Cultura
HEGEMONIA, BLOQUE HISTORICO Y SOCIEDAD CIVIL
GRAMSCI: SUS APORTES A LA SOCIOLOGIA CRITICA
Por: Raúl Isman (Fecha publicación:27/09/2002)


Un nuevo ensayo sobre el pensador y político italiano Antonio Gramsci que ponemos a consideración de nuestros lectores.

Es ya viejo
el plan de lucha de ayer, cae
a trozos de los muros el más fresco manifiesto.
Pier Paolo Pasolini.
De su libro de poemas
"Las cenizas de Gramsci"

Introducción

Los análisis que desarrollaron Marx y Engels sobre las relaciones sociales, y en especial el enfoque que visualiza las dimensiones de estructura-superestructura, fueron centrales para comprender la importancia que tienen las relaciones de producción sobre el conjunto de todas las relaciones existentes en una sociedad dada. Este es un aporte fundamental que permitió desenvolver conocimientos más firmes en las construcciones de la vida comunitaria de los seres humanos. Pero a su vez, generó un problema: la suposición errónea en muchos de los seguidores de Marx y Engels, tendiente a creer que: 1) los fenómenos superestructurales eran de importan cia secundaria, y 2) aparecían además como simple "reflejo" de la estructura económica.

Fue así que aparece un cierto mecanicismo: suponer que al comprender cuáles eran las relaciones de producción de un momento determinado, ya era suficiente porque las "representaciones" - la justicia, el poder político, la esfera ideológica- iban a ser directa consecuencia de aquéllas. Es así, como ciertos campos de debate y confrontación eran desechados por ser espacios propios del poder: la justicia, el derecho, los medios de comunicación y otros.

Este determinismo económico, esta simpleza teórica y practica que se resolvía en la pobreza de un discurso mecanicista, fue analizado por Marx y Engels, quienes alertaron a sus seguidores ante este error. Engels recalca que:

"según la concepción materialista de la historia, el factor determinante es, en última instancia, la producción y reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca otra cosa. Si alguien quiere deformar esta afirmación hasta decir que el factor económico es el único determinante, transforma esta proposición en una frase vacía, abstracta, absurda. La situación económica es la base, pero las diversas partes de la superestructura (...) ejercen igualmente su acción sobre el curso de las luchas históricas y determinan de manera preponderante la forma en muchos casos" (Engels, carta a José Bloch, 1890).

Frente a esta advertencia, Engels reconoce su "culpa":

"Si algunas veces los jóvenes dan mayor importancia de la que tiene al aspecto económico, somos Marx y yo, parcialmente, los responsables. Frente a nuestros adversarios, nos fue preciso subrayar el principio esencial negado por ellos (...)" (Engels, ídem).

Queda aquí muy claro que la división estructura-superestructura tiene, desde su origen, un sentido analítico. Permite comprender aspectos de una realidad que se presenta como unidad, y para su análisis se introducen conceptos que permiten una profundización al estudiarlos por separado; aunque, si pretendemos que estas categorías analíticas tomen más peso del que corresponde y den vida a una separación que en la realidad se presenta unida, debemos prevenir que ellas introducen en nuestras ideas confusiones que van a distorsionar la teoría y la comprensión practica de la realidad.

En la carta citada, Engels intenta explicar brevemente la relación dialéctica estructura-superestructura:

"Nosotros mismos hacemos nuestra historia, pero, ante todo, con datos y en condiciones determinadas. Entre todas, a la postre, son las condiciones económicas las que resultan determinantes. Pero las condiciones políticas, etc., hasta la tradición que atormenta los cerebros de los hombres, desempeñan un papel, aunque no decisivo" (Engels, ídem).

Esta última cita, justamente, fluctúa entre una dialéctica compleja y un cierto determinismo.

De todos modos, Marx y Engels explicaron brillantemente las relaciones de producción, y se ocuparon mucho menos -por las razones apuntadas por Engels- de los aspectos superestructurales. En su época, debieron enfatizar en lo económico para polemizar con la tradición idealista que enfatizaba en la función demiúrgica de las ideas y las grandes personalidades abstraídas del contexto socio--económico en el que se originan. La dialéctica base material--superestructura es una primera aproximación a la compleja temática de la relación economía--sociedad, realizada además durante el siglo XIX, cuando el capitalismo no había alcanzado el grado de complejidad que vertiginosamente alcanzo y continua desarrollando en el siglo XX, de modo que una lectura de estos conceptos marxianos por fuera de la dinámica histórico-social de la que tratan de dar cuenta resulta forzosamente rígida y dogmática.

Desgraciadamente, la visión "arquitectónica" de la relación analizada subsistió en las tradiciones marxistas a lo largo de todo el siglo que ahora agoniza.

Weber y la superestructura

Frente a una visión mecanicista surgida a partir de la acentuación del peso determinante de la estructura económica sobre la totalidad social, Max Weber, llamado el Marx de la burguesía, propone diferenciar lo estrictamente económico - un banco, una fábrica, etc.- de lo rellacionado con lo económico - la religión y las consecuencias sobre lo económico de los preceptos éticos que las religiones elaboran; y por último lo condicionado por lo económico - por ejemplo, el arte: fenómeno no económico y cuyas consecuencias para la vida humana son tan evidentes que ofrecen fecundo objeto de análisis para el pensamiento social. Sin embargo, puede comprenderse por qué surgen ciertos gustos artísticos en un período determinado y por qué son característicos de ciertos grupos de la sociedad, ciertas expresiones estéticas y culturales, mediante un análisis de la "estratificac ión social del público interesado en el arte" (Zeitlin: Ideología y teoría sociológica, Amorrortu, Buenos Aires, 1986).

En el análisis de Weber, que epistemológicamente se ubica en las antípodas de todo determinismo, aparecen entonces estos planos de la sociedad no solo con un alto grado de autonomía, sino con una influencia relevante sobre lo estrictamente económico. Aporta así Weber estudios muy importantes sobre lo que Marx denominaba superestructura, desarrollando de esta manera una mayor comprensión en el análisis de las principales instituciones de la sociedad capitalista moderna: las empresas, el Estado, los partidos políticos, los sindicatos - hoy podemos agregar las Organizaciones No Gubernamentales (O.N.G).- y otras manifestaciones de la sociedad civil. Resulta significativo e inescindible de toda su obra su pretensión de pensar las condiciones de legitimidad de la dominación en la sociedad contemporánea. En su definición de dominación hay un elemento teórico central: la obediencia debe ser tal que aparezca como voluntad propia del dominado; en otros términos, el consenso. La riqueza que aporta Weber al entendimiento de lo social puede comprenderse en gran parte como complementaria del análisis de Marx, quien lejos de interrogarse sobre como legitimar la dominación, analiza centralmente la explotación y como terminar con la sociedad dividida en clases sociales. Es a Gramsci a quien le corresponderá desarrollar, desde el marxismo, una visión profunda y dialéctica de la problemática de la cultura en general, y de la creación de legitimidad hacia el orden político en particular, abriendo así un debate teórico y practico de insoslayable vigencia en este fin de siglo. A modo de conclusión de este parágrafo, esbozaremos una sustancial diferencia entre Weber y Gramsci: si para el sociólogo teutón lo central en la sociedad moderna es que los sujetos acepten la dominación o, en otras palabras, que en la sociedad moderna se obedece a la ley, cerrando así el análisis cuando realmente comienza para el comunista italiano: como se construye el consenso; como es posible la creación de hegemonía en la sociedad capitalista, para apuntar hacia el desarrollo de una alternativa de los sujetos subalternos.

Pasado y Presente: el pensamiento de Antonio Gramsci

Comenzaremos nuestro análisis de la obra de Gramsci con algunas consideraciones necesarias. En vida de Marx y Engels, los fundadores del socialismo científico alertaron acerca del riesgo de que su obra fuese leída dogmáticamente. Durante el siglo XX, la corriente dominante en la U.R.S.S., el stalinismo, convirtió la obra de Lenin y los fundadores del marxismo en una suerte de nuevo catecismo de una religión atea: el stalinismo, logrando de este modo dos resultados igualmente perversos. El primero, convertir al marxismo en ideología justificadora de un régimen totalitario; el segundo, vaciar la obra de estos clásicos despojándola de su núcleo central: su carácter de pensamiento critico. De modo que lo peor que podríamos encarar seria una lectura acritica, superficial y dogmática de Gramsci. Desde nuestro punto de vista, la obra - y la vida militante- de Gramsci tiene dos etapas principales, a saber: 1) desde el inicio de su actividad política (en 1913 ingresa al partido socialista italiano, a los 22 años de edad) hasta la derrota del movimiento de luchas obreras conocido como bienio rojo que desemboca en el triunfo del fascismo (1922), y 2) una segunda etapa a partir de la derrota y su reclusión en las prisiones fascistas (en 1926 es detenido hasta su muerte, el 27 de abril de 1937).

A nuestro entender, lo mas especifico y enriquecedor de la elaboración del pensador italiano corresponde a la segunda de estas etapas.

Durante la primer etapa, Gramsci coparticipa de dos ideas básicas interrelacionadas y que eran compartidas por la mayor parte de los dirigentes revolucionarios durante las dos primeras décadas del siglo actual. Estas eran:
1) el capitalismo genera cíclicamente crisis económicas que el sistema no puede evitar, y que asumen dimensiones catastróficas, aun para la propia supervivencia de este, y, como consecuencia de lo expresado anteriormente:
2) la revolución comunista es una posibilidad realmente inmediata, casi a la orden del día. Por lo demás, la revolución de octubre, en Rusia parece dar la razón a las expectativas de los revolucionarios. La dura realidad de la derrota frente a los fascistas y la prisión personal inician la etap a mas fecunda de la elaboración gramsciana, de la cual destacaremos dos ideas centrales que son:
1) la revolución no es inminente, ni obedece exclusivamente a causas económicas (estructura); y
2) no será posible la revolución socialista en los países capitalistas modernos (occidente, en el lenguaje que utilizara Gramsci posteriormente) sin la construcción de una alternativa contrahegemónica a la dirección moral, política y cultural que la burguesía conserva y ejerce en la sociedad. Es así que los problemas culturales asumen una importancia que en las etapas de formación de las sociedades capitalistas no era advertida.

Ya Engels había advertido las dificultades para que se reproduzcan las grandes revoluciones que habían conmovido al mundo, durante el largo periodo que, partiendo de 1789, llega hasta la Comuna de París (1871).

"El método de lucha de 1848 es hoy anticuado en todos los aspectos, y es este un punto que merece ser investigado....." (Prologo a la Luchas de clases en Francia) más (adelante, pronostica que el proletariado, lejos de lograr El Asalto Al Poder "... tiene que avanzar lentamente, de posición en posición en una ducha dura y tenaz, esto demuestra de un modo concluyente cuan imposible era, en 1848 conquistar la transformación social simplemente de manera espontanea" (Idem).

Adviértase la similitud con el análisis gramsciano.

"En Oriente, el estado lo era todo, la sociedad civil era primaria y gelatinosa; en Occidente, en cambio había una correlación eficaz entre el estado y la sociedad civil.. El estado era solo una trinchera avanzada, detrás de la cual se encontraba una robusta cadena de fortalezas y fortines; con diferencias entre los Estados, naturalmente, pero eso era precisamente lo que requería un cuidadoso reconocimiento de carácter nacional" (Antologia.pag.284)

Los dos autores hablan del mismo problema: el avance "de posición en posición" la conquista de la "cadena de fortalezas y fortines" son la lucha contra la hegemonía de la clase dominante.

Dice García Canclini refiriéndose a Marx (Ideología, cultura y poder, Oficina de Publicaciones del C.B.C., Buenos Aires, 1995) que "más allá de sus metáforas casi siempre desdichadas para describir un fenómeno recién descubierto que aún carecía de lenguaje apropiado (reflejo, superestructura, etc.), supo colocar la noción de ideología en un sistema conceptual mayor que la refiriera al conjunto de determinaciones que pueden explicarla (...) Una línea humanista (del marxismo) la asoció a enajenación, fetichismo, conciencia, lucha de clases (...)". Y en esta línea ubica a Gramsci, del cual sostiene que es el autor marxista que inaugura la elaboración sistemática de una teoría de la cultura.

Resulta comprensible que una fracción del movimiento socialista relacionase ideología con enajenación y fetichismo, ya que este era sentido primigenio que le daban Marx y Engels a esta categoría en La Ideología alemana, pero solo Gramsci puso el acento de su pensar en la importancia de las cuestiones ideológicas en la construcción de consenso. Aparece así el concepto de hegemonía, y toda la construcción teórica y política de la lucha de clases, donde lo político juega una influencia decisiva, como elaboración de una contrahegemonía que es condición insoslayable para la revolución anticapitalista.

A modo de síntesis de este parágrafo resaltaremos que 1) la noción de hegemonía, esto es que la clase dirigente logra que sus intereses son aceptados como interés de toda la sociedad, asume en Gramsci una centralidad que no está presente en los clásicos del marxismo, con excepción del ultimo Engels; y 2) tal centralidad de la cuestión de la hegemonía deriva de las condiciones del capitalismo moderno, donde es inviable la dominación (al menos en el largo plazo) por medios exclusivamente coercitivos. De todos modos, Gramsci no ignora la importancia de la represión y a esta cuestión dedica paginas sumamente enriquecedoras que no podemos analizar en este parágrafo.

Sociedad civil y sociedad política o el Estado entendido como Hegemonía acorazada de coerción

Diferenciándose del concepto de superestructura de Marx, Gramsci distingue dos esferas: la sociedad política, que asimila al aparato de estado, y la sociedad civil, el resto de la superestructura, los organismos vulgarmente llamados privados. Para Marx, la sociedad civil es el conjunto de relaciones económicas. Para Gramsci, la sociedad civil "... debe ser considerada como la hegemonía cultural y política de un grupo social sobre el conjunto de la sociedad, como contenido ético del Estado" (Gramsci).

Acerca de como interpretar esta noción de "contenido ético del Estado" Gramsci tiene dos posiciones perfectamente compatibles: en la primera etapa de su obra, consiste en la capacidad del Estado de presentarse (como si estuviera) por encima de la lucha de clase y, ya en las Notas sobre Maquiavelo apunta que cada Estado es ético porque "... una de sus funciones más importantes es la de elevar a la gran masa de la población a un determinado nivel cultural y moral....." (pag161).

Esta sociedad civil es la base del Estado en sentido estricto, como sociedad política. El campo de acción de la sociedad civil es muy amplio; la sociedad civil puede ser considerada bajo tres aspectos complementarios:

- como ideología de la clase dirigente, abarcando todas las ramas de la ideología

- como concepción del mundo difundida enntre todas la capas sociales, ligadas así a la clase dirigente

- como dirección ideológica de la socieddad, donde articula ideología propiamente dicha, las organizaciones que crean y difunden la ideología (estructura ideológica) y el material ideológico (instrumentos técnicos de difusión: escuela, medios de comunicación, comunidades religiosas, etc.).

En estos tres niveles, es claro que la división es solo analítica y están articulados desde la hegemonía. Esta se construye en un complejísimo proceso. Gramsci, lejos de despreciar el análisis del derecho, tal como hacían muchos marxistas de su tiempo, le dedica especial atención:

"El derecho no expresa toda la sociedad ....sino la clase dirigente, que "impone" a toda la sociedad las normas de conducta que están mas ligadas a su razón de ser y desarrollo. La función máxima del derecho es la de presuponer que todos los ciudadanos deben aceptar libremente el conformismo por el señalado... Este carácter educativo, creador, formativo del derecho, no fue suficientemente puesto de relieve...."(Notas sobre Maquiavelo, Pagina 169)

El estado, el espacio que monopoliza los medios de represión, es analizado de este modo por Gramsci:

"El estado es concebido como un organismo propio de un grupo, destinado a crear las condiciones favorables para la máxima expansión del mismo grupo; pero este desarrollo y esta expansión son concebidos y presentados como la fuerza motriz de una expansión universal, de un desarrollo de todas las energías "nacionales" (Idem, Pagina 72)

De modo que la Historia de un determinado estado nacional es inseparable de la historia del proceso de construcción de la hegemonía, en tal formación nacional. Para Gramsci, en el estado se resuelve la problemática de la unidad histórica de las clases dirigentes que se construye como relación orgánica entre sociedad política y sociedad civil.

Vinculado a lo expresado en el párrafo anterior, la comprensión de la categoría de hegemonía debe analizar la dinámica de construcción de la misma, entendiendo que "... presupone... que se tienen en cuenta los intereses... de los grupos sobre los cuales se ejerce... es decir que el grupo dirigente haga sacrificios... pero también es indudable que tales sacrificios... no pueden concernir a lo esencial... (Notas sobre Maquiavelo pag. 55).

Esbozaremos a continuación algunas conclusiones de este parágrafo:
1) El estado y todo el espacio de la política, no puede ser comprendido por fuera de su interacción orgánica con la sociedad civil.
2) Tampoco un estado puede ser comprendido sin comprender el proceso histórico que ha originado tal estado.
3) Estado y Hegemonía no pueden analizarse por separado.
4) La construcción de la hegemonía implica concesiones y compromisos por parte de la clase dirigente, en la medida que estos no comprometan los núcleos "sagrados" de la dominación capitalista.

Ideologías orgánicas y clases fundamentales

Una clase fundamental es aquella sobre la que se constituye por definición un determinado modo de producción; en el capitalismo, la burguesía. Las ideologías ligadas a una clase fundamental son las esenciales de ese modo de producción, y Gramsci las llama ideologías orgánicas.

La hegemonía - dirección de la sociedad civil a través del consenso- extiende la ideología orgánica a todas las actividades del grupo dirigente. Las diferentes ramas de la ideología no son más que distintos aspectos de la misma concepción del mundo de la clase fundamental.

La clase obrera, clase subalterna del modo de producción, une la superestructura ideológica a través de la filosofía de la praxis en una concepción del mundo alternativa a la que ofrece la clase fundamental, la burguesía; de este modo, la clase obrera, según Gramsci, tiene el peso fundamental en el proceso de articulación del conjunto de los sujetos subalternos, a los cuales podemos definir como los sectores oprimidos, marginados y explotados por el capital, que en el mundo globalizado de los '90 son absoluta mayoría.

Todas las actividades del grupo dirigente se vuelven inteligibles dentro de este proceso de elaboración de concepciones ideológicas; incluso la ciencia. En este terreno, observa Gramsci que los términos ciencia y científico son analizados como sinónimo "... de un determinado grupo de ciencias... precisamente de las ciencias naturales y físicas" (Antología, pag. 286). Si las relaciones sociales, la cultura , "las verdades jurídicas" etc. no pueden ser sometidas a un análisi s científico (critico), la posibilidad de gestar una alternativa contrahegemonica al discurso oficial se aleja irremediablemente.

Pierre Bourdieu, destacado sociólogo francés contemporáneo, desarrolla, a partir de Gramsci, la "teoría de los campos" como lugar donde se enfrentan por dar significado a la realidad dominantes y dominados, y la ciencia es un terreno mas donde se libra esta guerra (comunicacional) entre estos campos. (para mayor desarrollo de esta temática véase Bourdieu y Passeron: La reproducción).

La ideología dirigente, que se difunde en toda la sociedad, no posee la misma homogeneidad en todos los niveles; aparece mucho más elaborada entre las capas dirigentes. Así, un rol principal lo cumple la filosofía, espacio privilegiado en la construcción de ideología, pero estas elaboraciones circulan en elites muy reducidas.

En la vida cotidiana, la ideología dirigente se presenta bajo la forma de sentido común y la religión, ubicándose en el extremo el folklore, entendido este como cultura popular. Todos estos espacios son campo de lucha ideológica y, si en la Italia fascista la iglesia era aliada incondicional del régimen, en nuestra América, se desangra entre una fracción que lucha y sufre junto a los movimientos populares, y otra que bendice el banquete de los poderosos. Lo mismo puede decirse del Folklore, pero a la cuestión de la cultura dedicaremos el ultimo parágrafo.

La filosofía, como estadio más elaborado de la concepción del mundo, debe poseer el máximo de coherencia, porque a su vez, es la filosofía la referencia de todo el sistema ideológico. Sus creadores son los grandes intelectuales, piedras angulares de la hegemonía.

La filosofía, ligada ideológicamente a la clase dominante, influye sobre las normas de vida de todas las capas sociales. Aquí aparece el sentido común como influencia sobre las concepciones del mundo propagadas entre las clases auxiliares (las ligadas al bloque histórico) y subalternas.

Toda filosofía orgánica debe prolongarse en el sentido común, a la vez que elabora un pensamiento superior al sentido común y científicamente coherente, debe mantenerse en contacto con las capas populares a fin de dirigirlas ideológicamente.

Pero el vínculo fundamental entre filosofía y sentido común está asegurado sobre todo por la política; pues en la filosofía predominan los caracteres de la elaboración individual del pensamiento de los intelectuales orgánicos, pero en el sentido común están los caracteres difusos y dispersos de un pensamiento genérico. El sentido común aparece como una amalgama de diversas ideologías tradicionales y de la ideología de la clase dirigente, que se sirve de aquellas para lograr la aceptación del orden vigente, casi. como fenómeno natural, esta diversidad oculta su profundo autoritarismo bajo la rebosante oferta de los mercados saturados, y solo puede ser superado por medio de la construcción político-cultural alternativa, a la cual quizás se pueda llegar, en un futuro no demasiado lejano, si los sectores opositores comienzan por lograr cierta coherencia.

Estas consideraciones carecerían de sentido, si no señalásemos la importancia de los medios masivos de comunicación, en especial la T.V., que ocupa la mayor parte del tiempo libre de vastos sectores populares; está (¿omnipresente?) en muchos lugares de trabajo, y es un actor, casi autónomo, de la realidad. Cuanto mayor hubiese sido la represión en las diversas protestas populares, si no hubiese estado la cámara entre los manifestantes y gendarmes y policías.

A modo de cierre del parágrafo:
1) La hegemonía solo puede ser elaborada por acción de la burguesía como clase fundamental en el sistema capitalista.
2) Esta hegemonía se presenta bajo la forma de un sistema, en el cual el vértice lo ocupa la filosofía y se articula hacia los sectores populares por medio del sentido común y la cultura popular.
3) Estos tres ámbitos del sistema hegemónico son campo de debate y confrontación entre el campo dominante y los sectores populares.
4) En nuestro fin de siglo, uno de los espacios fundamentales de dicha confrontación es el de la comunicación masmediática, en especial el televisivo.

La Dominación: Gramsci y Weber


La esfera de la sociedad civil aparece coherentizada por la hegemonía; la sociedad política o Estado "corresponde a la función de dominio directo"; es el aparato coercitivo destinado a conformar a las masas al tipo de producción y economía de un momento dado, pero sólo cuando la hegemonía del bloque dominante se agrieta debido al cuestionamiento que puede sufrir por parte de los sujetos subalternos, sirve para prevenir los momentos de crisis en el comando y la dirección en los que no se da el consenso espontáneo y fundamentalmente, para restablecerlo por medios expeditivos durante las crisis de dominación.

Esta sociedad política agrupa el conjunto de las actividades de la superestructura, que dan cuenta de la función de coerción. No se limita simplemente al campo militar, sino que abarca el gobierno jurídico, o sea la coacción legal.

Hay dos momentos de la coerción:

- control de los grupos sociales, que noo consienten con la dirección de la clase fundamental, o sea, las clases subalternas

- cuando la clase dirigente pierde el coontrol de la sociedad civil y mantiene su dominación apoyada en la sociedad política (crisis orgánica).

En ambos casos la sociedad política se apoya sobre el aparato del estado (Estado en sentido estricto; pues si sumamos la hegemonía tendríamos el concepto de Estado ampliado: hegemonía acorazada de coerción).

La burocracia administra la función coercitiva del aparato estatal. Consenso y coerción son utilizados alternativamente; colaboran estrechamente entre sí. La opinión pública aparece como campo de una lucha política. La sociedad política avanza sobre la sociedad civil; decaen los partidos tradicionales ligados al Parlamento; se absorben la cultura y la educación, etc.

Pero también frente a la debilidad de la sociedad política, es posible que emerjan de la sociedad civil nuevas fuerzas de coerción de la clase dominante (ej.: fascismo, con los grupos paramilitares luego integrados al aparato del Estado).

Los intelectuales son los "empleados" o "funcionarios" de la clase dominante, que la sirven en el ejercicio de la dirección política y cultural del bloque histórico. Es el Estado entonces, también, el conjunto de la actividad de los intelectuales.

En la superestructura encontramos, pues, la oposición entre la función de hegemonía -ideológica- y de dominación - política-, oposición que, en líneas generales, se dan en el seno de todas las organizaciones.

En las sociedades más o menos complejas del occidente europeo, la sociedad civil está muy desarrollada y el combate de los sectores subalternos va dirigido contra la sociedad civil; es preciso asentar políticamente la dominación en ella antes de tomar el poder de la sociedad política. En cambio, en sociedades más primitivas, la lucha se concentra alrededor del aparato del Estado.

Gramsci define como "guerra de posición" la lucha en las sociedades complejas, y "guerra de movimiento" la que se da en sociedades más primitivas. El peligro que en estas últimas surge es la "estadolatría", y es el peligro en que cayó la Revolución de Octubre.

El triunfo del proletariado debería llevar a una primacía total de la sociedad civil sobre la sociedad política, hasta que ésta última desaparecería. Eso constituiría el fin del Estado (en la clásica visión de Marx) y la sociedad sin clases.

El aspecto esencial de la hegemonía de la clase dirigente reside en su monopolio intelectual, es decir, en la atracción que sus propios representantes suscitan entre las otras capas de intelectuales. La primacía económica de la clase fundamental es condición necesaria pero no suficiente para la formación de un bloque ideológico. Es necesario que la clase dirigente tenga una verdadera política hacia los intelectuales.

En la elaboración de la sociedad civil, los representantes de la clase fundamental hacen un llamado a los intelectuales de otras capas sociales.

Cuando una clase fundamental es fuerte, dirige por el consenso de la sociedad civil. Su concepción del mundo es difundida como sentido común en los demás grupos sociales. En estos casos la sociedad política aparece debilitada frente a la sociedad civil. Pero el dominio de la sociedad por un grupo que perdió el consenso, o no lo logró aún, se hace por la coerción y Gramsci lo denomina dictadura o dominación. Una situación así no puede ser duradera; es un período de transición entre dos períodos hegemónicos.

La clase dirigente no dirige toda la sociedad sino solo a las clases auxiliares y aliadas que le sirven de base social, y usa la coerción sobre las opositoras.

Intelectuales y hegemonía

El poder de la clase fundamental se sustenta en que dirige la sociedad a partir de que ha logrado construir históricamente su hegemonía. La clase dirigente para ejercer su dominio se basa principalmente en las clases auxiliares o aliados; éstas profundizan el poder político de la clase fundamental; y son a su vez semillero de cuadros intelectuales y políticos, sin los cuales es impensable la articulación del bloque histórico dominante. Esta base adquirida por la clase fundamental es sustraída a sus adversarios.

La historia de las clases subalternas, para Gramsci, es disgregada y episódica. Disgregada, puesto que los sujetos explotados y oprimidos se ven privados de su propia memoria. El discurso hegemónico obstaculiza la recuperación de la historia de las luchas populares, y - en el presente, en esta época posmoderna- banaliza la comprensión de las resistencias actuales, convirtiéndolas en un ingrediente más del gran espectáculo televisivo. Se pierde de vista la diferencia entre realidad y ficción y todo esto coadyuda a construir la naturalización de los planes de ajuste como única realidad posible.

Episódica, porque la historia de las clases subalternas es señalada de modo que se presente como fragmento "... una acción secundaria respecto de la acción principal..." (Arturo Andrés Roig. pág 102).

Cuando se presenta la democracia como una dádiva o como un proceso anexo en forma natural a la burguesía y al capitalismo se oculta el rol del movimiento obrero para que el sufragio universal fuese una realidad en el mundo actual. Sin las luchas de la clase obrera y demás sectores populares, la burguesía nunca hubiese concedido el derecho a votar. El discurso del poder se reserva para sí "la acción principal" y reduce la acción de los sujetos opositores a la condición de fragmentos o episodios de la historia o del gran drama de la realidad concreta actual. En este doble juego diacrónico y sincrónico los intelectuales de las clases auxiliares aportan a la construcción de hegemonía.

Pero la clase fundamental no puede limitarse a absorber a los intelectuales de los grupos auxiliares para controlarlos ideológicamente; debe tener en cuenta sus intereses específicos.

Dice Gramsci, en un soberbio borrador sobre la cuestión nacional en Italia: "Los intelectuales representan toda la tradición cultural de un pueblo, cuya historia quieren resumir y sintetizar..." (Antología. pág. 199) si bien se refiere a intelectuales de viejo tipo y de origen campesino, sintetizar y resumir, agreguemos resignificar, la tradición cultural de un pueblo es un proceso decisivo que deben encarar los sujetos alternativos para construir su contrahegemonía y para ello entre los intelectuales debe producirse una"... fractura orgánica, históricamente caracterizada... como ... tendencia de izquierda... orientada hacia el proletariado revolucionario "(Antología.pag.199). En esta rup tura, la formación de una fracción de intelectuales contestatarios, esto es gestar pensamiento crítico, reside una de las claves del proceso de resistencia a los planes de ajuste en la actualidad.

En un bloque histórico participan tres grupos:
1) La clase fundamental que dirige el sistema hegemónico, hoy, la gran burguesía globalizada de las finanzas, los servicios y las nuevas tecnologías industriales.
2) Los grupos auxiliares, que son la base social de la hegemonía, porque elaboran y/o difunden la ideología de la clase dirigente. En la actualidad, un conjunto de fuerzas sociales sumamente complejo y diversificado, que va desde sectores medios, con expectativas en los modelos neoliberales, incluye a vastos núcleos intelectuales, fracciones burguesas desplazadas, e inclusive grupos de trabajadores privilegiados.
3) Las clases subalternas, que están atravesadas por complicadas divisiones, algunas estimuladas por el propio sistema, otras surgidas desde la dificultad objetiva que plantea la necesidad de construir alternativas al neoconservadorismo dominante. Uno de los elementos decisivos para comprender la fortaleza del sistema es su capacidad de multiplicar los conflictos secundarios. Ocupados contra desocupados; incluidos contra excluidos, trabajadores nativos contra inmigrantes; por no hablar de la antinomia porteños-provincianos, graciosa y recurrentemente refutada en la Argentina actual. ; Las clases dirigentes se relacionan con las subalternas, a través del proceso destinado a la creación y continuidad de la dominación hegemónica, condición insoslayable para la reproducción del sistema.

Nos interesa ahora realizar algunas precisiones acerca de la lucha por una nueva hegemonia. Como decíamos anteriormente, el bloque histórico es la articulación interna de una situación histórica dada. Se transforma en la medida que lo hacen la estructura y su complejo superestructural. El bloque histórico se constituye esencialmente alrededor de la hegemonía de la clase fundamental; entre las clases subalternas, se encuentra la futura clase fundamental. En el capitalismo actual, caracterizado por el horror económico cotidiano y la perspectiva de la ausencia estructural de oportunidades laborales, resulta superfluo y vano esperar que sólo la clase obrera se constituya en articuladora de la voluntad de las clases subalternas, como afirmaba la tradición marxista y aparecía en los análisis de Lenin. Gramsci, ya en 1925, afirma que "En ningún país puede el proletariado conquistar y conservar el poder con sus solas fuerzas..."(Antología pag188).

En nuestro fin de siglo, la clase obrera es un sujeto mas, en una compleja articulación que incluye en apretada síntesis a los jóvenes y los ancianos; las mujeres y los luchadores por los derechos a una identidad sexual sin imposiciones autoritarias; los sin casa y los sin tierra; los ecologistas y los pacifistas; quienes defienden sus derechos laborales y quienes defienden su derecho al trabajo; los niños de la calle y los niños que la lógica del mercado puede arrojar a la intemperie guiados por sus maestros condenados al salario de hambre; las prostitutas y las santas que la miseria convertirá en prostitutas. Todos, y otros que el sistema quizás cree en el futuro inmediato, leerán a Gramsci, que mucho tiene que aportar a la construcción de la alternativa cultural al sistema. Refiriéndose al proletariado dice que". .. debe despojarse de todo residuo corporativo, de todo prejuicio o incrustación sindicalista". Reconstituir los lazos solidarios, dañados por el proceso militar y casi destruidos por la marea privatista, es el primer paso para crear un nuevo bloque histórico, y para esto es preciso comenzar a construir una nueva cultura, que ya está en desarrollo. La defensa de los espacios públicos, de los derechos ciudadanos barridos por los planes de ajuste, la lucha por la plena vigencia de las libertades públicas, sintéticamente, la lucha por la construcción de un camino autogestionario que conduce a que los movimientos sociales espontáneos se rearticulen "... en un plano superior insertándolos en la política..."(Antología. pag 311)

Este camino histórico está ligado con dos etapas interactuantes, sólo separables analíticamente:

1) la irrupción de una crisis orgánica en el bloque dirigente, o sea, la ruptura del vínculo orgánico entre estructura y superestructura, que se evidencia porque entre los intelectuales se ha fraccionado una franja que ya no construye elaboraciones ideológicas para el poder ni representa a las clases privilegiadas. Cuando el discurso de estos sectores rupturistas encuentra rápido eco en vastos sectores de las clases auxiliares y subalternas estamos en presencia de una crisis. Esta es una crisis de hegemonía, que implica la ruptura del consenso.

El paso siguiente es:

2) La creación de un sistema hegemónico alternativo que agrupe a las clases subalternas.

El momento que estamos transitando en nuestro país es, apenas embrionáriamente el primero, puesto que en la crisis actual, aún se fortalece la posición de los órganos de la sociedad política en el seno de la superestructura y las clases subalternas pretenden explicar los nuevos problemas con viejas ideas. Pero, si la crisis y los cuestionamientos persisten, la clase dirigente tenderá a transformarse en clase dominante.

Una crisis orgánica se produce porque la clase dirigente fracasó en alguna gran empresa política para la cual demandó el consenso de las grandes masas (por ejemplo, una aventura bélica) o porque vastas masas(acicateadas por la crisis) pasan de la pasividad y la indiferencia a una cierta actividad, planteando reivindicaciones que trastornan la estabilidad del status quo.

En esta situación la clase dominante - antes dirigente, pero hoy perdido el consenso- tiene de todos modos una posición favorable; puede intentar recomponer- por la violencia legal y para-legal y/o la convicción- su control sobre la sociedad civil, utilizar las formas extremas de la violencia desde la sociedad política o ir por una solución "cesarista".

En los dos primeros casos, intenta recomponer la hegemonía en beneficio de sus aliados antiguos, realizando para ello las promesas a que se vea obligada. Es el tiempo de las concesiones que poco tiempo antes parecían impensables. Combinará lo anterior con la utilización del aparato del estado para aplastar la dirección de las clases subalternas y separarlas de sus intelectuales-antiguos o emergentes de la nueva situación- por la fuerza el aislamiento o la cooptación.

El uso conjunto de la hegemonía y la coerción - con el objetivo de reconstituir el control sobre la sociedad civil y la sociedad política- será un resultado combinado en la proporción que requiera la profundidad de la propia crisis y de ella emerja una articulación alternativa.

En el caso del "cesarismo" o "bonapartismo"- surgen hombres carismáticos. Esto significa que ninguna de las clases fundamentales - la actual y la "futura"- tienen fuerza como para vencer; "se equilibran de una manera catastrófica, o sea de una manera tal que la continuación de la lucha no puede menos que concluir con la destrucción recíproca" (Gramsci). La balanza se inclinará para uno u otro lado. El cesarismo es un compromiso, llamado a desaparecer en cuanto el equilibrio se vea roto.

En lo que hace a las clases subalternas, su situación es desfavorable. "La crisis crea peligrosas situaciones inmediatas porque los diversos estratos de la población no poseen la misma capacidad de orientarse rápidamente y de reorganizarse con el mismo ritmo".(Gramsci).

En la actualidad, comprobamos el acierto de la elaboración gramsciana, cuando frente la crisis, diversos sectores populares reaccionan afirmando rasgos de un conservadorismo que resulta incomprensible y exasperante para algunos núcleos intelectuales, pero que es preciso comprender en su adecuada dimensión. Por ello es preciso que las clases subalternas gesten una dirección distinta, que se presente como alternativa a la crisis del sistema, y, por este camino desarrollar su propio hegemonía frente al capitalismo que, hoy mas que nunca, no puede dar respuesta a las necesidades de la mayor parte de la humanidad y polariza al planeta entero entre beneficiarios del sistema dominante y la enorme masa de excluidos, oprimidos y explotados por el capital. A pesar que la crisis parece ser un gran sistema de enseñanza sobre el carácter del capitalismo, los hechos ideológicos de masas parecen estar siempre en retraso con respecto a las necesidades de los movimientos populares. Pesan mucho, en general, los elementos ideológicos tradicionales, arraigados en identidades políticas de larga data, complementadas desde el poder por una profusa utilización de concesiones materiales desde el estado.

La clase dominada deberá lograr la construcción de un nuevo sistema hegemónico y complementado con una dirección que pueda articular lo cultural, lo estrictamente político y lo "militar", porque en los piases que poseen una fuerte sociedad civil, la lucha debe tomar la forma de "guerra de posiciones". Conquista lenta tal vez, pero continua y tozuda de las determinaciones culturales de la sociedad civil, esto es, disgregar el bloque intelectual de la clase dirigente. Dice Gramsci: "un grupo social puede y hasta tiene que ser dirigente antes de conquistar el poder gubernativo". La utilización por su parte de un lenguaje militar para referirse a la política presenta un doble interés; a la vez filosófico y práctico: comprender como Clausewitcz que la guerra es la continuidad de la política por otros medios(y la política continuidad de la guerra, como años después teorizó Foucault)y- desde lo práctico-reafirmar el carácter mundial de la lucha por la desaparición de la explotación del hombre por es hombre.

Conclusiones de este parágrafo:
1)La crisis de un bloque histórico determinado implica el fraccionamiento de los intelectuales del mismo.
2)La reconstrucción sistemática de la historia social, política y cultural de los sectores subalternos de una sociedad es una precondición de la lucha por una nueva hegemonía.
3)En la etapa actual de la humanidad, caracterizada por la vigencia aún de la supremacía cultural del neoliberalismo, transitamos un momento embrionario e incipiente de desarrollo crítico al discurso hegemónico y de defensa de los movimientos populares frente al despotismo de mercado.

De la cultura como afirmación de la subjetividad

Anteriormente hicimos referencia al hecho que Gramsci es el iniciador, desde el marxismo, de los estudios sistemáticos sobre la cultura. Sin pretender agotar esta temática, de enorme riqueza, destinamos este ultimo parágrafo a la relación que el pensador de los Cuadernos de la cárcel establecía entre cultura y subjetividad, entendida esta como autoafirmación de la conciencia para si de los sectores subalternos.

En un articulo de época muy temprana (1916) analiza la obra de dos autores: el poeta romántico alemán Novalis(1772-1801) y el filósofo italiano Gian batista Vico.

Para el poeta, el gran problema de la cultura reside en adueñarse del yo propio como del yo trascendental, y en ese juego, nos afirmamos en nuestra propia identidad para relacionarnos y conocer a los otros.

Vico analiza la sentencia socrática "conócete a ti mismo" en clave historico-politica. El filósofo ateniense del siglo V a/c, cuyos escritos engalan la biblioteca presidencial en Olivos, tomó la sentencia de Solón, legislador ático del siglo VI a/c, quien la utilizaba para inducir a los plebeyos a denunciar la creencia, instalada por la clase dominante, consistente en afirmar que los integrantes del sector privilegiado eran de origen divino, mientras que el pueblo llano tenía origen animal. Conociéndose a si mismos, las clases subalternas reconocerían en la igualdad de la común naturaleza humana, el camino para cuestionar ese bloque histórico, abriendo camino hacia la isonomía (igualdad ante la ley) y, poco después, hacia la democracia ateniense. La ruptura surge luego qu e los dominados logran cuestionar y derrotar la particular relación que el poder presenta entre naturaleza y sociedad.

Toda cultura es, de algún modo, una cierta manera de establecer este permanente y conflictivo dialogo entre la sociedad, el poder y la naturaleza humana. En el mismo texto se reafirma "El hombre es sobre todo espíritu... creación histórica y no naturaleza" (Antología Página 15)No hay nada inmanentemente natural en el ser humano, toda pretensión de adjudicar a las relaciones sociales un origen o legitimidad "natural" es simplemente la voluntad de ocultar un poder que es intencional, originado históricamente, y anudado en la partición entre clases dominantes y subalternas.

Gramsci afirma que reúne a estos dos autores, para enfatizar en la importancia de la cultura concebida, no como pedantería ni puro lucimiento intelectual, sino como "... disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior consciencia por la cual se llega a comprender el valor histórico... sus derechos y deberes."(Antología. pag.14y15.) Cuando esta reflexión pasa de los sujetos individuales a los sujetos sociales el mundo se encuentra en la etapa de las grandes tormentas revolucionarias.

Es así como la ilustración, sostiene Gramsci en el mismo artículo, constituyó "... una internacional espiritual burguesa... la mejor preparación de la rebelión... ocurrida en Francia" (Antología.Pag.16).Entonces, la mejor preparación para el socialismo consiste en "La conciencia unitaria del proletariado... a través de la crítica de la civilización capitalista y crítica quiere decir cultura... Crítica quiere decir... conciencia del yo... (Antología.pag.17)

Afirmación del yo, conciencia propia, espíritu critico. ¿Que diría Gramsci de esta época de globalización-macdonalizacion de la cultura ?

Encarcelado, en 1929 escribe una carta a su esposa Julia Schucht, preguntándole acerca de como su pequeño hijo Delio juega con su Meccano. Sorprende la agudeza crítica, frente a una modernización americanizante, que cuesta reconocer en momento tan temprano.

"....yo creo que la cultura moderna (tipo americano) de la que el mecano es expresión, hace al hombre un poco seco, maquinal, burocrático, y crea una mentalidad abstracta..."(Antología .pag.236).

Las referencias de Gramsci a la cultura universal, y en especial a la cultura nacional italiana, son innumerables y justifican una investigación especifica. En lo que resta de la presente añadiremos algunas precisiones que nos parecen relevantes.

La relación entre cultura universal y cultura nacional es un tema de indudable actualidad, mas hoy cuando el poder hegemónico se presenta como portador de una modernidad globalizadora. Marx había afirmado que la revolución comunista es mundial por su contenido y nacional por su forma. Esta afirmación fue interpretada como señal, desde algunos sectores, para desechar el estudio de la especificidad de los procesos nacionales. Gramsci, por el contrario, se preocupa por aprehender la articulación peculiar que, en cada bloque histórico, se produce entre la cultura universal y la cultura nacional. En un celebre fragmento de los cuadernos de la cárcel afirma que Trotski "... que se presenta como un occidentalista, era, en cambio, un cosmopolita, o sea, superficialmente nacional y superficialmente occidentalista o europeo.(Aquí, europeo, occidental u occidentalista se usa en sentido de cultura universal).En cambio, Illici (Lenin) era profundamente nacional y profundamente europeo." (Antologia.pag.283 y284. Los subrayados y paréntesis son nuestros)

"Pinta tu aldea y serás universal", dijo el célebre novelista ruso León Tolstoi, ser universales desde la articulación con lo nacional, condición para la emergencia de sujetos críticos, conscientes del movimiento histórico hacia la realización de una sociedad donde el hombre no sea esclavo del hombre.

Intentamos, a modo de cierre del parágrafo, algunas conclusiones:
1)Gramsci comienza su análisis de la cultura entendiendo el conócete a ti mismo en una constante dialéctica interioridad-exterioridad que se centra en la crítica de la naturalización de las relaciones sociales.
2)Esta crítica permite el paso de la subjetividad individual a la emergencia de sujetos sociales.
3)Frente a la uniformidad satélite-comunicacional de este fin de siglo, caracterizada por sujetos desagregados y pasivos frente a las modernas pantallas se reactualiza la noción Gramsciana de cultura entendida como subjetividad y rigor crítico.

Conclusiones con el pesimismo de la razón, pero con el optimismo de la voluntad.

Con el riesgo de reiterarnos, vamos a cerrar nuestro recorrido por la obra del pensador italiano extrayendo algunas conclusiones generales.

1) Las ideas de Gramsci son un aporte esencial para comprender el modo de producción como una unidad dialéctica de estructura- superestructura, con múltiples determinaciones mutuas y donde el análisis cultural no solo es posible sino fundamental en la perspectiva de la construcción de una nueva hegemonía.
2)Desde esta perspectiva, en el análisis teórico-político de la cultura, Gramsci pone en lugar central la cuestión del consenso.
3)En la sociedad actual, el consenso- y la construcción de una nueva hegemonía-deben comprenderse con relación al peso cada vez mayor de los modernos medios masivos de comunicación.
4)La derrota de los movimientos populares de los años 70`, la revolución tecnológica y el derrumbe de las sociedades del llamado "socialismo real" reactualizan el carácter no inmediato de la revolución contra el capitalismo.
5)Esta polémica esta en curso -inviabilidad de la guerra de movimientos, en lenguaje gramsciano o, asalto al poder, como se lo conoce desde el SigloXVIII; contra la guerrilla de posiciones(¿comunicacionales?) al modo del zapatismo- y asume características centrales en esta etapa de derrotas sociales y electorales del neoconservadorismo que nos brinda 1997.

POST-SCRIPTUM. Gramsci, Pasolini y La ciudad futura

Historia y política van
estrechamente unidas,
incluso son la misma cosa.
Antonio Gramsci.


La relación de Gramsci con el arte y la literatura es tan temprana como su vocación por los problemas sociales, que... arranca en la escuela primaria, seguramente para horror de sus padres, maestros y muchos de los que lo rodeaban.

Pese a su condición humilde, cuando tuvo la oportunidad de cursar estudios universitarios, escogió una carrera tan poco rentable como filología. Queda claro que la preocupación por los problemas de la cultura, el arte, la filosofía, el lenguaje y los conflictos sociales son un mismo interés que él denomina, siguiendo a Marx, filosofía de la practica o praxis.

La diferencia con el autor de Das Kapital reside en que este no priorizó la polémica ideológico-cultural, colocándola, como Gramsci en el centro de su proyecto alternativo. La creación artística es, en esta concepción, aparecer sensible de la belleza, pero también crítica revulsiva del orden social y cultural existente. De allí que dediquemos esta posdata a homenajear a Pier Paolo Pasolini, escritor, dramaturgo y cineasta italiano nacido en 1922 y asesinado en 1975, en circunstancias oscuras e impunes, quien interpretó magníficamente en su obra ciertas ideas gramscianas.

"Tal vez yo haya distinguido entre el goce estético... y...la participación en el mundo ideológico del artista, distinción... críticamente justa y necesaria. Puedo admirar estéticamente La guerra y la Paz, de Tolstoi, sin compartir la sustancia ideológica; si los dos hechos coincidieran, Tolstoi seria mi vademecum.... Lo mismo puede decirse de Shakespeare, Goethe y hasta Dante."(Antologia.pag.326).

Para que el público critico de las artes y los espectáculos no tuviese ya que distinguir entre lo estético y lo político, Pasolini construyó una obra literaria y cinematográfica de una belleza actual en su tiempo y en el nuestro, y, como quería Gramsci, revulsivamente contestataria de la sociedad italiana de su tiempo. La crítica al conformismo, que veía circulando entre todas las clases, la denuncia del sentido común, la afirmación militante de una religiosidad que redima el dolor humano y no que se limite a ocultar sus síntomas, la exaltación del placer como festividad de la vida, la defensa de los marginados y los presos; de los explotados y los esclavizados del tercer mundo; de los humillados y ofendidos, la lucha interna (cultural y lingüística) entre su dialecto natal y el idioma italiano, son algunos de los contenidos temáticos de una obra que-con el pa so de los años-confirma su caótica unidad y coherencia.

Pasolini comprendió su solidaridad intelectual con el filósofo muerto cuando él era un adolescente de sólo quince años. Por eso, siendo un joven de treinta años, recién afincado en Roma desde el Friul, escribió un libro de poemas, Las cenizas de Gramsci, tributo estético y político del cual hemos extraído el epígrafe de este ensayo y los dos fragmentos que culminan esta posdata.

Y si nos dirigimos al pasado,
que es nuestro privilegio, he aquí que vemos
también al pueblo como un aluvión:
recobrada está nuestra sublevación
desde los orígenes del cristianismo;
pero detrás queda, inmóvil, aquel canto.
Se repite igualmente.
No mas antorchas en las noches,
sino globos de luz. No parece ya otra
la periferia, ni otros los nuevos jóvenes...

En tu inconsciencia esta la consciencia
que de ti la historia desea, esta historia
en la que el hombre no tiene mas violencia
que la de la memoria, no de la memoria libre...
Y quizá ya no existe otra salida
que la de dar ansia de justicia
la fuerza de tu felicidad,
y a la luz de un tiempo que comienza
la luz de quien es lo que no sabe.

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