"insustituibilidad" de la persona humana

Carta a Ángela

4-12 2000

 

Una de las cosas que he estado pensando estos días es la "insustituibilidad" de cada una de las personas. Nosotros fuimos puestos en esta tierra para hacer algo que nadie más puede hacer por nosotros. Cada uno de nosotros tiene una "misión" que nos da las razones y la fuerza para confiar y resistir frente a los problemas que tengamos en este mundo... esta misión que cada uno tiene no necesariamente son cosas grandes y extraordinarias sino sólo las cosas que nadie puede hacer por nosotros en la vida diaria como por ejemplo, para aclarar esto te doy el ejemplo de mi madre, nadie en este mundo podía reemplazarla en el amor que me brindó en sus días, en eso mi madre era irremplazable, única, irrepetible...

 

De igual modo sucede con las personas que vemos o conversamos a diario, nuestros amigos o nosotros para ellos, son seres irrepetibles, únicos, irremplazables. Puedo recibir cartas de muchos amigos pero si no recibo "tu carta", mi querida Ángela, nadie la puede reemplazar. Sé que puedo hacer nuevos y muy buenos amigos pero ninguno reemplazara tus cartas porque cada ser humano tiene ese misterio enorme de ser irrepetible, único, insustituible e irremplazable. Para mí tú eres irremplazable, única.

 

El fundamento de esta “insustituibilidad” del ser humano es que todos sin excepción hemos sido objetos de un amor predilecto, personal, primero, por parte de un Padre común que tenemos todos los seres creados. La dignidad de la persona humana y por tanto su “insustituibilidad” se debe al amor primero y predilecto que Dios Padre tiene por sus creaturas. “La Biblia nos enseña que el hombre ha sido creado "a imagen de Dios", con capacidad para conocer y amar a su Creador, y que por Dios ha sido constituido señor de la entera creación visible para gobernarla y usarla glorificando a Dios. ¿Qué es el hombre para que tú te acuerdes de él? ¿O el hijo del hombre para que te cuides de él? Apenas lo has hecho inferior a los ángeles al coronarlo de gloria y esplendor. Tú lo pusiste sobre la obra de tus manos. Todo fue puesto por tí debajo de sus pies (Ps 8, 5-7)”[1]

 

Cuando descubrimos el amor de Dios por cada una de las personas se toma más en cuenta la “dignidad” de la que es sujeto el ser humano por ser objeto de un amor que supera todo lo creado que es el amor de Dios Padre. Cuando se produce en nosotros la pérdida de esta visión de amor personal de Dios hacia cada ser humano se corre el riesgo de instrumentalizar a los hombres, de usarlos como objetos puestos para satisfacer sólo nuestras necesidades. Amar a los hombres porque son el objeto amado de Dios requiere evidentemente que amemos a Dios. Cuando tenemos amistad con Dios no sólo se ama a Dios sino todo aquello que Dios ama, en este caso concreto a los seres creados y amados por Él, o sea, todo ser humano.

 

El amor personal de Dios Padre por cada uno de nosotros nos hace únicos, e irrepetibles ya que Dios a cada uno de nosotros nos hizo amables, esto es, objetos capaces de ser amados por El mismo y por los seres capaces del amor. El nos amó primero poniendo en nosotros su propia imagen y dándonos bienes amables en sí; y somos capaces de ser amados por todos los seres capaces de amar ya que pueden amar la imagen de Dios en cada persona y a la persona misma por los dones, bienes, talentos dados por Dios a cada uno.

 

Por este motivo cada persona es única e irrepetible... si tenemos en cuenta lo grandioso de esto cambia nuestro modo de ver la realidad, sobre todo nuestro modo de "comunicarnos" con otros, dándonos de modo que tenemos en cuenta que el otro es único para nosotros y descubrimos que también nosotros somos únicos para los demás y que lo que yo pueda aportar al otro, como lo que el otro pueda aportarme a mi no lo puedo recibir de ningún otro haciéndose irrepetible... se podrán repetir las palabras de lo que nos digan pero los modos de cada persona son únicos, los afectos de cada uno y hacia cada uno son diferentes...

 

Muchas veces hemos hablado de la importancia que tiene el respeto por la persona, por cada una de las personas, y eso se debe a esa característica que llevamos impresa de que somos cada uno de nosotros “únicos”. Si encasillamos a las personas buscando seleccionarlas nos olvidamos de la persona misma. Es muy peligroso encasillar, definir definitivamente, a una persona ya que debemos tener en cuenta que es un sujeto “libre”, debemos tener en cuenta que cualquier ser humano es capaz de optar, revertir su situación o cambiar de postura. Cuando clasificamos corremos el riesgo de perder el respeto por la persona. Si cada persona es “insustituible” no podemos encuadrarla sin cometer una injusticia, en el fondo estamos imponiendo una forma que encarcela, que priva, que cierra y ya deja de hacerla original o única...

 

Este modo de ver las personas como únicas también nos enseña mucho con respecto al trato que tenemos con ellas, quiero decir, que debemos ser muy respetuosos con la “particularidad” del otro y así no pretender imponer nuestros modos de ver o nuestras opiniones o nuestros gustos... entre los cristianos hay 12 grandes verdades indiscutibles (el CREDO) el resto son opinables.

 

Es necesario volver a meditar cada día sobre la dignidad propia de las personas, “redescubrir y hacer redescubrir la dignidad inviolable de cada persona humana constituye una tarea esencial; es más, en cierto sentido es la tarea central y unificante del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, están llamados a prestar a la familia humana”[2], especialmente en este mundo donde se discrimina, aísla, o se separa a aquellos que no piensan como el resto, o a aquellos que son indefensos, en un mundo donde de una manera más o menos velada existe un abuso de poder por parte de los que tienen poder sobre sus hermanos.

 

Cada persona tiene una dignidad propia por ser “persona” y por lo tanto insustituible, irremplazable en su particularidad, sujeta de derechos, capaz de relaciones sociales normales y libres; como ser creado a imagen de Dios y amado por Dios es único e irrepetible y que nadie sino sólo él mismo tiene algo que hacer y no puede otro hacerlo por él...

 

Hay un texto del Magisterio de la Iglesia verdaderamente hermoso y que precisa ser leído y meditado a la vez: “La Iglesia tiene también confianza en el hombre, aun conociendo la maldad de que es capaz, porque sabe bien -no obstante el pecado heredado y el que cada uno puede cometer- que hay en la persona humana suficientes cualidades y energías, y hay una "bondad" fundamental (cf. Gen 1, 31), porque es imagen de su Creador, puesta bajo el influjo redentor de Cristo, "cercano a todo hombre", y porque la acción eficaz del Espíritu Santo "llena la tierra" (Sab 1, 7)”[3].


 

[1] Concilio Vaticano II , Gaudium et Spes, 12.

[2] Christi Fidelis Laici 37.

[3] Solicitudo Rei Socialis 47.

 


Home - Cuentos - Poesías - Cartas - Escritos

Hosted by www.Geocities.ws

1