Dios nos permite contemplar su Trono
El Cordero de Dios es representado delante de nosotros como si estuviera en medio del trono de Dios. El es la gran ofrenda ritual por medio de la cual el hombre y Dios est�n unidos y en comuni�n. De esa manera se presenta a los seres humanos como sentados en los lugares celestiales en Cristo Jes�s. Este es el lugar escogido para la reuni�n entre Dios y la humanidad
Juan ve el trono de Dios en el cielo.
Los veinticuatro ancianos.
Los cuatro animales llenos de ojos por delante y por detr�s. Los ancianos colocan sus coronas frente al trono y adoran al que est� sentado sobre el.
1 DESPUES de esto mir�, y he aqu� una puerta abierta en el cielo; y la primera voz que o�, como de trompeta, hablando conmigo, dijo: Sube ac�, y yo te mostrar� las cosas que suceder�n despu�s de estas.2 Y al instante yo estaba en el Esp�ritu; y he aqu�, un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado.3 Y el aspecto del que estaba sentado era semejante a piedra de jaspe y de cornalina; y hab�a alrededor del trono un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda.
4 Y alrededor del trono hab�a veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas.5 Y del trono sal�an rel�mpagos y truenos y voces; y delante del trono ard�an siete l�mparas de fuego, las cuales son los siete esp�ritus de Dios.6 Y delante del trono hab�a como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detr�s.7 El primer ser viviente era semejante a un le�n; el segundo era semejante a un becerro; el tercero ten�a rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un �guila volando.
8 Y los cuatro seres vivientes ten�an cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban d�a y noche de decir: Santo, santo, santo es el Se�or Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir.9 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acci�n de gracias al que est� sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos.
10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que est� sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
11 Se�or, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque t� creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.
1.
Despu�s de esto.
Es decir, despu�s de que Juan hubo contemplado la visi�n de las siete iglesias (cap.1: 10 a 3:22). "Despu�s de esto" no especifica el tiempo transcurrido entre las dos visiones.
Mir�.
O "vi", expresi�n que Juan usa repetidas veces para introducir nuevas escenas o importantes s�mbolos nuevos (ver com. cap. 1:2).
Una puerta.
Indudablemente se trata de la puerta que conduce a la sala del trono del universo (vers. 2; comp�rese con el comentario del vers. 5).
En el cielo.
No "que conduc�a al cielo", como si Juan estuviese afuera y mirando hacia adentro. Como al mirar hacia adentro contempl� el trono de Dios, �sta debe haber sido una puerta que conduc�a a la sala del trono del universo. Esta sala del trono ha sido identificada como el lugar sant�simo del santuario celestial.
Despu�s de considerar el estado de la iglesia en la tierra (cap. 1-3), la atenci�n de Juan se dirige ahora a una visi�n simb�lica del trono de Dios en el cielo. Que la descripci�n del trono de Dios y la escena que lo rodea en los cap. 4 y 5 deben entenderse simb�lica y no literalmente, es claro, por ejemplo en cap. 5:6, donde se describe a Cristo como "un Cordero como inmolado, que ten�a siete cuernos, y siete ojos", y, sin embargo, estaba vivo y pod�a ir y tomar el libro de la mano de Dios. Puesto que �ste es un lenguaje evidentemente simb�lico, es l�gico que toda la escena prof�tico debe interpretarse de la misma manera. En el s�mbolo el profeta puede volar sobre los objetos terrenales y materiales hasta alcanzar los niveles m�s elevados de la mente y el coraz�n, recibiendo impresiones celestes que sobrepujan la expresi�n del lenguaje literal .
La primera voz.
El significado del texto original se expresa m�s claramente as�: "He aqu�... la primera voz que o� como de trompeta, hablando conmigo, dijo..." Esta es, sin duda, la voz del cap. 1: 10, la que dio comienzo a la primera visi�n y ahora inicia la segunda.
Sube ac�.
Una invitaci�n para que Juan entrara en visi�n, apartando sus sentidos de las cosas terrenales que lo rodeaban para enfocarlos en las realidades celestiales.
Despu�s de �stas.
No necesariamente despu�s del cumplimiento de la visi�n anterior, sino desde el punto de vista del tiempo de Juan; por consiguiente, esta declaraci�n es paralela a la del cap. 1: 1 (ver el comentario respectivo).
2.
En el Esp�ritu.
Gr. en pn�umati (ver com. cap. 1: 10). Juan entra en visi�n por segunda vez. No se sabe cu�nto tiempo transcurri� entre la primera visi�n y �sta.
Establecido.
El trono ya estaba en su lugar.
Uno sentado.
La reverente discreci�n de Juan para describir al Gobernante del universo con palabras que parecieran en modo alguno antropom�rficas, es clara, porque lo describe simplemente con el participio kath'menos, "sentado", sin decir qu� o qui�n estaba sentado. S�lo afirma que sobre el trono hab�a una presencia. Esta referencia al Padre se halla en notable contraste con la detallada descripci�n del Hijo (cap. 1: 13-16); pero el Hijo es humano a la vez que divino, y por lo tanto puede ser descrito apropiadamente en t�rminos humanos (vers. 3; cf. cap. 6:16; 7: 10).
3.
Que estaba sentado.
De nuevo s�lo se usa el participio (ver com. vers. 2).
Jaspe.
Gr. i�spis, que no es precisamente el jaspe moderno, sino una piedra descrita por el antiguo naturalista Plinio, como transl�cida (Historia Natural xxxvii). Juan se refiere repetidas veces a piedras preciosas para describir colores brillantes, porque la luz del sol que brillaba sobre tales piedras produc�a algunos de los colores m�s brillantes conocidos por el hombre en sus d�as. El i�spis quiz� describa aqu� una luz brillante, refulgente, m�s notable por su brillo que por su color.
Cornalina.
La cornalina o alguna otra piedra de color rojizo. Aqu� describe una luz rojiza, brillante.
Arco iris.
Comp�rese con la visi�n del trono de Dios que tuvo Ezequiel (cap. 1:26-28).
Semejante en aspecto a la esmeralda.
Es decir, de color verde. El brillo de la luz que refulge de la presencia sobre el trono se templa con la suave luz verde del arco iris que rodea el trono. Este arco iris representa la combinaci�n de la justicia y la misericordia que caracterizan a Dios (Ed 110-111; cf. PVGM 114).
4.
Trono.
Gr. thr�nos, "tronos". Los 24 ancianos est�n sentados sobre los 24 tronos que rodean el trono de Dios.
Veinticuatro ancianos.
Esta escena hace recordar a Isa. 24:23 (LXX): "Reinar� el Se�or.. y delante de los ancianos ser� glorificado". El hecho de que estos ancianos est�n vestidos con vestiduras blancas, que pueden simbolizar justicia (ver com. Apoc. 3:4), y que tienen sobre sus cabezas "coronas" (st�fanos, emblema de victoria; ver com. cap. 2: 10), ha inducido a algunos a sugerir que representan a hombres redimidos. En una interpretaci�n se explica que la descripci�n del trono celestial de los cap. 4 y 5 debe ubicarse en un tiempo antes de que comiencen a suceder los acontecimientos simbolizados por los siete sellos. Si as� es, entonces los 24 ancianos, si son seres humanos, necesariamente deb�an ser hombres que ya estaban en el cielo en los d�as de Juan. Los adventistas a menudo los han identificado con los santos que se levantaron de sus tumbas cuando Cristo resucit� (Mat. 27: 52-53; cf. Efe. 4: 8), pues �se es un grupo que se sabe que fue resucitado. La resurrecci�n principal a�n se halla en el futuro (1 Tes. 4: 16). Por lo tanto, es un hecho que la presencia de seres humanos en el cielo no puede tomarse como una evidencia de que la resurrecci�n de todos los redimidos debe preceder a los acontecimientos que se describen en los sellos.
Otra interpretaci�n compara a los 24 ancianos con las 24 �rdenes del sacerdocio lev�tico. As� como los sacerdotes ministraban delante de Dios en el santuario terrenal, as� tambi�n Juan ve a 24 ancianos que ministran en el santuario celestial.
Otros sugieren que los 24 ancianos simbolizan a Israel en su sentido m�s amplio (ver com. Apoc. 7:4): dos ancianos por cada tribu: uno que simboliza al Israel literal; el pueblo de Dios antes de la cruz; y el otro, al Israel espiritual, la iglesia cristiana, el pueblo de Dios despu�s de la cruz. De esta manera pueden compararse con los 12 patriarcas y los 12 ap�stoles. Este parecer destaca el car�cter simb�lico de estas representaciones, en vez de considerarlas como santos literales que est�n ahora en el cielo (ver com. vers. l).
Algunos int�rpretes ven en los 24 ancianos a �ngeles y no a seres humanos. Ponen el �nfasis en que se describe a los ancianos como ministrando las oraciones de los santos (cap. 5: 8), una obra -dicen ellos- que dif�cilmente ser�a encomendada a seres humanos.
Ropas blancas.
Ver com. cap. 3:18.
Coronas.
Ver lo anterior en cuanto a los 'veinticuatro ancianos".
Oro.
Quiz� sea s�lo una se�al de algo muy precioso.
5.
Rel�mpagos y truenos y voces.
Una expresi�n favorita de Juan (cap. 8: 51, 11: 19; 16: 18), que posiblemente describe poder y majestad (ver Job 37: 4-5; Sal. 29: 3-4; Eze. 1: 13).
Siete l�mparas de fuego.
O "siete l�mparas ardientes". Ver com. cap. 5:6. Aunque tienen cierto parecido con los siete "candeleros" de oro del cap. 1: 12, son llamadas "l�mparas" (lamp�s) y no "candeleros" o "portal�mparas" (lujn�on; ver com. cap. 1: 12). Adem�s, se dice claramente que representan a los siete Esp�ritus de Dios, mientras que los candeleros del cap. 1 representan a las siete iglesias (vers. 20). Basados en este simbolismo algunos han identificado la "puerta" (cap. 4: 1) como una abertura hacia el primer compartimento del santuario celestial.
Siete esp�ritus.
Ver com. cap. 1:4.
6.
Mar de vidrio.
Esta descripci�n es muy parecida a la que da Ezequiel del trono de Dios, el cual estaba sobre una "expansi�n" (Eze. 1: 26). El vidrio ten�a en la antig�edad mucho m�s valor del que tiene hoy Aqu� representa la apariencia clara y cristalina de la superficie sobre la cual estaba el trono.
Cristal.
Gr. kr�stallos, una palabra que significa "cristal", un mineral incoloro, transparente, o "hielo". Lo que Juan ve es una expansi�n amplia y brillante que refleja gloriosamente el resplandor rojo y verde que rodea el trono. Comp�rese con la visi�n de Ezequiel (cap. 1:22).
Junto al trono, y alrededor del trono.
Como los querubines de Ezequiel (Eze. 1: 22, 26), esos seres vivientes quiz� se ve�an por debajo del trono y alrededor de �l. El simbolismo est� en armon�a con el antiguo pensamiento sem�tico. Un sarc�fago de Biblos, de fines del segundo milenio a. C., describe a un rey fenicio sentado sobre un trono sostenido por un querub�n con forma de animal (ver W. F. Albright, "What Where the Cherubim?' The Biblical Archaelogist 1: 1 [Febrero, 1938], pp. 1-3). Cf. Sal. 80: 1; 99: l; Isa. 37: 16.
Seres vivientes.
Gr. z�on, "seres vivientes'. Z�on no indica a qu� orden de seres pertenecen estos cuatro "seres vivientes"; sin embargo, se parecen mucho a los de la visi�n de Ezequiel (ver com. Eze. 1:5-26), quien los llama "querubines" (cap. 10: 20-22).
Llenos de ojos.
Cf. Eze. 1: 18; 10: 12. Puede entenderse como s�mbolo de la inteligencia e incesante vigilancia de los seres celestiales.
Puesto que el s�mbolo de los ojos proviene claramente de Ezequiel, es posible entenderlo aqu� seg�n el pensamiento hebreo. En el AT se usa nueve veces la palabra hebrea '�yin, "ojo", con el sentido de "color" o "brillo" (Prov. 23: 31; Eze. 1: 4, 7, 16, 22, 27; 8: 2; 10: 9; Dan. 10: 6); lo que sugiere que al describir los cuatro animales como "llenos de ojos", Juan pod�a estar expresando que su apariencia era de brillante resplandor.
7.
Le�n.
Aqu� aparece cada uno de los cuatro seres con una de las cuatro caras caracter�sticas de cada uno de los querubines de la visi�n de Ezequiel (Eze. 1:10; 10: 14). El significado de estos s�mbolos se trata en com. Eze. 1: 10.
8.
Seis alas.
'Los querubines' de la visi�n de Ezequiel ten�an cuatro alas cada uno (Eze. 1:6; 10:21), mientras que los 'serafines" de Isa�as ten�an seis (Isa. 6:2). Las alas pueden indicar la Velocidad Con que las criaturas celestiales ejecutan los mandatos de Dios (cf. Heb. 1: 14).
Llenos de ojos.
Ver com. vers. 6.
No cesaban.
Los hombres com�nmente trabajan de d�a y descansan de noche, pero ,'no se adormecer� ni dormir� el que guarda a Israel" (Sal. 121: 4). El poder divino que sostiene el universo nunca descansa.
D�a y noche.
La noche trae un intervalo para la mayor�a de las actividades humanas, pero no tiene efecto sobre la incesante corriente de alabanza a Dios que emana de los seres celestiales.
Santo, santo, santo.
Este es tambi�n el clamor de los serafines de la visi�n de Isa�as (ver com. Isa. 6:3). No hay una raz�n v�lida para tomar esta triple expresi�n de alabanza como que indica la Trinidad, pues se dirige a quien est� sobre el trono: al Padre. La segunda y la tercera persona de la Trinidad son representadas aqu� por otros s�mbolos (Apoc. 4:5; 5:6).
Se�or Dios Todopoderoso.
Ver com. cap. 1: 8.
El que era, el que es, y el que ha de venir.
Ver com. cap. 1: 4.
9.
Aquellos seres vivientes.
Ver com. vers.6.
Esta alabanza es de car�cter antifonal; se inicia con los seres celestiales m�s pr�ximos a Dios.
Acci�n de gracias.
Los seres celestiales y los seres humanos deben dar gracias a Dios sin cesar porque les ha dado la vida. Existen porque �l as� lo quiere. Despu�s de todo, Dios no le debe nada a sus criaturas; ellas le deben todo a �l.
Al que est� sentado.
Ver com. vers. 2.
Que vive por los siglos de los siglos.
Comp�rese con la expresi�n del AT "el Dios viviente" (Jos. 3: 10; Sal. 42: 2; 84: 2). Dios es la fuente de toda vida, y el hecho de que viva 'por los siglos de los siglos" es la base de que sustente incesantemente la naturaleza (ver . Juan 1: 4; Apoc. 4: 8).
10.
Veinticuatro ancianos.
Ver com. vers. 4.
Al Que est� sentado.
Ver com. vers. 2.
Vive por los siglos de los siglos.
Ver com. vers. 9.
Echan sus coronas.
Ver com. vers. 4.
11.
Se�or.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto "Se�or y Dios nuestro" (BJ, BA, BC). Los que sostienen el punto de vista de que los 24 ancianos son seres humanos, destacan que el t�tulo k�rios "Se�or", que usan los ancianos y no los cuatro seres vivientes, puede tener importancia, porque k�rios es el equivalente griego del Heb. Yahv�h, el nombre divino con el cual Dios se revel� a su pueblo (Exo. 6:2-3). Este t�tulo, afirman, es particularmente adecuado para las alabanzas de los hombres.
Digno.
Dios es "digno" de recibir alabanzas de sus criaturas porque les ha dado la vida y todo lo que poseen: las ha hecho lo que son.
Por tu voluntad.
A Dios le agrad� traer a la existencia al universo y dar vida a sus criaturas. Vio que era bueno hacerlo. No hab�a nada deseable, seg�n �l, en estar solo en un universo vac�o. Le pareci� muy bueno que el universo estuviera poblado por seres inteligentes, capaces de apreciar y reflejar su amor infinito y car�cter perfecto. Este fue su prop�sito al crearlos.
Existen y fueron creadas.
La evidencia textual establece (cf. p. 10) el texto "eran y fueron creadas". Con "eran" Juan se refiere sin duda a la existencia del universo despu�s de que Dios lo cre�. Dios cre� todas las cosas y ahora las sustenta .