29.
Inmediatamente después.
Marcos dice: "En aquellos días, después de aquella tribulación" (cap. 13: 24). Mateo y Marcos se refieren aquí al período de los 1.260 días (años) de persecución papal que terminaron en el año 1798 (ver com. Mat. 24: 21). Hacia el final de este período el sol se oscureció. Las señales del vers. 29 ocurren en un tiempo muy cercano al de "la tribulación de aquellos días" (ver CS 351; com. Dan. 7: 25).
La tribulación.
Ver com. vers. 2 l.
El sol.
El 19 de mayo de 1780 el sol se oscureció durante casi todo el día en una gran sección de América del Norte. El así llamado "día oscuro" fue la primera de las señales en los cielos ordenada por Dios para indicar la inminencia del regreso de nuestro Señor.
La luna.
En la noche del mismo día, el 19 de mayo de 1780, la luz de la luna estuvo velada, así como lo había estado la luz del sol durante las horas del día.
Las estrellas.
Esta señal se cumplió, por lo menos en parte, el 13 de noviembre de 1833, cuando ocurrió lo que sin duda puede considerarse como la mayor lluvia de meteoros de toda la historia. Los fenómenos celestiales del 19 de mayo de 1780 y del 13 de noviembre de 1833 cumplieron con precisión las predicciones de Jesús porque ocurrieron en el momento predicho (ver lo dicho antes). Ningún otro fenómeno del pasado cumple satisfactoriamente con todas las especificaciones de esta profecía. ,
Las potencias de los cielos.
Es decir, el sol, la luna y las estrellas. Esta conmoción de las "potencias de los cielos" no se refiere a los fenómenos descritos en la primera parte del versículo, sino a un tiempo aún futuro, cuando los cuerpos celestes "se desquiciarán de su asiento... se conmoverán a la voz de Dios". Esto ocurrirá cuando la voz de Dios sacuda también la tierra (PE 41), al comienzo de la séptima plaga (Apoc. 16: 17-20; CS 694-695; PE 341 285; cf. Isa. 34:4; Apoc. 6:14).
30.
La señal.
Gr. s'meíon, "señal", "evidencia", "prenda" . La "señal" que distinguirá el retorno de Cristo de los engaños de los falsos cristos será la nube de gloria con la cual volverá a esta tierra (PE 15, 35; CS 697).
Hijo del Hombre.
Esta expresión aparece también en la literatura apocalíptica judía. Por ejemplo, el libro de Enoc (cap. 62: 5) habla del momento "cuando vean aquel Hijo del Hombre sentado en el trono de su gloria" (cf. Mat. 16: 27; 25: 31).
Tribus.
Las diversas naciones y pueblos de la tierra (cf. Apoc. 14:6; 17:15; etc.). La razón de este lamento aparece en Apoc. 6:15-17 (cf. Isa. 2:19-21; Ose. 10:8; Luc. 23:30).
Las nubes del cielo.
Cf. Hech. 1:9-11; 1 Tes. 4:16-17; Apoc. 1:7.
Con poder y gran gloria.
Cf. cap. 16:27; 25:31; ver com. cap. 24:27.
31.
Enviará sus ángeles.
Es apropiado que los ángeles, que han socorrido a quienes han llegado a ser "herederos de la salvación" (Heb. 1: 14), participen en los acontecimientos de ese glorioso día. Entonces, por primera vez, los hijos de Dios tendrán el privilegio de ver cara a cara a esos seres santos que los han guardado a lo largo de su peregrinación terrenal.
Trompeta.
Cuando Jesús venga, la trompeta de Dios llamará de sus tumbas a todos los que han dormido en Jesús (1 Tes. 4: 16; cf. 1 Cor. 15: 52).
Sus escogidos.
Estos son los que Dios ha escogido para formar su reino porque ellos le han escogido a él. "Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe" (Mal. 3: 17). Los que han dormido en Jesús se levantarán para unirse con los santos vivos y juntos se encontrarán con su Señor en los aires (1 Tes. 4:16-17; cf. Juan 11: 24-26).
Los cuatro vientos.
Es decir, de todas las direcciones (cf. Dan. 7:2; 8: 8; 11: 4; Apoc. 7: l). Es interesante notar que en una de las Dieciocho Bendiciones de la liturgia de la sinagoga, hay una plégaria para que Dios reúna junto a sí a los esparcidos entre las naciones y junte "a nuestros dispersos desde los extremos de la tierra".
Un extremo del cielo.
El "cielo" al cual se hace referencia aquí no es la morada de Dios y de los ángeles, sino la atmósfera que rodea la tierra ( Gén. 1: 8). En consecuencia, esta expresión describe a toda la tierra, puesto que la tierra está bajo los cielos atmosféricos. Aparecen expresiones similares en Deut. 4: 19, 32; 30: 4; Neh. 1: 9; Jer. 49: 36; Col. 1: 23; etc.