Volver
PEYOTE
El peyote era una de las drogas alucinógenas más populares entre los indígenas
de Méjico y sus virtudes fueron tenidas en tal estima que los indios mejicanos
exaltaron el peyote a la categoría de dios. Es un cactus que crece en las
regiones semidesérticas del centro y norte de Méjico y sur de Estados Unidos.
El peyote posee un tallo globular, con la zona superior aplanada y la zona
apical deprimida. Mide de 5 a 10 cm. de diámetro y de 2.5 a 7.5 cm. de alto. Su
color es glauco. Presenta de 5 a 13 costillas anchas y aplanadas, que están
separadas por estrechas hendiduras. A lo largo de cada costilla existe una fila
de tubérculos poco prominentes, separados entre sí unos 1.5 o 2 cm.; sobre
cada uno de ellos hay una areola. Las areolas son grandes, tienen un penacho
lanoso y velloso de color blanco o blanquecino de hasta un centímetro de
longitud.
Las espinas no existen en los ejemplares adultos; en las
plantas jóvenes, procedentes de semillas, puede encontrarse alguna. La raíz es
gruesa, napiforme y mide hasta diez centímetros o incluso más. En un principio
el tallo es solitario, pero más tarde emite hijuelos laterales; puede llegar a
formar colonias de más de 50 individuos. Las flores nacen en las areolas
jóvenes, que se encuentran en la zona apical de la planta.
Tienen forma de embudo y miden entre 1.5 y 2.5 cm. de diámetro.
Son de color rosa, rosa pálido o casi blanco, con nervios centrales más
oscuros. Los estambres y el estilo son blancos. El estigma presenta entre tres y
siete lóbulos rojizos o amarillentos. Los filamento de los estambres son
sensibles y al tocarlos se acercan al estigma. Se han escrito muchos artículos
acerca de esta planta y su relación con determinadas fiestas religiosas.
Desde hace muchos siglos el peyote es consumido en Méjico.
Fueron los colonizadores españoles y en especial los misioneros, los que
escribieron acerca de este cactus. La forma más común para tomar este cactus
es secándolo. Otra de las formas de preparar el peyote es machacándolo y
preparar una pasta para mezclar con agua, la cual acto seguido se bebe solo o
acompañado de alcohol.
El peyote contiene nueve alcaloides. El principal es la
mescalina, que fue aislada por Heffter en 1896. Otros son la anhalodina, que
produce somnolencia y sensación sorda en la cabeza, mientas que otro, la
peyotlina, origina una sensación de fatiga, acompañada de un sentimiento de
aversión para cualquier esfuerzo intelectual y físico. La anhalodina sólo
produce una ligera somnolencia. En cambio la lofoforina es el alcaloide más tóxico
del peyote, originando un fuerte dolor en la nuca y es el antagonista de la
morfina. Estos alcaloides, desde el punto de vista químico, se relacionan unos
con la morfina y otros con la estricnina. Se encuentran tanto en los lotes del
peyote desecado (Nescal-Buttons) como en las plantas vivas, en proporciones muy
distintas (lo mismo que el opio respecto a la adormidera y el hachís al
cannabis sativa). Los alcaloides difieren según las condiciones de la vegetación
y la época de la recolección o según la naturaleza y constitución del suelo
en que crecen las plantas. El peyote cayó en el olvido durante años, pero
hacia los años 30 se le volvió a prestar interés. Uno de los que contribuyó
a este suceso fue Aldous Huxley, quien narró sus experiencias con el empleo de
la mescalina en The Doors of perception y en Heaven and Hell.
Es normal que produzca vómitos y nauseas para las personas
poco experimentadas en su toma. Produce una intoxicación alucinógena que se
divide en dos partes o fases bien marcadas: una de sobreexcitación y otra de
pereza física y tranquilidad nerviosa, en la cual se presentan las visiones
coloreadas.
Con el peyote uno se siente activo, eufórico y locuaz, produciendo asimismo
alteraciones anímicas de gran importancia. Uno parece estar dotado de una mayor
capacidad intelectual. También calma el hambre y la sed. Se produce una
dilatación de las pupilas y se crea un proceso de agudeza visual, sensibilidad
a la luz y de percepción extraordinaria de colores y contrastes, detalles
insignificantes de los objetos adquieren un interés extraordinario. Se producen
percepciones interiores y alucinaciones fantasiosas. El peyote parece actuar
sobre el centro óptico del cerebro. Como ha quedado demostrado, es capaz de
transformar los sonidos en impresiones luminosas y cromáticas, y las imágenes
en sonidos, promocionando, por así decirlo, por vía bioquímica un espectáculo
de «luz y sonido». Los fenómenos mentales producidos por el peyote y la
mescalina son semejantes a los producidos por el hachís y otros enteógenos.
Destacan el desdoblamiento de la personalidad y la fusión de ésta con los
objetos del mundo exterior.