REALIDAD: ¿OBJETIVA O CONSTRUIDA?
En 1942, Robert Sperry, biólogo estadounidense, realizó un experimento con una salamandra, que consistió en desprender de ésta ambos ojos, para luego volver a ponérselos, en el entendido que las salamandras tienen la facultad de reintegrar su nervio óptimo y así recuperar la vista. Así pues, le retiró ambos ojos y los volvió a colocar en la misma posición, de tal forma que la salamandra recuperó la visión tal cual la tenía antes del retiro de sus ojos. Sperry volvió a retirarle los ojos, pero esta vez se los devolvió a la salamandra en posición inversa. La salamandra volvió a recuperar la vista, pero esta vez las cosas no eran iguales. Al poner a la salamandra frente a una presa (una mosca sujeta) resultaba que la salamandra arrojaba su lengua no hacia la mosca, sino exactamente al punto opuesto a la posición de la mosca.
Maturana interpreta este experimento de la siguiente manera. Aparentemente la salamandra comete un error al tratar de capturar su presa, sin embargo esta no es una explicación satisfactoria, dado que, respecto al funcionamiento interno de la salamandra nada está fallando, es decir, todo opera correctamente, las sinapsis neuronales ocurren de manera habitual y ordenada, en una palabra, todo ocurre de la misma forma que antes ocurría, con la diferencia que la conducta de la salamandra ha variado.
De esta forma, Maturana sostiene que el concepto de error no depende del funcionamiento interno de la salamandra, ni tampoco de la experiencia solitaria que debe tener la salamandra cuando se la pone frente a la presa, sino que el error trasciende la experiencia de la salamandra, de manera tal que sólo se denomina una conducta como errada, cuando se la compara con otra, y esta comparación se distingue operacionalmente de las dos conductas, que como tales son operaciones, por lo que no se dan en la salamandra misma sino en el observador que realiza la comparación entre dos conductas, una de las cuales necesariamente se atribuye a la salamandra y, la otra, puede ser incluso del observador. En consecuencia, la concepción de “error” es una calificación del observador y como tal, operacionalmente distinta de las conductas apreciadas como errores: el error no tiene referencia objetiva, no existe fuera del observador.
En palabras de Maturana, “ para el operar del sistema nervioso de la salamandra es indiferente que se haya rotado o no el ojo después que se restablece al conexión retina cerebro; para el operar del observador, no. Es para el observador que la salamandra aparece apuntando con una desviación de 180°; ella no apunta.... Se muere de hambre si uno no la alimenta de manera forzada, ciertamente, pero ella en su operar hace exactamente lo mismo que hacía antes: una correlación sensomotora entre la actividad de un área particular de la retina y el sistema motor de la lengua y el cuerpo... la salamandra no tiene como distinguir en su experiencia visual entre un gusano real y uno ilusorio, y nosotros tampoco” (p. 186-187, tomo II).
La segunda consecuencia de esta interpretación es que el sistema nervioso opera haciendo correlaciones internas, independientes del flujo de su entorno, que es determinado, por lo tanto, por el observador. Es cierto que existe una perturbación en la salamandras ocasionada por la presencia de la presa, sin embargo, la salamandra actuará no como consecuencia de la presa, sino por consecuencia de propio operar, de sus conexiones neuronales-motoras, las cuales se convierten (para el observador, siempre para el observador) en la mediación necesaria y constitutiva de la conducta que, para el observador ingenuo, resulta ser consecuencia de la perturbación externa. En fin, el sistema nervioso se concibe ahora como un sistema cerrado, una red de elementos interactuantes que se cierra sobre sí misma como una red de cambios de relaciones de actividad tal que todo cambio de relación de actividad, en una parte de la red, da origen a cambios de relaciones de actividad en otras y en la misma parte de la red”(p. 191, tomo II).
Pero el sistema nervioso no está sólo, se encuentra acoplado a un organismo ”en una intersección estructural tal que algunos de sus componentes lo son también de las superficies de interacciones de éste, pero sin confundirse con ellas”. El sistema nervioso es pues, una suerte de componente de un organismo que, empero, se encuentra perfectamente distinto de éste.
Regresando un poco atrás, se debe aclarar que es pues aquello que se determina como conducta, dentro de este nuevo modelo explicativo. La conducta es un calificación que el observador realiza respecto a los cambios de correlaciones sensoefectoras que observa se dan por la intersección del sistema nervioso con las superficies sensoras y efectoras de éste mismo.
Dicho todo lo anterior, se sigue el sistema vivo no puede sino ser un sistema determinado por sus componentes y por la relación que entre éstos acontecen y que le dan
al sistema mismo su identidad de clasificación, es decir, es un sistema determinado por su estructura. El determinismo estructural se impone como la condición de posibilidad del sistema debido a que, como hemos visto, son las operaciones del sistema las que sirven de material para la creación de más operaciones, cuyo curso de producción es, a vez una operación determinada. En la experiencia del observador del experimento relatado, es fácilmente describible que desde la percepción de la presa, hasta la conducta final, está determinado por operaciones del sistema. Por ejemplo, para que la salamandra viera el gusano, debió efectuarse una operación en la superficie sensoefectora del sistema nervioso (en este caso, la retina y todo el conjunto ocular), misma que funciona de acuerdo y prescrita (no en el sentido de norma, sino de determinación) por el funcionamiento de sus componentes neuronales, los cuales efectúan un cambio en su actividad, mismo que se correlaciona con diversas partes del sistema nervioso de tal forma que, en otra superficie sensoefectora (en este caso la que se encuentre en los músculos de la lengua) se efectúa otro cambio de actividad.
La estructura, pues, no es rígida, sino que opera en variaciones de actividad determinadas que ocasionan cambios de actividad de los componentes de la estructura, por lo que si se mira “a un organismo temprano en su desarrollo, veo que su sistema nervioso tiene cierta estructura” y si se mira “más tarde, veré que tiene otra”(p.194, tomo II).
Según Maturana, “un ser vivo es un sistema autopoiético de primer o segundo orden en el espacio molecular, y como tal es un sistema dinámico, esto es, en el continuo cambio estructural, que existe sólo mientras conserva la organización que define como ser vivo (autopoiesis) o muere”.
Organización son las relaciones que se dan entre los componentes del sistema y que determinan, para el observador, la identidad de clasificación del sistema. La estructura es la forma particular “como se realiza la organización de un sistema particular (clase de componentes y las relaciones concretos que se dan entre ellas” (p.6, tomo I). Las estructuras son concretos, al contrario que la organización que no es sino una abstracción que hace el observador de su experiencia. La estructura son los componentes más su organización, siendo los componentes actuales del sistema observado, aquello que caracteriza su concreción. La organización de un sistema es invariante, mientras que la estructura es cambiante.
Los sistemas vivos viven inmersos en su medio y se mantienen vivos mientras mantengas su organización, y mantienen su organización mientras conservan su congruencia con el medio, el cual se limita a “gatillar” o activar cambios estructurales en el sistema vivo. Si no se mantiene la congruencia, el medio activará cambio estructurales en el sistema vivo, tales que ocasionarán en éste desorden que, de no desaparecer acarreará la muerte. Según esto, los sistemas vivos mueren sólo, mueren, como dice Maturana, cuando ya no saben vivir: el medio no mata.
La deriva “es el proceso o devenir en el que un sistema sigue, como resultado de su dinámica de interacciones, el curso de cambio estructural o de posición que resulta cuando en esas interacciones conserva su organización y adaptación (o relación de congruencia operacional con el medio...)(p.110, tomo I). Se denomina deriva pues no sigue fin ni intencionalidad alguna.
La deriva estructural de un sistema se denomina ontogenia.
“En la deriva estructural ontogénica de un ser vivo, ser vivo y domino de existencia o nicho, cambian junto”. El medio es una distinción que el observador hace, que consiste en el gran continente en el cual se encuentra inmerso el sistema vivo.
“Entorno” es otra distinción del observador que trata sobre el sistema vivo en contraposición con todo lo que rodea a éste. “Nicho” es la porción del entorno que se establece como el dominio de existencia del sistema vivo que varía contingentemente a la variación del sistema vivo, pero que varía junto con éste.
Debido a esto, no es válido afirmar que el ser vivo se adapta al medio, ni que éste selecciona cambios en aquel. Lo que sí es correcto decir es que ni el medio ni el nicho preexisten al sistema vivo, y que el medio y el sistema vivo cambian congruentemente entre sí, en lo que se llama coderiva.
Lo recién expresado implica un paradigma distinto al darwiniano y, en general, a todos los modelos científicos que basan la validez de sus dichos en la existencia de un mundo objetivo y externo, en fin, a todos los sistemas cognoscitivos que se tienen a sí mismos por heterorreferentes. De la misma forma, Maturana establece, como consecuencia de esto, que la deriva natural es lo que en efecto explica la evolución de las especies.
Continuando con el tema de la deriva, en el nicho del sistema vivo pueden haber otros sistemas vivos, con los cuales necesariamente habrá de interactuar y si esta interacción es recursiva, surge el concepto de coderiva ontogénica, de tal forma que sus variaciones, aunque contingentes, sean congruentes entre ellos. Que estas interacciones sean recursivas significa que cada interacción se da teniendo como supuesto otra interacción, respecto de la cual es resultado, y que resultó precisamente por el hecho que la interacción que le dio origen se interactuó a sí misma, es decir que su actividad se determina por su resultado y se da precisamente tomando sus resultados como sus materiales de su interacción misma (Por ejemplo: 1+1=2+1=3+15=18..., siendo “2”, es decir el número, el resultado, y “+”(sumar) la operación respecto del número, el cual se toma como material para la renovación de la operación y así sucesivamente: es recursión pues el curso de la acción vuelve sobre sí misma y sobre su resultado para volver a ocurrir).
La autopoiesis es la organización de los sistemas vivos, que consiste en la participación de los componentes moleculares de las células en la producción de otros componentes, los cuales se utilizarán, a su vez, en la producción de otros componente, y así hasta que la organización del sistema vivo se pierda, es decir, hasta que la autopoiesis se pierda. Como se puede ver, la autopoiesis es recursiva, y todos los intentos de explicación de la misma resultan tautológico y autorreferente. La autopoiesis, pues, implica necesariamente la autorreferencia del sistema vivo. Los sistemas vivo, entonces, son sistemas clausurados y distintos del medio, sin interacciones directas con éste. Asimismo, la autopoiesis supone emergencia, que significa la aparición de componentes nuevos a partir de componentes previos que se autoprodujeron a partir de sí mismos: es emergencia, porque los componentes literalmente “emergen” en el sistema vivo.
“La autopoeisis es un proceso dinámico que tiene lugar en el flujo progresivo de su acontecer, y no puede asirse de una de una perspectiva de distribución de componentes que sea estática e instantánea. Debido e esto, un sistema viviente sólo existe a través de la continua transformación estructural implicada en su autopoiesis, y sólo mientras ésta se conserva en la constitución de su ontogenia” (historia de devenir con el entorno y de los acoplamientos estructurales consecuentes)(p.132, tomo II).
LENGUAJE Y ONTOLOGÍA DEL OBSERVADOR.
La primera consideración que debe realizarse es que el observador es un sistema biológica, ya que lo que en el lenguaje operado desde un observador se denomina “observador” modifica sus características y capacidades de observador si su fisiología sufre un daño específico, es decir, desde el lenguaje se ha determinado científicamente (la ciencia es una forma de lenguaje) que la alteración de lo que en el lenguaje científico se denomina “fisiología”, implica una alteración de lo que en el lenguaje se denomina “observador”.
“Nosotros los seres humanos” ,dice el biólogo chileno, “operamos como observadores, esto es, hacemos diferenciaciones en el lenguaje”. (p.13, tomo II). Las explicaciones consisten en reformulaciones de situaciones distinguidas en la praxis de vivir del observador, es decir, la reformulación así como las situaciones son operaciones del observador, pues éstas son las que componen su praxis de vivir. Siendo así las explicaciones, sólo falta que el interlocutor acepte la reformulación expresada por el observador inicial y la asimile y acepte como una reformulación de su propia praxis de vivir.
A continuación, Maturana expone lo que el llama líneas explicativas, que son dos, la de la objetividad sin paréntesis y la de la objetividad entre paréntesis. La objetividad sin paréntesis apela, como criterio de validación de sus explicaciones, criterio el cual utiliza como medio de convicción para los interlocutores, el de la existencia objetiva, real y preexistente e independiente al observador del mundo. Este criterio puede ser explícito o no. Debido a que esta línea explicativo fundamenta sus explicaciones en un mundo real, éste es necesariamente uno, es un uni-verso.
La línea explicativa de la objetividad entre paréntesis el observador acepta explícitamente tres condiciones: a) que en tanto ser humano, es un ser vivo; b) que sus habilidades como observador son fenómenos biológicos “porque sufren alteraciones cuando la biología del observador es alterada (p.17, tomo II); c) que si desea explicar su estado de observador, debe hacerlo mostrando cómo éste surge en tanto fenómenos biológicos.
Sólo en esta línea explicativa es posible explicar por qué de una experiencia en particular no se puede saber si es ilusoria o errada, pues apela a la composición estructural del sistema que experimenta algo y no a una realidad objetiva respecto de la cual la objetividad sin paréntesis sostiene la existencia de ilusiones y errores, pues éstos se piensan como inadecuaciones de la percepción respecto de la realidad.
Según la objetividad entre paréntesis, las concepciones de ilusión y error sólo surgen en un ámbito recursivo posterior, al realizar la comparación entre la experiencia inicial y una posterior que se contradiga con la primera de tal forma que hace imposibles las coherencias operacionales que de hecho se siguieron como resultado de la primera experiencia.
Por último, el modelo de la objetividad entre paréntesis es consciente que para que una explicación sea tal, es necesaria la aceptación del interlocutor de la explicación como parte de su praxis de vivir, y no que la explicación sea tal porque apele a un mundo real.
La objetividad entre paréntesis apela no al mundo real, sino a los observadores que, como tales y por estar determinados estructuralmente, producen autopoiéticamente todos sus componentes, de manera autorreferente, por lo cual sus reformulaciones de sus condiciones de sus praxis de vivir, son también autorreferentes y por esa razón no existe na sóla versión de los hechos, sino varias: no hay universo sino “multiverso”.
“Un observador en el dominio de las ontologías constitutivas afirma que lo que valida sus explicaciones en tanto que reformulaciones de su praxis de vivir con elementos de su praxis de vivir son las coherencias operacionales reales que las constituyen en su praxis de vivir, sin importar el criterio de aceptabilidad empleado” (p.22, tomo II). En consecuencia, la base para validar las explicaciones en un observador autorreferente, no es el mundo real, sino tan sólo que en el dominio de la explicación, como reformulación de la praxis de vivir que es en sí parte de la praxis de vivir, será suficiente cumplir con las consecuencias que del inicio de la reformulación se siga de manera consistente. Es pues la consistencia lo que valida cada explicación particular derivada del dominio explicativo especificado.
Sin embargo, las coherencia operacionales sólo son tales respecto a un principio del cual se deriven consistentemente, por lo tanto se distinguen los distintos dominios explicativos por el criterio de validación que se establezca como punto de partida. El criterio de validación no tiene un origen consistente, sino que es producto de una elección o de un acuerdo que se dé entre observadores que acepten el criterio de validación como parte de sus respectivas praxis de vivir. En coherencia con lo anterior, existirán tantos dominios explicativos como criterios de validación existan.
“La ciencia moderna es un peculiar dominio de explicaciones y de aseveraciones derivados acerca de la praxis que está definida y constituida en la aplicación por parte del observador, u observadora, dentro de un determinado criterio de validación de explicaciones: el criterio de validación de las explicaciones científicas” (p.24, tomo II).
El criterio de validación científica consta de cuatro pasos: 1.La determinación del fenómenos a explicar por medio de la descripción por parte del observador de todas las operaciones que debe realizar para que pueda experimentar el fenómeno especificado. 2. El establecimiento en la praxis de vivir del observador de un mecanismo que en su praxis de vivir ocasione en él la experiencia del fenómeno, lo que es lo que comúnmente se tiene por hipótesis. 3. La deducción a partir del mecanismo propuesto en 2 y a partir de todas las coherencias operacionales que implica en la praxis de vivir del observador de otros fenómenos así como de las operaciones que el observador debe realizar para que pueda experimentarlos. 4. La experiencia real por parte del observador de esos fenómenos deducidos en 3.
Dado que la ciencia sólo se realiza si se cumplen el requisito de validación especificado, y debido a que este surge por acuerdo entre personas, lo que se sigue es que la ciencia sólo será válida para aquellos que acepten el requisito de validación explicado y, en segundo lugar, que no es la razón lo que da por resultado la ciencia, sino el criterio de validación que como tal es previo a cualquier coherencia operativa (razón) que ella misma origine. Por ende, la razón es para Maturana el mantenimiento de las coherencia operacionales que se sigan del criterio de validación y la ciencia se distinguirá de los demás dominios explicativos tanto por el criterio de validación como por el hecho que en la ciencia el respeto de las coherencias operacionales es tal que se procura no trasladarse a otro discurso ni de confundir los dominios explicativos.
“Las explicaciones científicas no explican un mundo independiente, explican la experiencia del observador, u observadora, y ese es el mundo que en él o ella viven” (p.30, tomo II)
De esta manera, “la realidad no es una experiencia, es un argumento dentro de una explicación... la realidad surge como una proposición explicativa de nuestra experiencia de las coherencias operativas de nuestra vida cotidiana y de nuestra vida técnica al vivir nuestra vida cotidiana y nuestra vida técnica” (p 31, tomo II). Es claro que lo que se llama realidad, incluso para la objetividad sin paréntesis, no se constituye en una experiencia particular, ni siquiera en un conglomerado de éstas: la realidad no se encuentra en ninguna experiencia, ni en varia unidas, sino que se obtiene como una explicación respecto de éstas.
“Lo que llamamos razón no es una propiedad inanalizable de la mente, sino una expresión de nuestra coherencia operacional humana dentro del lenguaje, y que en tal calidad ocupa una posición central y constitutiva en todo lo que hacemos como seres humanos” (p34, tomo II). La razón no es una facultad como antiguamente se creía, tampoco es un instrumento, sólo es una expresión respecto de las coherencia operacionales que se siguen de un criterio de validación que a su vez distingue una reformulación de experiencias de otras. Para la objetividad sin paréntesis, afirma Maturana, la razón aparece como una propiedad constitutiva del observador, la razón es una facultad del observador que le permite desentrañar lo real que trasciende la razón individual del observador.
En cambio, la objetividad entre paréntesis, continúa Maturana, la razón sólo se manifiesta como la diferenciación por parte de un observador, de las coherencias operacionales que conforman su discurso en una descripción o en una explicación. Es decir, la razón no se encuentra siquiera en la explicación misma, sino que se abstrae de ésta cuando el observador realiza diferenciaciones respecto de sus explicaciones y de su praxis de vivir, siendo la razón sólo una diferenciación más que recae en la coherencia operacional de su explicación y praxis e vivir.
Dicho lo anterior, Maturana concluye el tema de la razón, diciendo que “el poder de convencimiento de la razón que vivimos en nuestras vidas racionales es social, y resulta de nuestra adopción implícita a priori (esto es, no racional) de las premisas constitutivas que especifican las coherencias operativas de los dominios conversacionales en los que aceptamos los argumentos que consideramos racionalmente válidos” (p. 37, tomo II).
Una vez tratada la racionalidad, Maturana aborda el tema del lenguaje. En primer lugar, el ser humano acontece en el lenguaje, “no tenemos manera de referirnos a nosotros mismos, o a cualquier otra cosa, fuera del lenguaje” (p.38, tomo II).
“El lenguaje es un fenómeno biológico porque resulta de las operaciones
de seres humanos en tanto que sistemas vivientes, pero tiene lugar en el
dominio de las coordinaciones de acciones de los participantes, y no en su
fisiología o neurofisiología. (p
40, tomo II)
Cuando en el nicho de los sistemas autopoieticos y realiza su praxis de vivir en coordinación con éstos, lo que sucede es que sus conductas se coordinan, es decir, siguen cursos paralelos y recíprocos, donde una refuerza la posibilidad el acontecimiento de la conducta del otro sistema. Esta es, pues, una coordinación de acciones. Las coordinaciones de acciones no necesariamente se da entre sistemas de una misma especie, un ejemplo de esto sería la relación entre los perros y los humanos.
En palabras de Maturana, “ un observador u observadora, ve que cuando dos o más sistemas determinados por la estructura interactúan recurrentemente uno con otro en un medio determinado, ingresan en una historia de cambios estructurales congruentes que sigue un derrotero que surge momento a momento dependiente de sus interacciones recurrentes, para su propia dinámica interna, y para sus interacciones con el medio, y la cual dura hasta que uno o los dos se desintegran, o se separan” (p. 41, tomo II) Las coordinaciones de acciones son, de esta forma, recurrentes, es decir, son coordinaciones de acciones que se coordinan actuándose y que gatillan cambios estructurales en los sistemas cuyas conductas se coordinan, de tal forma que sus estructuras, al determinar a los sistemas, propician y generan la necesidad de mantener la recursión de las conductas al determinar las conductas idóneas para seguir las coherencias operacionales de la coordinación conductual generada.
Pero el lenguaje no es una simple coordinación de acciones, sino que “el fenómeno del lenguaje tiene lugar en el flujo de coordinaciones consensuales de las coordinaciones consensuales de acciones entre organismos que viven juntos en una deriva estructural coontogénica” (p.42. tomo II). Por lo tal, el lenguaje no es sino una recursión de segundo orden respecto de las coordinaciones de acciones; el lenguaje se constituye como una coordinación de acciones que no coordina u ordena conductas, sino que coordina las coordinaciones de las conductas de los sistemas coontogénicos. Para ejemplo basta referirnos a este trabajo, pues es claro que no se refiere a ninguna conducta en concreto, es decir, no contempla coordinar conductas.
“Con el acto de lenguajear surgen la observación y el observador, la primera como recursión de segundo orden en las coordinaciones consensuales de acciones que constituyen el fenómeno de la diferenciación, y el segundo en una recursión de tercer orden en la cual hay una diferenciación de la realización operativa del acto de observar en una realidad física del cuerpo” (p. 43, tomo II), por lo tanto, la observación se da dentro del lenguaje como un tipo especial de recursión que, como tal, se distingue en grado de la recursión general del lenguaje, es decir, se constituye como una distinción dentro del lenguaje, y respecto a éste, está en segundo grado. El observador es una recursión distintiva respecto de la observación, es algo que se supone en la observación pero que se pone a sí mismo dentro de una ditinción gradual posterior: el observador no aparece en la observación, sino en su distinción respecto de ésta. El observador está en tercer grado respecto del lenguaje y en cuarto respecto de las coordinaciones de acciones o conductas.
El observador, que bien se puede denominar sujeto, es una recursión gradual en el lenguaje y sólo aparece en éste. La conciencia es otra recursión gradual más dentro del lenguaje y la autoconciencia es otra más. La conciencia no es una característica individual, sino que, como bien decía Nietszche, no es sino una consecuencia y expresión de nuestro ser gregario.
“El lenguaje ocurre solamente en el flujo de las coordinaciones recursivas consensuales de acciones entre organismos en interacciones recurrentes o, en la operación de un solo organismo, en el flujo de acciones que un observador... puede ver en él, o en ella, como perteneciente a un dominio implícito de coordinaciones consensuales de acciones con otros organismos porque surgen en ese solo organismo bajo circunstancias en las cuales su estructura en ese momento es el resultado de su participación en una historia del lenguajeo con otros organismos” (p. 43, tomo II).
“Cada vez que hablamos de la conciencia de sí mismo, connotamos una distinción que hacemos como miembros de una comunidad lenguajeante de nuestra participación corpórea en una red de conversaciones en la cual es posible la distinción recursiva de los participantes. El “yo” surge en esa distinción junto con la distinción del otro” (p. 56, tomo II). El sujeto no es el centro siquiera de su lenguajear mismo, sino que el sujeto y su conciencia surgen de la recursión del lenguaje que coordina sus conductas, mismas que tienen un sustrato biológico, pero que respecto a su fisiología se impone como otro dominio distinto, de tal forma que nunca se intersecta con aquél, aunque aquél sea la condición de posibilidad de éste.
Aunque esto parezca una negación total de la naturaleza individual del sujeto, no lo es de manera total, sólo refuta una concepción substancial del sujeto, pero no que existan en un sistema autopoiético lenguajeante acciones distintas del lenguaje, pero que están directamente relacionadas con éste. Maturana lo expresa como sigue: “ Frecuentemente contestamos ante una pregunta, <<No lo sé>, <<voy a pensarlo>>, y un tiempo después decimos << Ya tengo la respuesta>>, aunque durante ese intervalo hayamos hecho otras cosas y no nos hayamos preocupado por el tema. Y no sólo eso, nuestra respuesta surge como si hubiésemos hecho todo un raciocinio en el lenguaje discursivo que no hemos hecho. Lo que ha pasado es lo que normalmente pasa con nosotros: nuestro sistema nervioso ha operado como siempre en una dinámica de relaciones de actividad que da origen a correlaciones sensoefectoras que tienen sentido en nuestra vida de relación, en nuestro espacio psíquico, pero no ha usado categorías operacionales de ese espacio” (p. 204, tomo II). La cita precedente conduce a decir que le marco de la experiencia claramente trasciende y se distingue del lenguaje, por lo que la mediación de la que algunos hablan, está lejos de ser total; por otro lado, otra consecuencia de la concepción de lenguaje de Maturana es que no existen en éste contenidos, concebidos éstos como una referencia que trasciende al lenguaje, pues el lenguajes es claramente autorreferente y sólo remite a otras distinciones lingüísticas; el lenguaje ni siquiera refiere directamente a conductas, sino que coordina las coordinaciones de ésta, pero nunca a éstas. El lenguaje no es heterorreferente, no tiene ni da por puestos contenidos externos a él. Pero lo anterior no implica, como la cita inmediata anterior demuestra, que todo sea lenguaje en un sistema autopoiético, ni siquiera en su dominio relacional, que incluye a las conductas. Lo que trasciende directamente al lenguaje es, pues, las experiencia y, como se verá a continuación, la emoción.
Emocionar, ciencia y filosofía y otros temas de interés.
La cultura occidental, afirma Maturana, ha siempre menospreciado la emocionalidad en aras de la racionalidad, pero, como hemos vito, esta posición insostenible por el simple hecho que la racionalidad sólo existe si tienje como supuesto un criterio de validación que al desarrollarse lo haga congruentemente y, de esta forma, se distinga desde otro ámbito recursivo la racionalidad.
“En la vida cotidiana distinguimos las distintas emociones mirando las acciones y postura o actitud corporal el otro, que puede ser uno mismo, sea éste persona o animal no humano” (.p 22-23, tomo I)
“El observador, u observadora, distingue las diferentes emociones y ánimos a través de la distinción de los diferentes dominios de acciones en los cuales se mueven los organismos observados” (p. 46, tomo II). Así pues, las emociones aparecen cuando se distinguen los distintos dominios conductuales, por lo que no pueden ser el motor que ocasiona en el observador la distinción del dominio conductual: la emoción es lo que determina el criterio de validación de cualquier dominio explicativo en particular y de cualquier dominio de acción, en general.
“En nosotros los seres humanos el emocionamiento es principalmente consensual”, ya que el ser humano es tal sólo en el lenguaje... el lenguajeo fluye en coordinaciones de acciones de seres humanos en un fondo de emocionamiento que constituye la posibilidad operativa de su ocurrencia... todavía en otras palabras: las coherencias operativas del lenguajeo poseen la universalidad de las coherencias operativas de las coordinaciones de acciones de los observadores en la praxis de vivir, y el flujo de emociones cambiantes en las cuales ocurre el lenguajeo no modifica a este último, sólo modifica el dominio de acciones en las cuales el lenguajeo tiene lugar” (p. 47, tomo II), por lo tanto se puede decir de acuerdo con este texto, que el emocioamiento, si bien distinto del lenguajear, es su fondo que lo hace posible, es su contexto, debido a la autorreferencialidad del lenguaje (“las coherencias operativas del lenguaje poseen la universalidad de las coherencias operativas de las coordinaciones de acciones de los observadores”, quienes, como se ha demostrado, están dentro del lenguaje) que impide que un elemento distinto de él tenga cabida como tal en él. Por ende, el emocionar, al no ser lenguaje, sólo puede constituir el patrón respecto del cual los conversadores tratarán de influir la conversación, pero ésta no cambiará sino por medio de sus propios términos.
La distinción discursiva que general la idea de la lógica, ocurre cuando el observador distingue las regularidades operacionales de acciones en la praxis de vivir que constituyen el lenguajeo. La lógica es una abstracción obtenida desde la regularidades, así calificadas por el observador, que existen en el discurso, por lo cual la lógica sólo puede tenerse como “independiente del contenido en término de los dominios de las acciones involucradas” (p. 47, tomo II)
Conocimiento es una distinción que hace un observador respecto de la actividad de otro, cuando aprecia que éste otro actúa de acuerdo a la coherencia operacional del dominio en que éste otro, a juicio del observador, se encuentra. Una persona sabe si resuelve los problemas que se derivan del dominio de existencia en que se encuentra, por ejemplo, en el dominio de la aritmética, un observador establecerá que otro sabe, si este otro puede resolver problemas aritméticos. “El conocimiento es el comportamiento aceptado como adecuado por parte de un observador, u observadora, en un determinado dominio que él ella especifican... cada dominio de realidad, que como dominio explicativo de la praxis de vivir del observado constituye un dominio adecuado para sus acciones, es un dominio cognoscitivo”(p.63, tomo II)
Una conversación será otra distinción en el lenguaje hecha por el observador, cuando éste diferencia un flujo de coordinaciones de acciones en el lenguaje en grupo de observadores.
Establecido lo precedente, Maturana aborda la naturaleza de los social. Lo social surge en la historia de la evolución cuando ocurre coordinaciones de acciones, que acontecen bajo la base de la aceptación mutua entre los actores de las acciones, aceptación que Maturana nombra “amor”. En este tenor, sólo son relaciones sociales aquellas que tenga como fondo de su flujo al amor u aceptación mutua. Pero hay que tener claro que cuando Maturana habla de amor, no está tratando de benevolencia o bondad, sino de un hecho biológico tal que provoca la aceptación mutua entre sistemas autopoiéticos con conductas coordinadas. Las relaciones de trabajo, por ejemplo, no pueden ser sociales, pues en estas relaciones “sino una que da origen a coordinaciones de acciones que un observador ve como compromisos para el logro de una tarea” (p. 78, tomo II). Las relaciones de jerarquía cuya identificación es la existencia de obediencia, tampoco son sociales.
El sistema social humano no es el único que existe, pues lo que lo caracteriza no son sus componentes, sino la emoción que subyace a las coordinaciones conductuales.
“Las relaciones de trabajo son acuerdos de producción en los que lo central es el producto, no los seres humanos que lo producen. Por esto, las relaciones de trabajo no son relaciones sociales. El que esto sea así es lo que justifica la negación de lo humano en las relaciones de trabajo: ser humano en una relación de trabajo es una impertinencia” (p15, tomo I). En consecuencia, en las relaciones de trabajo no hay humanos, sino medios de producción y productos, lo cual posibilita que los productores no sean necesariamente humanos ni sistemas vivos (Vgr. Robots).