Bosque de la melancolía
Las llamas de la noche no dejaban de juguetear entretenidas mientras Cristian se internaba en sus pensamientos recordaba que había dejado su casa, sus cosas, la madre que estaría ciertamente preocupada de su hijo como cualquier madre lo esta siempre. Se dio cuenta Cristian que los pensamientos lo envolvían y le daban cierta molestia aunque le gustaba pensar en aquello.
-Sabes Pino- le dijo a su caballo- muchaas veces los pensamientos nos traicionan. Si bien nos han creado con este maravilloso poder de recrear lo que no tenemos delante de nosotros, muchas veces me doy cuenta que ese poder me traiciona, me envuelve y me atrapa. Me doy cuenta de que no me hacen bien ya que siento cierta tristeza de pensar en nuestra casa, sin embargo me gusta detenerme en ellos sabiendo que estoy recordando momentos lindos pasados con mis amigos, familiares, las cosas que han quedado atrás...-
-Eso se llama melancolía, creo- dijo la lechuza que hacia tiempo que los acompañaba en el cruce del oscuro Bosque del Norte.
-¿Y es malo?- pregunto Cristian
-Si le producen tristeza, aparentemente no es bueno- dijo la lechuza descendiendo a una de las ramas que la acercaba al muchacho
-Pero hay muchas cosas que producen tristeza y no son malas- agrego Pino acercándose a la luz. -A mi me produce tristeza muchas veces que me castiguen para correr a toda prisa pero se que es por mi bien, o al menos por el bien de mi amo-
-Siento muchas veces gozo de pensar en mmi madre, amigos, pero a la vez la tristeza de saber que no los puedo ver, estar cerca de ellos...- se puso de pie y agrego mas leña al fuego que había disminuido.
El bosque detrás de ellos permanecía en las mas densas tinieblas solo la fogata iluminaba un par de metros. La situación de ellos era incierta en este momento de la travesía ya que no sabían bien como desenvolverse dentro de estos intrincados bosques conocidos por su impenetrabilidad. Altos árboles impedían el paso de la luz y eso lo hacían oscuro, sombrío, difícil para guiarse y por tanto fácil para perderse. La humedad del terreno por momentos hacia difícil la travesía, los pies se hundían en la tierra, se resbalaban con mucha facilidad, las caídas eran frecuentes incluso para Pino que estaba acostumbrado a este tipo de terreno aunque no tan extremadamente húmedo. La lechuza era de gran ayuda ya que pasaba por encima de los árboles y divisaba el monte hacia donde querían llegar. Esta montaña era conocida como Victoria ya que allí, contaba la leyenda, un famoso caballero había matado al último de los demonios que asolaron al pueblo de Maria.
Cuando Cristian recostó su cabeza sobre un tronco comenzó a dormitar y los pensamientos y recuerdos lo asaltaban sin dejarlo descansar del todo. Jamás había sentido esa sensación de abandono que ahora tenia, sabia que muchas cosas raras pasarían dentro del bosque ya que así se lo habían dicho pero no sabia a que se referían. El bosque encantado solo tenia la propiedad de hacer que uno se encontrara solo, abandonado, indefenso, incapaz de alcanzar la meta.
La lechuza de nombre Sabina, sabía bien que ella debía cumplir un papel importante en esa guía por el bosque, no solo para mostrar el camino a seguir sino mostrar sobre todo el camino de los pensamientos que excitarían a Cristian en estos momentos. Voló a la cima del árbol donde estaba y se hundió en hondos pensamientos como para planear algún tipo de estrategia pero se le hizo imposible pensar ya que el día había sido largo y un cierto letargo la adormecía.
-Debo pensar- repetía sacudiendo la cabeza y cambiando la posición como para despabilarse- Que debo hacer?. Cómo será el curso de sus pensamientos de ahora en mas?. Se que padecerá la decepción, la angustia de la dificultad, el no ver la luz por largos días lo hará querer volver atrás...- estaba en esos pensamientos y así permaneció durante toda la noche hasta que el alba se diviso en el extremo del bosque y una explosión multicolor apareció en el firmamento. El dorado del sol salpicaba las pequeñas nubes que parecían escudos brillantes en el cielo. La lechuza respiro el aire matutino, la humedad del lugar penetro en su interior y decidió bajar para ver al joven Cristian. Al descender varios metros desde la copa se fue internando lentamente en la oscuridad del interior. Al llegar al pie de los árboles parecía que hubiera volado todo el día ya que había caído la noche nuevamente.
-Ha amanecido ya Sabina?- pregunto el niño con cierto entusiasmo mientras se ponía de pie.
-Si, ha amanecido y el día parece ser un buen día. No hay nubes que muestren una próxima tormenta- contesto la lechuza.
-¡Buenos días Pino!- dijo Cristian a la vez que acariciaba a su caballo.
-¿Buenos...días? ¿Esto es de día?- dijo Pino que miro a su alrededor y vio que la oscuridad permanecía si bien no tan densa, seguía siendo imposible mirar mas allá de unos pocos metros.- Parece una noche de luna pero no un verdadero día- dijo el caballo que solía ser franco.
-Eso no impedirá que sigamos adelante- dijo la Lechuza que comenzó a moverse como simulando que ya estaba preparada para el viaje.
Cristian cargo a Pino y comenzó a caminar lentamente por el sendero. Las ramas de los árboles eran grandes y gruesas. Mucha vegetación había alrededor y algunas veces los obligaba a cambiar de rumbo haciéndoles perder un hermoso tiempo. Caminaron cerca de dos horas hasta que llegaron a una hondonada donde sonaba algo así como un rió. Descendieron en la penumbra y el barro hizo que resbalaran varias veces.
En un momento Pino perdió el paso y se desplomó frente a Cristian y comenzó a patinar lentamente hacia abajo, el niño trató de pararlo y tirando de las riendas se deslizaba junto con el caballo. La rienda se corto y el caballo se deslizo velozmente hacia abajo; Cristian con la rienda en la mano cayo de espaldas resbalando hacia el otro lado del pequeño cerro trato de agarrar algo que lo sujetara pero todas las malezas se sumaban a la picada que comenzaba a tomar un velocidad peligrosa. Giro para un lado para otro, el barro lo cegaba y ya la velocidad hacia prever que estaba en un peligro inminente. Rodó por un largo tiempo cubriéndose del moho del suelo, su cabeza golpeo algo duro y perdió el conocimiento.
La lechuza vio al caballo descender a gran velocidad por la cuesta de la loma y lo siguió con los ojos, pensando que irían envueltos en la confusión el niño con el caballo. El caballo rodó y termino cayendo dentro de un pozo de agua fría que lo sorprendió y a la vez lo limpio de todo el lodo que había arrastrado.
-¿Dónde esta Cristian?- grito la lechuzaa asustada.
El pobre Pino no podía hablar del susto que tenia y el agua helada había congelado su voz. Mientras se recuperaba en la orilla sacudiendo el pescuezo de un lado a otro, la lechuza repetía una y otra vez donde estaba el pequeño Cristian. En la oscuridad del bosque Sabina no podía distinguir si el joven estaba cerca o si había caído al río o si permanecía en lo alto del barranco.
El pequeño yacía tendido boca abajo en el otro lado del barranco a unos pocos metros del río. Cubierto de barro, inconsciente perdió noción del tiempo que estuvo en ese estado; cuando volvió en si se dio cuenta de que estaba solo y que el ruido que producía el río en una pequeña cascada impedía escuchar cualquier otra cosa. Comprendió al instante que había perdido a sus compañeros de viaje y en un momento cayo en una profunda tristeza. Que haría solo?. En la oscuridad de aquel bosque no los encontraría con facilidad. Empezó a temblar ya que el lodo que lo envolvía estaba frió y había estado aparentemente mucho tiempo inactivo, inconsciente. No sabia si era de día o de noche, imposible saberlo en un bosque tan cerrado como aquel. Pensó que lo mejor era prender una fogata para calentarse y dar un poco de luz por si alguien lo buscaba. Pronto comprendió que seria imposible, los fósforos estaban en el equipaje que cargaba Pino. Decidió caminar un poco para entrar en calor. Camino en círculos pequeños para no alejarse del lugar donde estaba ya que si el caballo y la lechuza lo buscaban por los alrededores podrían encontrarlo. Otra vez sus pensamientos lo hundieron en una profunda tristeza, se sentía solo muy solo, cada vez sentía mas miedo de permanecer en ese estado y aparentemente no había solución. Eran tan fuertes sus deseos de escapar de aquella realidad que decidía no pensar en ello. Pronto se dio cuenta que no era digno de un muchacho que se había lanzado a la conquista del país maravilloso, quedarse en esa posición, así que rechazo enérgicamente todo pensamiento que lo distrajera y comenzó a afrontar la realidad como hacen los soldados en la batalla. Trato de usar su cabeza y pensaba cual seria la mejor decisión. Luego de una hora ya había entrado en calor y estaba dispuesto a seguir la marcha iría río arriba probablemente llegara a algún monte de donde naciera el río y por tanto podría desde allí ver donde estaba, o talvez llegara a algún lago o descampado donde pudiera al menos ver cielo abierto, luz.
Caminaba de una manera enérgica y no se detenía por nada ya que detenerse significaba caer nuevamente en las garras de los pensamientos inútiles. Mientras caminaba los recuerdos se arremolinaban en torno a la cabeza, los amigos se le venían a la mente, los mas queridos aparecían y desaparecían dejando una sensación extraña que lo dejaban como cansado y sin fuerzas. Cuando pensaba en las cosas tristes, en lo mucho que estaba sufriendo en su caminar hacia el país maravilloso, en la soledad que pasaba, en la angustia de haber perdido a Pino y a Sabina, su caminar se hacia extremadamente duro y casi arrastraba sus pies, el cuerpo se ponía pesado y por tanto se enterraba mas y mas en el barro, ya no podía mas y pensaba que lo mejor seria tirarse al piso y no avanzar mas. No entendía porque no se tiraba de una vez y dejaba de torturarse caminando de esa forma, sin embargo no tomaba ninguna decisión rápida, todo era lento, pesado, sombrío, angustioso, confusión, tinieblas. Solo caminaba movido no sabe porque.
Camino río arriba en ese estado de agotamiento espiritual, porque no era físico sino espiritual, sentía desvanecerse pero no de cansancio corporal sino de tedio, angustia. de un algo difícil de describir. Hasta el recuerdo de las mismas estrellas lo ponían triste. Pensaba que la misma muerte seria una ayuda. Los pensamientos y las sensaciones lo engañaban, sabia que era parte de lo que le habían dicho del "bosque de la melancolía", pero ya no podía soportarlo. Su percepción de la realidad que lo asaltaba no lo consolaba al contrario lo hundía aun más en la decepción.
-Debo luchar contra estos pensamientos. Debo luchar...debo evitarlos como la peste- repetía una y otra vez esto Cristian para darse animo y vencer. Cuando lograba apagar un tanto su cabeza, se daba cuenta que caminaba mas rápido y ya los pies no se enterraban tanto en el barro. Siguió así sabe Dios por cuanto tiempo, evitando desvanecerse por el cansancio. Solo tomaba agua ya que no conocía sobre las raíces que eran capaces de alimentarlo. Para mantenerse cerca del río caminaba junto a el y muchas veces metía los pies en el agua helada, eso había hecho que los pies le dolieran mucho y tropezaba seguido. Camino largo tiempo hasta que fatigado y débil cayo una vez mas y ya no pudo levantarse. Con el cuerpo húmedo, la ropa mojada y los pies helados, no podía esperar descansar mucho pero sin embargo se durmió del cansancio. La oscuridad era similar en el día y en la noche, no había nada que indicara que ya había caído la noche, o que estaba en medio de ella o que fuera de día talvez.
La melancolía era la trampa de aquel bosque y talvez ella había vencido, al menos logro lo que siempre logra que es que uno termine durmiéndose en la más absoluta oscuridad.