Historia, Cultura y Datos Genealogicos de varias familias de Antioquia y el Viejo Caldas en Colombia

 

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Decidí organizar en el hospedaje de geocities, únicamente los datos que he encontrado sobre el APELLIDO NARANJO, principalmente el de orígen Paisa, del cual existe también una rama importante en el Valle del Cauca. No obstante, he encontrado también este apellido, al menos desde el siglo XVIII en las regiones de Santander y norte de Boyacá.

Cualquier aporte sobre el apellido Naranjo en Colombia es bienvenido.

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El Apellido NARANJO en Colombia

 

Don Miguel Muñoz NARANJO

 

Don MIGUEL MUÑOZ NARANJO MACHUCA nació a comienzos del siglo XVIII en la Villa De Bienvenida, Partido Judicial de Llerena, Provincia de Badajoz, en España. Sus padres fueron don Juan Muñoz Naranjo y doña María Machuca.

 

Refiere sobre este "Partido" de LLERENA, don Luis Zapata de Chaves en el “Libro de Cetrería”, Siglo XVI:

"Llerena, lugar nobilísimo, cabeza de la provincia de  León en Extremadura, situada en las raíces de Sierra Morena,  felíz de sitio, fértil de suelo, sano de cielo, soberbia de  casas, agradable de calles, abundante de hermosas, llena de  caballeros y letrados y de tan raros ingenios, que apenas necio  podrá hallarse uno."

En BIENVENIDA, sobresale la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Angeles, originaria del siglo XV. En el exterior llama la atención el cuerpo bajo de su torre, obra mudéjar de ladrillo sobre el que se erige un remate barroco, concluido en 1633 por el alarife Pedro Vaca. En el interior destaca el retablo mayor, realización de gran presencia, también del XVII, con buenas pinturas. Obra que se atribuye a Zurbarán se conserva en la capilla de la Encarnación. En 1982 la iglesia fue declarada Monumento de Interés Cultural.

Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de los Angeles, en Bienvenida, la cual data del siglo XV

Don Miguel salió de España para América en asuntos de comercio y se estableció en Cartagena de Indias:

Aunque la provincia de Cartagena no tenía minas de oro o plata y su población indígena, en comparación con la de otras regiones, era escasa, la ciudad prosperó porque contaba con una excelente bahía protegida que la convirtió en el principal puerto de entrada a la América del Sur; además su ubicación cerca de la desembocadura del río Magdalena, hacía de ella el enlace obligatorio entre el interior del Nuevo Reino de Granada y el resto del mundo.

La creciente vitalidad comercial de la ciudad desató sobre ella la codicia de los piratas franceses e ingleses, que desde comienzos del siglo XVI se dedicaron a asaltar tanto a los barcos españoles que regresaban a la península cargados con los tesoros americanos, como a las mismas colonias españolas en América. Ante la amenaza de los piratas, tanto por mar como por tierra, la corona española diseñó una estrategia defensiva para neutralizar su acción y poner a salvo los tesoros que transportaba a España. La primera de las acciones defensivas que realizó España fue la creación del sistema de flotas para transportar a Sevilla en forma segura la plata de México y Perú. La otra estrategia fue construir complejas obras de fortificación en los principales puertos, como Cartagena de Indias.

Las flotas eran convoyes de barcos mercantes, en ocasiones de hasta cuarenta barcos, escoltados por unos cinco a ocho buques de guerra. A partir de 1566 el comercio entre España y sus colonias americanas se hizo a través de dos flotas, una que salía de Sevilla y se dirigía a Veracruz, la llamada flota de Nueva España, y la otra que navegaba de Sevilla a Cartagena y Portobelo, la llamada flota de los Galeones de Tierra Firme. En Cartagena, la flota de galeones permanecía un mes. De ahí navegaba hacia Panamá, donde recogía la plata del Perú y regresaba a Cartagena, de donde salía hacia La Habana cargada con el oro del Nuevo Reino de Granada y las perlas de la Guajira. Allí se juntaba con la flota de Nueva España, para emprender la travesía del océano Atlántico en el viaje de retorno a Sevilla.

Contaba la ciudad, a finales del siglo XVIII, con una imponente infraestructura militar que hacía de ella la principal fortaleza de España en América: la ciudad amurallada, el Castillo de San Felipe (terminado en 1.657), diversos baluartes, los fuertes de San Sebastián del Pastelillo (1743), San José (1759) y la batería de San José (1759).

En ese siglo Cartagena experimentó un acelerado crecimiento de su población: pasó de tener 4.556 habitantes en 1708 a 13.690 en 1777.

Sobre los comerciantes en Cartagena en el siglo XVIII[1], se puede afirmar que la mayoría de ellos eran españoles, rara vez tenían alguna alcurnia, y por lo general eran de orígen humilde, pero a través de sus esfuerzos lograban acumular algún capital y aprender el manejo del comercio. Algunos empezaban sus carreras como capitanes de barcos, otros como agentes en comisiones de otros comerciantes, y otros habían subido de la clase social de los mercaderes. El comerciante importaba y exportaba, el mercader en cambio, se limitaba a comprar y distribuír dentro del país lo que el comerciante ofrecía. Los comerciantes eran hombres prácticos, duchos en finanzas y comercio.

El establecimiento de los comerciantes españoles en Cartagena no fue bien recibido por los hacendados, quienes apenas distinguían a los comerciantes de los mercaderes y a veces hasta los confundían con los pulperos.

Rechazado aunque tolerado por los hacendados, el comerciante español tenía mucho cuidado en distinguirse de los mercaderes, cosa a veces difícil, pues como los mercaderes eran sus compradores, estas dos clases estaban en trato continuo. Pero la distinción existía realmente, pues había tres cosas que les faltaban a los mercaderes: capital, conocimiento y raza blanca. Distinguiéndose de los mercaderes, los comerciantes no ponían mucha atención a las pretensiones nobiliarias de los hacendados, pues veían en el dinero y éxito comercial todo lo que necesitaban para ser reconocidos como clase social importante, y todo indica que a finales del siglo XVIII los comerciantes formaban parte de la clase dirigente de Cartagena.

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Plano de Cartagena. 1740.

Tomado de: Rutas y fortificaciones en América y filipinas [Madrid], Biblioteca CEHOPU, 1985. BLAA.

Retomando la trayectoria de nuestro personaje principal, Don Miguel Muñoz Naranjo, una vez establecido en Cartagena de Indias como comerciante, contrajo primeras nupcias con doña Rosa Palacios, de quien enviudó sin dejar descendencia, por haber muerto sus hijos en la infancia.

Emigró a la región antioqueña y contrajo nuevamente matrimonio en Medellín, el 25 de julio de 1742 con doña Elvira Gómez de Rivero Pérez, hija del español don Manuel Domingo Gómez de Rivero y de doña Ana Josefa Pérez de Rivero López. Del matrimonio de don Miguel y doña Elvira nacieron seis hijos: José Domingo, Francisco Miguel, Rafael, Antonio, Jacinto y Leonor Naranjo Gómez. Vea la RAMA NARANJO GOMEZ.

No obstante lo anterior, como era común en esta época, la descendencia de este personaje se prolongó también por otras líneas fuera del matrimonio, a través de:

Don Miguel vivió en Medellín y otorgó su testamento el 23 de julio de 1772, el cual se encuentra en dicha ciudad.

Finalmente, vale la pena recordar algo del contexto de la región antioqueña en la época en que don Miguel Muñoz Naranjo llegó a asentarse:

Durante el siglo XVII y primera mitad del XVIII, Antioquia fue considerada “la mas pobre Provincia del Reino”, hasta que en éste último siglo el Gobernador Mon y Velarde la reactiva económicamente. Por ésa época, las principales ciudades antioqueñas eran Medellín, Santafé de Antioquia, Rionegro y Marinilla.

Medellín, que había sido fundada en 1676, cien años después se encontraba conformada por unas 40-50 manzanas y albergaba unas 300 familias (2.000 personas).

 

 

En 1804, decíase de Medellín: “Ella es en lo florido y ameno de sus campos, un delicioso vergel, y estos se hallan tan poblados de casas y sementeras que forman con lo anexos y capital una continuada ciudad de más de un día de camino que comienza en el curato de Barbosa y acaba en los términos del embigado…”(sic).

 


 

[1] “Aspectos del Comercio de Cartagena en el Siglo XVIII” René de la Pedraja Toman, en el Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, Volumen VIII. S.F.

 

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