I

SINRAZONES.

 

Graciosas sospechas

giran en torno a

verdades sospechosas.

 

¿Es que acaso nadie de

 lo obvio que acaece

 se percata,

 que  no es más que la locura y muerte

 la verdad que se nos ofrece?

 

¿Qué es aquello que nos importa?

Acaso, increpa el sabio,

lo es el conocimiento propio

creciendo en profundas y propias tinajas,

 

O es acaso la vida

que corre cual implacable amazona

lo que las penas conjunta

y la existencia releva.

 

¿No es cierto que los infelices frustrados

agolpan sus infames razones,

funestos pensamientos,

en contra de sus abrumadoras realidades?

 

¡Infelices escuchad este canto!

¡Desdichados acudid a este canto!

¡Sabed y gritad que la sabiduría no es más cosa

que la razón reclusa!

 

¡Oh gran renacentista!

La sabiduría fue de vos eterna compañera,

Brillante consejo os dio: no es la inteligencia,

Lo que sentido y significado otorga,

Sino la bendita y digna estulticia.

 

¡Viva César!

¡Caiga Roma!

Que las llamas ya consuman

Los despojos de esta tierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

II

REPÚBLICA.

 

Gran imperio

Digno poseedor de grandes genios

De místicos magos y

Volubles hechiceros.

 

Es cierto, no hay más verdad

Que la sospecha,

No hay más sospecha

Que la felicidad.

 

¡Despertad despojos viriles!

¡Recordad el odio que tuvisteis!

¡No olvidéis que no es ilusión

lo que vuestras mentes captan,

sino  pétreas alucinaciones

de inexpugnables fortalezas!.

 

¿Os habéis entregado

a ese bastardo?

¡Permitidme tomar graciosa burla

de vuestro gran infortunio.

Que os habéis vendido

Al sofista más grande de este mundo!.

 

Pudriros, morid, vengad

No permitáis que este bastardo

Vuestra fortaleza derrumbe,

Que sus armas son fuertes y

Sus escudos de preciosas piedras,

 

Creedme, nunca sabréis quien os ataca.

Debéis ver a través de la belleza,

Exclamad en todo instante, menester :

 

¿Dónde te encuentras bastardo?

¡Dejadte ver!

No huyas cual esclavo y

Retornes cual mujer.

 

 

 

 

 

 

 

III

SAN JUAN DE ULÚA.

 

Turbias aguas

Tus paredes bañan,

Tristezas y desdenes

De tus rocas emergen.

 

¿No eres, acaso, una fortaleza?

O eres, en cambio, una feroz

Ilusión lastimera aquella que

En tu propio vientre vocifera.

 

Cierto es, joven implacable,

Que en ese fuerte incluso los titanes

Perecen

Que nadie de sus profundas tinajas, vivo

Sale

Que de sus sótanos nada, salvo ratas,

Salen

Que de sus internos mantos nada, salvo desdenes,

Salen,

Que de sus horribles rocas nada, salvo rencores,

Salen.

 

¡Grita!, joven imberbe,

pelea, lucha, sufre, ¡llora!

Pero nunca, nunca desfallezcas

Ni muestres tus tristezas.

 

Máscaras grandes y fuertes muestra,

Hazlas parecer piedra

¡Confúndelas con la fortaleza!

Y nunca sabrán lo que en ti

Débilmente se gesta.

 

Jamás el error, joven dolorido, cometas

De quitarte la máscara,

Que bien sabes que tu interior

A cucarachas y ratones asemeja.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

IV.

SAGRARIO QUÍMICO ( o de la mente consciente).

 

Joven dolorido

¿Es este el fin de la competencia?

No os acongojéis,

No temáis,

Que no es sino estado mental

El miedo que sentís.

 

Olvida hurgar,

Evita complicaros

Bien  sabéis que

El fin no es malo.

 

Resarcir vuestra caída

Está en vos mismo,

Recordad, tan solo,

Que la mente no está fuera

Ni encima del cuerpo.

 

Eso que sentís ¡Oh, muchacho

Escéptico!

No es ajeno a tus iguales,

Eso que pensáis no es

De lo extrasensorial producto.

 

¿No veis que  no eres nada

sino cuerpo?

Que la mente no es más que

Instrumento de lo extenso.

 

Observad mas allá,

No contempléis lo rebuscado,

Lo trascendente y

La fortuna os libere de lo perenne.

 

Mirad lo que eres

no veáis con la ciega mente,

Huele con la nariz

No con la anósmico intelecto.

 

¿Es que acaso creéis, estúpido,

que aquellos, en suma apariencia,

sublimes sentimientos

de vuestra razón nacieron?

 

¡Iluso! Aquél bastardo

al que disteis entrada

se encontraba ya dentro

solo buscaba causa para emerger.

 

Pensad, hermano con la mente,

No veáis con ella , que en ello

La ineficacia de vuestra fortaleza

Reside, y en ello descansa la solidez

De la ajena.

 

 

 

 

ODA A LA CONVENCIONALIDAD.

 

 

I.- Dolor de Huevos.

 

En tu seno nada amarras

Adentro no permites a los nuevos

Tu vientre se pudre y amas

Y te sigues quejando de tu dolor de huevos.

 

Tarjas de mierda sustituyen tus entrañas

En variados confines putrefactos

Y la vida transcurre y no la extrañas

Pues tienes un dolor de huevos.

 

Sucintamente a lapsos te engañas

Nada de ti sino entierros

Conoces y percatas

Mientras te quejas de tu dolor de huevos.

 

Cuando despiertes y al camino veas

Jamás soportar podrás sus encantos

Pues en tu alma solo las vedas...

Y en tu cuerpo hay un dolor de huevos.

 

Nunca esperanza alguna albergas

De soportar la realidad en nuevos frisos

Pues dentro de ti solo existes y no te arrastras...

Pero sólo sabes de tu dolor de huevos.

 

No importa que por dentro mueras

Que los dolores de tu seno sean añejos

¡Nada importa! ¡Tú no importas!

¡Sigue teniendo tu dolor de huevos!

 

V. Ósculos viciosos. (ligeras rectificaciones)

 

Ósculos viciosos que a mi mejilla,

Siendo ilusión, se asen,

Mordaces agentes de un destino

Al que feliz me apego.

 

Aluvión astral, por el camino de fechoría

Que eligieron por su frenético roce

Y efecto de los engaños, que fatales soltaron

Tras su inesperada partida, resbala elocuente.

 

De la felicidad falaces espejos,

Inocuos referentes de enrarecidos contornos

De una sospecha que se aleja,

Claro, de la felicidad no hay más sospecha

Que un ósculo que con simpatía acecha.

 

Suplica una de las nueve puertas embriagada,

Constante compañera enmascarada por el goce,

Vacío entre la casa y su fulgurosa gravedad amainada,

La parsimoniosa forma de estrella que a su quicio rebose.

 

Hablan solos como neurótica hada,

Son engaños que hacen que mi alma se destroce

Al tiempo que se acerca; sí, no saben que son míos, de nada...

De la nada más exaltada por su roce.

 

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