EL MITO MILENARISTA.

 

El milenarismo es una manifestación de la escatología cristiana que presuponía el final inminente del mundo y de los tiempos. Según estas creencias, cristo en su segunda venida, establecería un reino terrenal perfecto y reinaría durante mil años antes del Juicio Final. El término, se ha adoptado en un sentido más amplio, para designar a todos los tipos particulares de sectas salvacionistas, logadas al concepto de mesianismo.

Los mitos milenaristas estaban formados por varias ideas antiguas:

1.       Eterno retorno y renovación cíclica de la realidad histórica, a través de sucesivos mundos.

2.      Creencia de una supuesta Edad de Oro Primitiva, a partir de la cual el mundo se degradaría, a través del tiempo.

Según el milenarismo cristiano, Cristo gobernará el mundo durante mil años. Esto no queda recogido por la literatura evangélica pero si por el Apocalipsis de San Juan, tras la destrucción y el juicio a los muertos, los elegidos alcanzarían un reino de gloria.

La apocalíptica  cristiana toma las profecías de los oráculos sibilinos  y la tradición juanina: la idea de un guerrero salvador que aparece en los últimos días para combatir con el anticristo. Las corrientes milenaristas de aparecieron de las enseñanzas de la Iglesia pero sus textos continuaron vigentes alimentando el pensamiento cristiano. Todas estas corrientes de pensamiento influyen tanto sobre el monarca como en sus súbditos.

El siglo X es de oscura interpretación, si bien estaba lleno de temores por la llagada del año mil, cuando se creía que el anticristo haría su aparición sobre la tierra para ser después eliminado por el Cristo salvador. Fueron acontecimientos locales los que se tendieron a generalizar, los que encontraron su eco en la Iglesia. Así el “mal de los ardientes” fue un episodio epidémico que ocurrió en Italia en el año 997, también se produjeron malas cosechas lo que provocó hambre. Todos estos fenómenos  contribuían a fomentar el miedo de la llegada del mileno. En todas partes se veían acontecimientos que llenaban de inquietud a una población creyente. Se difundió la creencia de que tales acontecimientos se debían a los pecados cometidos por la población, por ello se propusieron algunas medidas para redimir dichos pecados, como el  ayuno, las oraciones, peregrinación a los lugares santos, etc. También hubo quien presentó su descontento por la forma de actuar de la Iglesia, en especial con dos prácticas muy extendidas como eran la simonía (compra de cargos eclesiásticos) y el nicolaísmo (depravación moral y clerical en la conducta sexual).

Ejemplos de las creencias milenaristas las encontramos en un elevado número, por ejemplo en 960 el eremita Bernardo de Turingia anunció visionariamente el fin de los tiempos, posteriormente en 998 también se volvió a  anunciar el fin de los tiempos por personas que se creían inspiradas divinamente.

No hay rastro apocalíptico ni milenarista en los escritos oficiales. En definitiva, podemos decir, que los terrores del año mil fueron unas series de hambres, epidemias, crímenes, herejías y signos celestes que se manifestaron de forma local, dentro de una mentalidad mística y simbólica que trataba de alcanzar un significado esotérico a los fenómenos extraños y catastróficos.

Lo que si es cierto es que hay un miedo anterior al año mil y que se recuperó en el siglo XI, que se extendió por toda la población o al menos la población cristiana.

Analizando un poco el mito milenarista debemos precisar que este cometía el error de considerar al año mil como el primero del siglo XI, cuando en realidad era el último del siglo X y no se habían consumado los mil años del nacimiento de Cristo. Los distintos cómputos, que se hacen, no permiten unificar la fecha señalada del año mil. La Edad Media comenzaba con la Anunciación, la Natividad, la Pasión o la resurrección de Jesús; la Pascua era más importante que la Navidad ya que en torno a ella se organizaban el ciclo litúrgico. Aunque este es solo uno de los métodos de contabilizar el tiempo. También esta la cuestión de que la mayoría de la gente no sabia el año del comienzo de la era cristiana.

Podemos decir que el mito milenarista solo cuajaba por la sacralizad de la gente.

Cuando pasó el año mil y   ocurrió nada de lo que preveía, Europa se cubrió de construcciones religiosas. Es el siglo XI cuando asistimos al nacimiento de arte Románico, al auge de las peregrinaciones a tierras santas, evangelización de los esclavos… La idea de la venida del Apocalipsis estaba presente en la vida de los fieles cristianos y esto afectaba a todos los ámbitos.

Esta idea apocalíptica desarrollo la estética del feísmo, que se basaba en el bestiario de los animales para representar el mundo demoníaco. Se recurría a lo feo y grotesco para que los fieles identificaran a la estupidez en el pecado y el horror a la condenación en el Juicio Final. El pecado es representado alegóricamente, por ejemplo la lujuria es representada como una mujer a la que unos sapos roen sus vergüenzas. Esta y otras representaciones las encontramos en Iglesias rurales del románico francés.

La idea de la vida apostólica es una respuesta contraria a la ostentación y a las ambiciones políticas de la alta clerecía y a los concubinatos y la relajación moral del bajo clero.

Durante la Edad Media fue común la interpretación de las catástrofes  como castigos divinos. Los movimientos flagrantes nacieron con la idea de aplacar la ira divina y alcanzar el perdón de los pecados.

En distintos momentos de descontento social surgieron mas  movimientos de corte milenarista, en busca de una sociedad sin distinciones de riqueza y status. Las predicciones de Juan Hus, quien denunció la mundanidad corrupta de la Iglesia en vísperas del Gran Cisma de la Iglesia latina, motivaron la interpretación apocalíptica de los taboritas (el monte Tabor donde Jesús profetizó la segunda venida) en Bohemia.

Estas herejías de la baja Edad Media fueron perseguidas por las autoridades eclesiásticas, como ya sucediera en el siglo XII con el movimiento Cátaro y en el siglo XIII con el Libre Espíritus cuyas doctrinas también abogaban por el purismo evangélico y contenían un sentimiento milenarista.

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