CLASICAS

EL DUELO DEL MAYORAL
Manuel Muroty
REIR LLORANDO
Juan de Dios Peza
EL BRINDIS DEL BOEMIO
Martin Aguirre y Fierro
EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS
Miguel Ramos C
NOCTURNO A ROSARIO
Manuel Acuna

EL DUELO DEL MAYORAL:

Manuel Muroty
 

Que como fue señora?
como son las cosas cuando son del alma!
Ella era muy linda,
 y yo la queria y ella me adoraba.
Pero el hecho sombra, se me interponia,
 y todos los dias junto a la ventana,
manojos fragantes de rosas dejaba,
y rojos claveles y dalias de nacar.
Y cuando las sombras cubrian la cosas
y en el ancho cielo la luna brillaba,
de entre las palmeras brotaba su canto
y como una flecha llegaba a la casa...
Como la queria!...
Como le cantaba sus ansias de amores
y como vibraba con el su guitarra!
Y yo tras la palmas con rabia le oia,
y entre canto y canto brotaba una lagrima...
Lagrimas de hombre, no crea otra cosa,
que lo hombres lloran como las mujeres,
porque tienen debil como ellas el alma...
No pude evitarlo, la envidia es muy negra
y la pena de amor es muy mala
y cuando la sangre se enrabia en las venas,
 ya no hay quien pueda, señora,calmarla...
Una noche oscura, -lo que hacen los celos-
 lo espere alla abajo, junto a la cañada.
Retumbaba el trueno, llovia y el rio,
igual que mi venas, hinchado bajaba.
Al fin a lo lejos, lo vi entre las sombras;
 venia cantando su loca esperanza,
en el cinto colgaba el machete,
 bajo el brazo su alegre guitarra.
Llego hasta mi lado, tranquilo,sereno,
me clavo en los ojos su fria mirada... me dijo:
Me esperas? Le dije"Te espero!...
Y ya no cruzamos mas ni una palabra,
 que era bravo el hombre
y los hombres machos pelean,no hablan...
Como la queria!...
El machete dijo su amor y sus ansias.
Brillaron sus ojos... roncaba su pecho,
 y entre golpe y golpe ponia su alma...
Fue lucha de toros, no fue lucha de hombre;
 esto bien lo sabe la vieja cañada.
 Pero mas que el amor y el ensueño,
pudieron la envidia y la rabia,
y al fin mi machete lo dejo tendido junto a su guitarra...
 No se asuste señora, son cosas pasadas!
Y aun en el suelo me dijo:
-Quierela que es buena,
 quierela que es santa,
 quierela,como yo la he querido,
 que aunque muera, la llevo metida en el alma"...
Y yo tuve celos,tuve celos del que asi me hablaba...
 Tuve celos de aquel que moria
y aun muriendo la amaba...
Y la sangre cego mis pupilas,
 y el machete en la mano temblome de rabia...
 y lo hundi en su pecho,
 con odio,con furia... rasgando sus carnes,
 buscandole el alma,
que dentro del alma se llevaba a mi hembra,
y yo no queria... que se la llevara!!!
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REIR  LLORANDO
Juan de Dios Peza

Viendo a Garrik - actor de la Inglaterra -
El pueblo al aplaudirlo le decía:
"Eres el más gracioso de la tierra,
y el más feliz..."
y el cómico reía.
Víctimas del "spleen", los altos lores
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores,
y cambiaban su "spleen" en carcajadas.

Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
- Sufro - le dijo -, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte;
en un eterno "spleen" muriendo vivo,
y es mi unica pasión la de la muerte.
Viajad y os distraeréis.
       -¡Tánto he viajado!
- Las lecturas buscad.
       -¡Tánto he leído!
- Que os ame una mujer.
       -¡Si soy amado!
- Un título adquirid.
       -¡Noble he nacido!
- ¿Pobre seréis quizás?
       -Tengo riquezas.
- De lisonjas gustáis
       -¡Tántas escucho!
- ¿Qué tenéis de familia?
       -¡Mis tristezas!
- ¿Vais a los cementerios?
       -Mucho... mucho...
- De vuestra vida actual ¿tenéis testigos?
- Sí, mas no dejo que me impongan yugos:
Yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos, mis verdugos.
Me deja - agreg6 el médico - perplejo
vuestro mal, y no debo acobardaros;
tomad hoy por receta este consejo:
"Sólo viendo a Garrik podréis curaros"
- ¿A Garrik?
       - Sí, a Garrik...la más remisa
y austera sociedad lo busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa.
¡Tiene una gracia artística asombrosa!
- ¡Y a mí me hará reír?
       - ¡Ah! sí, os lo juro;
el sí; nada más el... Mas, ¿qué os inquieta?
- Así... -dijo el enfermo-, no me curo
¡Yo soy Garrik! ... Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio! .

¡Ay! Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora
el alma llora cuando el rostro ríe!

Si se muere la fe, si huye la calma,
si solo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma
un relámpago triste, la sonrisa.

El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto,
y también a llorar con carcajadas.
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EL BRINDIS DEL BOHEMIO

Martin Aguirre y Fierro

En torno de una mesa de cantina,
una noche de invierno,
regocijadamente departían
seis alegres bohemios.

.
Los ecos de sus risas escapaban
en espirales se elevaban al cielo,
simbolizando al resolverse en nada,
la vida de los sueños.
.
.
Pero en todos los labios había risas,
inspiración en todos los cerebros,
y, repartidas en la mesa, copas
pletóricas de ron, whisky o ajenjo.
.
.
Era curioso ver aquel conjunto,
aquel grupo bohemio,
del que brotaba la palabra chusca,
la que vierte veneno,
lo mismo que, melosa y delicada,
la música de un verso.
.
.
A cada nueba libación, las penas
hallábanse más lejos
del grupo, y nueva inspiración llegaba
a todos los cerebros,
con el idilio roto que venía
en alas del recuerdo.
.
.
Olvidaba decir que aquella noche,
aquel grupo bohemio
celebraba entre risas, libaciones,
chascarrillos y versos,
la agonía de un año que amarguras
dejo en todos los pechos,
y la llegada, consecuencia lógica,
del "feliz año nuevo"....
.
.
Una voz varonil dijo de pronto:
Las doce, compañeros;
digamos el requiescat por el año
que ha pasado a formar entre los muertos.
¡Brindemos por el año que comienza!
Porque nos traiga ensueños;
porque no sea su equipaje un cúmulo
de amargos desconsuelos...
.
.
-Brindo, dijo otra voz, por la esperanza
que a la vida nos lanza,
de vencer los rigores del destino,
por la esperanza, nuestra dulce amiga,
que las penas mitiga
y convierte en vergel nuestro camino.
.
.
Brindo porque ya hubiese a mi existencia
puesto fin con violencia
esgrimiendo en mi frente mi venganza;
si en mi cielo de tu limpio y divino
no alumbraba mi sino
una palida estrella; mi esperanza.
.
.
-¡Bravo! -dijeron todos-, inspirado
esta noche has estado
y hablaste bueno, breve y sustancioso.
El turno es de Raúl; alce su copa
y brinde por.... Europa,
ya que su extranjerismo es delicioso....
.
.
- Bebo y brindo -clamo el interpelado-;
brindo por mi pasado,
que fue de luz, de amor y alegria,
y en el que hubo mujeres seductoras
y frentes soñadoras
que se juntaron en la frente mia...
.
.
Brindo por el ayer que en la amargura
que hoy cubre de negrura
mi corazon, esparce sus consuelos
trayendo hasta mi mente las dulzuras
de goces, de ternuras,
de dichas, de deliquios, de desvelos.
.
.
-Yo brindo- dijo Juan-, porque en mi mente
brote un torrente
de inspiracion divina y seductora,
porque vibre en las cuerdas de mi lira
el verso que suspira,
que sonrie, que canta y que enamora.
.
.
Brindo porque mis versos cual saetas
lleguen hasta las grietas
formadas de metal y de granito,
del corazón de la mujer ingrata
que a desdenes me mata....
¡pero que tiene un cuerpo muy bonito!
.
.
Porque a si corazón llegue mi canto,
porque enjuguen mi llanto
sus manos que me causan embelesos;
porque con creces mi pasion me pague....
¡vamos!, porque me embriague
con el divino néctar de sus besos.
.
.
Siguio la tempestad de frases vanas,
de aquellas tan humanas
que hallan en todas partes acomodo,
y en cada frase de entusiasmo ardiente,
hubo ovacion creciente,
y libaciones y reir y todo.
.
.
Se brindo por la patria, por las flores,
por los castos amores
que hacen un valladar de una ventana,
y por esas pasiones voluptuosas
que el fango de placer llena de rosas
y que hacen de la mujer la cortesana.
.
.
Solo faltaga un brindis, el de Arturo,
el del bohemio puro,
de noble corazon y gran cabeza;
aquel que sin ambages declaraba
que solo ambicionaba
robarle inspiracion a la tristeza.
.
.
Por todos estrechado, alzo la copa
frente a la alegre tropa
desbordante de risas y de contento;
los inundó en la luz de una mirada,
sacudio su melena alborotada
y dijo asi, con inspirado acento:
.
Brindo por la mujer, mas no por esa
en la que hallais consuelo en la tristeza,
rescoldo del placer ¡desventurados!;
no por esa que os brinda sus hechizos
cuando besais sus rizos
artificiosamente perfumados.
.
.
Yo no brindo por ella, compañeros,
siento por esta vez no complaceros.
Brindo por la mujer, pero por una,
por la que me brindo sus embelesos
y me envolvio en sus besos;
por la mujer que me arrullo en la cuna.
.
.
Por la mujer que me enseño de niño
lo que vale el cariño
exquisito, profundo y verdadero;
por la mujer que me arrullo en sus brazos
y que me dio a pedazos,
uno por uno, el corazon entero.
.
.
¡Por mi MADRE! Bohemios, por la anciana
que piensa en la mañana
como en algo muy dulce y muy deseado,
porque sueña tal vez, que mi destino
me señala el camino
por el que volvere pronto a su lado.
.
Por la anciana adorada y bendecida,
por la que con su sangre me dio vida,
y ternura y cariño;
por la que fue la luz del alma mia,
y lloro de alegria,
sintiendo mi cabeza en su corpiño.
.
.
Por esa brindo yo, dejad que llore,
que en lagrimas desflore
esta pena letal que me asesina;
dejad que brinde por mi madre ausente,
por la que llora y siente
que mi ausencia es un fuego que calcina.
.
.
Por la anciana infeliz que sufre y llora
y que del cielo implora
que vuelva yo muy pronto a estar con ella;
por mi Madre, bohemios, que es dulzura
vertida en mi amargura
y en esta noche de mi vida, estrella...
.
.
El bohemio callo; ningun acento
profano el sentimiento
nacido del dolor y la ternura,
y parecio que sobre aquel ambiente
flotaba inmensamente
un poema de amor y de amargura.
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EL SEMINARISTA DE LOS OJOS NEGROS

Miguel Ramos C

Desde la ventana de un casucho viejo
abierto en verano, cerrado en invierno
 por vidrios verdosos y plumos espesos
una salmantina de rubios cabellos
 y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio l
os seminaristas que van de paseo.

 Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
 sin más nota alegre sobre el traje negro
 que la beca roja que ciñe su cuello
 y que por la espalda casi roza el suelo.
 Un seminarista, entre todos ellos,
 marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
 gallardo y airoso, flexible y esbelto.

 El, sólo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
 a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
 de aquella mirada de sus ojos negros.

Monótono y tardo va pasando el tiempo
 y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.
Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
 los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasas gallardo y esbelto,
 observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.
Cuando en ella fija sus ojos abiertos
 con vivas y audaces miradas de fuego
, parece decirla: “¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
 ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!

 A la niña entonces se le oprime el pecho,
 la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.
 En una lluviosa mañana de inverno
 la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes canticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.
Un seminarista sin duda era el muerto;

pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
 con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.
 La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
Sólo, sólo faltaba entre ellos...
El seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo...
Y allá en la ventana del casucho viejo,
 una pobre anciana de blancos cabellos,
 con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
 vierten silenciosas lágrimas de hielo.
Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
 del seminarista de los ojos negros...
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NOCTURNO...
A ROSARIO

Manuel Acuña
 

¡Pues bien Yo necesito decirte que te adoro,
decirte que te quiero con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto y al grito en que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión.

Yo quiero que tú sepas que  hace ya  muchos días
estoy enfermo y pálido de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas las esperanzas mías,
que están mis noches negras, tan negras y sombrías,
 que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir.

De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada
 y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver,
camino mucho, mucho, y al fin de la jornada
las formas de mi madre se pierden en la nada
 y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer.

Comprendo que tus besos jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás,
 y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes adoro tus desvíos,
 y en vez de amarte menos te quiero mucho más.

A veces pienso en darte mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos y hundirte en mi pasión;
mas si es en vano y el alma no te olvida,
¡Qué quieres tú que yo haga, pedazo de mi vida!
¡Qué quieres tú que yo haga con este corazón!

 Y luego que ya estaba concluido tu santuario,
tu lámpara encendida, tu velo en el altar,
el sol de la mañana detrás del campanario,
chispeando las antorchas humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar.

Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre y amándonos los dos;
tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho,
 los dos una sola alma, los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros mi madre como un Dios.

¡Figúrate qué hermoso las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje por una tierra así!
Y yo soñaba en eso, mi santa prometida,
y al delirar en eso con calma estremecida,
pensaba yo en ser bueno por ti, no más por ti.

¡Bien sabe Dios que ése era mi más hermoso sueño,
 mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer!
¡Bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho bajo el hogar risueño
 que me envolvió en sus besos cuando me vió nacer!

 Esa era mi esperanza... mas ya que a sus fulgores
 se opone el hondo abismo que existe entre los dos,
 ¡Adiós por la última vez, amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas, la esencia de mis flores;
mi lira de poeta, mi juventud, adiós!
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