A continuación tienes un texto titulado "La personalidad narcisista" escrito por el afamado psicólogo norteamericano Erich Fromm. Con base en este escrito se escribió la siguiente reseña que se titula "Narcisismo, paradoja del hombre". Esta reseña sigue puntualmente los aspectos descritos en las instrucciones para la elaboración de reseñas que se encuentran en el archivo adjunto. Lee detenidamente los dos textos, y podrás comprobar cómo, la presente reseña, incluye todos los pasos indicados. Para facilitarte el trabajo, te he marcado, con "marcador fosforescente" cada una de las secciones que integran "Narcisismo, paradoja del hombre". Lee con mucha atención.
Erich Fromm, ”La personalidad narcisista”
¿Cómo puede reconocerse a la persona narcisista? Hay un tipo que es fácilmente identificable. Es el tipo de individuo que presenta todas las señales de satisfacción de sí mismo; puede advertirse que cuando dice unas palabras triviales cree que está diciendo algo de suma importancia. Por lo general no escucha lo que dicen los demás, ni se interesa realmente. (Si es inteligente, procurará ocultar ese hecho haciendo preguntas y fingiendo parecer interesado.) También puede reconocerse a la persona narcisista por su susceptibilidad a toda clase de crítica. Esa susceptibilidad puede manifestarse negando la validez de toda crítica, o reaccionando con ira o con abatimiento. En muchos casos, la orientación narcisista puede ocultarse detrás de una actitud de modestia y humildad; no es raro, realmente, que la orientación narcisista de un individuo tome su humildad como objeto de su auto admiración. Aunque son muy diferentes las manifestaciones del narcisismo, es común a todas ellas la falta de verdadero interés por el mundo exterior.[1] A veces el individuo narcisista puede ser identificado también por su expresión facial. Con frecuencia encontramos un tipo de animación o de sonrisa que da la impresión de complacencia con algo, de beatífico, de confiado, de puerilidad para los demás. Frecuentemente, el narcisismo, especialmente en sus formas más extremas, se manifiesta en un brillo especial en los ojos, que unos toman por síntoma de semisantidad y otros de semilocura. Muchas personas muy narcisistas hablan incesantemente, con frecuencia en una comida, donde se olvidan de comer y hacen esperar a todos los demás. La compañía o la comida son menos importantes que su “ego”. El individuo narcisista no toma necesariamente toda su persona como objeto de su narcisismo. Frecuentemente enfoca su narcisismo sobre un aspecto parcial de su personalidad; por ejemplo, su honor, su inteligencia, sus proezas físicas, su ingenio, su buen aspecto (en ocasiones constreñido a detalles como el pelo o la nariz). A veces su narcisismo se refiere a cualidades de que normalmente no se enorgullecería una persona, como su capacidad para sentir miedo y, en consecuencia, para prever el peligro. “Él” se identifica con un aspecto parcial de si mismo. Si preguntamos quien es “él”, la respuesta adecuada sería que “él” es su cerebro, su fama, su riqueza, su pene, su conciencia, y así sucesivamente. Todos los ídolos de las diferentes religiones representan otros tantos aspectos parciales del hombre. En el individuo narcisista, el objeto de su narcisismo es cualquiera de las cualidades parciales que para él constituyen su yo. El individuo cuyo yo está representado por su propiedad puede recibir bien una amenaza a su dignidad, pero una amenaza a sus pertenencias es como una amenaza a su vida. Por otra parte, para el individuo cuyo yo está representado por su inteligencia, el hecho de haber dicho algo estúpido es tan doloroso, que puede tener por consecuencia un estado grave de depresión. Pero cuando más intenso es el narcisismo, menos aceptará el individuo narcisista el hecho del fracaso por su parte, o cualquier crítica legítima de los demás. Se sentirá ultrajado por la conducta insultante de la otra persona, o creerá que la otra persona es demasiado sensible, ineducada, etc., para formar juicio adecuado. (Recuerdo, a este respecto, un individuo brillante pero muy narcisista que, ante los resultados de una prueba de Rorschach a que se había sometido y que estaban muy lejos del concepto ideal que tenía de sí mismo, dijo: “Lo siento por el psicólogo que hizo esta prueba; debe ser muy paranoide”.) Tenemos que mencionar ahora otro factor que complica el fenómeno del narcisismo. Así como la persona narcisista hizo del concepto que tiene de sí misma el objeto de su adhesión narcisista, hace lo mismo con todo lo que se relaciona con ella. Sus ideas, su sabiduría, su casa, pero también la gente comprendida en su “esfera de interés”, se convierten en objetos de su adhesión fetichista. Como dijo Freud, el ejemplo más frecuente es probablemente la adhesión narcisista a los hijos propios. Muchos padres creen que sus hijos son los más bellos, los más inteligentes, etc., por comparación con otros niños. Parece que cuanto menores son los hijos, más intenso es este sesgo narcisista. El amor de los padres, y en especial el amor de la madre por el niño, es en medida considerable amor al niño como ampliación de uno mismo. El amor adulto entre hombre y mujer también tiene con frecuencia una calidad narcisista. El hombre enamorado de una mujer puede transferirle a ella su narcisismo, una vez que ella llegó a ser “suya”. La admira y la adora por cualidades de que él la ha investido; precisamente porque ella forma parte de él, se convierte en portadora de cualidades extraordinarias. Un individuo así también pensará con frecuencia que todas las cosas que posee son extraordinariamente maravillosas y se “enamorará” de ellas. El narcisismo es una pasión cuya intensidad en muchos individuos sólo puede compararse con el deseo sexual y el deseo de seguir viviendo. En realidad, muchas veces resulta más fuerte que uno y otro. Aun en el individuo corriente en quien no alcanza tal intensidad, hay un núcleo narcisista que parece casi indestructible. Siendo así, podríamos sospechar que, como el sexo y la supervivencia, la pasión narcisista tiene también una función biológica importante. Una vez que hemos planteado esta cuestión, la solución viene fácilmente. ¿Cómo podría sobrevivir el individuo si sus necesidades corporales, sus intereses, sus deseos, no estuvieran cargados de gran energía? Biológicamente, desde el punto de vista de la supervivencia, el hombre tiene que atribuirse a si mismo una importancia muy por encima de la que da a cualquier otro. Si no lo hiciese, ¿de dónde sacaría la energía y el interés para defenderse contra otros, para trabajar por su subsistencia, para luchar por su supervivencia, para sustentar sus derechos contra los de los demás? Sin narcisismo, podría ser un santo, ¿pero tienen los santos un índice elevado de supervivencia? Lo que desde un punto de vista espiritual sería sumamente deseable —la ausencia de narcisismo— sería sumamente peligroso desde el punto de vista mundano de la supervivencia. Hablando teleológicamente[2], podemos decir que la naturaleza dotó al hombre de una gran cantidad de narcisismo a fin de permitirle hacer lo que es necesario para sobrevivir. Esto es cierto especialmente porque la naturaleza no dotó al hombre de instintos bien desarrollados, como los que tiene el animal. El animal no tiene “problemas” de supervivencia en el sentido de que su naturaleza intrínsecamente instintiva se cuida de la supervivencia, de tal manera que el animal no tiene que pensar ni decidir si necesita o no hacer un esfuerzo. En el hombre el aparato instintivo ha perdido la mayor parte de su eficacia, y en consecuencia el narcisismo asume una función biológica muy necesaria. Pero después de reconocer que el narcisismo desempeña una función biológica importante, nos encontramos ante otra cuestión. ¿No tiene el narcisismo extremado la función de hacer al individuo indiferente hacia los demás, incapaz de relegar a un segundo lugar sus necesidades cuando ello es necesario para cooperar con otros? ¿No hace el narcisismo asocial al individuo y, en realidad, demente, cuando alcanza un grado extremo? No puede dudarse que el narcisismo individual extremo es un grave obstáculo para toda vida social. Pero si es así, puede decirse que el narcisismo está en, conflicto con el principio de la supervivencia, pues el individuo únicamente puede sobrevivir si se organiza en grupos; difícilmente podría alguien protegerse completamente solo contra los peligros de la naturaleza, ni sería capaz de hacer muchas clases de trabajo que sólo pueden hacerse en grupos. Llegamos, pues, al paradójico resultado de que el narcisismo es necesario para la supervivencia, y al mismo tiempo que es una amenaza para ella. La solución de esta paradoja se halla en dos direcciones. Una es que sirve a la supervivencia el narcisismo óptimo, no el máximo; es decir, que el grado biológicamente necesario de narcisismo se reduce al grado de narcisismo que es compatible con la cooperación social. La otra reside en el hecho de que el narcisismo individual se transforma en narcisismo de grupo, que el clan, la nación, la religión, la raza, etc., sustituyen al individuo como objetos de pasión narcisista. Así, se conserva la energía narcisista, pero se usa en interés de la supervivencia del grupo y no de la supervivencia del individuo. Antes de pasar a tratar este problema del narcisismo de grupo y de su función sociológica, deseo estudiar la patología del narcisismo.[3] * * * La imagen de la especie humana y de sus triunfos como objeto del narcisismo benigno podría estar representada por organizaciones supranacionales, como las Naciones Unidas; y hasta podría empezar a crear sus símbolos, sus fiestas y sus celebraciones. La mayor fiesta del año no sería la fiesta nacional, sino el “día del hombre”. Pero es evidente que eso sólo puede tener lugar si están de acuerdo muchas naciones, y finalmente todas, y se muestran dispuestas a reducir su soberanía nacional en favor de la soberanía de la humanidad, no sólo en relación con las realidades políticas, sino también en relación con las realidades emocionales. Unas Naciones Unidas fortalecidas y la solución razonable y pacífica de los conflictos entre grupos son las condiciones obvias para que sea posible que la humanidad y sus triunfos comunes se conviertan en el objeto del narcisismo de grupo.[4] Este paso en el objeto del narcisismo desde grupos aislados a toda la humanidad y sus logros, indudablemente tendería, como se dijo antes, a contrarrestar los peligros del narcisismo nacional e ideológico. Pero no basta eso. Si somos fieles a nuestros ideales políticos y religiosos, el ideal cristiano tanto como socialista del altruismo y la fraternidad, la tarea consiste en reducir el grado de narcisismo en cada individuo. Aunque esto necesite generaciones, es ahora más posible que en cualquier tiempo pasado porque el hombre tiene la posibilidad de crear las condiciones materiales para una vida humana digna para todos. El desarrollo de la técnica acabará con la necesidad de que un grupo esclavice y explote a otro; ya hizo anticuada la guerra como acción económicamente racional; el hombre saldrá por primera vez de su estado semianimal a un estado plenamente humano, y por lo tanto no necesitará satisfacción narcisista para compensar su pobreza material y cultural. Sobre la base de esas condiciones nuevas, el intento del hombre para vencer el narcisismo podría recibir fuerte ayuda de la orientación científica y de la humanista. Como ya indiqué, debemos trasladar nuestro esfuerzo educativo de enseñar primordialmente una orientación técnica a enseñar una orientación científica; es decir, a impulsar el pensamiento científico, la objetividad, la aceptación y la realidad, y un concepto de la verdad que no está sujeto a ningún fiat y es válido para todos los grupos concebibles. Si las naciones civilizadas pueden crear una orientación científica como actitud funda. mental del individuo en su juventud, se habrá ganado mucho en la lucha contra el narcisismo. El segundo factor que lleva en la misma dirección, es la enseñanza de la filosofía y la antropología humanistas. No podemos esperar que desaparezcan todas las diferencias filosóficas y religiosas, y ni siquiera lo queremos, ya que el establecimiento de un sistema que pretendiera ser el “ortodoxo” podría conducir a otra fuente de regresión narcisista. Pero aun admitiendo todas las diferencias existentes, hay un credo y una experiencia humanistas comunes. El credo es que cada individuo lleva en sí a toda la humanidad, que la “condición humana” es una y la misma para todos los hombres, a pesar de diferencias inevitables en inteligencia, talentos, estatura y color. La experiencia humanista consiste en sentir que nada humano es ajeno a uno, que “yo soy tú”, que un ser humano puede comprender a otro ser humano porque los dos participan en los mismos elementos de la existencia humana. Esta experiencia humanista sólo es plenamente posible si ampliamos nuestra esfera de conocimiento. Nuestro conocimiento se limita habitualmente a lo que nos permite conocer la sociedad a la cual pertenecemos. Las experiencias humanas que no encajan en ese marco, son reprimidas. De ahí que nuestra conciencia represente principalmente a nuestra sociedad y nuestra cultura, mientras que nuestro inconsciente representa al hombre universal que hay en cada uno de nosotros.[5] La ampliación del conocimiento en sí mismo, que trasciende la conciencia e ilumina la esfera de lo inconsciente social, le permitirá al hombre experimentar en sí mismo todo lo de la humanidad; experimentará el hecho de que es un pecador y un santo, un niño y un adulto, un cuerdo y un loco, un hombre del pasado y un hombre del futuro, que lleva en sí lo que la humanidad fue y lo que será. Un verdadero renacimiento de nuestra tradición humanista emprendido por todas las religiones, por los sistemas políticos y filosóficos que pretenden representar el humanismo, produciría, según creo, un progreso considerable hacia la “nueva frontera” mas importante que hoy existe: el desarrollo del hombre hasta constituir un ser completamente humano. [1] En ocasiones no es fácil distinguir entre una persona vana, narcisista, y otra que tiene una baja autovaloración; esta última necesita con frecuencia alabanzas y admiración, no porque se interese por ninguna otra persona, sino a causa de sus dudas acerca de sí misma y de su baja autovaloración. Hay otra distinción importante que no siempre es fácil de hacer: la que existe entre narcisismo y egotismo. El narcisismo intenso implica la capacidad para sentir la realidad en su plenitud; el egotismo intenso implica sentir poco interés, amor o simpatía por los demás, pero no implica necesariamente la sobrevaloración de los propios procesos subjetivos. En otras palabras, el egotista extremado no es necesariamente narcisista; el egoísmo no es necesariamente ceguera para la realidad objetiva. [2] La teleología es la rama de la filosofía que estudia las causas finales [3] El texto se prolonga por varias páginas más sobre asuntos que no vienen a cuento de nuestro interés. Finalmente Fromm concluye que en la sociedad moderna ha predominado, tanto en lo individual como el lo social, el narcisismo máximo y no el óptimo, por lo tanto concluye su ensayo haciendo las siguiente recomendaciones, para con ello tratar de dirigir al individuo y a la sociedad hacia un narcisismo óptimo, es decir positivo. [4] Como ejemplo de medidas más específicas para tal intento, sólo quiero hacer algunas sugerencias. Los libros de texto de historia debieran escribirse de nuevo como libros de historia universal, en que las proporciones de la vida de cada nación sean fieles a la realidad y no deformadas, así como los mapas del mundo son los mismos en todos los países y no inflan el tamaño del país respectivo. Además, podrían hacerse películas que fomenten el orgullo por los progresos de la especie humana, haciendo ver cómo la humanidad y sus triunfos son la integración final de muchos pasos aislados dados por diferentes grupos. [5] Cf. E. Fromm, Psicoanálisis y budismo zen. Fondo de Cultura Económica, México, 1964; y Beyond the Chains of Illusion, Simon and Schuster, Nueva York, 1962; y Nueva York, Pocket Books, 1963.
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Lo bueno, malo y utópico de la personalidad narcisista
El autor de “La personalidad narcisista” en El corazón del hombre, Erich Fromm, pretende describir las características de dicha personalidad. Por otro lado, hace recomendaciones, para con ello tratar de dirigir al individuo y a la sociedad hacia un narcisismo óptimo, es decir positivo. El patrón que sigue es un análisis de cada uno de los aspectos que componen a la personalidad narcisista y de sus connotaciones, tanto individuales como sociales. Las variables que utilizaré para el análisis de este documento son: Las características de una personalidad narcisista óptima frente a un narcisismo máximo y la idea humanista de trasladar el narcisismo individual a uno de índole social. Partiré de la pregunta que plantea Erich Fromm, al principio del documento: “¿Cómo puede reconocerse a la persona narcisista?”. Es decir, debemos de saber identificar las características del individuo narcisista, para con ello poder resolver la problemática que existe entre el narcisismo necesario (óptimo) y el exagerado (máximo). Caracterizado por la sobre valorización de las características de sí mismo, el individuo narcisista puede hallar en éste una contradicción: “el narcisismo es elemento de supervivencia, pero puede alejarlo de los demás y con ello poner en riesgo la misma supervivencia”. Mientras por un lado, existe la tendencia a juzgar negativamente al individuo narcisista, por otro lado, nos damos cuenta que éste tiene su parte positiva. El narcisismo se presenta como una función biológica importante, que nos permite hacer lo necesario para sobrevivir, es aquí donde se encuentra el narcisismo óptimo. Pero, no debe de convertirse en un narcisismo de tipo patológico (máximo), cuyo aspecto impida la relación social. La siguiente analogía es un ejemplo claro, de lo que quiero decir: El orden y la limpieza son necesarios, pero cuando estos sobrepasan los niveles de “normalidad”, se convierten en factores de sufrimiento y desintegración social, característicos de la neurosis obsesivo-compulsiva. Lo mismo sucede con el narcisismo. Como en todo, los excesos siempre son malos. La idea planteada, por Erich Fromm, de trasladar el narcisismo en pro de la supervivencia del grupo y no del individuo, presenta aspectos interesantes, aunque en su mayoría se distinguen por ser utópicos. Es difícil concebir el cambio en estructuras sociales francamente indestructibles, la fusión de ideas en una “imagen común”, con celebraciones comunes, etc., todo esto producto de un narcisismo benigno. La idea propuesta por Fromm, nos hace imaginar un “mundo perfecto”, en plena unión, teniendo como punto común: la humanidad. Por otro lado, podemos rescatar el fuerte idealismo de Fromm, el cual podríamos traducir en aplicaciones prácticas, a favor de la sociedad. Un ejemplo claro de esto, es la ampliación del conocimiento universal. Con lo dicho anteriormente y a modo de conclusión, puedo afirmar que el narcisismo se presenta como cualquier otro aspecto de la personalidad humana, necesario en sus niveles adecuados y patológico cuando sobrepasa estos niveles y tiene consecuencias en la integración social. Por otra parte, la idea humanística debe de traducirse en la búsqueda del narcisismo social en los distintos grupos humanos y no en el ideal universal. Considero que el autor logra parte de su objetivo presentando las distintas características que identifican al individuo narcisista. Sin embargo, no logra su segundo objetivo, presentando soluciones utópicas. La forma en que nos presenta su texto me parece buena, ya que al principio te da una idea completa del tema a tratar y después te va llevando con cierto orden por las causas y las consecuencias. Aunado a esto, las variables se relacionan entre sí de manera congruente, lo que proporciona al lector el rápido entendimiento de la importancia de saber identificar la personalidad narcisista.
Miguel Ángel Islas Allende R.
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Secciones que conforman esta reseña
1. Introducción
a) Propósito
b) Patrón
c) Variables
2. Cuerpo
3. Conclusión
a) Integración de las ideas
b) Evaluación del propósito del autor
c) Evaluación del patrón de organización
d) Evaluación de las variables