Publicado en Orbe, Año 9, No.   , 2007

por A. González Arias

 

 

“No hay nada nuevo bajo el sol”

Eclesiastés (I,10)

 

 

 

 

 

 

 

¿Nada nuevo bajo el sol?

 

 “La historia se repite, una vez como tragedia y otra vez como comedia”[1], y también “No hay nada nuevo bajo el sol”[2] son máximas que han perdurado como proverbiales para indicar algo que ya fue intentado por otros, o las dificultades que implica el ser original o crear cosas novedosas.  Claro está, no se cumplen al pie de la letra, pues entonces la ciencia y la tecnología no avanzarían tan impetuosamente como lo hacen.

Sin embargo, no es menos cierto que de la infinidad de ideas “novedosas” que surgen continuamente, sólo unas pocas realmente lo son. De aquí que, antes de comenzar cualquier investigación en ciencia o tecnología, es imprescindible averiguar si la nueva propuesta no es contraria a los principios básicos de alguna ciencia, o si ha sido ya investigada antes (y quizás desechada como inservible) por otros.  Y también es por esta razón que en cualquier tesis de maestría o doctorado -incluso en un simple diploma- o en cualquier publicación científica, es indispensable presentar, como primerísimo requisito, una revisión bibliográfica extensa y profunda sobre el tema en cuestión. No basta leer algunos textos básicos; hay que revisar la mayor cantidad posible de artículos en las revistas internacionales especializadas, muchas veces en otro idioma. 

Esto puede resultar muy difícil en ocasiones, porque a veces determinadas revistas o artículos sólo se encuentran en lugares muy específicos. La World Wide Web ha resultado ser de invaluable ayuda en este sentido, sobre todo para los investigadores de países con pocos recursos.   

Es bueno aclarar que aquí nos estamos refiriendo a un nivel de referencia internacional, no a alguna propuesta tecnológica que pudiera surgir, por ejemplo, en un taller, para moldear una determinada pieza usando menos tiempo o recursos.  Bienvenidas sean todas esas ideas –claro está, siempre que se obtenga un resultado, al menos, de similar calidad.

Una vez verificada la novedad real de la idea, para proseguir la investigación hay que aplicar el método científico, que no es más que una metodología que ha venido perfeccionándose durante siglos.  Si Ud. sigue esa metodología, entonces está haciendo ciencia – buena, mediocre o mala, pero ciencia al fin-.  Si no la sigue, entonces no es posible hablar de ciencia y hay que hablar de otra cosa: magia, brujería, curanderismo –y a veces hasta de estafa, si hay dinero de por medio.  De la misma forma que para ser jinete hay que sentarse a horcajadas sobre alguna bestia, para hacer ciencia hay que seguir el método científico.  No hay alternativa. 

Dada la proliferación en los últimos tiempos de terapias supuestamente “novedosas”, unidas a la ausencia manifiesta del método científico, hemos querido contribuir modestamente a la revisión bibliográfica mencionando algunos métodos de análisis y falsas terapias que fueron populares en el pasado, ya totalmente desechadas. Curiosamente, la mayoría de los promotores de estas "terapias" eran médicos graduados.

 Otras pseudoterapias, ya ensayadas y desechadas hace muchos años, se resisten tercamente a morir y “renacen” de cuando en cuando; la historia se repite.  Tal es el caso de los generadores de ozono para “purificar” el ambiente, la magnetoterapia[3], la cromoterapia, ya revisada anteriormente en esta sección, o el diagnóstico por análisis de voz (el antiguo fonendoscopio). Ya no se vende aceite de serpiente para la artritis, pero bien pudieran aparecer las uñas de gato, las alas de murciélago o la saliva de lagartija; siempre hay algo cocinándose en el caldero de las pseudoterapias milagrosas.

A continuación se muestran ejemplos de algunos que quisieron cabalgar... sin tener la bestia debajo. Aún los hay que quieren hacer lo mismo.

 

Frenología y fisonomía. “Ciencia” creada por el Dr. Franz Joseph Gall (1758-1828), de Viena.  Según él, la forma y tamaño del cerebro condicionaban la apariencia del cráneo, lo que permitía determinar la personalidad. También de esa época era la "fisonomía comparativa" (Comparative Physiognomy); dos exponentes de esta “ciencia” son los Dres. S. Revells y J. Redfield.  Si su cara se asemejaba a la de un zorro, Ud. sería un tipo “zorruno” (ladino, taimado, hipócrita).  Si se parecía a la un cerdo, pues Ud. sería necesariamente un "cochino".

 

Thermocap. ¿Se imagina Ud. como le iría a un calvo en el verano si le dan calor en la cabeza con un bombillo?  Se le freirían los sesos, o poco menos, ¿no? Pues con el "tareco" de la figura se pretendía, nada más y nada menos, que hacer crecer el pelo con... calor.

 

Vibroterapia sanguínea.  El Dr. Albert Abrams en la foto ostenta el nada envidiable titulo de Rey de los Charlatanes Norteamericanos.  A principios del siglo 20 creó un sinnúmero de diversos instrumentos eléctricos de pseudoterapia, todos inservibles.  El Dr. Abrams colocaba una gota de sangre del paciente en su "Dinamizador" para determinar la "frecuencia de vibración" ¿? del padecimiento.  Usaba entonces el Osciloclast para duplicar las “vibraciones” y así supuestamente “neutralizar” la enfermedad. 

Hay muchos otros ejemplos de pseudoterapias; entre ellas la Hidroterapia Sanativa de principios de siglo (no la que conocemos hoy en dia), las eléctricas de diverso tipo -peines, cintos, sillas-; oculares, radiactivas (capaces de causar cáncer), las vibroterapias mecánicas y los dilatadores rectales del Dr. Young, que según el autor afectaban “positivamente” todos los órganos.  Los “Standard Laboratories” de Inglaterra llegaron a producir extracto de orina masculina para tratar el cáncer mediante inyecciones subcutáneas. 

Más información en www.fisica.uh.cu/rationalis/index.htm


 

[1] Carlos Marx, parafraseando a Hegel en “El 18 brumario de Luís Bonaparte”.

[2] Salomón (970-931 AC) “Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol”, Eclesiastés (I, 10)

[3] “The magnetotherapy delusion”, RCF,24,2,2007 (en vías de publicación).