Mal podado

 

Durante mucho tiempo vivió un árbol grande de amplias ramas que dio durante muchos años una hermosa sombra bajo la cual se cobijaron los trabajadores del campo durante los calores del verano, almorzaron y hasta durmieron su siestita protegidos de los rayos solares.

 

Este árbol, el “deformado” como le decíamos los chicos del barrio, era magnifico para trepar, saltar, y jugar sobre él ya que tenía tantas deformaciones en el tronco que lo hacían ideal para subir y moverse con comodidad entre sus ramas, además había crecido petiso, era bajo debido a que lo habían podado mal de chico.

 

Este árbol fue plantado o mejor dicho fue mal plantado por Don Evaristo a la orilla de la acequia del fondo de su finca. El canal llevaba agua todo el año. Allá mismo, al fondo, quedaba el corral de los caballos, que eran usados para trabajar el campo, tirar el arado, la carreta, etc. El “deformado” fue plantado demasiado cerca del agua y con dificultad y medio ahogado a veces por las pequeñas crecidas comenzó a crecer con problema. Los primeros brotes los perdió debido a una tropilla sedienta que lo pisó hasta dejarlo medio muerto, pero con la humedad del terreno y el sol de aquel verano sobrevivió.

 

Al año falleció Don Evaristo y se hizo cargo la viuda de la finca, conocida Doña Maria como la costurera del pueblo; entre las responsabilidades que cargo fue la de podar el arbolito plantado por su difunto marido. El pobre arbolito padeció la poda ya que Doña Maria sabía de poda como yo de costura. La cosa es que lo podó tan mal que casi lo mata definitivamente, cada año se repitió la operación así que era una poda y una nueva resurrección. El resultado fue que cuando el árbol creció, creció deformado, lleno de nudos y heridas en el tronco y la corteza. Muchos intentaron, una vez ya grande, de cortarlo pero era imposible meterle hacha debido a los entreveros y nudos y vueltas que tenia. Así fue que creció no más deformado, feo, encorvado. A pesar de haber quedado petiso y enredado creció frondoso y daba una linda sombra. Cada uno que se cobijaba debajo de su sombra en los calores de diciembre-enero pensaba lo hermoso que hubiera sido si no lo hubieran mal podado.

 

Muchos crecimos entre las ramas del “deformado”, sirvió hasta el final para dar sombra a los trabajadores de la finca y fue nido de muchos cabecitas negras en el invierno hasta que lo partió un rayo en una tormenta de verano, que de no ser por el deformado hubiera caído en la casa de Doña Maria, le salvó la vida a la vieja.

 

Moraleja: no hay que dejar que los que no saben como educar o corregir lo hagan porque pueden ser causa de un “deformado”. Por otro lado, no hay nadie que por deformado que este no sea bueno para algo.

 

Palestrina

 


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