El dique
Me viene a la memoria lo que le sucedió al doctor José Rodríguez cuando lo hicieron cargo del dique de San Ignacio. Después de las elecciones en el pueblo, el Intendente quedó comprometido con algunos “compañeros” a algunos cargos públicos de gobierno, así fue que el doctor Rodríguez, que había ofrecido un gran apoyo financiero a la candidatura del Intendente electo, recibió el nombramiento de: “Presidente gubernamental del Dique Provincial San Ignacio de los Arroyos”.
El nombramiento causó sorpresa en muchas de las gentes del pueblo por dos razones; una de las razones era que el doctor, era doctor veterinario que se encargaba habitualmente del cuidado del ganado, o sea que de dique poco sabía; segunda razón era que dejaban de lado al presidente anterior, Don Eugenio, que no había sido removido por ningún gobierno, lo cual le había dado una experiencia de casi 27 años de cuidado en el dique de San Ignacio.
Don Eugenio, como ya hemos dicho, estuvo a cargo del dique por unos 27 años, era un hombre no muy letrado pero lo suficientemente práctico como para administrar el dique sin inconvenientes mayores. A pesar de alguna que otra tormenta que complicaba un poco las cosas de vez en cuando, siempre había sabido como dominar la situación.
El dique ya hacía tiempo que necesitaba reparaciones, pero según el gobierno de turno la respuesta siempre igual que le daban a Don Eugenio era que no había “presupuesto”. De este modo cada vez que caía una tormenta y el agua se agitaba un poco de más y crecía la cantidad acumulada en el dique, el viejo Eugenio abría una o dos compuertitas demás y si bien causaba alguna que otra pequeña inundación en las fincas a orillas del rió, impedía que el dique se rebalsara o explotara causando daños mucho más incalculables e incluso evitando que el pueblo se quedara sin dique y por tanto sin riego y así sin siembra, sin cosecha, sin trabajo...
Justamente esto fue lo que le sucedió al Doctor Rodríguez, el dique se le reventó y el pueblo se inundó y el agua arrastró lo que encontró a su paso y entre esas cosas arrastró gente que no encontraron más, casas, ganado, frutales, plantaciones... un desastre. El pueblo desapareció bajo las aguas y los pocos que quedaron vivos tuvieron que emigrar.
En el juicio que le hicieron al doctor Rodriguez le preguntaron las causas del desastre. Comentó que cuando lo hicieron cargo del dique la administración era un desastre y que no había empleados de administración, así que con el “presupuesto” que recibió del gobierno decidió poner orden en el ámbito administrativo, y así construyó el edificio de Administración General; se instaló también una oficina de sembrado de peces de agua dulce, dirigida por él mismo; se creó una comisión de estudios turísticos que facilitara acceso e instalaciones a los turistas; se creo la cámara de estudio de marketing; etc, etc, etc... Ya le habían advertido que el dique necesitaba reparaciones, que tenia grietas que hacían peligrar la muralla, si bien eran pequeñas grietas con la presión hacían peligrar todo el complejo, pero el hombre seguía preocupado en las otras cosas y le resto importancia a los daños del dique. Estaba tan ocupado con el bien que haría y con la cantidad de gente que vendría que se le escapo lo principal, el dique.
Rodríguez se olvidó que su primera y principal preocupación para el bien común era el dique, tan preocupado estaba con lo secundario que descuidó lo principal. Cuando salió del proceso judicial se lo topó a Don Eugenio, el antiguo encargado del dique, y le comentó que lo que él había querido era el bien de todos y que había tenido las más justas intenciones. El viejo lo miró con compasión y le contesto que el bien de todos era el dique y el resto la añadidura.
La cosa es que el doctor Rodríguez esta preso de bien intencionado como la mayoría de los presos.
Rulo Di Palestrina