La tragedia de Cromagnon y

algunas de sus consecuencias políticas

Por Raúl Isman

( [email protected] )

 

En la Argentina, el marxismo

nació imbécil y tuvo hijos idiotas

Frase atribuida a comienzos de la década del ’70

a Roberto Mario Santucho.

Dirigente guerrillero del E.R.P.

 

En la siguiente nota se analizará la desgarradora situación vivida a partir de la noche del 30 de diciembre, mas no desde el punto de vista legal o de la fase estrictamente técnica de la seguridad, sino que se tratarán algunas de sus consecuencias políticas; ya sea desde el punto de vista de los partidos como del propio comportamiento de la sociedad civil.

Es que en efecto, un recurso que ya cansa por su abuso hasta el hartazgo es causar el origen de todos los males en la corrupción de los políticos. Sin detenernos, en principio, en analizar su indudable influencia, hay diversos comportamientos que anidan en la propia gente- por utilizar una expresión muy en boga- que nos permiten explicar parte de lo ocurrido. Arrojar bengalas en un ambiente cerrado, rociar con alcohol un sillón y prenderle fuego- antesala del siniestro en una disco de Vicente López, en la década del ’90, dejar hijos al extraño cuidado de una guardería abierta en un baño, pelearse sin saber porqué o el culto por la violencia sin sentido en general son algunas conductas que demuestran, cuanto menos, ningún apego por la búsqueda de soluciones racionales o por el amor a la vida. Sin exculpar responsabilidades políticas- de ellas hablaremos más adelante- las referidas conductas son parte del origen de problemas como el que lamentamos y que seguramente no se borrarán de la noche a la mañana, aunque desapareciera la totalidad de la dirigencia política. Tal vez sea impopular decirlo, pero ¿Cómo puede pensarse en la citada existencia de una guardería en un baño, para peor en un ambiente donde sin dudas existiría elevado consumo de droga y alcohol? ¿Son la política y los políticos responsables de tamaña incongruencia, salvo por la falta de control que todo el mundo puede percibir en los grandes eventos de masas?  

Con relación a la responsabilidad concreta pasible de recibir la condena de la justicia, nos parece que la principal recae sobre el conglomerado empresario que regenteaba el sitio de marras. Una encuesta publicada por Clarín el día 9 de enero de 2005 da cuenta que  la mayoría de los compulsados coincide con nuestra apreciación. La utilización de material inflamable para mejorar la acústica del lugar, la clausura de la salida de emergencia, la existencia de la referida guardería, la presencia de menores de edad son hechos por demás elocuentes y ameritan, además de la responsabilidad civil correspondiente, la necesidad de aplicar condignamente el código penal. La tarea de la Justicia es investigar lo ocurrido y condenar a los responsables y culpables. Por otra parte, los ciudadanos deberán vigilar que los magistrados no desnaturalicen su función. Varias son las víctimas que ya se han organizado en una entidad, que cuenta entre sus finalidades ser parte querellante y controlar el curso de las investigaciones judiciales.

Sin dudas, la existencia de un sistema de habilitaciones por demás laxo comienza a alumbrar acerca de las responsabilidades políticas. Es sabido que muchos locales son inaugurados a ojos cerrados y que los inspectores legalizan diversas tropelías, claro está, previo óbolo. Inclusive, famosos sanatorios funcionaban sin la correspondiente habilitación. Repitámoslo, sanatorios. ¿Es la responsabilidad del gobierno o del estado por este estado de cosas?. En nuestra opinión, el gobierno de la ciudad ha sido incapaz de desmantelar tal situación de corrupción, más aún cuando en tiempos recientes modificó totalmente el cuerpo de inspectores. En lo dicho y en la total ausencia de medidas de prevención y control por parte de las estructuras del gobierno de la ciudad (por ejemplo, falta de vigilancia en el sitio, antes del evento y durante el desarrollo del mismo, entre otras). Pero allí termina- a nuestro juicio- la posibilidad de acusarlo. Imputar a Anibal Ibarra de cargos por asesinato nos parece un despropósito no exento de intencionalidad política. Por otra parte, la insuficiencia del estado (de recursos, de medios, de personal, en cantidad y calidad; entre otras) para cumplir sus cometidos anida en el profundo deterioro provocado por las políticas neoliberales implementadas en los años ’90.  La sociedad civil paga con un precio elevado e injusto (en este caso, más de 180 vidas) el acuerdo prestado por gran parte de los ciudadanos a enunciados del tipo achicar el estado es agrandar la nación. Como dice el psicoanalista Juan Carlos Volnovich:... nos predispone, nuevamente, para quedar subordinados al Poder. Poder que exige sacrificios y que, además, busca el consenso, y lo encuentra. Porque el sistema actual, de miseria y exclusión de grandes mayorías junto al enriquecimiento desmesurado de unos pocos, se impuso con un alto grado de consenso. Triste es reconocerlo pero, capturada por el discurso del Poder, casi toda la sociedad colaboró para sostenerlo. Más o menos, a regañadientes o complacientes, queriendo o sin querer. Por cierto que- en nuestra opinión- el poder es mucho más poderoso e invisible que la simple dirigencia política.

Por otra parte, en orden decreciente en importancia, nos parece, hay que incluir las condiciones culturales que hacíamos referencia al comienzo de estas líneas, es decir, el culto por la violencia sin sentido, las drogas y el alcohol, el desprecio por la vida y la racionalidad y tantas más como cualquier frecuentador de estos eventos podría citar. Seguramente, estas líneas se hallan a contrapelo con la tradición de muchas agrupaciones del campo popular y de la izquierda que se niegan sistemáticamente a criticar a las masas. ¿Para que realizar tal crítica? Nada menos que para pelear desde la propia cotidianeidad la conciencia de las masas, tarea que de ningún modo puede quedar para luego de hacer la revolución. Si existen sectores populares que reproducen en sus modos de vida las condiciones más salvajes de este sistema, flaco favor le hacemos a una transformación social callando nuestra voz frente a tal situación, más allá del alcance real y la eficacia de nuestra crítica.

Así las cosas, los familiares de las víctimas comenzaron a agruparse para exigir justicia. Pero una cosa es la bronca de ellos- legítima y justa, aunque erróneamente canalizada contra Ibarra, en nuestra opinión- y otra muy distinta los deseos de favorecerse de la situación que mostraron ciertas fuerzas. Lo que nadie podía sospechar es que tal intento desencadenó un intento delirante y putchista de reeditar el celebrado y absurdo que se vayan todos, consigna lamentablemente de moda hacia fines de 2001 y comienzos del 2002. Como afirma Carlos Marx, la historia se presenta primero bajo la forma de tragedia y luego, se repite como comedia bufa. Lo que aparentaba ser una magnífica sinfonía de ribetes creadora y grandiosamente trágicos en el 2001 derivó en estos calurosos comienzos del 2005 en una farsa lamentable. ¿Qué otra cosa que patéticos resultaban los activistas de los partidos trotzkistas exigiendo la renuncia de Ibarra como si no hubieran pasado tres años- y mucho agua bajo el puente- desde el final del año 2001? Los diversos actos comiciales realizados en el año 2003- y los resultados obtenidos por algunos partidos en ellos- demuestran la verdadera representatividad del  que se vayan todos. Es decir, poco y nada. En realidad sangran por la herida, ya que el electorado de la Capital Federal, el más refinado políticamente del país, los expulsó del espacio parlamentario de la principal ciudad argentina. En efecto, de los casi dos dígitos en la elección del 2001 que obtuvo el Partido Obrero se ha pasado a una feroz disputa por el medio por ciento en que se hallan sumidos tales partidos.  

No obstante, los exóticos seguidores de León Trotzki insistieron y persistieron en una metodología largamente fracasada, que intentaremos desentrañar. Montarse sobre los movimientos de masas existentes y tratar de orientarlos hacia la concreción de fines partidarios es una constante de tales agrupaciones. Cualquier observador desapasionado puede recordar como intentaban manejar y manijear las asambleas a comienzos del año 2002. Según estos activistas, la única finalidad plausible de los movimientos sociales es realizar el programa proletario, es decir la línea del partiducho de marras. Si no cumple con tal finalidad, hay que destruirlo. Todo esto más el sabotaje permanente de todo intento de unidad de las fuerzas y movimientos populares- bajo el mote de alentar el frente popular, auténtico pecado en la mitología de estas fuerzas- es una permanente práctica y nace de la observación de casi 70 años de trotzkismo en la Argentina. O para decirlo de otro modo, ¿Cuál es la causa por la cual existen en la Argentina casi una decena de partidos trotzkistas? ¿Es que existe tanto target para tal orientación? En realidad confesamos una verdadera desactualización en términos de interna troska. En estas horas, tal vez ya sean más de veinte las agrupaciones de troskosaurios que disputan la preeminencia en tan reducido espacio.

En principio, desafiamos a cualquier lector (consuetudinario u ocasional) de los periódicos partidarios izquierdistas a que nos refiera denuncia alguna acerca de las condiciones de seguridad en boliches, discos y establecimientos similares. Confesamos no haber hecho la correspondiente búsqueda, pero casi con seguridad, nada dicen sobre el particular en por lo menos durante el último lustro. Esto no obsta para que se presenten en la marcha y traten de capitalizar la situación hacia la renuncia de Ibarra. El domingo 2 de enero de 2005 ya estaba el comunicado del Partido Obrero exigiendo la dimisión del primer mandatario de la ciudad. Observe el lector la coincidencia objetiva con los intereses de la derecha que- por su parte y a su vez- tiene tres finalidades principales. Estas son:

a)        Exculpar a los empresarios por los desastres cometidos en pos de la rentabilidad capitalista que, en nuestra opinión, es la causa principal del problema que hoy lamentamos.

b)       Desquitarse de Ibarra. En efecto, el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires ha derrotado, en menos de un lustro, por medio de sendas elecciones a dos referentes reaccionarios de la Argentina devenidos líderes políticos: Domingo Cavallo y Mauricio Macri, Y

c)       Aprovechar la coyuntura para profundizar la ofensiva privatista. Digámoslo con todas las letras. No vienen contra la persona de Ibarra; cargan contra las conquistas en salud, educación, espacios verdes, en libertad de expresión (recordar el caso de la muestra de León Ferrari) y otras.

De hecho y aunque les cueste aceptarlo, quienes se embarcan en campañas sin analizar el contexto político en que las mismas se desarrollan sirven a los sectores reaccionarios. Con una izquierda así, ¿Quién necesita a la derecha? Pero esta, mal que les pese a algunos trasnochados, existe y opera desde las sombras ya que, en la superficie, otros hacen su trabajo.

Así como no hay en los periódicos de los partidos de izquierda ninguna mención al problema de la inseguridad en los eventos de masas ni acerca de las habilitaciones en bailantas, discos ni confiterías, no se ha registrado presentación alguna de proyecto de ley en relación con tal temática ni otras conexas. Ni de las fuerzas de izquierda ni de la derecha. Las condiciones de desprotección en que se desenvuelve la vida urbana son verdaderamente pavorosas. A título anecdótico diremos que el día anterior a la tragedia cenábamos con amigos en un restaurante capitalino que tenía aproximadamente medio centenar de metros de fondo y cuya puerta de rejas estaba cerrada con llave para impedir el ingreso de más comensales. La primera mitad del local se hallaba repleta de personas bailando. La existencia de salida de emergencia era pura imaginación. De haber existido un siniestro similar, el desastre podría haber sido menor sólo en cantidad de víctimas. Evidentemente, urge un debate de fondo acerca de las normas y leyes que regulan habilitaciones y funcionamiento de eventos masivos.

Sin embargo, en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, producida la tragedia, parecen abrazarse en sus diversos intentos de interpelar- y forzar la renuncia- a Ibarra revolucionarios, reaccionarios de distinta pilosidad y condición zoológica, liberales, conservadores, autonomistas libertarios, lopezmurphistas, patricios, macristas, comunista y otras yerbas. Lo que no comprenden las fuerzas de izquierda envueltas parlamentaria o extra parlamentariamente en estas maniobras y devaneos es que si cae Ibarra, no lo sucederá ninguna revolución proletaria, sino el gobierno de Macri y su caterva privatista. La actitud de los partidos comprometidos con tales maniobras es insostenible desde el punto de vista político, pero además resulta incalificable desde mínimos principios éticos. Utilizar tal desgracia para finalidades políticas tan subalternas, califica de modo suficiente a las fuerzas que se sirven de una metodología tan abyecta.

Para quienes enfatizan en la ineficiencia del gobierno de la ciudad para dar una respuesta institucional al problema, es necesario decir que no todas las estructuras funcionaron del mismo modo. Evidentemente, faltó prevención y vigilancia. Pero el S.A.M.E. y los hospitales municipales- más el de Clínicas, dependiente de la U.B.A.- respondieron con una eficacia, abnegación y dedicación dignas del mayor elogio. Por ejemplo, en un solo establecimiento funcionaron siete respiradores. Un verdadero desperdicio de recursos para la derecha, que ya palpita la posibilidad de darles otro destino. Nunca está de más formularse algunas preguntas, como las siguientes: ¿Qué hubiera ocurrido de haber ocurrido el siniestro en el conurbano? ¿Hubiera sido tan rápida y eficaz la ayuda a las víctimas? ¿O en el interior del país?

Finalmente, unas palabras en relación con la comentada actitud del Presidente de la Nación. En principio, una actitud errónea, cuanto menos, es la de los sectores menos politizados de las masas que parecen esperar que el primer mandatario tenga dotes mágicas y propias de un superhombre, capaz de emparchar cualquier problema o situación por su sola presencia. Así se veía en las primeras y confusas horas, en las que doloridos deudos pedían la presencia de Kirchner para agilizar la entrega de los cadáveres, como si la referida solución no fuera atribución exclusiva del Poder Judicial. Flaco favor hubiera hecho el presidente de haber conciliado con tales errores y alentado semejantes ilusiones. Los medios de la derecha acicateaban con la pregunta donde esta Kirchner. Si el mandatario hubiera estado en primera línea de presencia, hubieran dicho que demagógicamente quería sacar rédito político del dolor popular. Pero no es esto lo central. En nuestra opinión, lo más importante es que el presidente no intentó utilizar la tragedia con la mezquina finalidad de fortalecer su proyecto. Según la encuesta del C.E.O.P. ya citada, más del 60 % de los consultados adhiere a la posición de Kirchner. Y en términos políticos, el silencio de las primeras horas obedeció a no descolocar a Ibarra, su aliado en la Capital Federal. Pasada la primer impresión, el presidente tomó para sí la tarea de contener a los familiares y gestionar una entrevista de los mismos con el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

De todos modos, los sucesos referidos pueden traer consecuencias políticas impredecibles. En caso de resistir la amenaza de la pinza derecha y la izquierda; seguramente el futuro político de Ibarra se verá fuertemente acotado. Pero las figuras no son lo más importante. La función de las fuerzas políticas populares, democráticas, progresistas y de izquierda es defender los espacios institucionales ganados y las propias conquistas, blanco primordial de la derecha. Y en lo inmediato, alentar la creación de una comisión investigadora. Si de ella nace la necesidad de desplazar a Ibarra- o a quien fuera- que así sea. Pero que los cambios no se produzcan por causa de urgencias originadas en necesidades de la derecha. A más largo plazo, es preciso debatir desde las condiciones de habilitación y funcionamiento de todo tipo de locales; así como de la cultura de los sectores juveniles. 

Antes de finalizar estas notas, resulta necesario enunciar una palabra para homenajear a tantas personas que sólo movidas por la solidaridad trabajaron varias horas para salvar vidas en el lugar- algunos perdieron la propia en el intento- a los médicos y demás personal de los hospitales y a todos los que contribuyeron para que el desastre no fuera mayor. A continuación extraeremos las conclusiones más importantes del análisis desplegado.

1)      La principal responsabilidad del siniestro corresponde al grupo empresario que regenteaba el lugar. De todos modos, tal análisis es hipotético ya que la investigación se halla en pañales.

2)      Al gobierno de la Ciudad- y su jefe- les cabe la imputación de no haber arbitrado los medios de prevención y  de control necesarios.

3)      En orden de importancia decreciente hay que ubicar las condiciones de la cultura juvenil que facilitan la concreción de accidentes.

4)      En este contexto, se verifica la acción de la derecha que quiere tomar revancha de las derrotas sufridas en las sucesivas elecciones en la Capital Federal. En realidad, no necesita hacerse más visible porqué el trabajo sucio- desestabilizar a Ibarra- se lo hacen las fuerzas de una izquierda que sueña con revoluciones imposibles, mientras en la realidad de todos los días le hace el juego a la derecha.

5)      En lo inmediato, es preciso investigar fehacientemente lo ocurrido y operar los cambios necesarios.

6)      A más largo plazo, es necesario debatir acerca de las condiciones de seguridad en eventos de masas, estadios de fútbol, discos, bailantas y otros sitios similares.    

  

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