CONCLUSIONES DE MI TESIS DE MAESTRÍA

Humor, remedios contra el dolor

        La obra de ficción de Alfredo Bryce  Echenique está determinada, más que por un tema, por una obsesión: comprender. Comprender todo lo que le rodea y a sí mismo. Descifrar las conductas y los sentimientos de los otros y los del personaje en cuestión; su obra más que una obra propositiva es una obra interrogativa. Su prosa expone y se expone como el curioso científico que interroga a la naturaleza o como el niño que mira deslumbrado el mundo que lo rodea. En efecto, su obra se ubica en dos extremos de la existencia humana: en la infancia, pues es niño que quiere comprender el mundo que está descubriendo, o en la madurez que intenta entender el mundo que ha desgastado en su persona.

Para lograr este intento de comunicación echa mano de sus gustos y obsesiones que, inevitablemente, se convertirán en los temas de sus cuentos y novelas: amor, humor, dolor, palabra creadora.

En toda la obra del escritor peruano el amor es un fracaso, lo que habrá  de modificarse será la conducta ante tal resultado: en unos casos, los personajes mueren desgarrados por el dolor de amor (El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz), en otros, logran superar su estado anímico deprimido (La última mudanza de Felipe Carrillo). Todos los protagonistas de Bryce Echenique sostienen una relación amorosa infantil con sus amantes, pareciera que el amor a su pareja es sucedáneo del amor materno.

Las causas del enamoramiento casi siempre tienen su origen en una fantasía infantil: Pedro Balbuena, en Tantas veces Pedro se enamora de Sophie sin conocerla, “No se veía lo que se llama nada adentro de la góndola porque Sophie estaba sin duda escondidísima, pero fue amor a primera vista de todos maneras”[1]. Al final de la novela se explica que las causas del enamoramiento se originan en una fotografía encontrada en la calle. El inventa un nombre a la mujer ahí retratada: Carole, y decide un día, cuando vaya a Francia a estudiar se la encontrará; en efecto, el personaje va a Francia y encuentra a Sophie y el pregunta “¿Cómo te llamas Carole?”[2].

A Martín Romaña le sucede otro tanto. Se enamora de Inés porque ésta le hace el nudo de la corbata como se lo hubiera hecho su madre, o se enamora de Octavia porque un día en la playas de Cádiz, desilusionado del amor de Inés, ver a una guapa muchacha y le inventa ese nombre: Octavia de Cádiz, La mujer que lo sacará de su depresión amorosa debido al abandono de Inés, Petronila Marie Amélie, tendrá que llamarse inevitablemente Octavia de Cádiz. Ya muerto Martín es conducido al cielo por su Virgilio, éste afirma: “Petronila necesitó sobrehumanamente ser Octavia de Cádiz, darte el amor ideal, el amor que buscabas y necesitabas”[3]

Este determinismo, entre otras causas, será el motivo por el cual los personajes de Bryce Echenique fracasen en sus relaciones amorosas. También será la causa obligada por la cual mantengan una relación amorosa orgiástica; es decir, no aman a la mujer que tienen sino al ideal femenino que han forjado en mente. Al no amar a su compañera permanecen solos, anteponiendo la cópula como elemento de cohesión. Caso evidente es Martín con Inés, por un lado, y Felipe Carrillo con Genoveva, por el suyo. El principal elemento de cohesión de Martín con Inés es su “hondonada”: afirma que Inés puede diferir en mucho con sus puntos de vista, pero con respecto a la “hondonada” es muy posible que coincidan.

 

Lo anterior también nos permite explicar por qué los protagonistas casi siempre apelan al sentimiento de muerte. Descubren que no pueden realizar su forma de amar, por lo tanto, sólo les queda posponer su amor para la otra vida, en la que sí se permite la realización de las utopías. Gesto, como se ve, muy al estilo romántico.

Es también digno de destacarse que las derrotas amorosas de los personajes de Bryce Echenique son por partida doble, ya que a medida que pasa el tiempo los protagonistas tienen dificultad para encontrar una nueva relación amorosa. En Tantas veces Pedro, Pedro Balbuena va de amante en amante con tal facilidad que en más de una ocasión parece que su  pena de amor por el abandono de Sophie sólo es un pretexto para hacerse amar por su pareja en turno; en cambio, en La última mudanza de Felipe Carrillo, la pérdida del gran amor tarda mucho tiempo en reponerse, se habla de grandes periodos de tiempo en que el personaje vive sin una pareja que lo reconforte de sus penas.

Bryce Echenique es el único escritor hispanoamericano contemporáneo, hasta donde sé, que se ha atrevido a tratar el tema del amor imposible, sin tener que caer por ello en lo cursi o en lo ridículo. La mayor parte de sus novelas y varios de sus cuentos, tratan el tema del amor ideal que no se logra, e incluso, del amor que se tiene que posponer para realizarse en el cielo, De esta verdadera aventura el escritor peruano ha salido perfectamente librado ya que se tomó el cuidado de cortar a su árbol las ramas secas de lo chabacano, lo melodramático y lo ingenuo, y a la vez, supo beneficiarlo con el injerto del ludibrio y el humor.

En cuanto al humor como elemento definitorio de toda su obra es digno de resumirse aquí la gran capacidad del escritor peruano para incursionar en esta difícil forma del hacer literatura. Si el sostener un tono humorístico a lo largo de una novela es ya un gran mérito -una de ellas tiene más de seiscientas páginas- más lo es comprobar que de las formas descritas de lo cómico por  Henri Bergson en su libro La risa, una veintena de técnicas y variantes son practicadas por Bryce Echenique con soltura e imaginación. Esto lo digo no porque el peruano utilizara el libro aludido como modelo de las técnicas de la comicidad, sino porque el humor de Bryce es tan rico y variado que fácilmente se pueden comprobar las teorías del francés en las novelas de nuestro autor.

Ahora bien, para Bryce Echenique lo cómico es más, mucho más que un recurso hábilmente explotado, es también una posición vital, es una manera lúdica -pero no superficial o irresponsable- de conocer la realidad. Igualmente es una forma de enfrentar el dolor o lo desconocido de una manera lúdica -pero no superficial o irresponsable- de conocer la realidad. Igualmente es una forma de enfrentar el dolor o lo desconocido de una manera no dolorosa.

Para Bergson es una forma de la censura, para Bryce Echenique es una forma de la autocensura, es decir, de la autorregulación frente a una sociedad y un mundo que se intenta conocer pero con el cual es difícil ponerse en sintonía. Para Proust recuperar el tiempo es invocar de una vez, de un golpe, todos los recuerdos. Para el escritor peruano tiene un sentido similar pero va de por medio el humor (“Magdalena peruana”): las cosas no se habrán de ver con la misma seriedad con que sucedieron, sino que la visión juguetona y humorística ha de ser el cristal a través del cual Bryce Echenique recupere el tiempo pasado.

Como el escritor francés, también Bryce Echenique se descubre, de momento, viejo y nace en él un deseo inefable de repasar esas experiencias vividas y vívidas aún. Quiere recuperarlo como una forma de entender lo que le pasó -en ello insisten mucho los protagonistas del peruano-, pero también, y sobre todo, porque el recuerdo es una forma de la inmortalidad, una forma de detener el transcurso del tiempo que todo lo aniquila.

Hay muchas formas de recobrar el tiempo pero quizá la más bella por artificial y a la vez auténtica es la palabra. La palabra preservada del olvido es la literatura. A ello se dedica Bryce Echenique en su obra, a reflejar sus deseos y sus temores sobre ese espejo llamado literatura.

Por eso digo que de todas las experiencias del escritor peruano la creación literaria -la literatura dentro de la literatura- es la más importante. Son diversas las forman en como la literatura hace acto de presencia en la literatura de Bryce, una de ellas es la constante referencia al mismo proceso de creación literaria, y es precisamente este hecho el que corrobora la idea que tengo respecto de que la literatura es la experiencia primordial de vida en la obra de Bryce.

 

            Los personajes del autor peruano viven alrededor de los libros sus experiencias vitales. El amor, la felicidad, el odio, el dolor, la muerte, no son referidos, no pueden ser referidos, sino a través de la literatura; incluso, la vida misma no puede ser vista sino como un artificio literario: lo que los personajes hacen no es exactamente lo que vivieron; el lector sólo tiene acceso al recuerdo, modificado por el tiempo, de uno de los comprometidos en las historias. Por lo tanto la impresión última en el lector depende de la capacidad de recreación del protagonista de las novelas.

Los personajes refieren sus vidas y sus experiencias en función de la vida y las experiencias de los personajes literarios de otras obras. Han dejado de vivir su propia vida para vivir la experiencia de otros personajes literarios y mezclarlas con las propias. Han renunciado a su propia experiencia, para vivir en los libros las cosas que ven y oyen y eso no es más que un artificio porque, a fin de cuentas, la vida es tan sólo eso: un artificio.


 


[1]Bryce Echenique, Alfredo, Tantas veces Pedro, p. 179

[2] Bryce Echenique, Alfredo, Tantas veces Pedro, p. 249

[3] Bryce Echenique, Alfredo, El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz p. 368


Si te interesa conocer toda o alguno de capítulos de esta tesis, puedes establecer contacto con la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México,  donde está a tu disposición.


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