Indudablemente la referencia más clara sobre el concepto de amor propuesto es el simposio de Platón. Ahí encontramos una definición de amor que supone la previa distinción hecha en el Menón y en la República sobre el hombre como cuerpo y alma. Pero esta distinción inicial no debe ser tomada con ingenuidad, es decir, como dos realidades realmente existentes. Más bien debe ser asumida desde el siguiente punto de vista:
cuerpo = lo fuera, el espacio limitado y físico, la publicidad.
alma= el dentro, el espacio de la intimidad y de la interioridad, el espacio del secreto, lo privado y lo sagrado.
El dentro está sometido a leyes del ser mientras que el fuera está sometido a leyes del estar. Todo lo que está es pero no viceversa. Es, por tanto, imposible de-mostrar la ex-istencia del dentro (pues implicaría ponerlo fuera). El dentro no se puede de-mostrar sólo se puede mostrar a otro que se dice yo y me dice tú. En esta respectividad está la relación moral y de amor. Me explico: yo solo soy yo para un tu que me respecta (o no me respecta y dejo de ser yo [puedes quitarle la c “que me respeta o no”]).
El fuera no tiene nada detiene, retiene, sostiene, mantiene, etc. es el dentro el que tiene (una cajetilla de cigarros no tiene cigarros sólo los detiene quien los tiene (o no ) soy yo que soy dentro.
En la relación de amor hay quien tiene realmente al otro. Hay quien, por no tenerlo, tiene que retenerlo, detenerlo o mantenerlo.
Pero el Platón del simposio agrega algo: la teoría de las formas. Si el fuera sólo está en relación con un dentro que no está sino es ¿dónde está el fuera? La respuesta es simple en ningún lado porque está en mí. Yo me enamoro de las formas externas porque me veo en ellas tal y como me imagino deber ser o merecer. De ahí la vanalidad de la posesión del objeto amado. Si lo poseo me desilusionó de que lo otro no era yo y de que yo no soy tan bueno como supuse en el otro. Por tanto la única alternativa es el amor como permanente contemplación de las formas en mí: vgr. amor platónico.