INTRODUCCIÓN
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En este trabajo he reunido cuatro novelas que, en su momento, fueron muy bien valoradas por la crítica. Tanto por ellas mismas como por el hecho de que representan muy dignamente el movimiento literario llamado "Neorrealismo", también conocido como, "La novela social española".
Con el paso de los años y tras la entronización, de nuevo, de la novela experimental en España, así como la ulterior "caída del comunismo real" estas novelas han tendido a quedar cubiertas por una pátina del tiempo llamada olvido. Hoy por hoy estas novelas son leídas por un público especializado y han sido casi olvidadas por el gran público: el pueblo, a quien iban dirigidas con tanto fervor, entusiasmo y buena fe.
Quizá son estos los mejores momentos para hacer una evaluación general de este periodo de la novela española. Momentos en que la pasión en pro y en contra ha cedido su lugar a una visión distante y fría, casi groseramente fría. Muchas y graves han sido las acusaciones en contra del neorrealismo, se le achacan tanto errores en el fondo como en la forma. Respecto de la forma se suele decir que representan un retroceso en cuanto a la evolución del género; en cuanto al fondo que están marcadas por un grave maniqueísmo. Es muy probable que a estas acusaciones no les falte razón. Pero también es verdad que la realidad es mucho más compleja de lo que aparenta y que, en honor a la verdad, sería muy difícil comprobarles su división del mundo entre buenos y malos -por un lado-; también sería muy difícil demostrar que son, en cuanto a la técnica, unas novelas decimonónicas -por el otro-.
Las novelas que nos ocupan, El fulgor y la sangre de Ignacio Aldecoa, Los bravos de Jesús Fernández Santos, El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio y Campos de Níjar de Juan Goytisolo, son obras importantes y ricas en su contexto y, si bien no habrán de ocupar un lugar destacado en la historia universal de la literatura, sí es evidente que tienen muchas cosas qué decirnos y pueden ser, como lo son, fuente para conocer la evolución de la novela española y motivo de reflexión sobre la creación literaria, sus temas y sus últimas intenciones y valores.
He tratado, pues, de instalarme por encima de estas polémicas que tienden a calificar o descalificar las obras literarias. Y he tratado, por otro lado, de analizar lo que en ellas me parece más importante y revelador: su condición en todas ellas de aludir a un tema común, el rito de iniciación.
La crítica, en estas novelas, suele privilegiar la cuestión del tema político y social y olvida, en general, otros aspectos fundamentales. Mi intención, entonces, ha sido privilegiar otros elementos del análisis para después derivar éstos a la preocupación central de estos autores: la problemática social de España; que, por ser tan evidente, es irrecusable su tratamiento en cualquier estudio de estas obras que se respete.
Así pues, lo que aquí propongo es que hay un tema común en ellas, piedra angular para todo tipo de análisis: el rito de iniciación. Este rito es el motor que dirige la acción en las novelas y subyace como un substrato común. Este rito es particularmente original ya que se nos presenta en los cuatro libros como un rito negativo.
Se entiende que todo rito de iniciación tiene como elemento fundamental un principio de vida: ayuda en la transformación y evolución del hombre hacia etapas superiores de vida, en cambio, este rito que aquí analizaremos es un rito degradante que, en vez de enaltecer, degrada, en vez de liberar somete, etc. Así pues, el primer capítulo lo dedicaré a explicar y ejemplificar qué es un rito iniciático y cómo se puede traslucir en los acontecimientos narrados en las novelas que me ocupan. Posteriormente analizo las consecuencias de esta degradación sufrida por la sociedad española y, finalmente, valiéndome de estas consecuencias, derivo el análisis hacia otros caminos que arrojan más luz sobre la novela española en general, y en particular, a la tetralogía que me ocupa.
Finalmente, sólo me queda aclarar que el título de los tres capítulos en que está dividido este trabajo, no sólo responde al hecho central que en él se analiza, sino que también es una constancia de mi afición por el cine, y en particular, por la obra del director sueco aludido a través del título de sus películas.