ANÁLISIS DE TU ROSTRO MAÑANA  1.FIEBRE Y LANZA

            Se divide en dos partes; la primera, a su vez, se divide en catorce capítulos no numerados ni titulados y conforma casi exactamente la mitad del volumen. La  segunda parte se divide en diez apartados; como la primera, sin encabezados. A diferencia de otras novelas, los capítulos son más bien breves.

            La acción es muy sencilla y fugitiva: un profesor español, Jacobo, va vivir a Londres. Recuerda que hace algunos años ya había vivido otra temporada en el país británico, aunque en esa ocasión lo hizo en Oxford. Recuerda también que había trabajado también en la docencia en All souls College; a través del teléfono recupera una amistad de aquellos tiempos, el profesor retirado Peter Wheeler. Las causas de esta segunda estancia en la isla es por motivos muy diferentes a los anteriores: en aquella ocasión su estancia fue una especie de intercambio académico por dos años, hoy, lo es por un ruptura matrimonial. Todas la referencias de aquella estancia en Oxford corresponden puntualmente con lo narrado en la novela Todas las almas; en esta última el personaje no tiene nombre y el personaje Peter Wheeler no aparece, en lo demás, todo coincide.

            La acción inicia cuando el personaje, desde su residencia en Londres, charla por teléfono a Oxford con su amigo y colega P W, éste lo invita a cenar para el próximo sábado, fecha en la que habrá de recibir otros varios amigos para hacer lo mismo. El protagonista acepta y posteriormente se comunica a Madrid (no sin dificultades, la línea está ocupada y este hecho es fuente de inquietudes para el protagonista) para charlar con su exesposa y sus hijos; éstos se han dormido, son las 11 de la noche, y sólo puede hacerlo con Luisa, su ex.

            Jacobo asiste ese fin de semana a la cena, conoce a varios amigos de P W, entre otros a mr. Tupra, su futuro jefe y amigo. Termina la cena como a las 12 de la noche. Los invitados se retiran, Jacobo se queda a dormir en la casa del profesor jubilado (pues está invitado a almorzar al día siguiente y  antes de que regresar a Londres; distinción, que por otro lado, no recibe ninguno de los otros íntimos amigos de P W), pero antes de ir a dormir charlan sobre los incidentes de la fiesta y algunos otros temas (la guerra civil española, por ejemplo).

            Después de una larga charla, entre 2 y 3 horas, P W, decide ir a dormir y Jacobo, insomne, decide ir a revisar los libros de P W sobre la G C E. Se queda hasta altas horas de la noche, leyendo algunas referencias sobre este tema; en particular, repasa el caso de Andreu Nin y el POUM; esto lo lleva a reflexionar sobre los conflictos que tuvo su padre al terminar la G C, puesto que éste había simpatizado con el bando republicano. Finalmente se va a dormir, casi amaneciendo. La fiesta se termina de narrar en el capítulo ocho; se  entiende que a las 12 de la noche. Del capítulo 9 al 14 el protagonista se la pasa en vela, charlando primero con P W, leyendo y reflexionando; hasta en el último, el 14, se va a dormir porque ya empieza a amanecer. Así concluye la primera parte.

            La segunda parte de la novela da cuenta, entremezclando episodios de tres momentos o acciones temporales: 1. Qué pasó al día siguiente de la fiesta, el domingo; 2. En qué y dónde trabaja Jacobo, ahora en su segunda estancia en Inglaterra, y 3. Un extraño encuentro nocturno (en el presente de la acción principal), en el lluvioso Londres.

            De lo que pasó el domingo se cuenta, para decirlo sucintamente, cómo Jacobo se levanta tarde (P W y su ama de llaves, ya habían desayunado y hacían sobremesa), se incorpora el español a la charla; después de un buen rato salen al jardín a pasear, mientras  mrs. Berry prepara el almuerzo (comida). Jacobo y P W charlan de diversos temas, en particular de la posibilidad de que deje  Jacobo su actual trabajo en la BBC y se emplee a las órdenes de Tupra; también charlan sobre una campaña mediática del gobierno inglés durante la segunda guerra mundial llamada careless talk. Esta última charla es interrumpida por el ruido de un helicóptero, éste hace volar los papeles y despeina a los dos amigos. Finalmente la señora Berry termina de cocinar y tocar el piano, y llama al joven visitante y al viejo amo a comer.

            La segunda de las acciones narradas (a la que dedica más espacio) es al actual trabajo de Jacobo: éste ha dejado de trabajar para la BBC, y en efecto, se empleó al servicio de Tupra (el tiempo transcurrido entre la vista a P W y haberse empleado con Tupra es indefinido, pero pude calcularse en meses, quizá dos). Su trabajo consiste en una peculiar forma de espionaje o trabajo de inteligencia o logística para el, muy probablemente (nunca se lo dice a Jacobo, es un secreto), office affair o acaso para el Ministerio del interior. Es un curioso departamento gubernamental que recuerda al muy probablemente ya desaparecido departamento de contra inteligencia de la segunda guerra mundial llamado “MI6”.

            El trabajo que desempeña Jacobo en esta oficina consiste en asistir a entrevistas, o ver videos de personajes de ámbitos políticos, culturales, artísticos o nacionales muy diversos (cantantes, artistas, intelectuales, políticos nacionales, políticos extranjeros, etc.). Los personajes entrevistados o vistos a través de los videos casi siempre quieren realizar algún negocio con el gobierno británico. El objetivo de la entrevista es detectar, a través de la intuición y la perspicacia, cuáles son las segundas intenciones de los personajes en cuestión. Se intenta saber cuál es su verdadera  personalidad y cuál puede ser su conducta a futuro. Después de la entrevista o del análisis del video, Jacobo debe hacer un informe por escrito y entregarlo sin saber para quién es ni qué uso se le dará al mismo, y peor aún, sin saber si sirvieron de algo sus previsiones o, también, si su intuición fue certera. El tiempo transcurrido durante esta acción es indeterminado y puede ser de meses, tres o cuatro. Se prolonga desde que hizo tratos con Tupra para irse a trabajar con él y hasta el presente: una noche lluviosa de Londres, en la que el protagonista regresa a su casa, después de una larga jornada de trabajo en el supuesto o real MI6.

            La tercera de las acciones narradas en esta segunda parte de la novela es muy breve y se hace claramente presente hasta el último capítulo; de ella también se hace alusión en los capítulos 5 y 7. El protagonista, Jacobo o Jaime o Santiago o Diego o Yago o James o Jacks, camina por la calle y escucha atrás de él las sonoras pisadas de un perro al que no se le han cortado las uñas; después de esperar un momento, para intentar saber si es un perro o el ruido de la lluvia lo que escucha, se vuelve para mirar: una mujer, con paraguas, impermeable y perro con cadena camina atrás de él: se encuclilla como para acariciar a su perro empapado y evitar la cercanía con Jacobo, que ha dejado de caminar. Éste continúa su andar, abre el portal de su edificio, entra, cierra, sube curioso a su departamento, se asoma por la venta para observar si la mujer sigue en la calle; la ve abajo --en la entrada de su edificio-- y en ese momento suena el timbre del portero eléctrico; Jacobo deja su observatorio y contesta; solo se escucha la voz de una mujer que dice: “Jaime soy yo. Por favor, ¿puedes abrirme? Ya sé que es algo tarde, pero tendría que hablar contigo. Será breve, un momentito”.

            Como en muchas de las novelas de Marías, la acción es muy breve y sólo es un entramado para poder hacer sus reflexiones sobre la condición humana. También, como en la mayoría de ellas, la acción es un hecho pasado y se narra desde el subjetivo punto de vista de un presente, que no siempre es capaz de recuperar con fidelidad el pasado. En este caso el tiempo presente se da cuando Jacobo está en Londres, divorciado, trabajando para el misterioso Tupra. Este tiempo presente no se separa demasiado de la acción principal narrada: la visita a P W un sábado y un domingo. La acción más remota se encuentra en los primeros capítulos de la novela y sucedieron hace 4 ó 6 meses, cuando P W lo invita a la fiesta que organizará en su casa de retiro en Oxford, para el siguiente fin de semana. Entre la invitación y la fiesta transcurren sólo unos días. Entre la fiesta y empezar a trabajar para Tupra transcurren entre uno y dos meses; entre empezar a trabajar para Tupra y el presente (una noche lluviosa en que es seguido por una mujer), transcurren 3 o 4 meses.

            Como en la mayoría de las novelas de Marías hay un tema central, de índole filosófico, que es el hilo conductor del libro, no la acción dramática, que por otro lado casi siempre es fragmentaria. Los temas que Marías cultiva en sus novelas suelen ser subjetivos, fantasiosos, pequeños resquicios de la conducta humana que bien pueden ser o no ser. Marías se instala en temas que rompen las convenciones de la ficción y la no ficción; de lo que sucede y de lo que no sucede; de la subjetiva  percepción del tiempo que tenemos los humanos; de extraños y caprichosos hechos que más parecerían imaginaciones de una mente fantasiosa, o bien, extrañas cualidades de la conducta humana, que hace a los personajes de Marías seres extraños frente al común denominador de los mortales. Todos estos temas, evidentemente, tienen una clara conexión con el modo de sentir y plantear por Borges sus temas fantásticos. En el caso de esta novela, el tema es la peculiar cualidad que tiene el protagonista, que consiste en poder intuir cómo será la conducta de una persona con sólo verla o charlar con ella un momento. Este don extraño, la previsión, hace que nos recuerde, no lejanamente, el peculiar don de Funes, el memorioso, de Borges. Como en todas sus novelas, Marías se instala siempre en el plano de la realidad y lo no ficticio y se aproxima mucho a los típicos recursos y elementos de los relatos fantásticos, pero nunca se desborda por ese precipicio.

Por su parte, Borges, se instala muy cómodo en el mundo de la fantasía y se asombra y nos asombra con las historias que puede imaginar. Marías prefiere asombrarnos con la conducta humana, liza y llana, pero que vista con agudeza encierra en sí misma algo peculiar, que pudiera ser llamado, fantástico; pero no, lo dicho no son hechos fantástico, sino, bien vistos, claramente reales, factibles y verosímiles. Estas historias de Marías, limítrofes entre la ficción y la no ficción tienen una clara impronta de reflexión existencial, claramente filosófica, que emparienta el pensamiento de Javier, con el de su padre, Julián. Lo que éste plasma en sus libros son ensayos filosóficos; lo que Javier hace es filosofar, desde una perspectiva claramente existencialista, nihilista, y la forma más cómoda que puede encontrar para decirnos eso no es el ensayo, sino la novela.

La idea, o el tema que en esta novela nos plantea Javier Marías, es que, cuando conocemos a alguien podemos intuir cómo será su “rostro” “mañana”; es decir, que siempre que conocemos a alguien sabemos, intuitivamente, cómo será la conducta a corto y mediano plazo de esa persona.

Le interesé [a mr. Tupra]  y me tomó como intérprete de vidas, según su expresión solemne y sus desmesuradas expectativas. Sería mejor dejarlo en traductor o intérprete de las personas; de sus conductas y reacciones, de sus inclinaciones y caracteres y sus capacidades de aguante, de su maleabilidad y su sumisión, de sus voluntades desmayadas o firmes, sus inconstancias, sus límites, sus inocencias, su falta de escrúpulos y su resistencia; de sus posibles grados de lealtad o vileza y sus calculables y sus venenos y sus tentaciones; y también de sus deducibles historias, no pasadas sino venideras, las que aún no habían ocurrido y podían por tanto impedirse. O bien podían fraguarse (31-32)

A partir de esta idea el autor hace una larga serie de reflexiones de índole filosófico  sobre la condición humana (por lo menos una por capitulo, lo cual hace una suma de más de veinte interesantes, profundas, sesudas, verdaderas y paradójicas especulaciones sobre la conducta del ser humano). De esa manera se conectan, temáticamente, no en función de la acción dramática, como ya dije, todas estas reflexiones que ha ido entretejiendo nuestro autor a lo largo del libro y que más o menos se puede resumir, el tema común de todas ellas (las reflexiones), y de la novela misma, en la idea, ya dicha, de que a través de nuestras “facultades interpretativas” podemos conocer por adelantado a las personas y de cómo,  a pesar de que podemos intuir el daño que nos puede venir de los otros,  nada hacemos, o casi nada hacemos para evitarlo.

Pero es difícil aceptar o ver eso, [prever las conductas de los demás y actuar en consecuencia] de modo que los corazones perpetúan sus vuelcos y las bocas sus pastosidades y vahos y sus temblores las piernas, cómo pude o he podido —se dicen los hombres para sus adentros— ser tan tonto, ser tan listo, tan resabiado, tan crédulo, tan pánfilo, tan escéptico, no es por fuerza más ingenuo el confiado que el recelo­so, no  lo es menos el cínico que el rendido sin condiciones que se ha puesto en nuestras manos y nos ofrece ya el cuello para el último o primer tajo,  o el pecho para que lo atravesemos con nuestras más puntiaguda lanza. (227)

También implica cómo esta intuición no impide que hablemos, y así ahorrarnos los dolores de los desencuentros y rupturas; así pues, la más valiosa de las conclusiones, e inevitablemente es un hecho paradójico, es que es mejor callar y no hacer nada (Borges, y la inacción dejé que es cordura), aunque callar no sirva de nada: No parece posible mantenerse aparte, en la margen, encerrarse en casa y  no saber nada ni querer nada —no querer ni querer siquiera, eso de poco sirve—, no abrir el buzón ni contestar nunca el teléfono, ni descorrer el cerrojo por mucho que llamen y parezca que van a echarnos la puerta abajo, no pa­rece posible simular que no hay nadie o que el que había se ha muerto y no te oye, resultar invisible a voluntad y cuando elige uno, no lo es callar y contener eternamente la respiración mientras está uno vivo. (228)

Como resultado último quizá parezca un objetivo y un tema basados en la observación un tanto obvia de la conducta humana; pero esta aparente obviedad observada por Marías es, como toda verdad filosófica, resumible en una frase un tanto tautológica (“decir que es lo que no es, eso es la ironía” , “sólo sé que no sé nada”, “pienso, luego existo”, etc., etc.). La profundidad y complejidad del tema se da cuando se desarrolla, cuando se analizan sus partes minuciosamente, tomando en cuenta todas sus variantes y complejas consecuencias y resultados; este hecho resalta más cuando notamos que, esa grave y certera reflexión sobre la conducta humana está enmarcada en una historia sencillísima, casi diríamos anodina, protagonizada por personajes muy inteligentes pero que hacen cosas tan comunes y corrientes, como el más vulgar y bruto de los humanos. Y es en estas circunstancias que el asunto comienza a hacerse interesante, inteligente, agudo y es, también, expresión de la gran capacidad que tiene Javier Marías para ver y comprender las complejas y contradictorias conductas humanas. Veamos un caso.

            El protagonista tiene unas claras “facultades interpretativas” de los sentimientos y las conductas humanas, pero es incapaz de prever la futura conducta de su esposa, o peor aún, la propia, y de esa manera, tratar de salvar su matrimonio. No, de nada sirve poder intuir las conductas humanas, porque siempre estamos expuesto al fracaso, a no ver, a no querer ver lo que está frente a nosotros. Claramente lo dice el personaje en una líneas citadas antes. En otro lugar de la novela lo dice más claramente:

 Mi don o mi maldición no es nada del otro mundo, lo cual quiere decir también que no es nada sobrenatural… mis facultades interpretativas o deductivas, que aciertan o yerran pero en todo caso nunca se inhiben, sino que se ponen al instante en marcha para componer un retrato improvisado y mínimo, un estereotipo, un fogonazo, una suposición plausible, un esbozo o retazo de vida por imaginarios y elementales o arbitrarios que sean, es mi mente detectivesca y alerta, mi mente imbécil que me criticaba y reprochaba Clare Bayes en es este mismo país hace ya muchos años, antes de que conociera a Luisa, y que hube de sofocar con Luisa para no irritarla y no darle miedo, el miedo supersticioso que más daño hace, y aún así sirvió de  poco (234)

            El personaje sabe que es inútil tratar de explicar y contar a los otros cómo es el proceder humano y en qué consisten los errores humanos, sin embargo, Jacobo, el protagonista, no deja de contar; sobre esto habla la reflexión inicial de la novela: “No debería uno contar nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde… Callar, callar, es la gran aspiración que nadie cumple”. Y en efecto --sin embargo--, habla.

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Javier Marías, Tu rosotro mañana 1. Fiebre y lanza, Madrid, Alfaguara, 2002, 475 pp

 

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