(ver com. Dan. 4:17).

El Altísimo gobierna.

En los asuntos de las naciones Dios está siempre ejecutando "silenciosa y pacientemente los consejos de su propia voluntad" (Ed 169). Algunas veces, como en ocasión del llamamiento de Abrahán, ordena una serie de acontecimientos destinados a demostrar la sabiduría de sus caminos. Otras veces, como en el caso del mundo antediluviano, permite que el mal siga su curso y dé así un ejemplo de la locura que significa oponerse a los principios correctos. Pero finalmente, como en la liberación de los hebreos de Egipto, interviene para que las fuerzas del mal no venzan a los instrumentos que él ha dispuesto para la salvación del mundo. Ya sea que Dios ordene, permita, o intervenga "el complicado juego de los acontecimientos humanos se halla bajo el control divino" y un "propósito divino predominante ha estado obrando manifiestamente a través de los siglos" (PR 393, 392; ver Ed 169; Rom. 13: 1).

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