Sobre lo absurdo de la Dicotomía Hombre-Mujer.

 

Dedicado al insigne alcahuete proxeneto Sr. Torres Muñoz.

 

 

Introducción.

 

Esta introducción será directa a las motivaciones del trabajo, algunas consideraciones preliminares sobre el mismo y, en general, el carácter que le doy al ensayo presente.

 

La idea ya definida y distinta en mi mente, surgió en mayo en ocasión de la escritura de unos poemas en referencia a circunstancias muy propias de juventud y bohemia, es decir, me decía a mí mismo enamorado. Sin embargo, la idea trascendió a tal grado esta primera motivación, que han tenido que transcurrir cuatro meses para que la idea general se plasmara y tomara independencia definitiva de cualquier otra, y este ensayo es la materialización de tal independencia.

 

Es mi deber, así mismo, admitir que aquella pasión, que durante tres meses pasó inevitablemente al fondo y poca atención recibió, a nivel tal que no lo pensé ni sentí en lo absoluto, regresó con tanta fuerza que no puedo llamarla igual que la de meses atrás si no fuera por ser el mismo sujeto aquel donde han residido las esperanzas de ambas pasiones.

 

Estas fueron las principales motivaciones para la aplicación durante tres días a la precisión, elaboración y desarrollo del tema del ensayo.

 

Respecto al ensayo propiamente hablando, debo solicitar disculpa por lo, en ocasiones, demandante que se convierte la obra. Estoy consciente que es éste, en mi opinión, el punto teórico más débil del trabajo. Sin embargo, no encontré otra forma de expresarlo puesto aquí, es decir, la idea me ha parecido tan ajena a lo que comúnmente pensaba que, si bien inicié explicando cosas simples, el desarrollo de esas simplezas termina siendo demandante al ir contra todo lo que a este respecto sabía e, incluso, sentía.

 

El ensayo es más explicación que demanda, el problema es que la explicación, al fundarse en un punto de vista nuevo o, mejor dicho, distinto del común, me he constreñido a desarrollarlo y es ese desarrollo el que, en cierta manera exige algo del lector, no en tanto obligación fundada en la racionalidad de la obra, que sería ideologizar e imponer, sino trasponer éstas ideas en sí mismo (con las obtusas críticas que se me han hecho por seguir en la estúpida y común dicotomía de verdad-falsedad) de tal manera que este trabajo sólo se propone servir de diálogo diferido y no de difusión de verdades y criterios. Teniendo esto en cuenta, no puede alegarse ánimo de imposición, tampoco generalización aplicada, sino singularidad a consenso,

 

Como se acaba de decir, este trabajo sólo demanda dos cosas: tolerancia hacia el punto de vista que habrá de plantearse y, segundo, la asimilación de ese consenso a sí mismo, en tanto que resuelva o no, en lo interno del lector (que más bien prefiero verlo como interlocutor) problemas.

 

Esta última cuestión me lleva a hacer una última aclaración referente a la posible refutación del trabajo. De ninguna manera y por ningún motivo creo que lo que sostengo aquí sea verdadero, ni siquiera que vaya a haber consenso sobre esto, sin embargo solicito que las refutaciones se hagan por problemas singulares que se encuentren y que esta propuesta no pueda resolver y no por los dichos de tales o cuales autores que por alguna razón sean contrarios a esta tesis.

 

Aclaro más este punto, no implica que sea malo o erróneo lo que otros autores digan, sino que lo que me interesa en la refutación sean las razones que ellos den, o ustedes mismo, no basados en generalizaciones absurdas, sino en problemas concretos que no se solucione con lo que propongo. Por ejemplo, no será útil decir que algún psicólogo reciente diga lo contrario a lo que sostengo, sino que se me pongan los casos que él pretende resolver para ver si mi propuesta los resuelve también y, en caso de que ambas resuelvan el problema, entonces se elija la más simple de ambas.

 

Para terminar esta introducción, vuelvo a una segunda intención que he tenido para pensar sobre el asunto. Se me ha dicho (y, si somos congruentes con la moda actual “liberal” y “feminista”, diría, acusado) misógino y debo aceptar que muchas de mis conductas encuadraban y, supongo, aún encuadran dentro de este prejuicio. Antes yo decía que si mis conductas encuadraban en el prejuicio sólo serían éstas reprochables si se las contradecía racionalmente, es decir, que me argumentaran en contra de ellas: de esta manera me convertí en buen argumentador contra las y los liberales y, aunque ellos tampoco cambaban de opinión, mi posición permanecía incólume.

 

Después caí en la cuenta que la falta de habilidad de mis directos contrincantes, no podía ser suficiente para mantener un posición sino que debía yo ponerla a crítica y resolver si se mantenía o no se mantenía, y en este ensayo se observará la conclusión a la que llegué, si bien de manera tangencial o, sería mejor decir, como parte del desarrollo del principio y punto de vista que ya he solicitado que tomen en consideración.

 

Ahora bien, queda pendiente tratar sobre el contexto intencional del punto de vista que les solicito consideren. El punto de vista parte del singular y, por ende, rechaza lo general. A este punto debo reconocer fuerte influencia de dos filósofos clásicos que son dos británicos: Guillermo de Occam y John Locke. Sobre todo el primero, pues de él obtuve la primera crítica a las generalizaciones, mi primera introducción histórico-filosófica a la fenomenología y a una de las vertientes de ésta que es el existencialismo (Occam no distinguía entre ser y existencia). Acúseseme, pues, de nominalista si les place, o de clasiquero, cangrejo y anticuario, de  cualquier forma no se deje de notar que no expongo las cosas como él, ni atiendo los problemas que él atendió y, mucho menos, desarrollo los temas en su estilo: es sólo una influencia, muy importante, pero sólo influencia.

 

Es pertinente informar que el hecho de contrariar los universales como se ha hecho en el presente escrito, no significa que los generales que se critican sean “artificiales”, “hechizos” o algo por el estilo; tampoco implica, con mayor razón, que por ser “artificiales” o “hechizos” carezcan de valor o importancia. Lo anterior era necesario aclarar debido a que habitualmente cuando se critica a la “sociedad” se la tacha de artificial y perniciosa y este trabajo da por puesta la inutilidad de las categorías “natural-artificial” para explicar los fenómenos mentales y comunicativos, de tal manera que no se podrá nunca argüir que sean inapropiadas las generalizaciones por ser ratifícales, sino por las razones que se exponen en el trabajo (sin perjuicio de otras que pudieran ustedes imaginar o pueda yo añadir). El ensayo que observan no indaga sobre los orígenes de los universales que se tratan, por lo cual es también inútil tacharlos de artificiales o tenerlos por naturales; en este texto los universales se tienen por existentes y sólo se explica lo que son ahora y no sus causas eficientes ni finales (aunque esta categorización de causas sea también obsoleta, es útil para explicar mejor los alcances de este proyecto) por lo que no se podrá decir ni achacar a este trabajo que se tienen por atificiales o naturales a las generalizaciones.

La influencia de Locke consiste en dos cosas: la primera es en lo que corrige a Occam y la segunda es más bien tan reciente que serán ustedes quien más la puedan ver. Hace tres días concluí la lectura del Ensayo sobre el Entendimiento Humano de este autor, por lo que mucha de la redacción y el planteamiento de los problemas, de las soluciones y de los ejemplos, puede ser igual o similar en la forma y, aun en el fondo (muera Cortázar[1]) a como este insigne autor se conduce en la obra ya mencionada.

 

Terminológicamente, para este ensayo las palabras “identidad”, “existencia” y “ser” o “substancia” son lo mismo, porque si yo soy, significa que no soy el resto, que soy distinto y eso me identifica. La igualación entre ser y existencia no tengo por qué explicarla.

 

Hay influencia de autores modernos, pero prefiero omitir los nombres en aras de la mayor consideración al punto de vista que planteo que no es el fenomenólogo de Husserl ni, exactamente, el crítico de la Escuela de Frankfurt y su heredero. Ambos se toman en cuenta hasta lo máximo de mi reconocido escaso conocimiento sobre ambos.

 

Una aclaración más, cuando hablo de prejuicios no implico maldad ni hago ese tipo de juicios de valor, más bien los descalifico por inválidos lógicamente e inútiles para conocer algo y, en especial, a nosotros mismos.

 

Por último, considérese que soy partidario de la extracción teórica del hombre de la sociedad para explicar mejor los hechos y, en eso, soy fiel seguidor de la teoría de sistema de Niklas Luhmann, aunque también soy un gran ignorante, tanto que sólo en esto puedo estar seguro que lo sigo. Así pues no se tomen tan en cuenta a estos autores modernos tanto como quiero que se lea el trabajo y se cumplan con las únicas dos demandas hechas al principio de esta introducción.

 

 

 

Sobre lo absurdo del “hombre-mujer”.

 

I .Consideraciones Iniciales.

 

La idea de la que parto es simple. Todo surge sobre la cuestión sobre la identidad sexual mía o, para que se escuche más adornada, individual. Sin embargo, si digo que soy hombre debo saber lo que es mujer, pues la sexualidad no es sino una dicotomía: los seres son asexuales cuando no existe ésta distinción y no en la afirmación de un solo sexo como han llegado a afirmar algunos, sobre todo las feministas que se afirman como el sexo original y hablan de células madres, por ejemplo, ya no metafóricamente, sino como si así fueran en realidad. Es dicotomía porque es distinción, es distinción porque una sección niega a la otra a la vez que la supone, es decir, pone la negación y supone la existencia de la otra. Aclaro, si un ser concreto es “hombre” no es “mujer”, pero se da por puesto que existen otros seres que son “mujer”.

 

Aclarada la dicotomía, entonces no puedo sino pensar que si yo quiero afirmarme como hombre debo saber lo que es mujer, pero la única manera en que yo podría tenerme por hombre en el sentido de identidad, sería por una intuición de mi mismo, de mi ser, de otra forma no sería una cuestión de identidad porque si, en vez de ser intuición fuera prueba, entonces en el momento de probar mi identidad la enajenaría, me enajenaría a mi mismo. Esto además que está comprobada la imposibilidad de probar la existencia. Entonces debo saber lo que es ser mujer y no por prueba o advenimiento probable de conjeturas o certezas, que es todo el conocimiento de las cosas externas, por ende, debo ser, por lo menos, un poco mujer para saber la distinción y, así, identificarme como hombre, ser un poco mujer, no como se dice que el conocimiento se una silla es, en cierto modo, mi mismo, sino como mujer en mi propia identidad o, para usar  palabras antiguas y abstrusas, substancia. De otro modo no podría yo distinguirme y decirme hombre y, entonces, considerarme un “ser sexual”, donde la sexualidad forma parte de mi, o es mi mismo en mi existencia, en mi sustrato, sea el que este sea.

 

El absurdo del que trato en este trabajo ya está puesto, pero lo preciso. Para saber su soy hombre debo ser mujer, pero son excluyentes los términos, como los de toda dicotomía, por lo tanto hay dos opciones, o nos es incognoscible nuestra identidad sexual o no son términos que hagan referencia a nosotros mismos.

 

La primera opción es válida si nos mantenemos  firmes en la consideración que la dicotomía exista en sí y mantenemos el ánimo de encuadrarnos a esa dicotomía, pero yo me inclino por la segunda y, para este fin, doy  las siguientes razones. Por “sí mismo” me refiero a que algo tenga existencia real ajena a la mía, es decir, en este caso, que la dicotomía exista y tenga sustrato real, recaiga en las cosas, en mi o en alguien y no como símbolo, en cuyo caso también sería en sí, si lo pienso como ajeno a mi.

 

Partamos del principio, de un juicio de identidad que sea seguro y que es el simple, y no por eso menos controvertido, yo soy. Esta es una proposición improbable pero intuitivamente verificable. Mi ser es supuesto a cualquier acción y, como sé que actúo, entonces sé que debo ser, aunque no por esta intuición pueda yo sabe qué soy. Para impresionar y adornarme, lo digo en latín: cognosco ut sum, non quod sum (conozco que soy, no lo que soy).

 

Lo anterior no fue una prueba de mi existencia sino, en todo caso, de la existencia de la intuición, aunque el “entonces” parezca sincategoremático[2] de ilación, porque, como ya dije, ser es un supuesto a la acción, si actúo, debo ser. Pero no es cuestión del ensayo desarrollar la prueba de que no es prueba de existencia lo que ya precisé.

 

Pongamos que sé que existo y supongamos mi existencia. Soy y actúo, pienso y siento y porque siento, percibo.

 

Ya visto que no puedo ser yo mismo en tanto sustrato de las acciones  que otra acción denomina como mías, el autor de la dicotomía “hombre –mujer” no puedo ser yo, pues no puedo ver lo que soy, no puedo decir que lo que soy es hombre o mujer. Esta dicotomía no parte del contacto propio y de la identidad, entonces esa denominación viene de otra parte y, siendo que el único, y si no el único, el entorno más importante del individuo, la sociedad, entonces lo más probables es que de allí derive esta dicotomía. La masculinidad o femineidad no se obtiene por la contemplación de mi identidad, no observo que soy e, inmediatamente, digo que soy hombre, sino que este juicio debe ser posterior y, por ende, no recaer directamente sobre la identidad. Pero no me quedo aquí, si digo que la denominación no puede provenir de mi mismo, es claro que tampoco el contenido de lo mismo, pues de ningún lado he obtenido qué sea yo, mucho menos que sea hombre, por lo tanta, “hombre-mujer” no puede ser sino una generalización de expectativas sobre individuos, generalización que, como tal, no toma en cuenta a los individuos y se reproduce por la interacción separada y distinta entre individuos receptores de la generalización  la sociedad, donde el individuo adopta la generalización por observar que se adapta a algunos de los contenidos de la generalización. A esta instancia podría decirse que si no sabemos lo que somos, cómo podemos considerar que adaptamos ciertos contenidos a nosotros mismos, a esto replico que el hecho de no saber lo que somos y no poder hacer juicios de identidad más allá del yo soy, no implica que no sepa ni pueda ver mis acciones, es decir, mis pensamientos y pasiones.

 

Esta adaptación o adopción de la generalización por parte del individuo, no se queda en eso, sino que se va directo a la identidad, si no es así, entonces por qué nos sentimos realmente hombres y mujeres, que a nadie he visto que diga que es mujer porque siente tal o cual cosa, sino que dice que siente tal o cual cosa porque es mujer, igualmente dice que tiene moral sexual difusa por que es hombre y no que se considera hombre por tener moral sexual difusa. A esto aunemos que la generalización basa en eso sus probabilidades de reproducción, pues díganme si no es más posible que alguien actúe de tal o cual manera porque piense que viene desde lo más profundo de sí a que si piensa lo contrario, es decir, pensando que no viene desde sí mismo el actuar de esa manera.

 

En palabras más claras, la expectativa generalizada “hombre-mujer” contiene la necesidad de que el individuo se considere a sí mismo como hombre o como mujer para así hacer probable la actualización de conductas que estén de acuerdo con las expectativas y así reproducir la generalización[3].  Un ejemplo aclarará más la postura: un individuo X se considera a sí mismo hombre, no porque de él nazca la necesidad de llamarse hombre pues carece de referencia dentro de sí para sentirse tal o cual cosa substancialmente hablando, además que si así fuera, no podría distinguirse de otra cosa pues parte de su unidad, por lo cual no podría llamarse hombre por sí mismo, pues no sabe lo que él es ni sabe lo que es no ser él, es decir, no sabe lo que es ser mujer. Pero ve el individuo que, a pesar de esto, no deja de tener en sí mismo una consideración sobre que él es hombre por lo cual, ve que es así porque seleccionó un cúmulo de acciones que él tiene y hace que se adecuan a las expectativas formuladas hacia los que se llaman “hombres” por lo cual se considera a sí mismo un hombre, y dentro de las expectativas está que el hombre es masculino en sí mismo, y que sus acciones derivan de sus masculinidad. Al considerarse a sí mismo hombre en ausencia de un referente, que debe ser él mismo, enajena su identidad de sí misma, pues el juicio de identidad (que es distinto de la identidad misma) ya no refiere siquiera a la identidad sino a sus acciones, misma que suponen, en realidad, a su identidad y existencia. Es clara la alineación, pues se termina atribuyendo identidad a las acciones que hacemos y que, en realidad, dan por puesta a la existencia. El juicio enajena porque pone a la existencia en las acciones, cuando vemos que las acciones suponen a la existencia. El juicio que se termina haciendo sobre la identidad termina soslayando a ésta hasta la altura que  realmente se piensa, y no sólo se siente, hombre y hombre para él será y como hombre habrá de comportarse, actualizando así las expectativas en su conducta ( no en él) puestas, siendo muy difícil ver que este hombre compre minifaldas, juegue con muñecas y no le gusten las “mujeres” y demás expectativas asociadas.

 

Para rematar lo referente a la generalización, es claro que carece de fundamentación individual real, por decirlo de alguna forma, no parte de los individuos sino que a ellos llega, por lo tanto es una forma vacía en lo que al individuo respecta y se reproduce sólo gracias a la alineación que produce.  Una vez aclarado esto podemos manejar con mayor libertad los términos “hombre” y mujer” pues no son más que eso, términos simbólicos pero que no refieren a ningún ser particular y, a menos que existan seres generales y absolutos (cosa que nunca se ha visto, sólo pensado) entonces carecen de contenido referencial, son flatus vocis. Entonces puedo decir que no existe “hombre” y “mujer” fuera de expectativas, aunque más adelante aclararé que esto no implica asexualidad pues es claro que de nosotros manan deseos hacia lo que llamamos “sexo opuesto”, sólo que muchas veces se ocultan otros deseos por ansia de consistencia con la “identidad” propia. Pero en estos casos ya estamos hablando de acciones y no de identidad.

 

Hablemos ahora someramente de algunos pensamiento que definen la masculinidad y a los que la mente percibe como expectativas cuando funcionan fuera de ella, respecto a la masculinidad y feminidad que, cómo ya sostuvimos, no proceden de una reflexión sobre la identidad propia, sino de lo que uno tiene por no-yo y no sólo eso, sino como un no-yo/ otro-yo.

 

A la masculinidad se asocian las ideas o expectativas (según estemos viendo la mente o le atribuyamos existencia externa) de pene, musculatura, arrogancia, gallardía, prepotencia, facciones rudas, conducta de igual jaez, sensibilidad limitada, más inteligente (lo siento, pero el machismo es social y si las feministas se defienden de esto es porque o alguna vez lo tuvieron or cierto o suponen que la mayoría de los demás lo tiene por cierto, además debo aclarar que hablo de generalizaciones y no de individuos de lo cual viene que será inválido el silogismo siguiente: “hombre es más inteligente que mujer”, “Juan es hombre” por lo tanto, “Juan es más inteligente que mujer, será inválido, primero, porque la segunda premisa es falsa y, segundo, porque no hay conexión entre generalización e individuo, sino que la conexión termina haciéndose al revés, como ya se verá), líder, deportista, bruto, impositivo. Existen más ideas a enumerar, pero no es objeto de este ensayo realizar lista alguna y prefiero dar a mi interlocutor la facultad de dar más pues pueden haber muchas que no se me puedan ocurrir nunca.

 

Ahora asociemos algunas con la generalización “mujer”, que cualquier individuo puede conocer aunque se considere hombre, pues está hablando de expectativas e ideas y no de identidades. Se le asocian la hermosura, sensibilidad, sumisión, escasa proposición, creatividad limitada, fina, endeble, machetera, escrupulosa, ordenada, laboriosa, necia, estúpida, inferior. Para no perder costumbre, reitero que esto no hace referencia a ningún individuo.

 

Teniendo ya algunas precisiones sobre las generalizaciones, procederé a analizar brevemente, la adquisición y adaptación de la mismas a la identidad propia. Los psicólogos hablan de dos momentos, uno en la infancia y otro en la adolescencia, es en ésta segunda donde más trataré pues el más cercano a mí. Hay que aclarar que “niño” y “adolescente” son dos generalizaciones de las cuales no hablaré, pero quede claro esto pues tengo 21 años y eso no se tiene comúnmente por adolescente.

 

Por otro lado, es claro también que estas generalizaciones recaen en la conducta del individuo. Vemos que la idea de hombre o mujer no es igual en todos y que admite multiplicidad de percepciones: no importa cuántas ideas mencione, alguien podría decir que la rudeza no es afín  a la masculinidad, otra que la inferioridad no es afín a al feminidad. Pero pregunto, si su idea de mujer no incluye la de inferioridad, entonces ¿contra qué pelea una feminista?, porque hay dos opciones, o asume tener esa idea de inferioridad asociada con la “mujer” en su cabeza o  asume que los demás si la asocian con mujer y, en ambos casos, se debe asociar la idea de inferioridad con “mujer”, lo cual va contra el tenor de su lucha. Pero no es mi intención atacar al feminismo, sino demostrar que la lucha que han tomado está basada en principios absurdos y que termina reproduciendo los estigmas que pretenden eliminar.

 

EL hecho de la flexibilidad de la generalización nada más garantiza su reproducción, mientras más fácil sea a los individuos incorporar a su identidad ideas extrañas, más fácil será mantener la generalización y para nadie es difícil ver el éxito de esta generalización en particular. Sin pretender absolutizar, la forma en que se da la adopción de la generalización y su identificación al individuo,  y sin negar todo el conocimiento que la psicología ha obtenido y del cual debo ostentarme como mayormente ignorante, digo que me parece que el proceso de adquisición de la generalización, que no es causal eficiente ni, mucho menos, necesario (se hace necesaria por la repetición, pero es posible imaginar no hacerla, prueba de ello es este trabajo), este proceso es más bien de adopción de la generalización a la cual nos pensamos más parecidos, de tal manera que si nos informamos que la idea de hombre incluye la de pene y la de pene se asocia con uno mismo y, puesto que la asocia a su identidad o a su propia materialidad, entonces extenderá los alcances de la hombría a todo lo que él considere que sea, dando así cierto contenido y, a la vez, enriquece la variedad de la generalización y hace, así, más probable la reproducción de ella. Sin embargo, esto sucede con todas la ideas de las que se componga, es decir, se adaptan y se les da significado concreto a cada humano, significado que refiere a la identidad de forma equivocada como ya dijimos, pero esto no es lo que importa socialmente hablando, sino que en la sociedad lo que importará será el cumplimiento de las expectativas ya fijadas, expectativas que el sujeto alegremente cumplirá por pensar que derivan de su identidad misma.

 

El individuo caracteriza en sí la generalización, esta concreción le da significado al individuo a la vez que promueve la adaptación de la generalización a  una variedad muy grande de circunstancias. De esto no se deriva que sólo exista la idea en los hombres, por la cual no sería generalización y menos social la idea la dicotomía de la que estoy tratando, pues ya analicé, al principio de este ensayo,  que no puede provenir de una contemplación de nosotros mismos esta dicotomía.

 

La generalización es social y la adaptamos a nosotros mismos al grado de identificarla a nosotros mismos y hacerla nuestra, es decir, concreta, pero esta concreción interna no es lo que enriquece directamente a la generalización, sino las proyecciones que el individuo realizará cumpliendo las expectativas que su ahora identidad le impone, pues aunque no podemos decir que el ser humano sea consistente, lógico y racional en su interior, lo que no se puede negar es la confusión que se crea cuando se adquiere consciencia de alguna inconsistencia lo que no puede significar sino que existe algún deseo de consistencia propia, por muy irracional que sea tal deseo.

 

Tenemos esta identificación de “hombre” o “mujer” como tenemos este deseo de consistencia, son hechos, lo que explicamos es cómo es que están allí y lo absurdo que es tener la identificación “hombre” o “mujer” para así tenerla como lo que es, una alineación cuando se toma como identificación y una adaptación de generalización cuando no se la tiene como identificación. Es útil saber que nos tome como “hombre” o como “mujer”, pero es más útil que no nos consideremos a nosotros mismos como tales. Algunos psicólogos dan  por enfermedad al transexualismo (que no homosexualidad) por no haber en esas personas, identidad sexual. Desde mi punto de vista, esto es absurdo y sólo muestra la futilidad de la psicología que aplica generalizaciones a concreciones, deberían estudiar a cada individuo y ver sus pasiones como unidades singulares e irrepetibles que es lo que son y no como actualizaciones de generalizaciones previas que, pese  a que a veces y como lo hemos dicho, puede ser sí lo terminan siendo si tomamos en cuenta a un sujeto que ya asimiló en sí la generalización con su identidad, no necesariamente sucede así. Los transexuales son así naturalmente y no pudieron adoptar algún elemento  de la dicotomía y no tienen por qué hacerlo y el problema viene cuando intenta adoptarla  y actuar consistentemente , entonces existe una asimetría entre un deseo que es en él (el de consistencia), la multiplicidad de deseos  que le complican la adopción de la dicotomía y la concepción que termina teniendo de todo esto.

 

No sólo este es el caso, también sucede  cuando un “hombre” ve a otro “hombre” y lo sabe atractivo, y no lo sabe atractivo necesariamente porque vea montones de “mujeres” tras él, sino por cierto agrado, incluso le puede atraer, pero  le vienen a la cabeza cosas tales como “soy heterosexual”, “soy muy macho”, por lo que , para permanecer consistente con estos juicios de identidad, lo racionaliza como “normal” a este hecho, como que el hecho no implica que no le gusten las “mujeres” (pues en realidad no lo implica) y, entonces, no le atrae en realidad el “hombre” sino que ambas pasiones son algo muy parecido, muy parecido, digo yo, como la salsa de jitomate que no es catsup aunque sabe y huele a catsup. Otra racionalización sería que, a pesar que tenga esa pasión, no cumple con la generalización de homosexualidad pues le gustan las “mujeres”, además no entra a la de bisexualidad uniendo esta racionalización con la de que en realidad no es atracción lasciva, razón por la cual se considera “heterosexual” puro.

 

Usé sólo la racionalización por ser la que es más precisa, el punto ciego y otras lo que hacen es, creo yo, alejar la cuestión de consistencia latente, lo mandan a lo que Freud llamó inconsciente y se postergó el juicio.

 

Pero no es mi voluntad seguir hablando de psicólogos ni psicología, mi propósito es ver las cosas lo más obvias posibles y, a partir de ellas, derivar conclusiones que de forma alguna se pretenden generales y absolutas. Sólo, y para concluir este punto, quiero decir que mi propuesta es más útil, no únicamente para explicarnos a nosotros mismos sino para curarnos de los rezagos que produce la asimetría que ya mostré que suceden al adaptar generalizaciones a nuestras pasiones, adaptación que, además, se tiene, míticamente, por idéntica a nosotros mismos. Esta asimetría existe entre la generalización aceptada, las pasiones que tuvieron que ocultarse para mantener la generalización, que es la asimetría  entre deseos espontáneos  y previos a la adopción y los otros deseos que se harán también espontáneos después de la adopción, ya que la adopción realmente nos influencia y no nos puede dejar iguales. Asimetría que también existe entre la generalización social y la adopción, asimetría que también existe entre ahormar la generalización a las pasiones, las pasiones entre sí y, por último,  la concepción de éstas con el todo lo explicado.

 

II. De la Misoginia y otros prejuicios.

 

Las generalizaciones actúan como prejuicios que prevén la actualización de conductas en detrimento de otras.

 

La misoginia existe y está más expandida de lo que nos gustará. La misoginia es, de acuerdo a lo visto, un prejuicio respecto a lo individuos, pero se pueden hacer juicios sobre la misoginia, es más, la misoginia puede operar como juicio en algunos casos. Contiene la idea o expectativa de supremacía masculina y de sumisión femenina.

 

La misoginia será prejuicio cuando se haga de la masculinidad o feminidad, cuando se le atribuya a un individuo inferioridad o superioridad sin atender a sus propias acciones y sólo a su presunta identidad.  Será juicio cuando sea posterior a la experiencia, es decir cuando un individuo se hizo de la identificación de “hombre” o “mujer” y actualiza la expectativa de la misoginia que es, repito, la inferioridad femenina y no tendrá más alcance que el alcance que haya tenido la adopción en el individuo. Por ejemplo: a una feminista se le aplica en menor grado el calificativo de estúpida, aunque no se librará del todo del mismo pues sigue teniendo la asociación de inferioridad con su concepción de mujer, como ya se mostró.

 

Las generalizaciones no son sino prejuicios respecto a eventos contingentes que de alguna manera encuadren en la misma generalización. Ya dije que la feminista tendrá la idea de igualdad pero no se desembaraza del todo de la idea de inferioridad, será respecto al agrado de desembarazo de esta noción en que válidamente se le aplicará el juicio de misoginia. Se le aplica el juicio de misoginia porque ella misma se encuadra en la expectativa, pero se le aplicará el juicio sólo una vez que ya haya encuadrado en la expectativa.

 

La misoginia cuanta con la misma flexibilidad y versatilidad que la generalización, de tal manera que es difícil sustraerse del prejuicio ya que una conducta apenas similar a la expectativa, será considerada como actualización  de la misma. En este caso es prejuiciosa. Ejemplifico: es difícil que una persona que piense que todo o es verdad o mentira, no vea un caso específico como verdadero o falso, de igual manera sucede con la misoginia. Este prejuicio es tan versátil que no importa lo que se haga, no se saldrá uno de ella, de la misma manera que un hecho que se encuadre en la generalización jurídica, no podrá ser sino lícito o ilícito.

 

Pero determinar los alcances de la validez de un posible juicio de misoginia, no es justificarla realmente pues, como buena generalización que es, siempre pasará los alcances con los cuales sería lógicamente válida; la generalización siempre  funciona en la realidad como prejuicio y nunca se toma la penosa molestia de realizarse como juicio respecto a la concreción sino que, precisamente, por ser generalización pasa por alto a la concreción. Las generalizaciones son contrafactuales, ya que los hechos no pueden sino ser singulares, además que los hechos en contrario se soslayan o se ahorman a la expectativa prevista. Por estas razones digo que el hecho de haber explorado la posibilidad de que se actualizara la misoginia como juicio, es sólo eso, una posibilidad que válidamente creó mi cabeza, de la cual no tengo referencia externa alguna. Un ejemplo aclarará más la posición: un misógino no atiende a analizar a cada individuo que se identifica con la generalización “mujer” para determinar los alcances que tiene su concepto de  mujer y misoginia en una “mujer” en particular; lo que hace es ver a esa “vieja” pasarse de un carril a otro abruptamente para decir “Todas las mujeres son pendejas para manejar”, “esa mujer es” por lo tanto “ esa mujer es pendeja para manejar” y “ esto se valida con la prueba de que tengo en frente una ‘vieja’ cafre”.

 

Por lo expuesto, la misoginia en la práctica ( y no hay otro tipo de misoginia que no sea la práctica) no tiene ningún fundamento concreto, pero sí uno general, está en la generalización misma.

 

Otro punto que hay que aclarar es que la generalización no tiene que ser, ni mucho menos, consistente. Es claro que las generalizaciones, así como sus adopciones individuales, contienen ideas o nociones contrarias, por ejemplo pongamos a una feminista  que cree en la igualdad o superioridad femenina, pero en cierto modo, como ya expresé, debe contemplar en la misma generalización adoptada, la idea de inferioridad.

 

Este hecho no implica que no exista  el deseo de consistencia, que hay aunque no pueda decirse que ese deseo de consistencia sea consistente con la realidad individual, lo cual crea otra asimetría, muy dolorosa, entre el individuo y sí mismo, asimetría que tantas “neurosis” provoca, ha provocado y provocará, esto sin comentar los suicidios. Ya hablamos de la fricción entre el deseo de consistencia y otros deseos. Esta asimetría es muy similar a la que tiene la ética entre estudiar lo puesto y lo que quisiera que estuviera puesto, es decir, entre explicar y demandar, al grado que ni explica (ya que no atiende a lo puesto sino al deber) ni demanda ya que sus demandas carecen de sustento alguno y trata de hacerse su propio fundamento lo que es lógicamente insostenible. Eso que pasa en la ética nos sucede como individuos y a parir chayotes se ha dicho.

 

Mencioné en el título de este apartado “otros prejuicios”. El prejuicio feminista funciona igual que el machista-misógino y da igualdad o superioridad sin tomar en cuenta a los individuos, el único cambio es la exaltación de las cualidades que se consideran positivas dentro de la generalización “hombre-mujer” y, aun más,  inventa otras nociones que, a fuerza de repetición y adoctrinamiento, llegan a formar parte de la generalización, aunque, en este caso, sólo restringido a un grupo de acuerdo (hemos de admitir que está totalmente difundido el machismo en la sociedad y no así el feminismo). Debo decir que ese grupo de acuerdo me es entorno directo, por eso hablo de generalización también, aunque reconozca  que no sea un entorno generalizado a todos, como sí lo es el del machismo.  Es generalización el feminismo porque hace posible  la actualización o no de eventos comunicativos en esta sección social, por decirlo de algún modo.

 

Otro ejemplo: me será muy difícil animarme a , en medio de una clase, a decir que todas la mujeres son pendejas, sin recibir, por ello, el oprobio general, aunque en la práctica la mayoría actúe de acuerdo a la proposición que me censuran; aquí se ve el feminismo particularizado a este entorno relativamente pequeño respecto al entorno social en su conjunto, y el machismo más difundido.

 

Entonces el feminismo es un prejuicio y funciona igual a la misoginia, no hablaré más del tema para no redundar de más, pero doy un último ejemplo para rematar la cuestión: dicen ciertas empresas, “se solicitan empleadas”, si se les pregunta la razón, responderán que “ellas son más disciplinadas, ordenadas, diligentes, etc” y de tajo mandan al demonios a los hombre porque son “generalmente” más desordenados. Esto es así por la generalización. Dirán que su experiencia se los ha dicho así y yo afirmo que sus experiencias sólo reproducen la generalización, misma reproducción alienta a la adopción de dichos estereotipos en los individuos, adopción que, a su vez, no puede sino, y de manera contingente,  reproducir la generalización, pues de ninguna manera puedo yo decir que por tener pene sea desordenado, como no se puede decir que por tener vagina se sea pendeja. Se es desordenado o pendeja  por adaptarse a sí mismo a la generalización y asumirla como la identidad misma, sin embargo, aun así, no importará a la generalización su adopción concreta sino las actitudes que de ésta deriven y le sirvan para reproducción. Ya mencioné esto cuando hablé del prejuicio de la misoginia que nunca, en la práctica, es un juicio.

 

Se propone un cambio de punto de vista, de ninguna manera pienso que no pueda haber gente con tal o cual cualidad o defecto, sino que éstos son individuales y así han de verse si se pretenden volver a hacer generalizaciones, además que, si se tiene este punto de vista de lo singular, las generalizaciones que se hicieren después nunca podrán tenerse por absolutas lo que concuerda con la teoría de la verdad como consenso y no como adecuación mente-objeto.

 

Ya quedó expuesto el prejuicio de la sexualidad en sus dos vertientes, el feminismo y el machismo, ahora abordaré ligeramente a otros prejuicios para distinguirlos de los que he venido tratando y eliminar, o tratar de eliminar, la posible objeción de que este trabajo más bien está tratando de los prejuicios que de lo absurdo de la generalización hombre-mujer.

 

El racismo, el protestantismo, el fundamentalismo (como lo llaman últimamente), fanatismo, xenofobia, nacionalismo y todos los que su mente sean capaces de imaginar, funcionan de manera muy similar a los prejuicios ya expuestos, es decir, si yo dijera “todos os gringos son unos hijos de su rechingada y siempre puta madre”, tendría yo mismo que disentir si pretendiera absolutizar, sin embargo, si yo conociera a un individuo  “all-american” quien diga, junto con “90%”[4] de los suyos, que hay que matar afganos, entonces diría que él y el 90% de los que con él están, son unos hijos de su rechingada y siempre puta madre-- ¿por qué?—porque se comieron y se identifican a tal grado con la generalización que sería casi inútil distinguirlos de ella.

 

Sin embargo, esto no implica que todos los prejuicios sean iguales. La generalización hombre-mujer se adopta en el individuo como emanada de su propio ser, es su identidad, como quididad o esencia; se es hombre en cuerpo y alma, se piensa; se es hombre, para no extendernos en las palabras y no se puede ser no-hombre, pues se sería nada y es principio que nada puede ser y nos ser al mismo tiempo y en el mismo sentido.

 

Por otro lado, y usando a la nacionalidad como ejemplo ( que es otra generalización y funciona prejuiciosamente), no habrá  nadie tan absurdo que diga que lo mexicano o lo gringo lo leva en la sangre, a no ser que se sienta muy poético y metafórico un 16 de septiembre o un 4 de julio, pero sí dirá, o podría decir, que lo masculino o lo femenino lo llevan en el cromosoma (si saben algo de biología) o en su propia constitución física y hasta mental {más adelante se hablará de la biología y sus alcances válidos de acuerdo a mi punto de vista, que ha de partir de los particulares y tener las generalizaciones que hace como eso, es decir, como generalizaciones que se distinguen totalmente de los singulares de los que parten, como enajenaciones parciales de los singulares y, por ello, deberá actuar siempre teniendo en consideración la asimetría entre la generalización y el particular, entre su objeto inicial y su objeto habitual}.

 

Uno puede pesar que pudo haber sido de otro lugar y seguir siendo el mismo, pero no que, siguiendo siendo él, no fuera hombre; esto porque una generalización se empotra en la identidad o, mejor dicho, se pretende instalar allí  de tal forma que termina anulando a la identidad misma pues ésta ya no se tiene en cuenta y se toma por puesta, posición que sustituye a la suposición de agrado tal que se dice “soy hombre”, “soy mujer”; en tanto que en la nacionalidad se dice “soy mexicano” pero nunca como juicios de identidad, de diferencia con otros hombres, sino como diferencia con otros grupos de hombres.

 

Ejemplifico: la nacionalidad distingue grupos, un individuo jamás pasa por grupo, son dos cosas distintas, entonces el juicio  no es sobre su identidad individual, sino lo sobre lo que tenga por grupal. Identidad grupal es la asimilación o trascendencia individual o, aclarando más, la reflexión  de uno mismo como parte de algo que no es él mismo, es una noción imaginativa y trascendental (disculpen que repita la palabra) que no puede partir de la reflexión pura sobre ideas propias tenidas como posiciones de suposiciones mentales (que den por puesto sólo a uno mismo o a algo de sí mismo), es una trascendencia más bien emotiva que racional, aunque luego la implacable razón meta mano, pero ya sabemos los escollos con los que se ha encontrado tratando de demostrar objetos lo que ha llevado a empirismos, racionalismos, idealismos, fenomenologías, existencialismos, hermenéuticas y qué se yo.

 

Lo anterior no implica que las reflexiones habituales sobre la identidad propia sean racionales, sino al contrario. Ha sido punto del trabajo que la emoción y la necesidad nos han llevado a asimilar a nosotros mismo generalizaciones que sólo nos alienan, pocas veces pensamos sobre esto, lo cual refiere a una emotividad latente. Así veríamos que, si un intransigente machista o una vehemente feminista leyeran el trabajo, el primero me partiría el hocico y la segunda, cual digna es, me suspendería el honor de su palabra u olvidaría algo en el salón de clases para evitar mi mera cercanía, dependiendo del grado de refinamiento o la premura del tiempo.

 

De cualquier forma, es más válido pensar en identidad grupal que en la individual, pues de la individual sí podemos tener certezas racionales y de la grupal es más difícil y susceptible de errores. Amabas son inválidas si no hay consciencia, sino se las ve y pone como lo que son dentro de uno. Ya dije, y repito, que el juicio de identidad se reduce al ciertísimo y, seguramente por ello, lacónico “yo soy”.

 

La emotividad de la asimilación a identidad individual de la dicotomía hombre-mujer, no implica inutilidad de este trabajo. Este trabajo pretende demostrar que es absurda esta adopción, pero reconoce su existencia. No hay razones para validar esta adopción, pero la adopción allí está, es más, este trabajo se fortalece con este hecho, pues al remitir a lo emocional esta adopción acrecienta su incoherencia, su absurdo, y de eso tata el trabajo.

 

Tras esta aclaración podría decirse que el trabajo es inútil pues la adopción persiste, sigue allí como ya dije el párrafo anterior. Es verdad, persiste; pero pensemos que somos unidades, sistemas, donde el cambio en algo cambia, en menos o mayo grado, todo. No digo que por saber y conocer este absurdo desaparezcan ipso facto de mi pensamiento (racionales e irracionales) nociones que me identifiquen con hombre o mujer; lo que sostengo es que si sé de este absurdo podré controlar y manejar mejor las asimetrías que me producen, no buscaré más una consistencia forzosa y conoceré mejor a mi deseo de consistencia; no haré juicios apresurados sobre individuos, que aunque mucho sienta la emoción de hacerlos y, por eso, buscaré formas menos problemáticas y menos pendencieras de desahogar esas emociones, lo que no garantiza que siempre vaya a actuar así, pero algunas veces por lo menos.

 

Todas estas utilidades, que pueden ser más, no pretenden expresar un cambio brusco y que ya no me sentiré como hombre, sino que cada que tome consciencia que me sienta como hombre, cada que sea forma mi sentirme hombre con mi pensar que me siento hombre,  sabré que ese sentimiento recae sobre mi identidad, y así avanzaré algo hacia conocerme a mi mismo como algo que siente mucho y trata de legitimar esos sentimiento en razones inválidas.

 

Los prejuicios de la nacionalidad, retomando, son distintos de los de la dicotomía hombre-mujer. Los prejuicios nacionales se restringen a grupos nacionales no así los de hombre-mujer. V.gr. los gringos nos tienen por inferiores y nosotros nos podemos o no tener por inferiores, pero la diferencia estriba en que la nacionalidad mexicana  no implica a la gringa y en la dicotomía hombre-mujer, un elemento implica al otro necesariamente, siendo así, decir inferior a una mujer necesariamente deriva en superioridad del hombre, pero de la inferioridad del mexicano jamás podrá inferirse válidamente la superioridad del gringo, sino que tan solo hay algo que sea superior al mexicano, sin saber qué sea eso.

 

En conclusión de ese capítulo, los prejuicios de sexualidad son más arraigados y generalizados, por lo menos en occidente, que otros, puesto que recaen y sustituyen  a la identidad del sujeto, no así otros. Sin importar esto, me gustaría que pensáramos en más prejuicios y analizáramos uno a uno a cuáles de ellos les atribuimos identidad y a cuáles sólo los tenemos por simbolismos.

 

 

3. Consideraciones sobre identidad propia y sobre los demás.

 

Después de una reflexión juiciosa (disculpen el ornato, y si no lo disculpan no lo lean)he sostenido que el único juicio válido sobre la identidad es simple y contiene al verbo “ser” como segundo adyacente, misma cualidad que saca al juicio de la posibilidad de integrarlo a los términos de la lógica actual simbólica, no así de la medieval, sin embargo la intención es precisamente esta, es decir, tener al juicio de identidad como improbable  en el sentido de que es imposible probar la existencia sin suponerla, que es el avance acogido por la lógica actual. Una vez hecha esta pequeña aclaración semiótica (semántica, para que no me acusen de hablar de géneros para no errar las especies, como se hace cuando, en derecho civil, se dice convenio por no saber si es contrato).

 

Este juicio no va más allá, válidamente, de lo expuesto en el párrafo anterior, implica únicamente la existencia del que la formula, tanto material como formalmente (por enunciarlo implica la existencia y precisamente el contenido del enunciado refiere a lo que su materialidad de acción supone). La implicación mencionada, por ser tal, es decir implicación, se distingue de lo que sea la identidad propiamente dicha, habiendo, incluso en este caso, asimetría entre el juicio y lo que da por puesto, que es su referencia, en este caso, la identidad. Por esta razón se dice que es el punto ciego. Este ya no es el problema de la semiótica de principios del siglo XX, no estoy hablando de objetos y referentes ni, mucho menos, yéndome al extremo de tratar al lenguaje como un orden cerrado y completo, pues el tema no es el lenguaje, es mi pensamiento que usa, a veces, a la razón como instrumento, y ésta, a su vez, puede o no usar al lenguaje como medio para la precisión.

A esta sección, es necesario conocer la definición Weberiana de racionalidad (que ya la había dicho Locke, palabras más o menos) que la tiene como selección de medios respecto a fines.

 

Sin embargo, la asimetría tratada en este capítulo se controla mejor con un juicio simple que sólo supone directamente a su referencia, desde cualquier punto de vista. El juicio “yo soy” no remite semánticamente más que a su referencia precisada en él mismo, es decir a la identidad, aunque ésta esté supuesta al juicio puesto que la refiere. Además, el juicio no significa nada más que esto, a ser no a qué es lo que se es, como ya de expresó en el primer capítulo con el latinismo de ornato que ahora modifico levemente, aunque significan lo mismo: “scio ut sum, non quod sum” (sé que soy no lo que soy).

 

Explicado lo anterior y sin ánimo de enrarecer la cuestión con más obscuridades abstrusas y jerigonzas, preciso la idea general de los párrafos anteriores: el juicio “yo soy” sólo implica que sé que soy y, al saberlo, supongo mi existencia, pero por ninguna razón puedo yo saber lo que soy a partir de un intuición mía que es el conocimiento más seguro y cierto que pueda yo tener de mí mismo (pensaba ya esto antes de leer a Locke) y que si algo llegara yo a atribuir a mi “esencia misma” sería por juicios de probabilidad (pues procederían de pruebas y serían falibles, sobre todo las científicas cuyo carácter de falibilidad se observa al ver cuántas revoluciones científicas ha habido).

 

Espero haber clarificado la postura sostenida en este capítulo, la identidad.

 

Ya teniendo bases que deseo sean sólidas, trataré el problema de la concepción de los demás, a partir de la identificación propia, puesta en el juicio y supuesta per se. Teniendo este juicio de punto de partida resolví la imposibilidad de usar generalizaciones para explicarme e identificarme. A pesar de esto, es claro que tengo ideas sobre más personas, es decir, de más seres que se identifican a sí mismas como yo lo hago a mi respecto, de tal forma, y no pudiéndolas identificar con generalizaciones externas (o internas a las que reconozco origen externo por no venir de mi intuición sobre identidad) sólo puedo atribuirles una categoría similar a la mía y verlos como otros-yo; es decir, análogo a mi a todos los demás. Esta dimensión de sentido es la social para Luhmann, yo hago llego a ella por otro rumbo, pues aun teniendo las generalizaciones como identificadoras del individuo [5](que es lo que peleo) podemos llegar a la misma conclusión. Yo tomé el camino inverso y hablo de sentido psíquico, Luhmann se refiere al social que es reproductor de sentido. Resumo mi camino hasta aquí: yo soy, no soy general sino singular, de mi singularidad observo otras singularidades que nombro tales por ser yo el parámetro de la analogación. Pero hay que ver que esta analogación de todos a mi, por ser parámetro, es, en realidad, una primera generalización, es decir, no vuelvo a ella, sino que la planteo, la reinvento partiendo de lo singular.

Tener a los demás como otros-yo, generaliza mi singularidad y se les aplica a todos, sin tomar lo que los otros sean, pues no lo puedo hacer, pero necesito tener algún elemento que haga en mi probable suponer que ellos entienden lo que digo y hago (de allí que se denomine dimensión social). Sería ideológica esa analogación  si no lo supiera y no la pusiera como tal. Si se precisa, como se hace aquí, que se está generalizando a otros y yo soy el patrón, y si se menciona la asimetría, como lo he hecho, entre el juicio y la identidad misma, y si se tratan las asimetría entre las generalizaciones apriorísticas criticadas, entonces no puede pensarse que hay ideología pues ésta siempre tiene pretensiones de verdad y se impone como tal, y la verdad de la que se trata en ese sentido es de simetría no de asimetría. La generalización válida de la que vengo hablando, también aliena a los demás de lo que sean, pero no con ansias de imposición sino por no poder encontrar otro medio para hacer lo más probable posible la comunicación.

 

Esta generalización es una presunción de igualdad y, por ser presunción, no podrá usarse como una validación o legitimación del valor liberal de la igualdad, pues no implica que haya una igualdad real, lo que sí implica el valor liberal que justificó y justifica la pobreza extrema. Esta presunción, reitero, es producto de la necesidad individual, no de la necesidad de perpetuar el estado de cosas. No fundamenté  la igualdad de manera racional, sino que racionalmente usé a la igualdad como presunción que generalicé. Es redundante decir que jamás podría yo sostener como verdad universal que “todos somos iguales”, sino que el juicio válido sería “Pienso a todos iguales a mi por no poderlos ver de otra forma y no puedo dejar de verlos”.

 

Esta igualdad puesta, que no propuesta, no es legitimadora pues nos e basa en la racionalidad per se de la igualdad, es decir, la igualdad no se ve, en este caso, como algo racional y que, por racional, deba acatarse; no es esa la pretensión y la repetición que he hecho de la idea tómese como prueba. Este ensayo se propone, como se dijo en la introducción, ofrecer un nuevo punto de vista y tiene la esperanza de que se le vea más como un diálogo que como una generalización de pretensión de verdad; toda esta aclaración sólo significa este texto se critique, de preferencia, tomando este nuevo (digo nuevo porque no se usa actualmente, no porque haya sido yo el inventor) punto de vista, y hasta aquí llega la demanda. También estoy abierto a que se hable de otro punto de vista y que, si se usa el tradicional, se lo defienda con argumentos y con resolución de problemas.

 

Entonces, decía, la primera generalización es la de la analogación con los demás y en analogar a los demás conmigo, Si se tiene como presunción, se tendrá la seguridad de la asimetría que necesariamente hay entre  esta nueva generalización y la identidad de cada uno de los demás, que me es desconocida, y que por la misma generalización la pienso desconocida para los demás, lo que no cierra a la posibilidad de que alguien la pueda tener, sólo que no veo cómo pueda eso ser.

 

Ya llegué a una nueva generalización, ya sostengo la posibilidad y la necesidad de ella, pero no por eso impongo algo. Las generalizaciones que provengan de la misma fuente, o de manera similar a ésta, serán, en este contexto y universo discursivo, válidas por necesarias, no por racionales.

 

4.De otras generalizaciones, del nuevo postulado del hombre y mujer y dela biología y la psicología.

 

La ciencia funciona como generalización de expectativas, ya con respecto a “la naturaleza de las cosas” o “realidad”, ya respecto a la naturaleza de la mente humana. En este sentido hay una ciencia especial y una protociencia, respectivamente de las que trataré en este capítulo.

 

Las ciencias naturales generalizan expectativas de actualización de conductas con base en la expectativa “racional” de actualización de fenómenos contingentes, pues creen que se rigen por relaciones necesarias y de allí que la función matemática sea la mejor fórmula para expresar este postulado[6].

 

La psicología, así como otras ciencias del “hombre” o sociales (pues nunca he visto que estudien personas sino proyecciones  de ellas, proyecciones que deben tener por simétricas con tales o cuales pasiones, para entonces poder creer que están estudiando las pasiones e intenciones) no pueden ceñirse a esta fórmula, pero lo intentan: ¿No, acaso, establecen relaciones estables entre conductas y pasiones contingentes?; ¿No, acaso, toman un cuento aislado y contingente y lo explican  de acuerdo a una relación ya establecida y que se considera, por lo menos, habitual?; ¿No, acaso, el objeto de su estudio es, en realidad, objetivaciones de “deseos” o “pasiones”, es decir, conductas?—O me dirán que estudian las ideas y deseos de los “humanos” directamente  pues, en ese caso, poco tendría de ciencia en el sentido moderno de la palabra y en nada se distinguirían de Hegel, Fichte, Kant, Schelling y Jacobi, ya que  sólo podrían estudiar esas ideas y deseos que hay en ellos mismos y, de ninguna forma, los de otros de manera directa, aun indirectamente; ¿No, acaso, ven conductas y las ven como, ahorrando palabrería, proyecciones de deseos, como si hubiera simetría entre la proyección y el deseo, y siempre se diera ya la misma o alguna de un conjunto de proyecciones sobre un deseo?; ¿No, acaso, y a pesar del gran Fromm, y para distinguirse de la sociología, menosprecian, hasta cierto punto,  el carácter social de la proyección y ensalzan el carácter primitivo de la pasión que sólo evidencia la asimetría entrambos y entre las pasiones y conductas, y no disminuyen, para hacer más probable su conocimiento, la asimetría entre la proyección de la idea o de la pasión que hay aun dentro del sujeto, además de la que hay con su objetivación externa que termina siendo el objeto de su estudio?; No, acaso, como ciencia o pretensión de ciencia, usan un cúmulo de generalizaciones, como es la función que se aplica invariablemente a fenómenos aislados, cosa que ya dijimos es inválido racionalmente y la caída de la función nos ha apoyado para decirlo?: ¿No, acaso, aplican términos tales como neurosis, psicosis, alucinación y otras a personas singulares que tienen las desgracia de sentir alguna de la ideas que los psicólogos ya asocian  a una patología y, por eso a ellas se las adscribe y se les da tratamiento inicial en contra de la enfermedad, como si la enfermedad existiera en sí misma?—Pero se me replicará que ese tratamiento general funciona, a lo que respondo que el funcionamiento habitual de algo no implica que sea indudable su certeza, pues ¿ No, reitero, acaso,  Thomas S. Kuhn hablaba de una ceguera paradigmática que impide observar las anomalías que surgen contra sus reglas generales?, es muy fácil decir que se es válido por resolver unos problemas, pues es aun más fácil empotrarse en ellos y dejar de ver todos los que se vienen. Se me podría responder que dudo sin sustento práctico y singular, que le estoy aplicando a la psicología una ciencia general y mi punto de vista es de lo singular; a esto respondo dos cosas: Primero.- este punto de vista que propongo no está puesto en marcha, por lo menos no por la psicología práctica (pregunto si hay de otra) por lo cual no pueden acudir a este principio. Segundo.- si pudieran apelar a este principio ¿establecerían terapias o análisis, para la depresión? y si además sumamos que dentro de la ciencia es más fiable y probable la psiquiatría que la protociencia de la psicología entonces, pienso, menos pueden apelar a este principio. Es decir, si apelan a este nuevo principio  ya no son psicología en el sentido tradicional.

¿No, acaso, , la psicología crea, quiéranlo o no, malestar en los pacientes, malestar que no hace sino hacer más probable su encasillamiento en alguna categoría previa, tal como la neurosis u otras?; ¿No, acaso, conceden la imposibilidad en psicología de hacer leyes de tal forma que así se alejan un paso más  del ideal moderno de ciencia?; ¿No, acaso, sus curvas de normalidad, que se “fundan” en casos concretos (casos concretos diagnosticados con base en generalizaciones previas) donde igualan a un grupo de personas a una categoría general de normalidad, son en realidad analogaciones  de casos concretos entre sí para poder y justificar el empleo de tratamientos parecidos, que no iguales por que no es garantía que una persona de 65 Kg., 25 años, 1.68 m. de altura, tolere tantos miligramos de tal substancias o tantas horas de sesión, y aunque puedan explicar a toro pasado la intolerancia, no me podrán jamás decir que la diferencia entre muerte o daño irreversible y curación es tan sólo cuantitativa, pues yo les preguntaría si las diferencia, no ya sentimental que es parte de la realidad, sino orgánica es cuantitativamente conmensurable con la normalidad de función? ¿Funciona cuantitativamente conmensurable un sano respecto a un deficiente renal?—No, no sabemos la infinidad de cosas que suceden en nuestro cuerpo, lo cual hace más probable que no sea pura diferencia cuantitativa.

 

A pesar de todas estas dudas, no se infiera una intención de destrucción de las ciencias ni de la psicología, tan sólo obsérvese  que se intenta poner y replantear el uso de sus generalizaciones, que se hagan generalizaciones de casos concretos y nunca aplicar, propiamente dicho, generalizaciones a casos concretos. Esto podría llevar a la no necesidad de la generalizaciones, ya que carecerían de uso. Me parece que no es así, que hay que ver a cada paciente a profundidad, analizándolo y teniéndolo por unidad singular, sabiendo que aplicarle una generalización es alienarlo y abriendo la mente a alas posibilidades de que mis ideas previas puedan desmoronarse. Recuerden, ustedes los médicos, a cuentos casos es tan difícil diagnosticar y que diagnosticar es aplicar una generalización a un casos concreto. No les digo, “entren si prejuicios” porque eso es absurdo, le digo “conozcan sus prejuicios y así, necesariamente, serán fenomenológicos y atenderán a cada caso”, pues pensar los prejuicios cada vez que se presenta un caso, es trata cada caso como distinto ya que cada caso obligará a aquel que piensa sus prejuicios respecto al caso, a seleccionar sus prejuicios lo que es amoldar las generalizaciones al caso y no los casos a las generalizaciones. Repito, no es demanda, es propuesta y quiero que este trabajo e vea como diálogo, que se lo sopese dentro de cada uno.

 

Abordaré un poco sobre la biología. La biología nos habla de seres sexuales, pero ellos hablan de sexualidad obtenida de casos concretos. Me parece que la sexualidad en biología se acerca más al punto de vista propuesto en este ensayo. Un biólogo, si se le preguntase qué es sexo o qué es hombre o macho y mujer o hembra, seguramente respondería no la generalización simbólica de la que hemos venido tratando sino que hablará que llaman macho a aquel viviente que tenga en su par sexual los cromosomas XY y que hembra es el que tiene los XX, pues eso se da en todos los vivientes sexuales y, de ninguna manera, a partir de este dato tan simple y elocuente, justificarán las demás ideas que ya precisé respecto al tema. Después diría el biólogo que de esta variación cromosomática se manifiestan distintas cosas en cada especie y que por especie, si bien es generalización, no por eso implica que alienen a un caballo de su ser caballo en lo individual porque nunca ha sido objeto de la biología hablar de identidades, ni de substancia de caballo, sino de manifestaciones a las cuales llaman libremente caballo, manifestaciones  ahora más elocuentes con el descubrimiento del ADN y su estudio.

 

No habrá biólogo que piense, como pensaban los escolásticos, que existe cierta forma o idea de “caballidad” ajena a los caballos en particular, sería absurdo. Ellos sostienen que llaman caballo a cola tal, secuencia de ADN tal, pelo tal, pezuña tal, dientes tal, estómago tal y se ha llamado así a ese conjunto de propiedades por comodidad y facilidad de comunicación, sin pretender decir que hay identidad entre esas propiedades y un caballo dado.

 

Si la biología actúa como yo lo he puesto aquí, es válida y debemos sopesar los conocimientos que hacen sobre sexualidad, que nunca implican identidad ni juicios de identidad, pues no hablan de quididades, substancias u otras cosas de imposible conocimiento. Siendo así, para hacer juicios, no ya de identidades pues ya no es intuición sino prueba  para considerarnos sexualmente como hombres o mujeres, no pensaremos más en dicotomía generales sino en la adecuación de pasiones, juicios y datos particulares que se ahorman a nuevas generalizaciones de hombre-mujer, generalización que se ahorma a características indudables como el ADN, por ejemplo y, aunque no me considere substancialmente hombre, considere ciertas características físicas como de hombre y vea que la zona de mi lenguaje está en una zona del cerebro, en tanto que en las personas con otras cualidades físicas y cromosomáticas que llamamos mujeres, la tienen en otro lado, sabré que no estoy hablando de identidades, sino de generalizaciones que simplifican las labores del saber y que no son, aun así, sino formas que pueden usarse con libertad dentro de los cánones de la singularidad que se nos presenten. Si se presentan en nuestra mente las ideas de hombre y mujer como lo he descrito, no se aliena pues no es interés hablar ni tratar de identidades, como se habla de ideas y no de sujetos no se atenta contra nadie, por ende en este sentido sí conviven las ideas de hombre y mujer al mismo tiempo yen el mismo lugar y ya no se ve como dicotomía de ser o substancia, sino como dicotomía lógica, ya no se sostendrá “esa persona es mujer”, sino “esa persona tiene características tales que yo, de acuerdo a criterios biológicos como el ADN, asocio con la feminidad, pero ya no identifico a esa persona con la feminidad, sino a características que yo veo en ella”.

 

Pero podemos percatarnos que la psicología sí habla de identidades y transtornos a grado tal que habla que el homosexual es sano porque aun se considera hombre a sí mismo, hombre que le gustan los hombres y se les considera sanos, no porque tengan tal o cual pasión espontánea, sino porque tienen una identidad masculina definida. Si se fueran por la espontaneidad de la pasión dirían que el psicópata es sano, y eso les daría muchos problemas sociales.

 

Desde mi punto de vista no existen homosexuales, ni hay homosexualidad como no hay hombría ni feminidad; hay individuos singulares con pasiones singulares. Al homosexual le terminan diciendo que la idea general de hombre no se pelea con que no le agraden lascivamente las mujeres, a la mujer le dicen las feministas que la idea de igualdad o superioridad no se pelea con la generalización que las ha postrado, y todo esto es tan absurdo como ya lo he explicado.

 

Los psicólogos sí hablan de identidad, como si pudiera hablarse de ella, como si pudiera ponerse lo supuesto. Sólo terminan perpetuando la alineación de las personas y funciona, por ende, como vil ideología; si a eso aunamos que a los psicólogos les enseñan teoría y no a pensar, que los estudiantes reciben sus conocimientos y temen al análisis posible que devendría de un disenso, que toman los modelos teóricos y los aplican, entonces es más clara mi crítica a la psicología. Se me podría decir que no puedo criticar una ciencia por sus científicos, pero cómo no podría criticar una ciencia por los practicantes de la ciencia normal perpetuadora del paradigma que estoy criticando.  Deberían empezar por conocerse a sí mismos lo más posible, sin atender en demasía el dicho de sus preceptores, tal como hizo el mismo Freud. Vemos que no hay nada más peligrosos que un psicólogo que nos e conoce a sí mismo, porque él tratará de curar a otra persona haciéndola conocerse, pero como ni él mismo sabe cómo hacerlo, sólo terminará cambiándole el “cassette” y dejándo en la inopia, alienad e ideologizado al paciente.

 

También es cierto que los psicólogos que descuellan  ponen en duda a las teorías por no ver que ellas se adecuen a ellos mismos, pero al hacer sus teorías no les queda mucho tiempo para dedicarse a los estudios de campo, estadísticas, consultas y todas las obras de talacha, las cuales quedan confinadas a aquellos que vengo criticando, y son éstos los que más en contacto están con las personas y a través de los cuáles se tienen que hacer los juicios sobre la utilidad que la psicología tenga. Temed a los psicólogos, ved que cómo estudian y se dedican a sí mismos, y que me respondan no porque tal o cual autor diga y sostenga lo contrario a mí, sino por los problemas que no resuelva o que no resuelva tan bien como ellos.

 

No critico a los grandes teóricos de la psicología que actúan y actuaron a partir de sus pensamientos, es decir, viéndose a sí mismo y sopesando, luego, a sí mismos con las teorías, y así mismo fue como unos psicólogos negaron el pansexualismo freudiano, o a la bipolaridad consciente-inconsciente para cambiarla por el fondo y la forma. Pero estos teóricos poco hacen de trabajo rudo y son más bien eso, teóricos que no prácticos, pues Freud no habla de estadísticas, no Fromm, ni los gestaltistas y, cuando las usan, no las ponen como el punto de partida de la teoría sino como una actualización de la veracidad de la teoría que proponen porque resuelve casos concretos, de los cuales, de alguna forma, proviene. Decir que parten se esos datos “científicos” sería tan absurdo como decir que la teoría de la Relatividad proviene de la órbita de mercurio, o que la de Ptolomeo provenía del movimiento de los signos zodiacales o la de Copérnico de la órbita lunar (por cierto, Ptolomeo resolvía mejor ese problema de allí que fuera hasta Kepler que se dirimiera el asunto de una vez por todas).

 

No se tome esta moderación de mala manera, la ciencia sigue siendo criticable en cuanto no dejan de sostener simetría entre ella y su objeto y eso las hace ideológicas debido a que imponen una “verdad”, su verdad. Freud decía que todo era impulso sexual o asesino y lo ponía como un hecho que se daba en la mente misma y no como una interpretación de los hechos de la mente misma. Esta diferencia muestra que nos e puede hablar de simetría entre los juicios de una teoría y su objeto, de lo contrario habría verdades universales y una sólo ciencia y paradigma. Otro ejemplo que podría citar es el de los darwinistas que fueron empleados para legitimar al liberalismo, por lo cual es muy difícil separar del todo a la ciencia que explica, de las demandas que no dejan de hacerse en su nombre, por lo cual no se la puede dejar de ver como ideología. Uno más es la justificación de la destrucción de la vida como la conocemos (no podríamos ser tan arrogantes como para decir que nosotros solitos la estamos destruyendo, hay que reconocer que no ha subido tanto la temperatura global, que el cambio climático que vivimos tal vez no sea tanto un cambio, que hay división entre los científicos sobre lo que realmente está pasando, también hay que tener en cuenta que los ambientalistas actúan de manera más bien reaccionaria contra el uso de técnicas novedosas, como las genéticas, donde sólo veo un problema que sería la eventual pobreza genética de plantas y animales), justificación que se da argumentando progreso técnico y, como la técnica que usan se legitima en el conocimiento científico, entonces la ciencia legitima este nuevo fenómeno, aunque, repito, no podamos decir que el fenómeno sea creado por nosotros, ni que sea antinatural, pues tan natural es un coche como lo es un panal de abejas (no me recuerden el complejo de la abeja reina por favor).

 

Hemos observado que si la ciencia actúa como ideología o se la toma como tal (que es lo que más comúnmente acontece) es por la creencia moderna en la simetría entre sus dichos y sus objetos, cosa que empezó a cambiar en los círculos teóricos (y sólo allí, desgraciadamente y por eso es que me resisto a que se hable de postmodernidad) con el conocimiento de la falibilidad y de lo fatal que es la revolución científica. Sin embargo, sólo es necesario acudir a un científico y poco probable será que acepten esta asimetría, menos aun los que se dedican al trabajo duro y a la experimentación, que lejos están de ser los teóricos de sus propias ramas (de seguro Stephen Hawkins sí la concedería).

 

Sobre la biología hemos dado a entender que no es ideológica propiamente dicha, más allá de los usos ideológicos que puedan hacer los no biólogos o algunos biólogos. Yo he conocido biólogos que aceptan esta asimetría, es más, uno de ellos fue el que me introdujo a la teoría de la ciencia que de tanta utilidad ha sido para este trabajo. No quiero decir que sea tan severo con la psicología por no haber visto un psicólogo con esa apertura mental, pues de seguro los hay, sino que me parece que aplica generalizaciones absurdas, habla de identidades y, en general, me parece que en la práctica termina siendo inútil por estos rezagos, inútil para curar, claro, para conocer y aprender, es más, para tomar conocimientos y confrontarlos con uno mismo, es utilísima.  Mi punto (mmmm, ¡qué pasó!) es que el desfase de la psicología es, a mi gusto, imponderable y mortal y, concluyo, esto le abrirá las puertas a una teoría no científica de la mente humana y a una medicina mental científica, desapareciendo la psicología como ciencia y dejando paso a la psiquiatría. La psicología es útil, pues, como teoría, no como ciencia, y como teoría puede curar más que como ciencia, además que la psiquiatría cura mejor en cualquier caso. La biología, en todo caso, se replanteará en la futura postmodernidad aceptando su desfase y tratándose a sí misma como unidad distinta de la química y la física, dedicándose a los fenómenos singulares que se tiene por vida, aceptando estos singulares como obvios y a las generalizaciones como probables y útiles, mas no verdades, por el desfase del que ya hemos hablado.

 

Concluyo este ensayo diciendo que este postulado resuelve los problemas de enfermedades psicológicas de manera más satisfactoria, a mi juicio. Propongo ver las pasiones como singulares sin adelantarse a otras, de tal manera que si siento algo por Ramibano, no es porque sea ella mujer, sino que simplemente tengo ese sentimiento[7] y, a partir de él,  sacaré consecuencias y si este sujeto Ramibano tiene en sus cromosomas el par sexual XX o XY, no importa, lo que importa es la pasión y si la analizamos así, se explica más y mejor que me desviva por un sujeto Ramibano con cromosomas XX y que, al mismo tiempo, si veo a otro sujeto con cromosomas XY y me sienta atraído, no censure ese sentimiento como inconmensurable con el primero, sino que los veo como dos sentimientos distintos y, aunque por Ramibano haga y escriba esto (al decir por, me refiero a que es un estímulo que no inspiración, no soy tan meloso) , no es incompatible con que reconozca belleza en el otro sujeto, que me guste y, analizando  cada pasión vea sus alcances y observe a este particular que con Ramibano tengo más deseos y pensamientos que respecto al otro sujeto, cosa que me llevará a decir sólo esto: “quiero más a Ramibano que al otro sujeto”. Referente a la pasión surgida por el otro sujeto, puede ser o no lasciva, es habría que analizarlo en cada situación y, si es lasciva para con Ramibano y para con el otro sujeto también, no puedo hablar de bisexualidad, sólo de que a Ramibano y al otro sujeto quiera follármelos (debo aclarar que estoy suponiendo y que, hasta ahora no he sentido esto, lo que no garantiza que no puede suceder) y es hasta allí donde puede llegar el juicio, no más allá.

 

He utilizado el ejemplo anterior por parecerme que es el que más claramente se ajusta al tema del trabajo y por ser claro, no por ser el único. Me parece que se puede hablar de todas las pasiones tomando este punto de vista, analizarlas como singulares (no como unidades, pues el uno es el individuo) y compararlas como tales, sin pelearlas en vano.

 

Para finalizar, sólo propongo analizar nuestras pasiones no científicamente, sino personalmente y ver qué se siente en cada caso y comparar con toros hasta los límites de esa comparación singular y nunca decir y tratar de predecir con ánimos de certeza, pasiones futuras sino tratar con las actuales, que con eso ya tenemos suficiente material y nos será más útil y satisfaremos  mejor nuestros deseos, inclusive el de consistencia, pues ya no se buscarán coherencias lógicas a partir de rígidas generalizaciones previas, sino sólo consistencia sobre los juicios de comparación entre pasiones y no sobre las pasiones mismas. Por último quiero decir que, de acuerdo a lo tratado,  las generalizaciones son distensiones de tiempo que aplican a caso que no son, características de casos que ya no son y que, por ende, es incompatible con mi proposición de análisis de los pensamientos y pasiones actuales y singulares que luego se relacionan por juicios comparativos y que en ellos debemos depositar los deseos de consistencia y no en las pasiones propias. Tampoco quiero decir que las pasiones sólo se relaciones por juicios, eso sería estúpido, pero las relaciones que se observen entre ellas no podrán tacharse de incompatibilidad lógica, y que, si hay incompatibilidad, se habrá de hacer un juicio singular atendiendo a esas pasiones en el presente, o que se hagan presentes por la memoria. Estoy consciente que las pasiones no se dan aisladas, pero sí se dan en instantes aislados (aunque distensibles) y, por eso, las podemos tratar singularmente. Lo que digo es que hay que poner las cosas en su lugar para vivir mejor y no buscar conflictos donde no los hay y atender donde sí los haya.

 

Al fin de este largo trayecto pongo fin respondiendo a una posible crítica que consistiría en que propongo un esquema racional en una mente que es irracional la mayor parte de las veces; es absurda esta réplica. No digo “cambiemos nuestras pasiones”, digo “cambiemos la forma de verlas”, pues las generalizaciones son las que se usan normalmente para ver las pasiones y las ponen como predecibles, cuando no es así como funcionamos, no hay causalidad entre pasiones: ejemplo, por mucho que vea a Ramibano, hay veces en que no se despierta pasión alguna y otras en que sí, lo cual prueba que no hay causalidad entre estímulo y efecto y, por lo tanto, no puedo generalizar efectos a partir de estímulos y predecir que cada que un estímulo tal me irrite, sentiré la misma pasión. Mi propuesta no se mete en estas predicciones, en parte porque se reconoce su volubilidad e inconsistencia y sólo trata de ordenar lo ordenable, que es el pequeño pago de razón que hay en nosotros. No hay nada más irracional que un mundo de singulares contingentes, pero es racional aquellos que ve ese mundo y se distingue de él a la vez que se considera parte del mismo, acoplándose lo mejor que puede y, creo yo, que la mejor manera en que puede adaptarse es relacionando y comparando hechos actuales y fugaces y mantenerlos en memoria para, si bien ya es comparar, contextualizar en el pago de la razón nuevas comparaciones de hechos particulares, de las cuales nunca se dirá que son iguales a los juicios comparativos ni contextuales, pero, verum?, warum?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Nadie ha de ser tan obtuso como para tomar en serio este exabrupto que es, obviamente, una broma bien dirigida.

[2] Sé que la semiótica moderna tiene un término distinto para designar la misma idea expresada por ésta palabra, pero en el momento de escribir el ensayo no la recordé.

[3] El proceso es ciertamente más complejo que esto, pero no es objeto del ensayo realizar el análisis extenso a este respecto.

[4] Entrecomillo esta cifra porque las generalizaciones terminan ajustándose a los individuos y éstos a las generalizaciones, de tal manera que la variación es en ese porcentaje termina siendo tan ínfima en este contexto que resulta muy simple ponerlos en el mismo cajón. Ya he expuesto que mi punto de vista parte al revés, es decir, analizaría las sutilezas, que sabemos bien son suficientes para distinguir las cosas.

[5] No quiero decir que Luhmann haga estas identificaciones, al contrario, al separar al hombre de la sociedad se libra de este posible reproche.

[6] No hablaré en este ensayo sobre la teoría del caos y de lo que me parece que sí es indicio de posmodernidad y no, como unos piensan, la crítica de la razón, aunque ellos podrían ahormar a esta teoría con su crítica. La teoría del caos, si bien como “teoría”, es crítica a la razón, si se la observa como destrucción de la ciencia tradicional, más bien debería llamársele a-teoría, pues ya no se maneja dentro de los cánones de la teoría, y, en ese caso,  por ser inconmensurable con la tradición, deriva en la revolución y eso es lo que, a mi gusto, debe entenderse por posmodernidad.

[7] En el ensayo “De Res Amor” hablo de la distinción entre sensación, sentimiento y pensamiento, entiéndase por la palabra sentimiento, en este caso, tanto la sensación como el sentimiento.

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