opinión- ha impactado más fuertemente. Desarrollaremos dicha temática más adelante.
OTRA VEZ SOPA: EL 19 Y 20 DE DICIEMBRE DE 2001
El punto de partida del análisis- en nuestra opinión- reside en una adecuada caracterización del estallido popular del 19 y 20 de diciembre de 2001, tan largamente sacralizado por algunas perspectivas delirantes y surrealistas, como superficialmente retratado por la mayoría de los sectores militantes. Contrariamente a lo expresado por algunos colectivos como partidos de izquierda, asambleas y otras fuerzas afines, no hubo ningún proceso ni ultra ni pre, ni estrictamente revolucionario; salvo desde el punto de vista cultural. Y en este sentido, además limitado. El estallido consistió- en nuestra perspectiva- en una reacción saludable pero espasmódica contra el inmovilismo y la derrota padecida desde hacía largo tiempo por la sociedad civil. Una de las condiciones principales de dicha derrota residía en que las políticas neoliberales eran asumidas como el único camino posible, aún por sus principales víctimas. En consecuencia, la aceptación sin más del discurso dominante fue una de las causas del retroceso y debilidad del movimiento popular y fue sólo parcialmente removida en la eclosión de diciembre de 2001 y comienzos de 2002.
Por ende, la revuelta fue una saludable eclosión ciudadana, en el doble significado de la palabra ciudadanía. En efecto, en otros textos, hemos definido a la citada ciudadanía como la condición de ser sujetos acreedores de ciertos derechos fundamentales. Pero también puede usarse la expresión para definir a los habitantes de las (grandes) ciudades. Tal fue el contenido fundamental de la eclosión social referida: la defensa y afirmación de valores ciudadanos pisoteados por un gobierno que había desconocido el contrato formulado con sus votantes. Y además, el estallido fue motorizado por los habitantes de algunas de las grandes urbes. Por otra parte, no se nos escapa la existencia de maniobras políticas impulsadas por sectores dominantes (en especial, del P.J. y carapintadas) en el conurbano bonaerense. El objetivo de tales escarceos era- obviamente- debilitar al agonizante De La Rua y que el peronismo capitalizara la situación. Pero, en nuestra opinión, el contenido fundamental del 19 y 20 de diciembre es una defensa radical de la democracia y de reivindicación de la palabra bastardeada y mancillada por una dirigencia política sólo funcional al poder económico. Por lo tanto implica un contenido profundamente ético al reivindicar un modo de hacer política que respete valores morales y los compromisos asumidos con el pueblo.
Todo esto se halla- como puede comprobarse muy fácilmente, salvo que uno se halle aquejado de delirium trotskensis- muy lejos de una verdadera revolución comunista. Las causas son varias, de algunas ya hemos hablado. En primer lugar, los sujetos involucrados: el proletariado industrial estuvo ausente, además de la falta de una perspectiva programática en el mismo sentido.
Por otra parte, discrepamos con las perspectivas de análisis que sobredeterminan la influencia del corralito- sin dudas, influyente- entre las causas del movimiento. Los ciudadanos que en número superior al medio millón ganaron las calles de los cien barrios porteños la noche del 19 exceden largamente la condición de angelicales ahorristas burlados en su confianza por la voracidad de Domingo Cavallo y demás personeros al servicio del capital financiero.
Es muy conocido que las distintas perspectivas de izquierda vieron al fin realizada la célebre profecía autocumplida: es decir, la llegada de la revolución social. Sintetizada además en una consigna absurda, reaccionaria y vacía de contenido real: que se vayan todos, que no quede uno solo. Los errores de este enunciado eran varios y no era el menor su fuerte conexión con el discurso dominante. Enumeraremos algunos:
1) Un primer problema consiste en confundir a un difuso ente receptor de todas las críticas (los políticos, categoría que agrupa desde Menem y Altamira hasta Lopez Murphy y Zamora, pasando por Luis D'Elía y Alvaro Alzogaray, como si todos ellos representasen los mismos intereses) con la verdadera clase dominante. Es necesario repetirlo una y otra vez: en la medida que la actividad política resulte estigmatizada, siempre se favorece el poder real. El pueblo argentino no tiene salida sin una mínima reivindicación de la referida actividad política. Si la sola mención de la palabra político (en algunos sectores, es un modo de insultar) evoca las peores resonancias para las masas, poco se puede avanzar para resolver los problemas. El impulsor y beneficiario de esta operación no es otro que el poder económico. Con la salvedad de pedir disculpas por las inevitables reiteraciones, reafirmamos que si toda la responsabilidad es de la política, lo único que se logra es invisibilizar la economía capitalista (y al puñado de grandes empresarios que saquean al país) como gran responsable de nuestros infortunios. Repitámoslo una vez más: si se cierra el congreso, se eliminan los mecanismos instucionales de la democracia y a la entera dirigencia política, no disminuye un ápice la pobreza ni mejoran las condiciones de vida populares.
2) Un corolario de lo anterior reside en responsabilizar exclusivamente a la dirigencia política de la situación, como si en el país no existiera un poder económico, verdadero causante de fondo de los infortunios populares. Nada casualmente, en las elecciones presidenciales celebradas en el 2003, una de las vertientes carapintadas que se presentaron, se llamaba Confederación Para Que se Vayan Todos. Escaso contenido crítico y contestatario tiene una consigna que puede ser retomada por agrupaciones antidemocráticas y fascistas.
3) Finalmente, si la clase dominante fueran los políticos no es dable, ni serio, esperar que se vayan, respondiendo- así atemorizados- a nuestros requerimientos. Hay que derrocarlos por vía revolucionaria. Si las condiciones son factibles para ello, claro está; lo cual no es el caso de la Argentina actual. Acaso, ¿Alguien se imagina a Fidel Castro declamando que se vaya Batista o a Lenín solicitando con gesto fiero que se retire el gobierno provisional? ¿O más bien dichos dirigentes lucharon para que las masas populares asumieran el poder por vía revolucionaria desplazando a las clases dominantes?. En este particular contexto, acaso Qué se vayan todos, que no quede uno solo, ¿No es un enunciado que resulta una verdadera apología de la pasividad?
Tres meses después del inolvidable final del 2001, la temida revolución social se había desvanecido como pompa de jabón y sólo pervivía en la prensa afiebrada de los partidos trotskistas. La cita que sigue a continuación- tomada a modo de ejemplo paradigmático- reafirma, una vez más, la inocultable arbitrariedad para analizar la realidad que distingue a distintas fuerzas de la izquierda, en especial, a los seguidores actuales de León Trotski, verdaderos creadores y cultores de piezas de enorme valor onírico, poético y ficcional, pero escaso sustento en la sociedad real y nulos aportes para la elaboración de una teoría tendiente a que el movimiento popular solucione sus límites, carencias y dificultades.
La movilización popular del 19 y 20 de diciembre no solamente acaba con el gobierno de De la Rúa y la Alianza sino que cuestiona profundamente al conjunto del régimen político y social... El gobierno usurpador de la voluntad popular que encabeza Duhalde y Cia. se apropió ilegítimamente de las jornadas del 19 y 20 para tratar de recomponer el sistema político de dominación. Pero los cuestionamientos no son sólo contra este gobierno ilegítimo sino contra el conjunto de las instituciones de dominación política y económica. (Subrayados nuestros) Documento del SUTEBA-Matanza. Recibido electrónicamente. El texto fue elaborado cuando la lista Violeta ejercía la conducción de la seccional. En la citada lista Violeta del sindicato docente bonaerense- luego derrotada por la centrista celeste, aunque contaba con la conducción sindical al momento de redactarse el documento- coexisten diversas fuerzas de izquierda. Lo llamativo es que estas líneas citadas fueron escritas cuando lo mejor de la movilización ya había pasado. Podríamos llenar varios tomos con transcripciones de idéntico tenor. El texto tal vez sea demasiado extenso, pero sin dudas es ilustrativo de un modo de ver unilateral e impresionista. Creer que una pequeña fracción de la sociedad- las asambleas, por ejemplo- representa a la totalidad del pueblo y que por poco más que ello se hallan cuestionadas el conjunto de las instituciones de dominación política y económica es un modo de ver la realidad que sobrecarga las acciones de las masas, maximiza sus logros, no da cuenta de los límites y retrocesos del movimiento social y mucho menos del nivel real de la conciencia de las masas populares.
Las elecciones realizadas el 27 de abril de 2003 permitieron observar el patético espectáculo de distintas organizaciones (sociales, políticas, piqueteras, sindicales, estudiantiles) escondiendo detrás del Que se Vayan Todos y del abstencionismo más ingenuo su radical impotencia para construir una alternativa a las opciones del sistema. Otras fuerzas comprendieron la necesidad imprescindible e impostergable de participar en los comicios. Pero lo hicieron desde la sesgada lógica de atender a su propia supervivencia partidaria y forzando los análisis de modo que toda aproximación a la realidad resultase pura coincidencia y casualidad permanente. De todos modos, con este último sector existe la posibilidad de un diálogo (auto)crítico; por otra parte, inexistente con los primeros, refugiados como están en una dinámica puramente internista y en el consignismo más infantil.
LAS EXPECTATIVAS DE LA IZQUIERDA Y LOS RESULTADOS DE LAS ELECCIONES
Por el contrario, los pueblos muestran a menudo más ductilidad para comprender los acontecimientos que sus supuestos destacamentos de vanguardia. Por un lado, las mismas personas- en su mayoría- que pelearon en la calle en el recordado diciembre de 2001, sufragaron por Kirchner y Carrió, dándole a su opción electoral un sentido de continuidad en la lucha contra el poder económico. Mientras que por el otro, quienes realmente cortan el bacalao- por decirlo en palabras cotidianas- imaginaron un escenario político en que la sociedad dirimiese entre Menem y López Murphy la segunda vuelta. Tal vez esta fue una de las apariciones más sensibles y paradigmáticas del conflicto: por un lado, el poder económico pretendiendo imponer su discurso y sus falsas expectativas en el escenario electoral, y, por el otro, el pueblo que logró detener la maniobra. La candidatura de Néstor Kirchner- construida en el diálogo con la sociedad civil, pero también negociando hábilmente con el aparato peronista- destrozó esta utopía reaccionaria. De una (factible e hipotética) foto de la segunda vuelta entre el bulldog y el perverso riojano, se pasó a una derrota política inapelable del neoliberalismo, con Menem huyendo como rata de un masivo plebiscito en su contra. Dicha situación puede ser caracterizada como el primer hecho revolucionario. La prédica del presidente contra los aumentos tarifarios, su reivindicación de la causa de los derechos humanos, el señalamiento de los grandes grupos de poder económico y sus corifeos intelectuales y mediáticos como verdaderos responsables de la pobreza que sufre nuestro pueblo, su intento de crear una institucionalidad transparente (forzando la renuncia de Julio Nazareno a la Corte Suprema y creando mecanismos de participación de la sociedad civil en el reemplazo, como las audiencias públicas) fueron algunos de los subsiguientes. Esta orientación lo coloca marcadamente a la izquierda de gran parte de nuestro pueblo, al menos de la casi mitad del electorado que un primera vuelta optó por Menem y López Murphy.
El 27 de abril de 2003, los electores tuvieron a su alcance una herramienta y la utilizaron. Los pueblos avanzan con los instrumentos que tienen al alcance de la mano. Tal como lo corrobora la casi totalidad del pensamiento revolucionario, la lucha (de clases) callejera no es opuesta sino complementaria con la participación electoral. La elección citada demostró cual lejos de la realidad de las masas se hallan quienes pretenden encarnar con sus delirios el sentimiento y el parecer de los sectores populares. No hubo avalancha de votos en blanco, recusados ni a las distintas fuerzas de izquierda; que dicho sea de paso, una vez más dio el lamentable espectáculo de sus enfrentamientos tan exóticos como incomprensibles para el común de los mortales. En el paroxismo de ello, en la primer vuelta para la elección a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, se presentaron más de media docena de postulantes trotskistas. Una de estas listas postulaba el voto a favor de luchadores trotskistas. Lo que no comprendían es que si se demandaba el sufragio por luchadores, resultaba difícil obtener buenos resultados. Si se trata de trotskistas por añadidura, más complejo es aún. Perdón, por tanta reiteración del nombre de los seguidores de Lev Davidovich Bronstein (Trotsky). Además, lo ocurrido luego del conjunto de las elecciones realizadas en el año 2003 demostró cuan alejados de la realidad se hallaban quienes afirmaban que todos los políticos burgueses son iguales y que para las masas del pueblo resultaba indiferente el triunfo de uno u otro.
Visto en la perspectiva del (escaso) tiempo transcurrido, podrá parecer extraño, pero los partidos de izquierda se preparaban para convertirse en opción de masas, aún desde el punto de vista electoral. Patricio Etchegaray, máximo dirigente del Partido Comunista, escribió poco más de un mes antes de los comicios presidenciales:
Se ha abierto en el país una gran oportunidad para construir una fuerza de izquierda que cambie de raíz la correlación de fuerzas abiertamente favorable a la derecha.
Esto hoy es posible, ya que a partir de las movilizaciones de 2001 y 2002, la izquierda está dejando de ser un grupo marginal, se va encaminando a convertirse en expresión de mayorías. (Nota en revista Enfoques Alternativos. Número 12. Marzo de 2003).
De hecho, no le faltó cierta dosis de razón al análisis, sólo que la coalición de izquierda no era la que preveía el dirigente y ex legislador por la ciudad. Los sectores democráticos, progresistas y socialistas que apoyan al presidente Kirchner son los que se hallan en mejores condiciones de capitalizar los aspectos más favorables de la coyuntura abierta por el nuevo gobierno. Las expectativas (re)creadas en la casi totalidad de los sectores subalternos hacia la política justifican ampliamente la perspectiva de quienes apostaron desde el comienzo por el presidente patagónico.
Pero antes de desarrollar las perspectivas futuras, en contraste con algunas ideas en boga, analizaremos algunas cifras relativas a los resultados generales en las presidenciales. El voto en blanco, anulado, programático o la variante que fuere, obtuvo menos del punto porcentual. Una importante fracción de los votantes (nada menos que el 42 %) sufragó directamente por el poder económico, encarnado en Carlos Saúl Menem y Ricardo López Murphy. ¿Que se vayan todos? ¿Y si al menos lográramos que estas fracciones del pueblo alejen la influencia del poder económico en sus conciencias? Otra porción de electores, cercana al 55%, lo hizo por una oposición más o menos moderada (Kirchner, Carrió y Bravo y aún Rodríguez Saa) a los elementos que hunden al pueblo en la miseria. De hecho, la primer magistratura recayó en el mandatario patagónico, cuyos primeros discursos y acciones de gobierno lo colocan marcadamente a la izquierda de la fracción de la sociedad civil proclive a aceptar sin más el discurso del poder económico, como señalamos líneas arriba. La Izquierda Unida no logró ni siquiera dos puntos porcentuales- menos que en 2001- y el Partido Obrero no llegó a un miserable dígito. Parte de esta problemática puede explicarse con el hecho que los resultados de las fuerzas de oposición al sistema son mejores si el comicio es legislativo y no ejecutivo.
Durante el tránsito de la primera a la frustrada segunda vuelta, las citadas agrupaciones izquierdistas corrieron el riesgo de permanecer cerradas en actitudes autistas, más cercanas a favorecer su propia supervivencia que a aportar logros ciertos y significativos para el movimiento social. Las mismas consisten en decir que todos los dirigentes políticos son iguales, sin atender a los (muy importantes) matices diferenciales entre ellos. En un momento, además, en el cual la derecha y el poder económico- aunque parecen algo aturdidos- comienzan un proceso de acotamiento del margen de maniobra del presidente Kirchner, mediante aprietes y amenazas cuasi golpistas. En la cómplice intimidad de algunos medios empresarios, se cruzan apuestas acerca de cuanto tiempo les puede llevar aislar, debilitar y derrotar al nuevo presidente. Además, algunos voceros periodísticos del poder económico impúdicamente se atreven a sugerir un magnicidio sobre la figura del presidente. ¿Podemos ser espectadores pasivos de este conflicto real y sin dudas existente? Por allí circula verdaderamente una parte sustancial de la lucha de clases y no por las construcciones muy imaginativas de ciertos núcleos militantes. Distintos activistas y dirigentes medios pertenecientes a distintas fuerzas de izquierda nos participaron su oposición a la actitud de confundir todas las orientaciones políticas, bien que de todos modos permanecieron leales y alineados con las posiciones oficiales de sus respectivos partidos.
En cambio, los ciudadanos menos influenciados por el bloque de fuerzas dominantes se las arreglaron para evitar- al menos- un desempate entre Menem y López Murphy, el escenario ideal para el poder económico. Nos parece que los contenidos más democráticos y progresistas del discurso del presidente Kirchner tienen relación con el modo en que se hace realmente política: las masas demandan y los gobernantes retoman- con más o menos consecuencia- tales demandas. Por ello, entendemos que la elección citada no es más que la continuación de diciembre de 2001 por otros medios. Es que la toma del Palacio de Invierno se hizo una sola vez en la historia y, para peor, en la Argentina diciembre es verano. Más sensatamente, la sociedad civil- al menos las fuerzas más progresistas- desean profundizar la democracia, dotándola de mayor contenido social. No es que sea insensato pelear por una revolución socialista que liquide la explotación del hombre por el hombre en una larga perspectiva histórica. Si que nos parece irracional declamar por una transformación totalmente alejada de las posibilidades reales, las expectativas y del nivel de conciencia de las masas. De este modo, tal revolución resulta vaciada de sujetos reales. Además, la factibilidad concreta de los estallidos revolucionarios se halla ligada a condiciones objetivas, en la actualidad, profundamente desfavorables a los pueblos en todo el orbe. Al menos, en lo referente a lo que siempre se llamó tomar el cielo por asalto. No sea cosa que por aspirar a construir un mundo sin explotadores ni explotados, se nos vaya- como agua entre las manos- la posibilidad de realizar reformas tan mínimas y urgentes como legítimas, necesarias y factibles. En consecuencia y por si no quedó claro, digámoslo con todas las letras: en la actualidad, la única transformación social verdaderamente realizable es una drástica redistribución del ingreso que favorezca a los sectores populares, aún en el marco de relaciones sociales capitalistas. La lucha anticapitalista deberá librarse en otra etapa histórica. Por cierto que los objetivos aquí defendidos son inseparables de la (re)construcción- en el marco nacional- de un estado social, además.
En el mes final de 2001, tal demanda de la sociedad civil eclosionó en explosión de masas. En abril de 2003 se hizo lo propio por vía electoral. La rebelión del 2001 se presenta ahora coagulada bajo la forma de un (incipiente) bloque progresista, nacional, democrático, partidario del desarrollo industrial y de una nueva inserción del país en el contexto latinoamericano e internacional. Tal alianza social- aún marcadamente difusa e insuficiente- debe ser ampliada hasta nuclear a la mayor parte del pueblo. Esta es la coalición de izquierda de la cual- tal vez involuntariamente- nos hablaba Etchegaray, heredera real del caliente diciembre de 2001. Nuestra función en ella es constituir el ala más alerta y crítica para que no sean traicionados los intereses del pueblo. En dicho bloque no están todos los que debieran integrarlo y hay algunos que no deberían permanecer en él. Pero así es la política, plena de impurezas y limitaciones.
LOS SIGNIFICADOS (SIGNIFICANTEMENTE SIGNIFICATIVOS) DEL GOBIERNO DE KIRCHNER
En algo más de un semestre, el nuevo gobierno ha cambiado las expectativas de gran parte de la sociedad, apropiándose de tres cuartas partes del consenso social mediante un discurso en nada conciliador con el poder económico. Este es un hecho prácticamente de dimensiones revolucionarias. En el futuro se sabrá si son ademanes sin mayor eficacia práctica o el presidente intentará y podrá lograr la construcción de una audaz coalición con la finalidad de introducir modificaciones sustantivas en el más que complejo panorama económico y social de la Argentina actual. Tal como dijimos líneas arriba, lo recién enunciado no quiere decir que Kirchner pueda encabezar un bloque histórico capaz de llevar al país al socialismo, sino más bien de gestionar un conjunto de reformas profundas y crear una sociedad de capitalismo nacional y movilidad social ascendente, según sus propias palabras pronunciadas en el discurso ante la Asamblea Legislativa, el 25 de mayo de 2003, día que asumió la presidencia.
Las casi constantes derrotas populares, el escaso nivel de conciencia de la sociedad civil, la errática volubilidad de sus opiniones (ahora, todos son Kirchneristas y hace poco casi la mitad de los ciudadanos votó por Menem o López Murphy), la correlación desfavorable de fuerzas en los niveles nacional, regional y mucho más mundial, la existencia de una única superpotencia a nivel internación no permiten pensar en un proyecto revolucionario socialista; salvo para un improbable y lejano futuro, ciertamente distante de nuestro tiempo inmediato. De modo que la propuesta presidencial es un escenario favorable para la reconstitución de los sectores populares heridos por casi tres décadas de genocidio social neoliberal.
Por cierto que en los escasos poco más de 180 días transcurridos no se ha logrado ninguna transformación sustancial en la realidad económica del país. De modo que el logro más significativo del gobierno reside en el cambio del eje discursivo, alterando severamente la hegemonía del elaborado por los sectores dominantes. Tal como decíamos previamente, la iniciativa- también discursiva- del poder económico se manifiesta a través de la demonización de la actividad política. En la medida que para vastos sectores populares es sinónimo de robo, corrupción, latrocinio y peculado; el corolario es casi obvio: nada puede hacerse desde la citada actividad política para remediar la situación del pueblo. Comenzando en plena campaña y antes de asumir, Kirchner alteró estas condiciones con los siguientes enunciados, hechos y medidas de gobierno:
a) Al responsabilizar a fuerzas empresarias de la pobreza (no importa si son algunos o todos) en la que se halla hundido nuestro pueblo cambió el eje del debate; lo cierto es que la burguesía está desacostumbrada a políticos que la enfrenten de este modo: no son los políticos sino el modelo económico neoliberal el causante de nuestros infortunios. Dichas palabras, en boca de un primer magistrado de sorprendente popularidad, son más efectivas que si las enuncia un dirigente piquetero, un profesor universitario o un periodista.
b) Corolario de lo anterior es el hecho que, para vastos sectores populares, la política deja de ser el espacio de la frustración para convertirse en el ámbito de la esperanza. El peligro reside en que sean alentadas prácticas delegativas que luego resulten frustrantes para las expectativas del pueblo. Además, con dicho represtigio de la política, cuanto menos, se le allana el trabajo a los militantes populares que ya no deben excusarse frente a las masas por su actividad y, en consecuencia, no deben aclarar que son políticos, pero no como los tradicionales.
c) Al impulsar un proceso de represión del delito con fuerte imperio de la ley, ha alterado severamente las condiciones para la vigencia del discurso dominante. Esto es la solución fácil, arbitraria y ejecutiva de los problemas generados por la delincuencia. Para decirlo con palabras cotidianas, meterles bala, un tiro en la nuca, hay que matarlos a todos son enunciados que aparecen en boca de elementos del pueblo y aseguran el éxito del citado discurso dominante. Si se habla constantemente de inseguridad, nada se dice de la seguridad de quedarse sin trabajo, sin atención médica, sin educación, sin alimentación, sin vivienda; largamente condiciones más dañinas para los sectores populares por su incidencia permanente, que los hechos policiales que perjudican sólo en el momento en que se producen. Nada casualmente, el discurso de la inseguridad es parte de la prédica constante del poder. Concomitantemente con ello, las prácticas mafiosas de sectores de la policía (secuestros extorsivos, piratas del asfalto y otros) son un componente fundamental de la acción cotidiana de la derecha económica y política.
d) Corolario de lo anterior es que no hay ni una mínima solución al problema del delito sin afectar una maraña de intereses que va desde los comisarios de la Policía hasta el aparato pejotista, incluyendo algunas fracciones del poder económico.
e) Al demostrar que con voluntad política pueden resolverse problemas largamente retrasados de diversa índole- como el de la Corte Suprema o la ampliación de la ciudadanía social- rompe con los condicionamientos con que el poder económico quiere restringir y paralizar tanto las iniciativas de las masas, como la acción de los aparatos institucionales que pudieren beneficiar al pueblo.
Por lo tanto, es ridículo tratar a Kirchner como si fuera igual al que Menem, De La Rúa o Duhalde. Sea Elisa Carrió o los partidos de izquierda los que cometen este error. En nuestra opinión, la táctica correcta frente al nuevo gobierno consiste en apoyar todas las medidas del mandatario que enfrenten al poder económico y favorezcan al pueblo, desde la superestructura. Y, desde abajo, impulsar la generación de un proceso de movilización popular que hoy no existe y que le aporte a la perspectiva del presidente un sustento social capaz de revertir la actual situación de derrota. En todo caso, si Kirchner enfrenta al poder económico- aunque sea tímidamente- es suicida tratarlo como si fuera lo mismo que Menem y López Murphy. La definición de una táctica correcta frente al nuevo mandatario es una cuestión decisiva, ya que si a este le va mal, no lo heredará la izquierda, si no más bien la derecha, sea en su variante ultraliberal o falsa e hipócritamente nacionalista. Nada puede construirse por fuera del éxito del gobierno de Kirchner, lo cual no significa subordinarse a todos sus designios políticos. Debemos constituir una alternativa social, política y cultural autónoma; pero a sabiendas que hay que derrotar al poder económico. el verdadero enemigo del pueblo, que se hallan agazapado y conspirando para debilitarlo. Como se dice habitualmente, cuanto peor, mejor, no es una perspectiva que favorezca al pueblo. Miles de ejemplos en la historia lo certifican. No tener claro esto conduce a debilitar al gobierno y favorece a la derecha. Ellos no se equivocan y tratan a Kirchner y sus políticas con hostilidad indisimulada. Nos hallamos en una encrucijada histórica, si favorecemos objetivamente al poder económico, pagaremos por un larguísimo período de tiempo nuestro error, del mismo modo que el P.C. y el P.S. lo hicieron con su desastrosa caracterización del general Perón como fascista, hacia 1945. No se trata de equiparar una u otra etapa histórica. Lo que si puede resultar equivalente es la magnitud de los errores que pudieren cometerse.
LO MEJOR DEL GOBIERNO
A continuación, enunciaremos algunas de las medidas tomados por el gobierno nacional, cuando ya ha cumplido seis meses en el ejercicio del poder, beneficiosas para el conjunto del pueblo. También, algunos de sus propósitos. Nos referiremos al ámbito económico y social, sin desconocer que lo relacionado con las áreas institucional, político, jurídico o de otra índole son sumamente significativas y las hemos mencionado o analizaremos en este mismo texto.
1) Se ha negado a aumentar las tarifas de los servicios públicos, pese a la presión de las privatizadas, de los gobiernos de los países industriales y del F.M.I.. Además, al plantear el eje de la rediscusión de los contratos, altera de hecho la agenda económica, siempre diseñada en su favor por el poder real. Por otra parte, la posible modificación del marco normativo de las empresas de servicios públicos contiene varios puntos altamente favorables para los sectores populares. Por cierto que la presión de los sectores poderosos es mayor, cuanto menor es la movilización popular. De modo que en la medida en que no se genere una corriente de lucha contra el aumento tarifario, el gobierno seguramente capitulará frente a las empresas, el F.M.I y restantes organismos financieros. Siempre, la resolución del problema se halla en manos del pueblo y sus movilizaciones.
2) Reformulación de los escandalosos contratos por peajes camineros heredados del Menemato, paradigma de la corrupción en dicho período de tiempo.
3) Liquidación de algunas concesiones a empresas beneficiarias de las privatizaciones (Correos y otros ejemplos).
4) Progresivo y constante retorno de los Ferrocarriles de corta, media y larga distancia. Una red ferroviaria integrada e integradora es parte sustancial de una nación orientada a la producción.
5) Plan de obras públicas y construcción de viviendas populares como mecanismo de reactivación económica.
6) Prorroga de la suspensión de ejecuciones hipotecarias, también desoyendo consejos de los organismos financieros internacionales.
7) Negativa a resolver por decreto las compensaciones a las entidades financieras por la pesificación. Al prorrogar sine die esta temática llevándola al juego parlamentario, en última instancia coloca el problema en la orbita de la voluntad popular. En el presupuesto 2004, finalmente han quedado consagradas algunas de estas compensaciones.
8) Señalamiento de algunos grandes bancos como co-responsables de la crisis argentina.
9) Incremento de los salarios mínimos, pensiones y jubilaciones, con la oposición en bloque de las fuerzas empresarias y sus voceros. Para ellos, la única manera de aumentar las asignaciones del pueblo trabajador es lograr la seguridad jurídica. Esta atraería un flujo de inversiones que demanden trabajo y así- tal vez- pudieren incrementarse los ingresos del mundo del trabajo. Es decir, un proceso que demandaría cuanto menos un par de centurias, flaco consuelo para la insuficiencia salarial que padecemos los desdichados habitantes de este país.
10) El aumento anterior desencadenó un efecto indeseado, el incremento de las deudas hipotecarias por aplicación del C.V.S., y el gobierno se halla abocado a resolverlo sin perjudicar a los deudores.
11) La intención de crear una fracción burguesa partidaria de alentar el crecimiento económico-productivo. Por cierto que la principal oposición a esta finalidad se halla en el empresariado, casi de conjunto comprometido con la inmundicia neoliberal.
Estas y otras medidas, más el discurso extrañamente contestatario con el poder económico, hacen del gobierno de Kirchner un hecho inédito (y casi fortuitamente revolucionario) en el maldito país burgués que es la Argentina. Las medidas pueden ser criticadas por lo limitadas que resulten para lograr la necesaria redistribución del ingreso en favor de los sectores populares. Pero de no haber sido tomadas, el panorama sería inmensamente más desfavorable. Piénsese en lo que hubiera representado un aumento de tarifas en términos de más y nuevos pobres, empresas y comercios quebrados, ciudadanos con cortes en los servicios y otros desastres. Y por cierto, el peligro de tal incremento no ha desaparecido.
EL MOVIMIENTO SOCIAL Y EL HURACÁN “K”
La nueva etapa permite un nuevo posicionamiento de los movimientos sociales. Durante casi seis meses, el presidente se negó a recibir a los dirigentes de la C.G.T. oficialista. Ya lo hizo. Pero es inocultable que los gordos no son santo de su devoción. Los compañeros que pretender recuperar los sindicatos para los trabajadores tienen así un vasto campo de acción para impulsar actividades en este sentido. Tal vez, a lo largo de toda esta etapa, el estado ya no juegue su influencia para defender a la burocracia sindical y sus infames negociados a expensas de los trabajadores.
Los movimientos por la tierra y la vivienda tendrán en el gobierno nacional un interlocutor interesante, cuando no un aliado. Una táctica racional, hábil e inteligente de estos- nos parece- reside en impulsar movilizaciones pacíficas que eviten tensar al máximo las contradicciones que pudieren derivar en represión. El objetivo político central es evitar enfrentamientos inútiles e inconducentes con el estado, y, además, lograr sumar el máximo consenso para realizar sus reivindicaciones. Una de ellas, tal vez la más importante, reside en la formulación y ejecución de un plan de viviendas con participación de dichos movimientos. De este modo, se apunta a realizar un derecho básico que progresivamente abarque a todos los ciudadanos del país y a disminuir el desempleo. Tal es la ventaja que cuenta la F.T.V., con relación a los restantes movimientos piqueteros: es decir, la comprensión que es necesario la creación de un consenso favorable- hoy inexistente- para los desposeídos y que el gobierno nacional es un aliado y no un enemigo. Nunca esta de más recordar que alrededor de este punto se halla el nudo central de la polémica que agita al mundo piquetero: ¿La lucha de los desempleados cuenta con el favor de la mayor parte de la sociedad civil o este acuerdo debe aún lograrse? Obviamente, en nuestra opinión, la segunda alternativa es la afirmativa. Por ello, nos parece profundamente perjudicial para los propios objetivos del movimiento la acción de organizaciones que cortan calles y rutas como metodología permanente y excluyente, por fuera de un análisis serio y realista de la realidad política. Por otra parte, en la prédica de algunos referentes- como el compañero Raúl Castells- aparece la crítica excluyente de los políticos como causante de la pobreza. Tal discurso es funcional al poder económico. Nada casualmente, en un programa de T.V. al que Castells asistió como invitado, se llegó a pedir el cierre del Congreso Nacional. Pocas cosas agradan más a la derecha como adjudicar la responsabilidad del infortunio popular a la dirigencia política.
Sin dudas que para el conjunto del movimiento piquetero se abre una etapa distinta. El presidente recibió a las distintas fracciones de los desempleados antes que a la propia C.G.T. de los gordos y se abre la posibilidad de discutir directamente con él mecanismos institucionales de reparto de los planes sociales. Tales mecanismos funcionarían de hecho como una gran paritaria en la que el conjunto del movimiento negocie directamente con el Poder Ejecutivo la asignación de los recursos; es decir, los planes sociales, la base a partir de la cual se articulan las organizaciones de desocupados.
Por otra parte, la Ministro del área, hermana del presidente, sorprendió a sectores del aparataje Duhaldista negociando la asignación de parte de los referidos recursos directamente con los beneficiarios, moderando así la influencia de intendentes y otros punteros del Justicialismo gobernante, particularmente en la provincia de Buenos Aires.
Como es habitual, las fracciones más lucidas (en nuestra opinión. la convergencia entre la F.T.V-C.C.C.) advirtieron antes el cambio. Pero ya otras orientaciones dentro de la interna piquetera dan cuenta de las modificaciones. Citamos ilustrativamente un discurso que percibe la diferencia entre Kirchner y otros sectores. No implica por cierto adhesión a ninguna de sus conclusiones.
Creemos que estamos en un momento en el que tal vez la represión quede un tiempo suspendida. Vamos a ver. Pero viene un momento de captación muy fuerte porque Kirchner con todo lo que está haciendo lo que está tratando es de armar un consenso para tener casa propia. Llegó al gobierno con casa prestada, pero va a haber un momento de captación y de disputa muy fuerte. Con el duhaldismo se están ya pateando los tachos. Ha recibido a todas las organizaciones sociales, pero no sabemos si esto va a durar mucho (Palabras del ex sacerdote Alberto Spagnuolo del MTD de Solano, en la página de internet La Fogata).
Las organizaciones defensoras de los derechos humanos se hallan frente a una situación inédita desde la década del '80, cuando fueron juzgados los más importantes genocidas: nada menos que la posibilidad de terminar con la impunidad de los crímenes de la dictadura. Hacia el presente, el impulso irrestricto de la ley permitirá controlar y moderar los abusos policiales, la continuidad del proceso por otros medios.
Otro cambio sustancial lo constituye la apertura de los archivos de los organismos del estado con relación a la masacre de la A.M.I.A.. Esta es otra reivindicación de los derechos humanos; no por tardía, innecesaria. El esclarecimiento de este horrible crimen es una necesidad impostergable para nuestro pueblo y la oscuridad del caso fue denominada como vergüenza nacional por el presidente. La impune co-responsabilidad de sectores estatales en la matanza de marras es una amenaza constante y permanente contra el conjunto del pueblo, no solamente para la comunidad hebrea, por cierto.
El movimiento estudiantil universitario ya no se hallará frente al rostro pétreo de funcionarios neoliberales, que consideran el gasto de recursos en la educación como un auténtico despilfarro. La llegada al ministerio de Educación de un equipo con un perfil marcadamente progresista asegura una nueva forma de negociar los conflictos, los cuales indudablemente seguirán existiendo. En otras ramas educativas, lo que decimos quedó demostrado en ocasión del levantamiento de la huelga docente de Entre Ríos, que llevaba casi un año, con la continuidad del incentivo docente, con afirmaciones de distintos funcionarios del área que postulaban limitar la nefasta influencia de la Ley Federal de Educación, entre otras medidas.
De la profundidad, la consecuencia y la claridad política de las movilizaciones dependerá que los movimientos sociales logren conquistar más y mejores reivindicaciones.
ALGUNAS CONCLUSIONES PARA CONSTITUIR UNA IZQUIERDA VIABLE
En estas notas finales colocadas bajo la forma de conclusiones, trataremos de garabatear algunas ideas centrales para la (¿re?) construcción de una izquierda viable, con influencia en las masas, capacidad de gestión y alejada- en lo posible- de todo dogmatismo.
1) Un punto de partida fundamental es la necesidad de crear la más amplia unidad pensable y factible. En palabras de un ensayista contemporáneo la clave del éxito de las luchas populares es lograr la más amplia, sólida, profunda, democrática y multifacética unidad entre los partidos políticos de izquierda y los movimientos sociales (Roberto Regalado Álvarez. Tomado de www.cubasocialista.cubaweb.cu y www.lafogata.com). En consecuencia, la primera conclusión del análisis es que la izquierda debe colocar por encima de cualquier otra consideración un esfuerzo por construir la más amplia unidad posible contra el enemigo común de todo el pueblo y la nación: el poder económico localizado en el país y en el extranjero; es decir, los grandes monopolios de las finanzas y los servicios, los organismos económicos internacionales y el imperialismo. Los peligros más terribles nos acechan si no es lograda tal convergencia. Es decir, el avance del A.L.C.A. con sus consecuencias inevitables: una crisis económica agravada, la disolución de la nación, inclusive la fragmentación territorial del país y un empobrecimiento aún mayor para el conjunto del pueblo.
2) En segundo lugar, la izquierda debe asumir que la única transformación social factible en lo inmediato es una profunda redistribución del ingreso. En consecuencia, abandonar la pelea inmediata por el socialismo, sólo vigente en el discurso de los partidos de la franja sinistra, pero extraña y exótica para nuestro pueblo, además de inviable en la actual etapa histórica.
3) Por otra parte, equivocar el sello de la oposición de la izquierda dirigiéndolo contra el presidente- al menos mientras este enfrente al poder económico- puede constituir un error de idéntico alcance al que realizaron los partidos obreros en 1945, cuando se confundió a Perón con Hitler y Mussollini y a los obreros octubristas (del 17 de octubre y no de octubre del 17) con las camisas negras.
4) Las fuerzas enemigas del sistema deben desterrar de su discurso la desafortunada consigna que se vayan todos, que no quede uno solo. Salvo que su pretensión resulte ser eternamente una fuerza puramente testimonial en el panorama político argentino. Nada casualmente, en la actualidad, esa consigna es levantada por sectores de derecha, dando de ese modo una idea cabal de su verdadero contenido. Salvo, claro está, para algunas asambleas nostálgicas de los fuegos de diciembre de 2001, hoy reducidas a una verdadera elite de merenderos y espacio de convergencia para diletantes de todo tipo y pelaje.
5) Pero la tarea anterior, la izquierda debe hacerla barriendo con antiguas prácticas como la ausencia de autocrítica de su desempeño en los procesos de masas ocurridos en los últimos años. Se debe desterrar el modo cínico y oportunista de algunos partidos, haciéndose los distraídos de sus propias experiencias e historia. Al decir esto último, nos referimos, por ejemplo, al Partido Comunista Revolucionario, cuando niega el apoyo brindado a la camarilla facistizante de Isabel Perón y José López Rega, en 1975. O al Partido Obrero, que cuando se le recuerda sus discursos de la época de la guerra de Malvinas, mira con rostro distraído como si se hablase de otra fuerza. Por cierto y en síntesis, los partidos de izquierda deben desterrar la práctica de autocriticarse en segunda persona, es decir, que la autocrítica la hagan los otros.
6) Algo está ocurriendo. Lo señala el acuerdo alcanzado por el Partido Socialista e Izquierda Unida para las elecciones legislativas en la provincia de Buenos Aires. Tal acuerdo es un giro histórico en la profunda incomprensión mutua que separó a las distintas vertientes del movimiento social en todo el orbe desde comienzos del siglo XX; es decir, parte de los herederos de la segunda (el P.S.), la tercera (el P.C.) y la cuarta internacional (el M.S.T.), respectivamente. El haber alcanzado una convergencia electoral en la provincia de Buenos Aires abre un proceso histórico que ojalá se mantenga y profundice en el tiempo y el espacio. Esperemos que resulte el inicio de una unidad perdurable de las fuerzas de izquierda y centro izquierda. Pero todo esto ya es materia del futuro inmediato y también del más lejano.