TESTIGOS DEL AMOR

 

Queridos familia y amigos:

 

Como ya se ha hecho tradición, mando algunas de las reflexiones habituales sobre los temas que quiero compartir abiertamente con todos. Siempre es un gusto y muy edificante recibir respuesta de lo que escribo, así que estaré esperando las respuestas.

 

Estos días estuve re-leyendo el documento del Papa Juan Pablo II para el Tercer Milenio “Novo Millennio Ineunte”, y hay tanto para hablar, pensar y compartir que seria imposible hacerlo en una sola carta. Un consejo: HAY QUE LEER AL PAPA, HAY QUE LEER A JUAN PABLO II.

 

Me detengo en uno de los temas que más me llamó la atención y es uno de los “planes” o “ideales” a poner en práctica en el Nuevo Milenio y en todos los milenios que vengan y es el ser TESTIGOS DEL AMOR[1], este es el título que usa el Papa en este capitulo y desarrolla una “espiritualidad de comunión”, como la llama él mismo, que debe ser lo que debemos poner en práctica. Quiera Dios que así sea.

 

Empieza el Papa citando las palabras de Jesús: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13,35). En una meditación en capítulos anteriores habla como debemos contemplar el rostro de Jesús antes de programar cualquier actividad pastoral. “Si verdaderamente hemos contemplado el rostro de Cristo, queridos hermanos y hermanas, nuestra programación pastoral se inspirará en el «mandamiento nuevo» que él nos dio: «Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros» (Jn 13,34)[2]. Este amarse unos a otros plantea esa espiritualidad de comunión de la que hablara el Papa poniendo puntos bastante precisos, prácticos y claves para vivir según el espíritu evangélico. Todos nosotros somos cristianos y “debemos” pensar seriamente en el modo de vivir nuestro seguimiento de Cristo, por eso se hace necesario revisar, repasar, cada uno de los puntos prácticos que da el Papa para hacer un examen de conciencia sobre nuestro modo de vivir el cristianismo. Esta espiritualidad de comunión plantea el tema del cultivo de las relaciones humanas enriquecidas por la gracia de Dios, las verdaderas y profundas relaciones humanas vividas en Dios y por Dios son la clave de un cristianismo verdadero.

 

“La comunión es el fruto y la manifestación de aquel amor que, surgiendo del corazón del eterno Padre, se derrama en nosotros a través del Espíritu que Jesús nos da (cf. Rm 5,5), para hacer de todos nosotros «un solo corazón y una sola alma» (Hch 4,32)[3]. Es tan importante esta espiritualidad de comunión que, el que no la practica no tiene el Espíritu de Cristo, esto es, el Espíritu Santo. Dice el Papa: “Las palabras del Señor a este respecto son demasiado precisas como para minimizar su alcance”.

 

Empieza el punto sobre “Espiritualidad de comunión” diciendo: “Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo”[4].  Este desafió se plantea evidentemente a cada uno de nosotros ya que somos los cristianos del Tercer Milenio. Sigue diciendo el papa: ¿Qué significa todo esto en concreto? .... Antes de programar iniciativas concretas, hace falta promover una espiritualidad de la comunión, proponiéndola como principio educativo en todos los lugares donde se forma el hombre y el cristiano...

 

Espiritualidad de la comunión significa ante todo una mirada del corazón sobre todo hacia el misterio de la Trinidad que habita en nosotros, y cuya luz ha de ser reconocida también en el rostro de los hermanos que están a nuestro lado”[5]. Esta mirada a descubrir la Trinidad, es un esfuerzo por tener “experiencia” de Dios en nosotros y en los otros. Este esfuerzo se hace necesario, hay que trabajar por descubrir a Dios en el fondo del alma, ya sea en mi alma como en el alma de los demás. El amor hacia cada uno de nosotros y el amar a Dios, que esta en mi, que vive en mi, que me dignifica con su presencia y que hace que me ame ordenadamente a mí mismo, es el mismo amor que tengo a Dios que vive en mi hermano y que debo saber descubrir. En las relaciones verdaderamente humanas iluminadas y enriquecidas por la fe, que es el conocimiento de Dios, son la plenitud del cristianismo.

 

“Espiritualidad de la comunión significa, además, capacidad de sentir al hermano de fe en la unidad profunda del Cuerpo místico y, por tanto, como «uno que me pertenece», para saber compartir sus alegrías y sus sufrimientos, para intuir sus deseos y atender a sus necesidades, para ofrecerle una verdadera y profunda amistad”[6]. Es muy expresivo el Papa al punto que dice que esta espiritualidad es capacidad de sentir la unidad del hermano como quien me pertenece, somos un todo, somos parte de un todo y me siento unido al otro por pertenecer ambos a un Uno que es Jesucristo. Esta espiritualidad de comunión deja afuera la visión estrecha, podríamos llamarla, de “política partidista”. En este párrafo también agrega el Papa el hecho de “ofrecerle al (prójimo) una verdadera y profunda amistad”, ya que la relacion humana mas perfecta es la amistad y cuando esta enriquecida por el amor a Dios, amor también de amistad, se convierte en el estandarte de la vida cristiana. Ser capaz de ofrecer amistad es la clave en el trato personal con el resto de las personas, es la cima de la convivencia humana, como así también el signo del ser cristiano: «En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros» (Jn 13,35) Es el amor la clave del cristianismo, amor a Dios que se manifiesta en el amor al prójimo, en el amor al prójimo más perfecto que es el amor de amistad.

 

- Espiritualidad de la comunión es también capacidad de ver ante todo lo que hay de positivo en el otro, para acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un «don para mí», además de ser un don para el hermano que lo ha recibido directamente.

 

            En este punto el Papa nos llama al esfuerzo por lograr esa “capacidad” de ver lo que hay de positivo en el otro y recibirlo como un bien para mí, un regalo de Dios para mí, un don dado por Dios a mí... el otro siempre tiene algo de Dios es sí mismo que se me ofrece como regalo del mismo Dios. El ver y descubrir lo positivo del otro y reconocerlo como venido de Dios es también causa del amor al prójimo, ya que descubro lo que tiene de bueno y amable y por tanto lo recibo no solo como venido del otro sino como venido principalmente de Dios.

 

Esta “capacidad” de ver, descubrir y recibir del otro hace que constantemente estemos viendo los regalos que nos vienen de Dios cada día, en cada persona. A cada uno Dios lo hizo con talentos y personalidades diferentes para enriquecer no solo al que los recibe sino también  para enriquecer a los que lo perciben.

 

Vivir esta espiritualidad de comunión es dar gracias a Dios por el regalo que significa la otra persona para mí. Dicen que san Ignacio de Loyola paseando por un jardín golpeo suavemente una flor con el bastón para hacerla callar ya que decía el santo que la flor le hablaba de Dios con su belleza. Cuanto más nos hablan de Dios las maravillas y las bellezas puestas por Dios en cada una de las personas... si la flor nos habla de Dios con su belleza deberíamos decir que el ser humano nos grita a voz en cuello las maravillas de Dios. En otras palabras hay que saber enriquecerse con lo que el otro ha recibido ya que el objeto de haberlo recibido es para riqueza mía también que Dios lo ha dado.

 

G. K. Chesterton dice en una historia que estando solo en el techo de una catedral donde se le hacia imposible comunicarse con el resto del mundo se apareció un hombre junto a él y sintió una profunda alegría de saber que este hombre traía consigo una riqueza incalculable como son: sus deseos, emociones, pensamientos, proyectos, ideas, y todo lo que significa un ser humano... Eso es capacidad de enriquecerse por el don que significa el otro: “acogerlo y valorarlo como regalo de Dios: un «don para mí».

 

- En fin, espiritualidad de la comunión es saber «dar espacio» al hermano, llevando mutuamente la carga de los otros (cf. Ga 6,2) y rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias.

 

Este punto es muy llamativo porque el Papa nos pide “dar espacio” al hermano, esto es abrir los límites de las propias “formas” que entorpecen el desarrollo del prójimo o lo asfixian. En ese dar espacio esta la posibilidad de que el prójimo se desarrolle, madure en su modo de pensar y obrar según su propia conciencia. Al iluminar con la Verdad hay que dejar que el hermano la busque libremente sin imponérsela desde afuera, sino que la ame y la busque por sí solo.

 

Puede suceder que “a priori” imponemos o suprimimos modos, formas, incluso medios de cómo “deberían ser las cosas” sin tener en cuenta las cosas mismas o peor aun sin tener en cuenta a las personas... Cuando sucede esto instrumentalizamos a las personas buscando que obren conforme a la “idea” preconcebida que yo tengo del “como” debería ser y no damos lugar al obrar libre del hermano que lo hace en conciencia. Recuerdo el caso de un hombre de Iglesia que como era “superior” le decía a un Fundador de una Congregación misionera que no hiciera una congregación misionera sino una Asociación de sacerdotes... esto sucede cuando no se da ese “espacio” en el obrar del hermano imponiendo una idea “propia” en lo que esta abierto al obrar libre del otro.

 

Evidentemente este “dar espacio” significa obrar y dejar obrar con libertad en la búsqueda de la Verdad, sabiendo que la libertad es el don que permite el mérito y dignifica. Cuando intentamos imponer un algo sin “dar espacio” al hermano lo tratamos (puede ser inconsciente) como una “cosa”, que debe hacer lo que “yo” quiero y lo que “yo” veo es lo mejor. Este modo de obrar trae consigo como consecuencia la desconfianza en el otro por esa razón hay que trabajar en lo que dice el Papa: “rechazando las tentaciones egoístas que continuamente nos asechan y engendran competitividad, ganas de hacer carrera, desconfianza y envidias”.

 

No nos hagamos ilusiones: sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento”[7].

 

Parte II

 

Antes de pasar a la segunda parte de testigos del amor, donde se expone la espiritualidad de la comunión, quiero comentarles que estuve leyendo el libro del Cardenal Francis Xavier Nguyen Van Thuan, Presidente del Pontificio Consejo de Justicia y Paz, libro que recoge las meditaciones de los ejercicios que le predico a Juan Pablo II y a la curia Romana en el año 2000. En este libro el Cardenal Van Thuan habla de lo que venimos exponiendo y de lo que expone Juan Pablo II en su carta apostólica, parecería que el Papa se inspirase en sus palabras para la redacción de la carta. Les recomiendo este libro que se llama: “Testigos de la Esperanza” por el Cardenal Van Thuan, cuenta aquí mucho de sus experiencias en los 13 años de cárcel que tuvo que sufrir este hombre en Vietnam.

 

Esta “espiritualidad de la comunión” es lo que vivifica la estructura eclesiástica sin la cual sería o será un cuerpo sin alma, es el antiguo “fariseísmo” contra el cual Jesús tanto combatió. Por eso dice el Papa que: “No nos hagamos ilusiones: sin este camino espiritual, de poco servirían los instrumentos externos de la comunión. Se convertirían en medios sin alma, máscaras de comunión más que sus modos de expresión y crecimiento”[8].

 

Las bases para vivir esta espiritualidad de la comunión están contenidas en el Concilio Vaticano II, al proponer la creación de estructuras que faciliten el dialogo y la apertura se busca que sirvan como instrumentos de la comunión. “Sobre esta base el nuevo siglo debe comprometernos más que nunca a valorar y desarrollar aquellos ámbitos e instrumentos que, según las grandes directrices del Concilio Vaticano II, sirven para asegurar y garantizar la comunión. ¿Cómo no pensar, ante todo, en los servicios específicos de la comunión que son el ministerio petrino y, en estrecha relación con él, la colegialidad episcopal?. Entender el ministerio como servicio, profundizar en el ministerio sacerdotal como servicio al pueblo, tomar conciencia de esto nos hace instrumentos de comunión en el mundo. Es digno de lagrimas que sean muchas veces los propios ministros de la Iglesia los que imposibilitan la verdadera comunión ya sea por su “partidismo” que los hace tomar posturas dentro de la Iglesia como si fuera un partido político; o el hecho de que hagan de la Iglesia una institución en algunos casos no creíble, que no sea sacramento visible de unidad en lo esencial y en el resto libertad. El estar al servicio de la comunión, que implica comprensión, apertura, dialogo, es uno de los servicios de los pastores: “Se trata de realidades que tienen su fundamento y su consistencia en el designio mismo de Cristo sobre la Iglesia, pero que precisamente por eso necesitan de una continua verificación que asegure su auténtica inspiración evangélica”

 

También se ha hecho mucho, desde el Concilio Vaticano II, en lo que se refiere a la reforma de la Curia romana, la organización de los Sínodos y el funcionamiento de las Conferencias Episcopales. Pero queda ciertamente aún mucho por hacer para expresar de la mejor manera las potencialidades de estos instrumentos de la comunión, particularmente necesarios hoy ante la exigencia de responder con prontitud y eficacia a los problemas que la Iglesia tiene que afrontar en los cambios tan rápidos de nuestro tiempo”[9].

 

Es como que el Papa nos sugiere desde el fondo de su corazón que trabajemos esforzadamente por la comunión entre los cristianos: “Los espacios de comunión han de ser cultivados y ampliados día a día, a todos los niveles, en el entramado de la vida de cada Iglesia. En ella, la comunión ha de ser patente en las relaciones entre Obispos, presbíteros y diáconos, entre Pastores y todo el Pueblo de Dios, entre clero y religiosos, entre asociaciones y movimientos eclesiales”. Las relaciones entre los miembros de la Iglesia deben ser enriquecidas por el dialogo, la escucha, la ponderación de las ideas y proyectos. Los cristianos estamos llamados a ser signo visible en el mundo del amor mutuo, por eso no deben existir imposiciones a priori de lo que es discutible y abierto a la opinión, no debe existir la discriminación de los que no pertenecen a mi “grupete” o a mi “institución” o “movimiento” o “asociación” siempre que obren movidos por espiritu evangelico y cumplan los mandamientos. Por el hecho de que obren de modo distinto al modo como nosotros obramos no los hace miembros de otra Iglesia sino que siguen siendo miembros de la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica, por tanto parte de mi mismo.

 

“Para ello se deben valorar cada vez más los organismos de participación previstos por el Derecho canónico, como los Consejos presbiterales y pastorales. Éstos, como es sabido, no se inspiran en los criterios de la democracia parlamentaria, puesto que actúan de manera consultiva y no deliberativa sin embargo, no pierden por ello su significado e importancia”[10]. Deberíamos decir que al contrario, si bien no es democracia parlamentaria, su significado e importancia viene de que se busca en todo agradar a Dios y el modo de servirlo mejor por eso se hace necesario el consejo y deliberación de todos en esto.

 

 “En efecto, la teología y la espiritualidad de la comunión aconsejan una escucha recíproca y eficaz entre Pastores y fieles, manteniéndolos por un lado unidos a priori en todo lo que es esencial y, por otro, impulsándolos a confluir normalmente incluso en lo opinable hacia opciones ponderadas y compartidas”[11]. Que importante se hace el escuchar, compartir, permitir la opinión abierta y confiada de todos. Siempre unidos en lo esencial y en el resto llegar a opiniones que confluyan en cosas comunes, modos de obrar comunes para servicio de Dios y de la Iglesia. Pero para esta espiritualidad de la comunión es necesario la capacidad de la escucha, del dialogo sincero, sin imponer, sino dando razones teniendo en cuenta los particulares, las personas, las costumbres, los tiempos, las circunstancias...

 

De estas ultimas palabras del Papa habría que hacer un cuadrito y recordarlo siempre.“Para ello, hemos de hacer nuestra la antigua sabiduría, la cual, sin perjuicio alguno del papel jerárquico de los Pastores, sabía animarlos a escuchar atentamente a todo el Pueblo de Dios. Es significativo lo que san Benito recuerda al Abad del monasterio, cuando le invita a consultar también a los más jóvenes: «Dios inspira a menudo al más joven lo que es mejor».30 Y san Paulino de Nola exhorta: «Estemos pendientes de los labios de los fieles, porque en cada fiel sopla el Espíritu de Dios»”[12]. Es muchas veces un error no escuchar a los fieles, no abrir la mente a los demás y compartir opiniones. El escuchar a los fieles no es un perjuicio del papel jerarquico de los pastores, al contrario, es una ventaja de la jerarquía el poder escuchar a los fieles, ya que son ellos las manos con las cuales trabaja el pastor. A menudo Dios inspira al más joven lo que es mejor, esto significa que a la experiencia hay que sumarle la capacidad de escucha y la apertura a la opinión ajena. Cada uno de nosotros tenemos algo que aportar a la Iglesia y por tanto cada uno de nosotros tiene derecho y deber de dar sus razones y hacer escuchar su opinión en la Iglesia de Dios.

 

Por tanto, así como la prudencia jurídica, poniendo reglas precisas para la participación, manifiesta la estructura jerárquica de la Iglesia y evita tentaciones de arbitrariedad y pretensiones injustificadas, la espiritualidad de la comunión da un alma a la estructura institucional, con una llamada a la confianza y apertura que responde plenamente a la dignidad y responsabilidad de cada miembro del Pueblo de Dios[13].


 

[1] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”.

[2] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 42.

[3] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 42.

[4] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 43.

[5] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 43.

[6] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 43.

[7] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 43.

[8] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 43.

[9] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 44.

[10] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 45.

[11] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 45.

[12] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 45.

[13] Juan Pablo II, Carta Apostólica “Novo Millennio Ineunte”, n 45.


Home - Cuentos - Poesías - Cartas - Escritos

Hosted by www.Geocities.ws

1