LAS NAVES INTERIORES
El templo tiene planta de tres naves con tribuna, crucero, girola y capillas
absidales, cubriéndose la nave central con bóveda de cañón y las laterales con
bóveda de arista. Tuvo nueve torres, dos en cada fachada y tres en el crucero.
De traza medieval, recibe adiciones en tiempos renacentistas y barrocos.
Situándose en el centro del Crucero se completa la cruz latina que
configura la planta de templo. Cada uno de los brazos de la Cruz está compuesto
de tres naves. El brazo largo de la cruz mide unos cien metros en el exterior,
que se reducen a 90 en el interior. La altura de las naves
centrales alcanzan un altura
de 20 metros y la anchura es de 8,5 metros de anchura. Las laterales, de una
altura de 9,50 metros y una anchura de 4,50 cada una, sirven de base a una
galería que se abre a la nave central gracias a un elegante triforio que recorre
todo el perímetro del templo.
La mera visión de las naves nos hace ver que estamos ante un soberbio ejemplar del arte románico, sin parangón en España, y ganándole la partida a monumentos semejantes a ella existentes en Francia. Es sin duda la obra cumbre del humilde estilo surgido en una Edad Media que se abre paso en la historia entre problemas, carencias y dificultades, pero va superándose a sí mismo conforme avanza el tiempo. Logra aquí el arte de la Europa naciente una perfección y elegancia hasta entonces desconocida desde los ya lejanos años de la desaparición de la cultura romana.
Se conserva bastante bien, ya que los añadidos posteriores no han afectado más que al exterior y a las capillas absidales y, sobre todo, a la luz que entraba por 120 ventanas de las que muchas de ellas fueron cegadas al haberse adosado al edificio principal otros para alojar dependencias capitulas y capillas del gusto de los siglos XVI-XVIII. La Catedral Compostelana es una muestra clara de que la Edad Media distaba mucho de ser una época obscura, obscurantista y triste, aunque sus parámetros culturales fuesen bastante distintos de los de hoy.
El Crucero
En la intersección entre los dos
brazos de la Cruz nos encontramos con el Crucero. Un triforio del siglo XIII lo
cubre. Sobre él en los años medievales se asentaba una fortaleza para defensa de
la ciudad y del templo, que cegaba los ventanales rasgados de estilo gótico que
se ven en ella. Fue causa de un sin fin de problemas y litigios; fue
desmontada
hacia 1602, cumpliendo un deseo del Arzobispo Don Juan Sanclemente. Este Prelado
quiso dotar al Arzobispo de una silla coral propia en el centro del Coro, de la
que carecía entonces. Por ello, al tener que cerrar la puerta que se abría hacia
el Pórtico de la Gloria, se sustraía al Coro la única luz de que disfrutaba. Fue
este problema el que invitó desmotar la fortaleza abrir las ventanas y a que
algunos capitulares propusiesen la supresión de una antigualla llamaba
Botafumeiro. Las enormes vigas de las que se colgaba el incensario, eran un
estorbo. No estuvo de acuerdo el Arzobispo con tal supresión y, consciente de
que hay que modificar las cosas para que pervivan, propició la construcción del
ingenioso artilugio que aun hoy sostiene el vuelo del Rey de los Incensarios.
Gracias a Sanclemente es el único incensario de este tipo que subsiste en el
mundo.
Los
Órganos
Inicialmente fueron dos órganos independientes. Se deben a generosidad de Don Antonio Monroy, Arzobispo (1685-1815). El situado al sur de la nave fue contratado el 13 de diciembre de 1704 al Maestro de Organos Manuel de la Viña, vecino de Salamanca. La Caja se debe a la traza del arquitecto Antonio Afonsín y al escultor Manuel Romay, ambos compostelanos. Pasarían cuatro años hasta la entrega del mismo en el año 1708.
En 1712 el Cabildo encargó el situado al norte de la nave al mismo maestro y a al mismo Romay la caja; Francisco Sánchez fue el encargado de pintarlo y dorarlo.
Junto a la Capilla Mayor, los órganos y el coro, hoy desmontado y trasladado al Monasterio de Sobrado dos Monxes donde puede ser admirado, formaban el conjunto barroco del cuerpo de la basílica. Los órganos fueron reparados y afinados repetidas veces, pero poco a poco se fue abandonando el situado al norte, para limitarse al uso del del Sur.
Al desaparecer el Coro, a partir de 1946, se procedió a la reforma de los órganos. Se les dotó de una consola común, se substituyó el fuelle manual por otro eléctrico y, conservando los tubos como fuente sonora, se substituyó las varilla mecánicas por un sistema eléctrico. Es importante obre fue hecha por Alberdi, famoso organero de Azpeitia (Guipúzcoa). Más tarde, ya en los años 80, fue substituida la consola y el cableado por otros más modernos, obre toda ella de una empresa Italiana.