Silvia Díaz Coria Aguilar, Amor y pasión en las Tristanas de Galdós y Buñuel (Confluencias y divergencias del relato novelesco y fílmico a través del análisis de un personaje literario),  México, 2001, 120 pp. (Tesis)
ÍNDICE:
Introducción ......................................................................................................................... 8
 

Capítulo 1
El mundo de Tristana ......................................................................................................... 18
   • Realidad ..................................................................................................................... 20
   • Tierra sin pan ............................................................................................................  40
 

Capítulo II
Tristana y el mundo de las pasiones ................................................................................  47
   • Lo prohibido ............................................................................................................... 49
   • La joven  ..................................................................................................................  61

Capítulo III
La metamorfosis de Tristana ............................................................................................  75
   • Cual muñeca rota .......................................................................................................  76
   • La incógnita ...........................................................................................................    87
   • El ángel exterminador  ............................................................................................  101

Conclusión .....................................................................................................................  112

Bibliografía ..................................................................................................................... 116

 

INTRODUCCIÓN

     El interés que despierta en mí la obra de Galdós se debe al gusto que siento por la novela del siglo XIX en general y a la un tanto conflictiva atracción que despierta en mí el mundo hispánico. Por otro lado, la relación entre el cine y la literatura también forma parte de las cosas que más me inquietan de la cultura de nuestro tiempo. Así que, quizá llevada por un ascendente atávico, el día que por primera vez vi una película de Buñuel — ni más ni menos que Viridiana — me atrapó por completo la atmósfera creada por el director aragonés, la cual me pareció tremendamente hispana y me remitía misteriosamente a Galdós. En aquel entonces sólo conocía las dos obras más populares del novelista: Doña Perfecta y Marianela, y, sin saber cómo, encontraba sus ecos en esta película. Ese algo que no pude explicarme en aquel momento, entre otras cosas, me ha llevado a escribir el presente trabajo.

     Para hacer un estudio que vinculara a Galdós y Buñuel y que la vez penetrara en la relación entre el cine y literatura no había más que remitirse a las dos películas que se basan directamente en las novelas homónimas del autor canario: Nazarín y Tristana o bien tomar en cuenta obras que han recibido influencias galdosianas como Viridiana, que efectivamente es deudora de Halma y Los olvidados, que debe mucho a la concepción del mundo de los miserables a Misericordia. Escogí Tristana porque constituye un caso peculiar dentro del ríspido asunto de la relación cine-literatura. En tanto que Nazarín, responde más claramente a los modelos de la adaptación cinematográfica convencional, Tristana cuenta con elementos que la distancian del material original, pero sin provocar un divorcio completo. Para zanjar el problema que conduce a la competencia entre la literatura y el cine — que consiste en evaluar la adaptación cinematográfica de acuerdo con el original en que se basó, o bien en llevar el asunto al análisis de los
elementos formales — decidí tomar como punto de partida la visión que tienen ambos autores sobre la mujer.

     El caso ha consistido en analizar a ambas Tristanas como personajes de ficción que comparten rasgos comunes pero que pertenecen a dos estilos narrativos y expositivos distintos; el realismo, por un lado, y el surrealismo por el otro. De acuerdo con la propuesta de Galdós, sería imposible imaginarnos a una Tristana, con toda su complejidad psicológica, interpretada por una actriz como Catherine Deneuve, que además de no corresponder físicamente a las características del personaje literario, pues es eminentemente francesa, funge más bien como una presencia fría y misteriosa. Tan sólo con la elección de la actriz, Buñuel consiguió que el personaje realista de Galdós se trocara en un ente simbólico. Para entender los motivos de ambos autores al concebir a sus respectivos personajes, es necesario tomar en cuenta el trasfondo de sus intenciones creadoras. En el caso de Galdós estamos hablando de un narrador que se dirigía al gran público (la pequeña burguesía española que consumía la literatura para distraerse y que convirtió a la novela en el género más popular de la segunda mitad del siglo XIX) con el fin de lograr que se viera reflejado en sus historias y de ellas tomara una crítica y hasta una enseñanza. Buñuel, en cambio, utilizó casi siempre el medio de expresión cinematográfica con un fin provocador y polemista. No se dirigía al gran público, pese a trabajar para la gran industria fílmica. A excepción de buena parte de sus películas mexicanas, elaboradas con fines más comerciales y menos “excluyentes”, su cine estaba destinado preferentemente a los festivales de cine, la crítica cinematográfica de vanguardia y a pequeños grupos de espectadores de formación universitaria, en su mayoría europeos. Con estos antecedentes, la aparición de la Tristana de Buñuel a principios de la década de 1970 suscitó una competencia entre el prestigio del director de cine y la ya legendaria pero polémica reputación de Galdós. En muchos aspectos, podía parecer el enfrentamiento entre la visión europea, moderna y aparentemente cosmopolita de Buñuel y la narrativa fuertemente local e hispánica de Galdós, quien, por cierto, era repudiado simultáneamente por muchos de los jóvenes escritores españoles por considerarlo un símbolo del pasado: “don Benito, el garbancero”, como alguna vez le designara el irreverente Valle-Inclán.
 

     Al emprender el presente estudio, tenía la idea de que la película había generalizado un prejuicio en contra de la Tristana de Galdós y que había acentuado el desprecio hacia ella, pero me encontré con la sorpresa de que la película de hecho contribuyó a reavivar paulatinamente el interés por la novela en los círculos académicos y que en la actualidad se trata de una de las obras más estudiadas de Galdós. Aún así, no deja de ser polémico el asunto de la relación cine-literatura, en buena medida generado por las filiaciones personales de quien hace la crítica. Como muestra de ello, a continuación expondré algunos ejemplos de los comentarios que suscitó el estreno de Tristana, entre los cuales encontramos la furiosa réplica de una lectora galdosiana como Pilar de Cuadra:
 
 

     [...]tampoco el idilio de Horacio y Tristana está bien reflejado, pero lo que nos pasma es ese Saturno que don Benito no sacó del Hospicio sino para jugar, y que Buñuel se saca de la manga para que obtenga unos favores exhibicionistas de Tris tana que están lejos de ser posibles en la personalidad que Galdós dio a su protagonista. [...] Porque esa mujer que aparece en la película de Buñuel no es Tristana. [...] Nos choca que Buñuel, un hombre en todo tan europeo y moderno, nos haya retratado una Tristana irónicamente guapa, que al perder un miembro, lo pierde todo y se hace mala, desvergonzada. [...] Ese final no es galdosiano, sino folletinesco. De parecerlo, libra a la película el talento de Buñuel. ¿ Por qué se ha cambiado en el film lo grande, lo bello, lo religioso, y eso es precisamente, lo único distinto? De vivir Galdós, no lo hubiera consentido.(1)


Por su parte, críticos de cine como Francisco Aranda afirmaban que las versiones cinematográficas de Nazarín y Tristana eran mejores que las obras originales; para Víctor Fuentes, la película poseía mayor coherencia y unidad estructural que la novela; André Cornand decía desdeñosamente que la novela era un melodrama burgués”, a diferencia de la película, y Sánchez Vidal opinaba que Tristana era una de las obras más endebles de Galdós, y que Buñuel consiguió con ella una de sus películas más completas, redimiendo de paso a la novela. El propio Buñuel dijo que a él sólo le habla interesado el tema de la pierna, pues se trataba de una de las peores novelas de Galdós, del género “te amo, pichoncita mía”. En tanto encontramos en una auténtica encrucijada al literato J. M. Alonso Ibarrola, quien intentando advertir sobre el resultado infructuoso de la polémica entre galdosianos y buñuelianos, delata que para él sólo puede haber una subordinación del cine frente a la literatura:
 
 

De todos modos sería ¡abor inútil intentar desentrañar lo que verdaderamente Don Benito Pérez Galdós quiso decir, exponer, retratar y denunciar en su Tristana, si con ello creemos que con ello vamos a dar con la clave del filme. En este sentido la polémica, las reticencias y denuncias de los “galdosianos” resultan de más [...] Porque la Tristana de Buñuel es una cosa completamente diversa a la novela, y uno llega a preguntarse por qué los realizadores cinematográficos se molestan en adquirir opciones de obras literarias, cuando después tan pronto las abandonan para seguir sus propios impulsos creacionales.(2)


     Formo parte de una generación que indiscutiblemente ha sido persuadida o enajenada por los medios masivos de comunicación: cine, televisión, historietas y radio. Ahora bien, el nivel de persuasión del primero, indiscutiblemente, supera con creces a todos los demás. Hay una explicación sencilla al respecto: cierto tipo de cine constituye una expresión artística legítima, aunque la mayoría de sus géneros tengan meros fines de entretenimiento, divulgación o difusión. Cuando hablamos de cine aludimos a la ficción, sin tomar en cuenta el género documental. Este cine de ficción, cuyos orígenes se remontan hasta la imaginería de Meliés, es el que ha sido portavoz de la ilusión: de ese algo que Sartre definía como “una presencia sospechosa que nace en medio de la oscuridad”.

     El cine es un arte sintético y nuevo que apenas tiene poco más de cien años. En sus inicios manifestó una clara dependencia hacia el teatro, pues no contaba con un lenguaje propio; para desarrollarlo tuvo que recurrir, además del arte escénico, a la plástica y a la narrativa literaria. Ésta última ha jugado un papel muy importante no sólo durante la génesis del lenguaje cinematográfico, sino en todo su desenvolvimiento posterior. La narrativa, principalmente la novela, ha quedado asociada con la adaptación cinematográfica. El cine requiere de historias para entretener, persuadir y atrapar la atención de sus espectadores, y la literatura cuenta con una arsenal de relatos magistrales a los que se puede echar mano, desde las grandes épicas de Homero hasta las fantasías futuristas de Julio Verne. Cuando aún el lenguaje cinematográfico no había alcanzado su nivel de maduración, la literatura no sólo era vista como una fuente abastecedora de hechos fabulosos aptos para crear el mundo de la ilusión cinematográfica, sino como una vehículo para alcanzar prestigio como expresión cultural, puesto que, en sus inicios, el cine no podía considerarse sino como otra variante del entretenimiento circense. El cine acabó siendo deudor de la narrativa, no tanto por las historias de las que se alimentaba, sino por los aspectos formales que dieron sentido a su lenguaje. La novela y el cine tienen en común, con sus respectivos estilos y formas de abordar la realidad, el elemento narrativo, aunque la primera discurra y la segunda sintetice.
 

     El poeta y dramaturgo cubano Antón Arrufat explicaba, en una ponencia dedicada a la relación entre cine y literatura, que para él el contacto con Tristana hizo que se le volviera más persistente la preocupación por la querella entre estos dos lenguajes de la ficción. Por una parte estaba la expresión cinematográfica como un hecho “vivo y autónomo” y, por otra, la existencia del texto de Galdós, que presentaba la misma cualidad. La película de Buñuel, “poderosa y creadora”, no hacía olvidar a Galdós. Había la persistencia de un diálogo entre película y novela y, luego entonces, era posible formular la siguiente pregunta: “¿Existe el cine como lenguaje artístico propio? ¿Por qué Tristana de Buñuel no alcazaba a ser completamente libre? ¿Por qué parecía existir la persistencia de una sumisión hacia la literatura? ¿Por qué Buñuel aceptaba correr el riesgo de castrar su propio medio de expresión? ¿Por qué hay tanto interés del cine hacia la novela?”(3)
 

     Ahora bien, Buñuel procedió, como muchos directores de cine, a hacer su propia lectura de la novela Tristana, pero al explicar los metaobjetivos del personaje de Tristana a partir de sus deseos inconscientes, no sólo modificó considerablemente el argumento original, sino que aportó su propia visión del mundo, manifiesta en muchos otros de sus filmes. Tristana es una película autoral, sin dejar de ser una adaptación e interpretación de la novela. La mejor manera de despachar este asunto consistiría en decir que se trata de una versión libre de la novela galdosiana. Sin embargo, las interpretaciones libres son muy recurrentes, y no necesariamente distinguen a quien las realiza como un autor, esto es, como alguien que desarrolla propuestas estéticas válidas y que es capaz de aportar con ellas su propia visión del mundo, y Buñuel se valió del personaje de Tristana para expresar su cosmovisión cristiana, influida siempre por conceptos como la tentación, el deseo, el castigo y la culpa.
 

     Tristana/film resulta ser un ejemplo muy interesante porque se trata de una adaptación extraordinaria; porque en ella Buñuel desarrolla su propia visión autoral sin dejar de lado el espíritu de Galdós. Habrá quien, como Ibarrola, cuestione a Buñuel haberse basado en Galdós si finalmente iba a decir lo que le viniera en gana, pero pensar de ese modo, nos llevaría a creer que al cine sólo le interesa la literatura como fuente proveedora de historias y acabar reduciendo esta relación al uso más común que desde sus orígenes se le ha conferido a la literatura. Hay que pensar que Buñuel se siente tentado a traducir a la novela en imágenes —de la misma manera que lo experimenta todo lector de ficciones que haya crecido con el cinematógrafo—, pero que a su vez es capaz de trascender los límites que le impone el discurso de un autor realista de un momento histórico completamente distinto del suyo. Ahora bien, si Buñuel trae a su presente la temática de Tristana, es porque en ella interpreta momentos esenciales que cobran valor en su presente. La identificación con Galdós se debe a que en la obra de este autor Buñuel podía encontrar las obsesiones que tanto le aquejaban, y que consideraba comunes al espíritu español:
 
 

Los dos sentimientos básicos de mi infancia, que perduraron bien entrada la adolescencia, fueron los de un profundo erotismo, al principio sublimados en una gran fe religiosa, y una permanente conciencia de la muerte. Nos llevaría muy lejos analizar aquí las razones. Baste decir que yo no era una excepción entre mis compatriotas, pues se trata de dos características muy españolas, y nuestro arte, exponen te del espíritu español, ha estado impregnado de estos dos sentimientos.(4)

     Para situar a Galdós dentro de su proceso creativo voy a basarme en la propuesta de Joaquín Casualdero, quien clasifica a Tristana dentro del periodo denominado “la materia y el espíritu”, el cual incluye a Fortunata y Jacinta, Miau, La incóginita, Torquemada en la hoguera, Realidad y Ángel Guerra.(5) Casualdero nos aclara que, durante este periodo, Galdós no renegó del naturalismo sino que llegó a superarlo, al no dedicarse meramente a descifrar los hechos, sino a intuirlos y a preocuparse más por la exploración psicológica de los personajes. De entonces en adelante, sus personajes dejaron de representar abstracciones o tipos nacionales para convertirse en símbolos.
 

     Cabe hacer un breve paréntesis para exponer cuál era la postura de Galdós como autor naturalista. El comenzó siendo un autor de tesis: Doña Perfecta encarna una idea; luego le sigue el periodo que dedicó a la historia, representado por sus Episodios Nacionales; las Novelas Contemporáneas constituyen su etapa de mayor madurez creadora, y dentro de ellas Casalduero distingue el grupo de las plenamente naturalistas (La desheredada, El doctor centeno, Tormento y La de Bringas). Estas obras expresan la posición o principios teóricos de Galdós como autor realista, mismos que ya no abandonaría, aunque su obra siguió una evolución que lo llevó hacia otros terrenos estilísticos. En el discurso que dio ante la Real Academia de la Lengua, se cifra toda su postura autoral:

 
Imagen de la vida es la Novela, y el Arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las aUnas y las fisonomías, todo lo espiritual y lo físico que nos construye y nos rodea, y el lenguaje, que es la marca de raza, y las viviendas, que son el signo de la familia, y la vestidura, que diseño los últimos trazos de la personalidad: todo esto sin olvidar que debe existir perfecto fiel de balanza entre la exactitud y la belleza de la reproducción.(6)


     Casalduero nos dice que el naturalismo de Galdós fue esencial para que el autor explorara su sociedad a través del conflicto entre imaginación y realidad. Su observación sociológica persiguió el objetivo de despertar a su país, impedirle que siguiera soñando para poder entrar al mundo de la realidad; instarlo a abandonar sus delirios de grandeza y dedicarse al trabajo paciente; transformar su ferviente culto a la gloria y el heroismo en orgullo por el estudio y el trabajo; en pocas palabras, convencer a su sociedad de dejar de idealizar Dulcineas y centrar su atención en las realidades cotidianas.
 

     Por su parte, Buñuel filma Tristana durante su etapa plenamente autoral. Es en ella donde mejor se autoafirma y logra manifestar sus obsesiones y preocupaciones personales gracias a la libertad proporcionada por la produción. Este periodo inicia con Viridiana y finaliza con su última película: Ese obscuro objeto del deseo. Para ser justos, habría que aclarar que en realidad Buñuel sólo retomó la vena autoral que había enunciado al inicio de su carrera cinematográfica con El perro andaluz y La edad de oro, etapa en la que habla dejado ver su adscripción al surrealismo, lo absurdo y la crítica anticlerical, temas que tanto llegaron a caracterizar el conjunto de su obra.
 

     Buñuel intentó expresarse originalmente a través de la literatura, pero al no sentirse suficientemente a gusto con lo que hacía tuvo que refugiarse en el cine, donde terminó encontrando el medio idóneo para externar su concepción de la realidad a través del surrealismo:
 
 

El surrealismo no hace más que animar la realidad corriente con toda clase de símbolos ocultos, de vida extraña yacente en el fondo de nuestra subconciencia [...] está tan cerca de las fuentes primeras de la vida, del salvaje y el niño. Es una realidad auténtica sin deformaciones a posteriori.(7)

     He centrado el presente trabajo en el análisis del personaje de Tristana, desde la perspectiva de sus pasiones, con el fin de aproximarme al discurso que proponen ambos autores. Primero abordo el mundo que circunscribe a las protagonistas; acaso parecerá que privilegio el de la Tristana/novela pero he tomado en cuenta la creación galdosiana como lógico punto de partida, y, además, el discurso de su autor exige conocer las circunstancias histórico-sociales que condicionarán el destino de su protagonista. Ahora bien, aunque las circunstancias históricas sean distintas en ambos casos, explicar el mundo de la primera significa explicar el de la segunda, porque, aun con casi medio siglo de distancia entre la historia de una y la de otra, las circunstancias sociales de la mujer española no habían cambiado gran cosa. A su vez, el carácter histórico-social de la Tristana/película permite hacer una interpretación simbólica del relato en varios de sus niveles de lectura. El segundo capítulo lo dedico a analizar ambos personajes desde el desenvolvimiento de sus pasiones para encontrar las diferencias psicológicas y volitivas entre uno y otro. Finalmente, el tercer capítulo se centra en la metamorfosis que sufrieron ambas protagonistas como resultado de la muerte o persistencia de sus pasiones, aunque el subcapítulo “La muñeca rota” sea una digresión que explica porqué Tristana estaba destinada a fracasar psicológica y socialmente en sus intentos de emancipación, y, por tanto, expone el sustrato de su metamorfosis.
 

     Es importante señalar que mi punto de partida para abordar el tema de las pasiones no han sido fuentes primarias como Spinoza, Descartes, Kant o Hegel, sino que más bien opté por aquellas que sistematizan la concepción de estos autores, especialmente las del catedrático de La Sorbona, Jerome-Antoine Rony, con su libro Las pasiones. Esta referencia me fue muy útil para poder comprender el desenvolvimiento de dos protagonistas que quieren optar por un estilo de vida original y que no guarda conexión con el mundo que las rodea. Pude apoyarme en esta fuente porque ofrece una definición estrecha del concepto de la pasión, toma en cuenta las perspectivas tanto filosóficas como psicológicas, y, sobre todo, no pierde de vista la gran aportación que la literatura ha hecho en este terreno de la filosofía moral, tanto en los aspectos descriptivos de la fenomenología pasional como en el de la lúcida lectura que la pasión sublimada aporta a la realidad.

NOTAS:

1 Testimonio citado en Luis Buñuel, Tristana. Textos de Arnau Olivar y Enric Ripoll Freixes. Barcelona, Aymá, 1971 (Voz e Imagen # 24).Ç

2  J. M. Alonso Ibarrola, “Don Benito Pérez Galdós y el cine”, en Cuadernos hispanoamericanos. Madrid, 1970-1971, # 250-252, p. 656. Ç

3 Antón Arrufat, “Del discurso sumergido a la imagen fílmica”. Conferencia presentada en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española, Zacatecas, 1997.Ç

4 Buñuel citado por Agustín Sánchez Vidal en Buñuel, Lorca Dalí: El enigma sin fin. Barcelona, Planeta, 1988, p. 19.Ç  

5 Joaquín Casalduero, Vida y obra de Galdós (1843-1920). Madrid, Gredos, 1970, p. 92. Ç

6 Benito Pérez Galdós, La sociedad presente como materia novelable. Madrid, Estudio Tipográfico de la Viuda e Hijos de Tello, 1897, p. 5. Ç
 

7 Buñuel, citado por Agustín Sánchez VidaL op. cit., p. 197.Ç

 

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