AIZA-SAN'S FIC [Español]

Capítulo 19

XIX

 

-Sólo un día más!, gritó Andrea, al despertarse. –Qué sucedió?, preguntó Andy, que corrió desde su habitación. –Benjie se va mañana, y hoy hay que ir a colegio, dijo Andrea. –Qué hora es?, preguntó Andy. –Son las…6:30! Hay que apresurarse!, gritaron los Gemelos a la vez. Entonces, Andy despertó a Evelyn, y se alistaron lo más rápido posible. –Vámonos, gritó Andrea, quien a estaba en su bicicleta, y los tres pedalearon lo más rápido posible. Cuando llegaron, solo algunos chicos de la pandilla estaban allí. Claudia, Manuel, Tom, Carissa, Carol, Gina y Oliver estaban allí. –Hola chicos, dijeron los que llegaron. –Hola, dijo Oliver, bastante desanimado. –Qué sucedió, Ollie?, preguntó otra voz. –L-Lily!, exclamó Oliver, sorprendido. –Es que no he sabido nada de mi padre, y eso me preocupa. –No te preocupes, Ollie. No pierdas las esperanzas, dijo Marianne. –Lily, de dónde sacaste ese apodo? preguntó Andy. –Lo llamo así, por que es como mi otro hermano. Cuando Oliver escuchó eso, algo se rompió dentro de él. –No, el murmuró en silencio. Aún estaba enamorado, y ahora, estaba más deprimido que nunca. Marianne no miró al muchacho, pero Tom si, y estaba turbado. –Oliver, estás bien?, preguntó Tom. –Si, claro, dijo él, con un tono que no lo demostraba. La cara de Oliver estaba tan pálida, que ni la cera era tan blanca.

 

-Realmente, estás bien, Oliver? Preguntó Carol. –Pues, al menos no tiene fiebre, dijo Carissa. –Está realmente pálido, agregó Manuel. –No estarás enfermo?, preguntó Evelyn. –No, de veras, no es nada importante, respondió el chico. –Dinos la verdad, dijo Claudia. –Estoy diciendo la verdad!, exclamó Oliver, casi furioso. Se separó del grupo, arrastrando los pies. –Rayos. La quiero, y ella dice que soy como un Hermano para ella. No es justo, se decía en voz baja. “Me pregunto qué le sucederá a Oliver?” pensó el mejor amigo de Oliver, Tom. Entonces Tom trató de alcanzar a su amigo. –Oye, Oliver, espera un momento! –qué quieres, Tom?

–Qué te sucede?  -Es que, que… -Qué?, preguntó Tom. –Cuando Lily les dijo por qué me dice Ollie, sentí que algo se rompía. –Estabas devastado? –Eso creo. Mira Tom, Eres mi mejor amigo y espero que puedas mantener mi secreto. No le digas a nadie, por favor, dijo el muchacho, y su voz temblaba. –Puedes contar conmigo, Oliver. Me tengo que ir. Entonces él dejó a Oliver, desesperado, con el corazón partido e incapaz de contarle a alguien más su secreto. Entonces, era hora de entrar a clase. Álgebra era la primera clase del día. Después seguía biología y al fin el recreo.

 

Tom, Claudia, Manuel, Carol, Andrea, Andy, Gina y Marianne salieron del salón.

–Caray, qué le sucede a Oliver?, preguntó Manuel. –Creo que está abatido, dijo Claudia. –Siempre pasa. –Bueno, no ha estado tan bien estos días, comentó Tom. –Yo no pienso lo mismo, dijo Andy. –Estaba bien ayer, cuando jugamos contra los Niños Traviesos. –Un momento, dijo Gina. –Cuando Marianne nos dijo por qué a Oliver le dice Ollie, él palideció! –Tienes, tienes toda la razón, Gina, dijo Andrea.

–De veras estaba muy pálido. Creí que se iba a morir. –Bueno, trataré de arreglar este problema. Es mi culpa, dijo Marianne. Ella corrió, tratando de encontrar a quien le debía una disculpa. –Oliver, dónde estás?, preguntaba. Entonces, alguien la agarró de la blusa. –Qué rayos? Era Bruce Allen. –Así que eres la amiguita del futbolista? –Déjame ir, bruto. -Ajá, así que la niñita se quiere ir? –Auxilio, Oliver!, gritó ella, mientras Bruce la sostenía en el aire. –Déjala ir, Bruce Allen, dijo una voz. –Eh? –Oliver!, susurró Marianne. Ryan acompañaba a Oliver. –Ryan, ve y dile al director lo que sucede aquí. Lo detendré si él trata de hacerte daño.

 

Mientras Ryan corría hacia la oficina del director, Oliver le dijo a Bruce que dejara a Marianne en paz. –Y qué si no, futbolista? “Lily, trata de golpearlo”, le dijo Oliver a Marianne. “Si”. Entonces Marianne golpeó la cara de Bruce con sus pies, y la soltó. –Eres un…-Ni lo sueñes, dijo. –Director Hughes!, exclamaron Oliver y Marianne. –Ay, me tengo que ir, dijo Bruce. Pero algo, o alguien lo hizo caer. Fue Ryan, quien lo hizo tropezar. Entonces el director cogió al abusivo, y se lo llevó.

–Buen trabajo, Ryan, dijo Marianne. –Vaya, gracias, dijo el chico, sonrojándose.

–Me tengo que ir. Y Ryan se fue. –Gracias por salvarme, dijo Marianne. –No fue nada, replicó Oliver, mirando al suelo. –Oliver, sobre lo que sucedió esta mañana, perdóname si te hice sentir mal, dijo Marianne. –No te preocupes, dijo el chico, en voz baja. –No estés triste, por favor. No quería lastimar tus sentimientos. –No, está bien. Es que, yo… -Tú qué? –Yo, yo te quiero, Lily. –Bromeas?, ella replicó, asombrada. –No. Puedo ser un bromista pesado, pero cuando hablo de sentimientos, nunca hago bromas de ello. Te he querido desde el día que te conocí. –Pues, no sé que decir, dijo la chica.

 

-No les digas nada a los demás, si?, dijo Oliver. –Lo juras? –Lo juro, dijo Marianne, estrechando la mano de Oliver. –De veras, puedo ser muy entusiasta, pero cuando se trata de lo que siento, soy de veras tímido. –Puedes contra conmigo, dijo Marianne, sonriendo. Cuando Oliver y Marianne regresaron, Andrea no sonreía, como los demás. –Andrea, qué sucede?, preguntó Manuel. –Benjamin se va a Alemania mañana, respondió Andrea, a punto de llorar. Y estalló otra vez. Benjie no podía ir al colegio, por que estaba arreglando sus maletas. –Llora, Andrea, llora. Desahógate, dijo Andy, quien calmaba a su propia hermana. Entonces sonó el timbre. Oliver y los demás entraron a clase, excepto los Gemelos. –Ariza y Ariza, por qué no están en clase?, preguntó el director Hughes. –Mi hermana estaba llorando, y me tocó consolarla. Verá usted, nuestro mejor amigo, Benjamin Price se va mañana a Alemania, y eso la afectó. –Es eso cierto?, preguntó el director. –Si, dijo Andrea. Su voz aún estaba quebrada. –Soy la mejor amiga de Benjie, y me preocupo por él, cómo cuando sucedió esa explosión en el parque. Es natural en mi el preocuparme. –Ah. Algo más? –Si, Director. Si rompí una ley del colegio, entonces merezco un castigo.

 

-No, Andrea. Estabas en una crisis, y eso te defiende. Ahora ve a clase, traten de comportarse. –Si, dijeron los Gemelos. Entonces, mientras caminaban al salón, Andy preguntó algo que sería indeleble. –Andrea, por qué te preocupas tanto por  Benjie? –Por que, por que… no te puedo decir, Andy. Es mi secreto. –Pero hermana, somos hermanos gemelos. No tenemos secretos entre nosotros. –Está bien, Cuento con tu silencio. La verdad es que, que, Benjie y yo…, bueno, la verdad es que lo amo. Verás, cuando tuvimos la pelea contra Jacongo, fuimos al mirador, y jugamos un poco de fútbol. Y me contó lo que sentía. Entonces, entonces…el primero. –El primer beso? -Pues, si. –No lo creo!, dijo Andy, asombrado. –Bueno, ese es mi secreto, y el de Benjamin, dijo la chica del cabello más largo de Newppy. Cuando llegaron al salón, la Srta. Nishikuni estaba bastante enojada. –Por qué llegaron tarde, Ariza? –Mi hermana tuvo una crisis emocional, y no oímos la campana. El director Hughes habló con nosotros, y no sucedió nada. –Bien, están disculpados, Gemelos. –Gracias, Srta. Nishikuni, dijeron los Gemelos a la vez. –Vayan a sus asientos, dijo la profesora, severamente. Las clases pasaron rápidamente. Estaban en Geografía cuando entraron a clase.

 

Entonces era hora de la clase de educación Física. El curso debía saltar en un trampolín y hacer una voltereta antes de aterrizar en los cojines. La primera de la  lista era Andrea. Corrió, tomó mucho impulso, y saltó. Ella hizo su tiro del Fénix, y sus compañeros la aplaudieron. –Vaya, lo hice, jadeó. Andy era el siguiente. Corrió y corrió, y al fin saltó. Hizo una especie de chilena, sin balón, y aterrizó fácilmente. Entonces Oliver hizo lo suyo. Hizo un salto mortal, pero cayó en sus rodillas. -Ay! Fue lo único que dijo. Bell, Carter, Diamond, Enciso, Granger, Gray, y Marianne siguió. –Aquí voy, dijo ella. Giró en el aire, en posición fetal, y cayó en el cojín. –No pude aterrizar, aunque lo intenté. Harper, y entonces, Johnson, es decir, Claudia. Corrió, y al saltar, hizo una voltereta hacia atrás, sobre la cabeza del profesor, pero no hizo peso. –Arriesgado, pero muy bueno, Johnson, dijo el profesor. Entonces pasó Mason, y era el turno de Tom. Miró a todas partes, asustado, pero corrió, saltó, e hizo una cabriola muy difícil. –Qué fue lo que hice? Preguntó más tarde. Mori, y entonces, Neira. –Bien, háganse a un lado, ella gritó.

 

Carol  “voló” por un segundo, y giró de lado. –Es fácil, explicó. –Dónde está Price, preguntó Blaise Zabini, un chico del curso. –Está ausente, dijo Oliver. –Por qué? Preguntó el profesor. -Se va mañana a Alemania, por seis meses, dijo Marianne.

-Shhh! Dijo Andy, mirando a su hermana. Gina hizo una voltereta normal. Entonces era el turno de Manuel. Tomó impulso, y giro en el aire. Cayó con una rodilla en el suelo. –Buena!, exclamó Andy. Stansson, Stone, Turner, Wallace, Walters, y Zabini fue el último. –Muy bien, terminó, dijo el profesor. Ya era hora de la práctica de fútbol. Los muchachos del equipo practicaban, pero sólo una persona estaba demasiado desanimada como para practicar. –No vas a practicar, Andrea?, preguntó Oliver. –No, respondió ella, mirando al suelo. –Ariza, por qué no está practicando algo?, Preguntó el profesor. Andrea no respondió. Ella estaba sentada en una banca, mirando al suelo, y demasiado deprimida como para hablar. –Bien, tendré que hablar con el Director…-Él ya sabe sobre mi depresión, dijo Andrea, con la mirada perdida. –Quisiera estar sola, por favor. Entonces el profesor dejó a la joven sola, sola con su depresión.

 

El resto del día no fue mejor. Después de que terminaron las clases, se fue directamente a casa. –Andrea, qué sucede?, preguntó Thomas. –Nada, respondió Andrea. Dejó su morral en el armario, y se lanzó en su cama. –Qué sucedió?, preguntó Thomas otra vez. –Vete, Thomas. Quiero estar sola, dijo ella. Cuando Andy llegó, Andrea aún estaba en su habitación, y no había nada de cenar.

–Andrea, y la cena?, preguntó el chico, turbado. –Cocina para ti mismo, respondió ella de mala manera. –Pero no sé cocinar!, dijo Andy. –Déjame sola, Andy!, gritó Andrea, furiosa. –Es que, tenemos visita, dijo Andy. –Alguien que conocemos muy bien. Entonces Andrea bajó las escaleras. Ella ya tenía un pollo adobado, y lo cocinó lentamente. Ella sirvió la comida, pero no se sentó. –Ahí tienes, Andy. Ahora déjame en paz. –De veras, Andrea, quisiera que nos acompañaras, dijo una voz conocida. Entonces Andrea sintió escalofríos. Sus ojos se agrandaron, y se quería morir. –B-B-Benjie! Musitó. –Sorprendida?, respondió el muchacho.

 

Andrea estaba pálida. No podía dar crédito a sus ojos. Ella creía que él aún tenía que alistarse par su viaje. –Qué pasó? –Bueno, sólo vine a decir, a decir gracias y adiós, dijo Benjamin. Pero entonces, pareció que una presa estallaba dentro de los dos. –No, Benjamin, no me dejes, dijo Andrea, cayendo de hinojos, llorando.

–Quisiera quedarme, pero mi madre quiere estar conmigo, replicó Benjie, mirando al suelo, rechinando los dientes. –Me voy, dijo Andy. –No quiero estar tan sola, Andrea repetía una y otra vez. Benjie la tomó suavemente, y miró a los ojos de Andrea. –Mira. Juro que estaré aquí lo más pronto que pueda, pero sabes tan bien como yo que no me puedo negar a esto. Mi madre no me ha visto en años, y además, mis padres se van a reconciliar. –Pero, pero…Ella aún lloraba. Ella se apoyó en el joven a quien amaba, y lloró. –Ya, no llores, o yo lloraré también, dijo él. Él empujó suavemente la barbilla de Andrea hacia arriba, y la miró directamente a los ojos. Era un momento melancólico. Entonces, la cara de él estaba más y más cerca a la de ella. Pero ella se alejó. –Alguien nos espía, ella dijo. –Quién, y por qué?, preguntó él. –Andy. Entonces ella haló a Andy de detrás de los cajones.

 

-Oye, qué te pasa?, preguntó, enojado. –Sabes perfectamente que detesto que me espíen, ella respondió enojada. –Está bien, está bien. Me voy, dijo Andy. Entonces Andrea lo siguió hasta afuera, y cerró la puerta. –Los veo, dijo Andy.

-Andrea, no sé cómo decirlo, pero debo irme. –No, musitó. Estaba deprimida, con el corazón roto y más. Entonces Benjie la besó, antes de irse a casa. –Adiós, Andrea. Conocerte fue lo mejor que me pudo haber pasado, dijo él. –Por qué adiós?, dijo ella. –Aún somos más que amigos, no? Sabes que te esperaré hasta el final, respondió Andrea. –Está bien, nos veremos en seis meses, dijo él. Ella no dijo nada. Ella vio como Benjie caminaba a su casa. Entonces ella tomó una decisión. –Iré al aeropuerto antes de que él se vaya, se dijo. Era arriesgado, pero ella no quiso quedarse en casa sin haberse despedido de él . –No importa lo que suceda, No dejaré que se vaya sin antes haberse despedido de mi. Y nadie me detendrá, ni siquiera la muerte, se dijo.

 

Entonces ella fue a su habitación, y cerró a puerta, cerrándola desde adentro. Entonces ella comenzó a buscar algo. –Rayos, dónde estará?, ella murmuró, mientras buscaba el brazalete de la familia de Benjie. –Dónde está?, ella dijo en voz alta. –Qué buscas, Andrea? Preguntó Evelyn. –Un brazalete. Es de horror y pata, con ámbar. –Ah. Déjame entrar. Andrea abrió la puerta. –Cómo esta?, ella dijo, mostrándole el brazalete. –Si, ese es!, dijo Andrea, que estaba nerviosa.

–Tómalo, dijo su prima. –LO encontré en la sala, y creí que alguien lo dejó ahí. Quién te lo dio? -Benjie. Era de su abuela. –Es precioso, dijo Evelyn, quien tenía los ojos del mismo color del ámbar. –Bueno, si quieres usarlo, adelante. No hay problema, dijo Andrea, -Pero no lo menciones con los otros. –OK, dijo Evelyn.

 [Continuará...]

 

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