Los Sellos

3.

Segundo ser viviente.

Ver com. cap. 4: 6. Uno tras otro, cada uno de los seres vivientes anuncia a uno de los cuatro jinetes.

Ven y mira.

Ver com. vers. l.

4.

Bermejo.

El simbolismo del segundo jinete describe muy bien las condiciones bajo las cuales vivi� la iglesia desde el a�o 100 hasta el 313 d. C., poco m�s o menos (cf. com. cap. 2:10). Las violentas persecuciones que sufri� a manos de los emperadores romanos est�n simbolizadas por el jinete que a una "gran espada" y que tiene el poder de "quitar de la tierra la paz". Si el blanco representa la pureza de la fe (ver com. cap. 6:2), entonces el caballo rojo puede considerarse como una corrupci�n de la fe por la introducci�n de diversas herej�as .

Seg�n otro punto de vista, el color de este caballo sugiere sangre. El primer jinete se ha considerado como un s�mbolo de la gloria de la conquista militar (ver com. vers. 2), y por analog�a puede considerarse que el segundo describe otros aspectos de la guerra: p�rdida de la paz y grandes y numerosas matanzas. Este ser�a el inevitable resultado de la conquista representada por el primer jinete, si se interpreta que sus conquistas simbolizan el dominio de Roma.

Espada.

Gn m�jaira, un cuchillo grande o espada corta que se usaba para combatir.

5.

El tercer ser viviente.

Ver com. cap. 4: 6; 6: 3.

Ven y mira.

Ver com. vers. l.

Un caballo negro.

Si el caballo blanco simbolizaba victoria y pureza (ver com. vers. 2), puede considerarse que el caballo negro indica derrota, o que su color simboliza una mayor corrupci�n de la fe.

Una balanza.

Gr. zug�s "yugo", por la semejanza con los brazos de una balanza. Puede considerarse que este s�mbolo describe la condici�n espiritual dentro de la iglesia despu�s de la legalizaci�n del cristianismo en el siglo IV, cuando se unieron la iglesia y el Estado. Despu�s de esa uni�n, la iglesia se preocup� mayormente por los asuntos seculares, y en muchos casos se produjo una falta de espiritualidad. Esta balanza tambi�n puede interpretarse como s�mbolo de una indebida preocupaci�n por las cosas materiales. Ya no se trata de una guerra victoriosa, como en el caso del primer jinete (ver com. vers. 2), ni representa un abundante derramamiento de sangre como en el segundo (ver com. vers. 4), sino que su efecto es ahora a�n m�s terrible: hambre.

6.

Dos libras.

Gr. j�inix, una medida que aproximadamente equivale a un litro (ver t. V, p. 52). Esta cantidad de grano representaba la raci�n diaria de alimento para un obrero.

Un denario.

Gr d'n�rion, moneda de plata que pesaba menos de 4 g . El "denario" romano era el salario diario de un obrero com�n . Por lo tanto, esta raci�n de trigo para un d�a por el trabajo de un d�a representaba apenas el alimento indispensable para un obrero y su familia, si es que no significaba morirse de hambre. Seg�n los precios de los cereales que da Cicer�n (Contra Verres iii. 81) para Sicilia, los que menciona Juan eran unas 8 � 16 veces m�s altos que los precios normales. Pero a pesar del hambre era posible sobrevivir. As� ha protegido Dios siempre a sus hijos en tiempos de necesidad.

Cuando este pasaje se aplica al per�odo de la historia cristiana que sigui� a la legalizaci�n del cristianismo, alrededor de 313-538 d. C. , las palabras del an�nimo locutor pueden interpretarse como una indicaci�n de la preocupaci�n general por las cosas materiales.

Cebada.

Este grano era m�s barato que el trigo, como lo indican los precios que se dan (ver 2 Rey. 7:18). La cebada era un alimento com�n entre los pobres, y se usaba como forraje para los animales .

No da�es.

La voz que anuncia el alto costo del trigo y de la cebada, tambi�n ordena que no deben destruirse in�tilmente el aceite y el vino.

El aceite ni el vino.

Eran los dos l�quidos comunes en la alimentaci�n en el mundo antiguo. Algunos han interpretado que simbolizan la fe y el amor, que deb�an ser conservados frente al materialismo que domin� a la iglesia despu�s de su legalizaci�n por Constantino en el siglo IV.

7.

Cuarto sello.

Cf. com. cap. 5: 1; 6: 1.

Cuarto ser viviente.

Ver com. cap. 4:6; 6:3.

Ven y mira.

Ver com. vers. l.

8.

Amarillo.

Gr jl�r�s, "verde claro", "p�lido"; el color del temor y de la muerte. Con el caballo p�lido los tiempos de la aflicci�n llegaron a una espantosa culminaci�n (ver com. vers. 2, 4-5).

Hades.

Gn h�d's, "la morada de los muertos" quiz� de dos palabras griegas, a, "no" y la forma verbal id�in, del verbo hor��, "ver", por lo tanto, literalmente, "no visto", refiri�ndose al mundo invisible. Para los griegos, h�d's era tanto el lugar de los muertos como el nombre del dios de ese lugar (tambi�n llamado Plut�n por los romanos). Desde Homero, h�d's equival�a a "sepulcro" o "muerte". La LXX emplea regularmente la palabra h�d's para traducir el Heb. she'ol. El uso de la palabra h�d's en el NT es esencialmente igual al uso de she'ol en el AT: era el lugar de morada transitoria de los muertos, tanto de los justos como de los imp�os. Es interesante notar que Pablo, al citar Ose. 13: 14, donde she'ol se emplea como paralelo po�tico del Heb. m�weth, usa el Gr. th�natos, "muerte" y no h�d's como se lee en la LXX (1 Cor. 15: 55). Es importante distinguir entre el "infierno" (h�d's) y el "infierno de fuego" (Gr. g�enna; gehenna, BJ) de Mat. 5: 22 . H�d's aparece en muchas antiguas tumbas de Asia Menor con el sentido de "sepulcro" de fulano de tal. La muerte y el Hades son personificados y representados: la una, jineteando el caballo; el otro, sigui�ndola.

La cuarta parte de la tierra.

Quiz� significa una vasta extensi�n de la tierra.

Espada.

Gr. romf�ia (ver com. cap. l: 16). La enumeraci�n, espada, hambre, muerte (o pestilencia, ver com. "mortandad") y fieras, puede considerarse como una descripci�n del deterioro progresivo de la civilizaci�n que viene despu�s de la guerra. Los estragos de la espada, que mata a los hombres y destruye las cosechas, produce el hambre, la que causa el deterioro de la salud y produce pestilencias; y cuando �stas han cobrado su tributo, la sociedad queda tan debilitada que no puede protegerse contra los ataques de las fieras.

Cuando el cuarto jinete se aplica a un per�odo particular de la historia cristiana, parece representar la situaci�n especialmente caracter�stica del per�odo que va desde el a�o 538 al 1517, poco m�s o menos, o sea el comienzo de la Reforma ( ver com. cap. 2:18).

Mortandad.

Literalmente "con muerte". "Matar... con mortandad" no es del todo claro. La dificultad quiz� se resuelve mejor cuando se entiende que la palabra que se traduce como "muerte", th�natos, significa a veces "peste". La LXX repetidas veces traduce la palabra hebrea d�ber, "pestilencia", como th�natos, "muerte" (Lev. 26:25; Jer. 21:6; Eze. 5:12). Juan, para quien el pensamiento sem�tico era m�s natural que el griego, sin duda sigue aqu� el uso de la LXX m�s bien que una definici�n estrictamente griega de la palabra.

9.

El altar.

Este altar, presentado en el cuadro prof�tico, quiz� hac�a recordar el altar de bronce del santuario hebreo, y puede deducirse que los m�rtires eran sacrificios presentados delante de Dios. La sangre de las v�ctimas o sacrificios era derramada en la base de ese altar (Lev. 4:7), y "la vida [LXX psuj', 'alma'] de la carne en la sangre est�" (cap. 17: 11); por lo tanto, las almas, o los que hab�an sido muertos como m�rtires por la fe, pueden considerarse figuradamente que est�n debajo del altar. La tradici�n jud�a posterior expuso la idea de que los muertos de Israel estaban sepultados, por as� decirlo, debajo del altar, y que los que estaban sepultados debajo del altar eran enterrados, por as� decirlo, debajo del trono de la gloria ver Strack y Billerbeck, Kommentar zum Neuen Testament, t. 3. p. 803).

Algunos sostienen que el altar debe identificarse con el que se menciona en Apoc. 8:3.

Almas.

Gr. psuj'. Debe recordarse que Juan contemplaba representaciones gr�ficas, y que, por lo tanto, deben tenerse en cuenta las reglas que rigen la interpretaci�n de tales profec�as cuando se intenta comprender el significado de los diversos s�mbolos. Juan vio un altar en cuya base estaban las "almas" de los m�rtires. Las regias de interpretaci�n no nos obligan a localizar un altar espec�fico en un lugar determinado y en un momento definido de la historia. Como ocurre con los detalles de una par�bola, no todos los elementos de un s�mbolo prof�tico necesariamente son de valor para la interpretaci�n. Parece que el simbolismo del quinto sello fue presentado para animar a los que se enfrentaban al martirio y a la muerte, para darles la seguridad de que a pesar del triunfo aparente del enemigo, finalmente llegar�a su vindicaci�n. Este incentivo era especialmente animador para los que viv�an en los tiempos de las terribles persecuciones del fin de la Edad Media; pero m�s a�n durante el tiempo de la Reforma y despu�s (c. 1517-1755; com. vers. 12). A ellos les habr� parecido que el largo per�odo de opresi�n nunca acabar�a. El mensaje del quinto sello les confirm� que la causa de Dios triunfar�a finalmente. Los que pasen por el �ltimo gran conflicto recibir�n el mismo est�mulo .

Cualquier intento de interpretar que estas "almas" son los esp�ritus incorp�reos de m�rtires difuntos, violenta las reglas de interpretaci�n de las profec�as simb�licas. A Juan no se le dio una visi�n del cielo como en realidad es. All� no hay caballos blancos, bermejos, negros o p�lidos, montados por jinetes belicosos. Jes�s no est� en el cielo en la forma de un cordero con una sangrante herida de cuchillo. Los cuatro seres vivientes no representan criaturas aladas reales con caracter�sticas de animales . Tampoco hay all� "almas" que yacen en la base de un altar. Toda la escena fue una representaci�n gr�fica y simb�lica que ten�a el prop�sito de ense�ar la lecci�n espiritual que ya hemos destacado.

Los que hab�an sido muertos.

El tema de la revelaci�n ahora cambia de una descripci�n de escenas prevalecientes de destrucci�n y muerte, en las cuales sufre el pueblo de Dios, y se enfoca en la condici�n de los santos.

La palabra de Dios.

Ver com. cap. 1:2, 9.

Testimonio.

Ver com. cap. 1:2, 9.

10.

Clamaban.

Es decir, en la representaci�n gr�fica ya explicada (ver com. vers. 9). Se oye hablar a las "almas".

Se�or.

Gr. desp�t's . Lo opuesto a desp�t's es d�ulos, "esclavo" (cf. 1 Ped. 2: 18). Los m�rtires han demostrado al dar su vida que son verdaderos "siervos de Dios" (ver Tito l: l; cf. com. Apoc. 6:11), y de esta manera �l es su Se�or. Aqu� probablemente se refiere al Padre.

Santo y verdadero.

Ver com. cap. 3:7, donde se aplican estas palabras a Cristo.

Vengas.

Los m�rtires no piden vengarse ellos mismos; lo que buscan es la vindicaci�n del nombre de Dios (cf. Rom. 12: 19; ver com. Apoc. 5:13).

Los que moran.

Ver com. cap. 3: 10.

11.

Vestiduras.

Mejor, "le fue dado a cada uno un vestido blanco". La palabra stol' es diferente de la que se traduce como "vestiduras" en cap. 3: 5, o "ropa" en cap. 4: 4. Stol' era un manto largo que se usaba como se�al de distinci�n . Juan contempla en la visi�n c�mo son vestidas las 'almas" con un manto blanco cada una. El s�mbolo parece tener el prop�sito de mostrar que a pesar de sus muertes ignominiosas y de que sus martirios a�n no han sido vengados por Dios, los m�rtires ya son reconocidos por el Se�or como vencedores.

En los d�as de Juan esta seguridad era de especial consuelo para los cristianos, que hab�an visto c�mo sus hermanos creyentes eran aniquilados por la persecuci�n de Ner�n (64 d. C.), y ellos mismos se enfrentaban al martirio con la persecuci�n de Domiciano . En cada �poca, a partir de ese tiempo, las promesas de Dios a sus santos m�rtires han animado a otros que estaban por dar su vida por amor del nombre divino.

Descansasen.

Esta orden se da a los que en la visi�n prof�tica estaban intranquilos por la larga y aparente demora. En verdad, los m�rtires han estado descansando desde que depusieron su vida, y seguir�n descansando hasta el d�a de la resurrecci�n (cf. com. cap. 14:13). Sus "consiervos" seguir�an en la lucha hasta que ellos tambi�n fueran victoriosos a pesar del martirio.

Un poco de tiempo.

El tiempo no se pospondr�a indefinidamente (ver com. cap. 1: 1; cf. cap. 12:12). El gran conflicto con el mal debe librarse hasta que llegue a un glorioso cl�max. Debe permitirse que el pecado demuestre su car�cter deforme tan plenamente, que luego no quede nunca ninguna duda en cuanto a la rectitud y justicia de Dios (ver com. cap. 5:13).

Se completara.

Esto no significa que la Providencia ha decretado que un n�mero espec�fico debe sufrir el martirio. Era necesario que transcurriera cierto tiempo para que quedara plenamente demostrada la verdadera naturaleza del programa de acci�n de Satan�s, y de esa manera se destacaran la justicia y nobleza de Dios.

Consiervos.

Gr. sund�ulos, "coesclavo" (cf. com. vers. 10).

12.

Un gran terremoto.

Los acontecimientos del sexto sello revelan la destrucci�n del mundo f�sico. El profeta Joel ya hab�a usado la figura de un terremoto para describir los cataclismos de la naturaleza en el d�a del Se�or (Joel 2: 10; cf. Isa. 13:9-11; Am�s 8:9).

Puesto que el terremoto es seguido por el oscurecimiento del sol, y como este �ltimo acontecimiento puede ser ubicado en 1780 d. C. (cf. com. "el sol se puso negro"), este terremoto ha sido identificado como el de Lisboa, el 1.� de noviembre de 1755, una de las sacudidas s�smicas m�s extensas y severas que jam�s se haya registrado. El efecto del terremoto se sinti� no s�lo en el norte del �frica, sino que lleg� hasta las Antillas. La identificaci�n del gran terremoto de Lisboa, sugiere que 1755 es una fecha inicial apropiada para el sexto sello.

El sol se puso negro.

El oscurecimiento del sol se menciona en la profec�a del AT en relaci�n con las cat�strofes que preceden al d�a del Se�or (Con frecuencia se afirma que una oscuridad sobrenatural, durante la cual las luminarias celestes retendr�n su luz, acompa�ar� al grande y terrible "d�a de Jehov�" (Joel 2: 10-11; 3: 15-16; Am�s 8: 9; cf. Mat. 24: 29; Mar. 13: 24-25; Luc. 21: 25). Jes�s destac� especialmente este fen�meno en su profec�a del fin del mundo, y lo se�al� como una de las se�ales por las cuales sus seguidores podr�an saber que su venida estaba cerca (ver Mat. 24:29, 33).Un cumplimiento espectacular y literal de la escena aqu� descrita se vio en la parte oriental del Estado de Nueva York y en el sur de Nueva Inglaterra, Estados Unidos, el 19 de mayo de 1780. Un estudio cuidadoso de las cr�nicas de los diarios de esa �poca revela que se produjo una oscuridad inusitada en la parte oriental del Estado de Nueva York y al suroeste de Nueva Inglaterra alrededor de las diez de esa ma�ana, y durante el d�a se traslad� hacia el este cruzando la parte sur y central de la Nueva Inglaterra, y penetr� hasta alguna distancia en el mar. En cada localidad se inform� que la oscuridad dur� varias horas. Este fen�meno ocurri� en el tiempo predicho: "en aquellos d�as, despu�s de aquella tribulaci�n" (Mar. 13:24; ver. Mat. 24:29). Fue observado en una regi�n donde estaba por aparecer un notable reavivamiento del inter�s en las profec�as de Daniel y Apocalipsis, y fue reconocido por los estudiantes de esas profec�as como el cumplimiento de este pasaje .

La luna se volvi� toda como sangre.

Ver com. Mat. 24:29.

Las estrellas del cielo cayeron.

Esta se�al se cumpli�, por lo menos en parte, el 13 de noviembre de 1833, cuando ocurri� lo que sin duda puede considerarse como la mayor lluvia de meteoros de toda la historia. Los fen�menos celestiales del 19 de mayo de 1780 y del 13 de noviembre de 1833 cumplieron con precisi�n las predicciones de Jes�s porque ocurrieron en el momento predicho (ver lo dicho antes). Ning�n otro fen�meno del pasado cumple satisfactoriamente con todas las especificaciones de esta profec�a.

Higos.

"Higos verdes" (BA). Gr. �lunthos, que significa para algunos higos tempranos que se caen antes de madurar. Algunas higueras de calidad inferior dejan caer todos o casi todos sus higos cuando han alcanzado el tama�o de una cereza. Otros definen �lunthos como higos tard�os o de verano.

14.

Como un pergamino.

Gr. bibl�on (ver com. vers. 5: 1). Esta descripci�n presenta el cielo enroll�ndose como un rollo de pergamino. En la cosmolog�a antigua el cielo se consideraba como una b�veda s�lida por encima de la tierra. El profeta ve c�mo se descorre el cielo para que la tierra quede sin protecci�n delante de Dios. Isa�as (cap. 34: 4) presenta el mismo cuadro. Este acontecimiento es sin duda el mismo que fue descrito por Jes�s cuando dijo: "las potencias de los cielos ser�n conmovidas" (ver Mat. 24: 29). Este suceso es a�n futuro, pero se relaciona estrechamente con la aparici�n real del Hijo del hombre en los cielos.

Todo monte y toda isla.

En el cap. 16:20 estas terribles convulsiones se presentan como sucesos que acontecer�n durante la s�ptima plaga.

15.

Reyes.

Cf. cap. 16:14; 7:12. La lista que sigue describe toda la gama de la vida social y pol�tica que exist�a en el mundo de los d�as de Juan. Aunque la venida misma de Cristo no se menciona aqu�, el contexto expone claramente que est� por aparecer.

Los grandes.

Gr. megist�n, "persona principal", "noble", " magnate", que corresponde tal vez al lat�n magistratus, que designa a un funcionario romano, como Plinio . Este tipo de funcionario a menudo conden� a muerte a los m�rtires cristianos.

Ricos.

Ver com. Sant. 5:1-6"El contexto inmediato implica que los "ricos" son ejemplos notables de quienes tienen muchas oportunidades para hacer el bien, pero evitan hacerlo. Estos "ricos" pueden ser o no miembros de la iglesia. Santiago presenta la condici�n de los "ricos" en su debida perspectiva para que no los envidien los miembros de la iglesia que sufren necesidades por faltarles ropas y estar afligidos por la pobreza. Hay posesiones m�s duraderas y de m�s valor que las riquezas materiales. "

Capitanes.

Gr. jil�arjos, 'jefe de mil". En el NT esta palabra se usa para los tribunos militares romanos (Juan 18:12; Hech. 21:31-33), de manera que aqu� probablemente representa oficiales militares de alto rango.

Los poderosos.

1 Cor 1: 26."Para establecer su iglesia Dios no se vali� del consejo de los sabios, los ricos o los poderosos de este mundo. �l procura ganar a todas las clases, pero la pretendida sabidur�a de este mundo con frecuencia induce a los hombres a ensalzarse a s� mismos y a no humillarse ante Dios. Por lo tanto, es peque�a la proporci�n de ricos seg�n el mundo y de aquellos considerados como l�deres del pensamiento popular que aceptan el sencillo Evangelio de Jesucristo".

Siervo.

O "esclavo".

Libre.

Cf. cap. 13:16; 19: 18.

16.

Caed sobre nosotros.

Ver Ose. 10:8; Luc. 23:30. Enfrentarse a Dios en ese momento es m�s espantoso que hacer frente aun a la muerte.

Ira.

Gr org' (ver com. Rom. 1: 18 "La ira de Dios.

Es decir, el desagrado divino contra el pecado, que termina finalmente con la entrega del hombre al castigo de la Muerte . La ira del Dios infinito no puede ser comparada con la pasi�n humana. Dios es amor (1 Juan 4: 8), y aunque odia el pecado, ama al pecador . Sin embargo, Dios no impone su amor a los que no est�n dispuestos a recibir su misericordia . La ira de Dios contra el pecado se manifiesta cuando �l retira su presencia y su poder vivificador de los que eligen permanecer en el pecado, y de esa manera participan de sus inevitables consecuencias .

La terrible suerte que corrieron los jud�os despu�s de que rechazaron a Cristo ilustra lo que estamos comentando. Como finalmente persistieron en su obstinada impenitencia y rechazaron los �ltimos ofrecimientos de misericordia, "Dios les retir� entonces su protecci�n y dio rienda suelta a Satan�s y a sus �ngeles, y la naci�n cay� bajo el dominio del caudillo que ella misma hab�a elegido" .

Cuando la ira de Dios contra el pecado cay� sobre Cristo como nuestro sustituto, la separaci�n de su Padre le caus� una enorme angustia. "No deb�a ejercer su poder divino para escapar de la agon�a. Como hombre deb�a sufrir las consecuencias del pecado del hombre. Como hombre deb�a soportar la ira de Dios contra la transgresi�n" . Finalmente en la cruz, "la ira de Dios contra el pecado, la terrible manifestaci�n de su desagrado por causa de la iniquidad, llen� de consternaci�n el alma de su Hijo. . . Al sentir el Salvador que de �l se apartaba el semblante divino en esta hora de suprema angustia, atraves� su coraz�n un pesar que nunca podr� comprender plenamente el hombre" (DTG 701).

Cuando "los �ngeles de Dios dejen ya de contener los vientos violentos de las pasiones humanas, todos los elementos de contenci�n se desencadenar�n" . Finalmente descender� el fuego de Dios que procede del cielo, y el pecado y los pecadores ser�n destruidos para siempre (Apoc. 20: 9; cf. Mal. 4: 1; 2 Ped. 3: 10). Finalmente recibir�n los resultados de su propia elecci�n. "Por una vida de rebeli�n, Satan�s y todos los que se unen con �l se colocan de tal manera en desarmon�a con Dios, que la misma presencia de �l es para ellos un fuego consumidor"Se revela.

O "est� siendo revelada" (cf. vers. 17). La plena manifestaci�n de la ira de Dios ser� vista al fin del mundo (Rom. 2: 5; 1 Tes. 1: 10; 2 Tes. 1: 7-9; Apoc. 6: 16-17). Pero el desagrado de Dios contra el pecado tambi�n est� siendo revelado en la condici�n de la humanidad. Los vicios degradantes y la impiedad deliberada a la cual se entregan los pecadores (Rom. 1: 24-32), dan lugar a la condenaci�n de Dios y al castigo del pecado. La predicaci�n de Pablo acerca de la justicia de Dios revelada en el Evangelio (vers. 17) tambi�n sirve para demostrar la ira de Dios m�s claramente que nunca antes.

Desde el cielo.

La revelaci�n de la ira de Dios viene como un mensaje de amonestaci�n desde el trono de Dios.).

17.

Gran d�a.

Ver Joel 2:11, 31; com. Isa. 13:6."El d�a de Jehov�.

Esta expresi�n aparece por lo menos 20 veces en los escritos de los profetas del AT. Siempre se emplea en relaci�n con el tiempo del castigo divino sobre una ciudad o naci�n (no para referirse al castigo de una sola persona), o al castigo final de los habitantes de toda la tierra. Como contraste, las Escrituras describen lo que podr�a llamarse "el d�a del hombre" como "el d�a de salvaci�n" (Isa. 49: 8; 2 Cor. 6: 2), "y tiempo de tu buena voluntad" (Sal. 69: 13), o "tiempo aceptable" (Isa. 49: 8), cuando a�n perdura el tiempo de gracia para los hombres y las naciones (Sal. 95: 7-8; Heb. 4: 7).

Por lo contrario, "el d�a de Jehov�" es la ocasi�n cuando concluye hist�ricamente el tiempo de gracia de una naci�n o de una ciudad, y finalmente ser� el momento cuando se sellar� eternamente el destino de todos los hombres. Mientras sea "d�a de salvaci�n", los hombres y las naciones est�n libres de ejercer esa facultad que Dios les dio para elegir entre el bien y el mal, pero cuando llegue el "d�a de Jehov�", la voluntad de Dios ser� suprema, pues ya no se ver� limitada por el ejercicio de la voluntad humana.

En relaci�n con Jud�, "el d�a de Jehov�" (Isa. 2: 12; Joel 1: 15; 2: 1; Sof. 1: 7) Fue el d�a cuando como naci�n no se le permiti� seguir con su imp�a conducta y recibi� el castigo ordenado por Dios (Eze. 12: 21-28). Lo mismo aconteci� con Israel, el reino del norte (Am�s 5: 18), con Egipto (Eze. 30: 3), con Edom (Abd. 15) y con otras naciones de la antig�edad (Dan. 5: 22-31). Lo que ocurre con una ciudad o toda una naci�n cuando llega el "d�a de Jehov�" es similar a lo que ocurrir� a todo el mundo cuando termine su tiempo de gracia. Por ejemplo, en Mat. 24 Jes�s hace una descripci�n del "d�a de Jehov�" para la ciudad de Jerusal�n y la naci�n jud�a, que tiene mucho parecido con lo que ocurrir� en todo el mundo citando �l regrese a la tierra al "fin del siglo" (Mat. 24: 3; Luc. 21: 20; cf. Mat. 24: 30). Por eso, los principios que se aplican cuando el "d�a de Jehov�" se refiere a una ciudad o naci�n, tambi�n se aplican cuando "el d�a de Jehov�" sobrevenga a todo el mundo; y una descripci�n prof�tica del AT relativa a la destrucci�n de alguna ciudad o naci�n antigua, en t�rminos del "d�a de Jehov�", tambi�n se aplica, en principio, al "d�a grande de Jehov�" (Sof. 1: 14), al final de los siglos. En vista de que los autores del NT toman la destrucci�n de la antigua Babilonia como un s�mbolo del fin de la Babilonia espiritual , y puesto) que aplican la expresi�n "d�a de Jehov�" al momento cuando Cristo vuelva al mundo para ejecutar el castigo (1 Cor. 5: 5; 2 Cor. 1: 14; 1 Tes. 5: 2; 2 Ped. 3: 10), en muchos sentidos el "d�a de Jehov�", para Babilonia tal como se lo describe en Isa. 13, corresponde con el "d�a grande de Jehov�" al fin del tiempo.

Vendr� como asolamiento.

El "d�a de Jehov�" nunca aparece en las Escrituras como una ocasi�n cuando los hombres tendr�n una segunda oportunidad para acepar la salvaci�n. Siempre, y sin excepci�n, el "d�a de Jehov�" es un d�a de juicio, un d�a de destrucci�n, un d�a de tinieblas (Joel 1: 15; 2: 1-2; Am�s 5: 18-20; etc.).

�Qui�n podr� sostenerse en pie?

Cf. Nah. 1:6; Mal. 3:2; Luc. 21:36. La escena concluye con esta penetrante pregunta. Cada uno de los seis sellos que se han abierto muestra una fase diferente del gran conflicto entre Cristo y Satan�s, y cada uno ayuda a demostrar la justicia de Dios ante el universo que observa (ver com. Apoc. 5:13). Ahora se produce una pausa en la obra de abrir los sellos, porque antes debe contestarse una pregunta. Hasta ahora en la descripci�n de los terribles acontecimientos que preceden al segundo advenimiento, no se ha dado indicaci�n de que alguno pueda sobrevivir, y por eso se hace la dram�tica pregunta: "�Qui�n podr� sostenerse en pie?" El cap. 7 interrumpe la secuencia de los sellos con el prop�sito de dar una respuesta adecuada.

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