21
Entonces.
Es decir, después de la destrucción de Jerusalén y la derrota de la nación judía. Entre el fin de la nación judía y el fin del mundo habrían de pasar "largos siglos de tinieblas, siglos que para su iglesia estarían marcados con sangre, lágrimas y agonía" (DTG 584). Comenzando con el vers. 21, las señales predichas tienen que ver principalmente con el fin del mundo (DTG 583-584).
Gran tribulación.
La primera persecución de la iglesia se debió a los dirigentes judíos (Hech. 4: 1-3; 7: 59-60; 8: 1-4; etc.). Algo más tarde, los gentiles también persiguieron a los cristianos (Hech. 16: 19-24; 19: 29; 1 Cor. 15: 32), y durante casi tres siglos la iglesia sufrió en forma intermitente a manos de la Roma pagana. En el año 538 comenzó el período de los 1.260 años de la supremacía papal y la persecución papal (cf. Nota Adicional de Daniel 7).
22.
No fuesen.
Si Dios no intervenía, la persecución acabaría por destruir a todos los "escogidos".
Sería salvo.
Es decir, quedaría con vida.