I
SINRAZONES.
giran
en torno a
verdades
sospechosas.
¿Es que
acaso nadie de
lo obvio que acaece
se percata,
que
no es más que la locura y muerte
la verdad que se nos ofrece?
¿Qué es
aquello que nos importa?
Acaso,
increpa el sabio,
lo es
el conocimiento propio
creciendo
en profundas y propias tinajas,
O es
acaso la vida
que
corre cual implacable amazona
lo que
las penas conjunta
y la
existencia releva.
¿No es
cierto que los infelices frustrados
agolpan
sus infames razones,
funestos
pensamientos,
en
contra de sus abrumadoras realidades?
¡Infelices
escuchad este canto!
¡Desdichados
acudid a este canto!
¡Sabed
y gritad que la sabiduría no es más cosa
que la
razón reclusa!
¡Oh
gran renacentista!
La
sabiduría fue de vos eterna compañera,
Brillante
consejo os dio: no es la inteligencia,
Lo que
sentido y significado otorga,
Sino la
bendita y digna estulticia.
¡Viva
César!
¡Caiga
Roma!
Que las
llamas ya consuman
Los
despojos de esta tierra.
REPÚBLICA.
Digno
poseedor de grandes genios
De
místicos magos y
Volubles
hechiceros.
Es
cierto, no hay más verdad
Que la
sospecha,
No hay
más sospecha
Que la
felicidad.
¡Despertad
despojos viriles!
¡Recordad
el odio que tuvisteis!
¡No
olvidéis que no es ilusión
lo que vuestras
mentes captan,
sino pétreas alucinaciones
de
inexpugnables fortalezas!.
¿Os
habéis entregado
a ese
bastardo?
¡Permitidme
tomar graciosa burla
de
vuestro gran infortunio.
Que os
habéis vendido
Al
sofista más grande de este mundo!.
Pudriros,
morid, vengad
No
permitáis que este bastardo
Vuestra
fortaleza derrumbe,
Que sus
armas son fuertes y
Sus
escudos de preciosas piedras,
Creedme,
nunca sabréis quien os ataca.
Debéis
ver a través de la belleza,
Exclamad
en todo instante, menester :
¿Dónde
te encuentras bastardo?
¡Dejadte
ver!
No
huyas cual esclavo y
Retornes
cual mujer.
SAN JUAN DE ULÚA.
Tus
paredes bañan,
Tristezas
y desdenes
De tus
rocas emergen.
¿No
eres, acaso, una fortaleza?
O eres,
en cambio, una feroz
Ilusión
lastimera aquella que
En tu
propio vientre vocifera.
Cierto
es, joven implacable,
Que en
ese fuerte incluso los titanes
Perecen
Que
nadie de sus profundas tinajas, vivo
Sale
Que de
sus sótanos nada, salvo ratas,
Salen
Que de
sus internos mantos nada, salvo desdenes,
Salen,
Que de
sus horribles rocas nada, salvo rencores,
Salen.
¡Grita!,
joven imberbe,
pelea,
lucha, sufre, ¡llora!
Pero
nunca, nunca desfallezcas
Ni
muestres tus tristezas.
Máscaras
grandes y fuertes muestra,
Hazlas
parecer piedra
¡Confúndelas
con la fortaleza!
Y nunca
sabrán lo que en ti
Débilmente
se gesta.
Jamás
el error, joven dolorido, cometas
De
quitarte la máscara,
Que
bien sabes que tu interior
A
cucarachas y ratones asemeja.
IV.
SAGRARIO QUÍMICO ( o de la mente consciente).
¿Es
este el fin de la competencia?
No os
acongojéis,
No
temáis,
Que no
es sino estado mental
El
miedo que sentís.
Olvida
hurgar,
Evita
complicaros
Bien sabéis que
El fin
no es malo.
Resarcir
vuestra caída
Está en
vos mismo,
Recordad,
tan solo,
Que la
mente no está fuera
Ni
encima del cuerpo.
Eso que
sentís ¡Oh, muchacho
Escéptico!
No es
ajeno a tus iguales,
Eso que
pensáis no es
De lo
extrasensorial producto.
¿No
veis que no eres nada
sino
cuerpo?
Que la
mente no es más que
Instrumento
de lo extenso.
Observad
mas allá,
No
contempléis lo rebuscado,
Lo
trascendente y
La
fortuna os libere de lo perenne.
Mirad
lo que eres
no
veáis con la ciega mente,
Huele
con la nariz
No con
la anósmico intelecto.
¿Es que
acaso creéis, estúpido,
que
aquellos, en suma apariencia,
sublimes
sentimientos
de
vuestra razón nacieron?
¡Iluso!
Aquél bastardo
al que
disteis entrada
se
encontraba ya dentro
solo
buscaba causa para emerger.
Pensad,
hermano con la mente,
No
veáis con ella , que en ello
La ineficacia
de vuestra fortaleza
Reside,
y en ello descansa la solidez
De la
ajena.
ODA
A LA CONVENCIONALIDAD.
I.- Dolor de Huevos.
En tu seno nada amarras
Adentro no permites a los nuevos
Tu vientre se pudre y amas
Y te sigues quejando de tu dolor de huevos.
Tarjas de mierda sustituyen tus entrañas
En variados confines putrefactos
Y la vida transcurre y no la extrañas
Pues tienes un dolor de huevos.
Sucintamente a lapsos te engañas
Nada de ti sino entierros
Conoces y percatas
Mientras te quejas de tu dolor de huevos.
Cuando despiertes y al camino veas
Jamás soportar podrás sus encantos
Pues en tu alma solo las vedas...
Y en tu cuerpo hay un dolor de huevos.
Nunca esperanza alguna albergas
De soportar la realidad en nuevos frisos
Pues dentro de ti solo existes y no te arrastras...
Pero sólo sabes de tu dolor de huevos.
No importa que por dentro mueras
Que los dolores de tu seno sean añejos
¡Nada importa! ¡Tú no importas!
¡Sigue teniendo tu dolor de huevos!
V. Ósculos viciosos. (ligeras
rectificaciones)
Ósculos viciosos que a mi mejilla,
Siendo ilusión, se asen,
Mordaces agentes de un destino
Al que feliz me apego.
Aluvión astral, por el camino de fechoría
Que eligieron por su frenético roce
Y efecto de los engaños, que fatales soltaron
Tras su inesperada partida, resbala elocuente.
De la felicidad falaces espejos,
Inocuos referentes de enrarecidos contornos
De una sospecha que se aleja,
Claro, de la felicidad no hay más sospecha
Que un ósculo que con simpatía acecha.
Suplica una de las nueve puertas embriagada,
Constante compañera enmascarada por el goce,
Vacío entre la casa y su fulgurosa gravedad
amainada,
La parsimoniosa forma de estrella que a su quicio
rebose.
Hablan solos como neurótica hada,
Son engaños que hacen que mi alma se destroce
Al tiempo que se acerca; sí, no saben que son míos,
de nada...
De la nada más exaltada por su roce.