LA CIUDAD MEDIEVAL
El urbanismo en la Edad Media en España adopta características diferentes dependiendo del territorio, si estaba dominado por la cultura islámica o la cristiana.
La ciudad islámica es una ciudad de aspecto pobre, sin decoración, cerrada al exterior, reflejo de su sociedad, sin embargo los espacios privados en donde se desarrolla la vida son lujosos y amplios, con patios ajardinados. Se distinguen dos partes: una privada, el harén, y otra pública, el salámnik.
Las calles son estrechas e irregulares, convirtiéndose en auténticos laberintos. Éstas se agrupan en barrios con puertas que se cierran por la noche y en días de fiesta. No existen lugares públicos de diversión o plazas, los únicos lugares donde se puede reunir la población son los baños, el zoco y la mezquita. Los barrios se establecen por profesiones, hay barrios de carpinteros, orfebres, zapateros, etc.
Una muralla rodeaba la ciudad, la medina. Fuera, se situaban los arrabales, barrios también especializados como en la medina, pero acogían las profesiones menos prestigiosas.
La ciudad cristiana, por el contrario, era más regular, aunque hay algunas ciudades que, debido a su evolución histórica, son bastante irregulares. Generalmente se adaptan a la topografía y se van situando casas alrededor de un castillo.
Las casas son pobres y se potencian los lugares públicos: pequeñas plazas, pórticos, iglesias.
Hay una gran diferencia entre la vida urbana y la rural. Las ciudades tenían privilegios derivados de un sistema jurídico especial: el fuero, que concede a los villanos el privilegio de oficios, exenciones, obligaciones fiscales, celebración de ferias y mercados. Las ciudades no eran grandes, solían tener alrededor de 15.000 habitantes, y no estaban desvinculados del campo, ya que muchos de sus habitantes se dedicaban a las tareas agrícolas.
En la Baja Edad Media se amurallan las ciudades y surgen los arrabales, situados extramuros.
Se da una segregación funcional del espacio, los oficios se encontraban en calles determinadas y había gremios que controlaban la producción y la venta de los artículos.
Un lugar importante era el mercado, que no era permanente, y se situaba en sitios abiertos como plazas, soportales o puertas de la ciudad.