Cordero de Dios.
Es decir, el Cordero proporcionado por Dios. Sólo Juan designa así a Cristo, aunque Lucas (Hech. 8: 32) y Pedro (1 Ped. 1: 19) emplean comparaciones similares (cf. Isa. 53: 7). Juan el Bautista presenta a Jesús como "el Cordero de Dios" a Juan el evangelista (ver . Juan 1: 35-36), y para el discípulo este título debe haber tenido un profundo significado. El símbolo -que hace resaltar la inocencia de Jesús y su perfección de carácter, y por ende la naturaleza vicaria de su sacrificio (Isa. 53: 4-6, 11-12; ver . Exo. 12: 5)- hace recordar el cordero pascual de Egipto, que simbolizaba la liberación del yugo del pecado. "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada" (1 Cor. 5: 7). Mediante la figura de un cordero, Juan identifica al Mesías sufriente como aquel en quien se hace real y tiene significado el sistema de sacrificios de los tiempos del AT. En la presciencia divina y en el propósito de Dios, él era el "Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo" (Apoc. 13: 8).
En vista de que en el pensamiento judío de esa época no había lugar para un Mesías sufriente, los críticos dudan que Juan pudiera haber sostenido un concepto tal (ver Juan 12: 34; cf. Mar. 9: 31-32; Luc. 24: 21). Pero, como Robertson bien ha dicho (Word Pictures in the New Testament, com. Juan 1: 29), "ciertamente el Bautista no tenía por qué ser tan ignorante como los rabinos". Juan tenía la profecía mesiánica de Isa. 53 (ver . Isa. 53: 1). Además, hubiera sido extraño que Dios dispusiera que Juan el Bautista fuera el heraldo del Mesías venidero y no le impartiera el conocimiento de este aspecto fundamental de la misión del Mesías.