NOTA ADICIONAL DEL CAPÍTULO 3
El tono severo e inflexible del mensaje a la iglesia de Laodicea ha hecho que algunos concluyan que no hay esperanza para los cristianos de esta "iglesia" a menos que transfieran su feligresía a la "iglesia" de Filadelfia; pero esa conclusión no concuerda ni con el contexto ni con los principios de una correcta interpretación. Ver com. cap. 1: 11, y nótese lo siguiente:
1. Esta hipótesis supone que la "iglesia" de Filadelfia existe simultáneamente con la de Laodicea; pero si hay razón para entender que Filadelfia es simultánea con Laodicea, hay igual razón para pensar lo mismo de cualquiera o de todas las demás iglesias. Si se considera que es posible emigrar espiritualmente de Laodicea a Filadelfia, no hay ninguna razón válida para que no sea igualmente posible -y deseable- emigrar, por ejemplo, de Laodicea a Efeso, o de Sardis a Esmirna. Además, si se consideran coexistentes dos o más períodos, se interrumpe el esquema consecutivo. Los mensajes individuales dejarían de tener una relación específica y cronológica con la historia, y no habría ninguna base válida para creer que el mensaje de Laodicea tiene una mayor y específica importancia para nuestro tiempo que para cualquier otro.
El mensaje que se envía a cada una de las siete "iglesias" se aplicará específicamente a la iglesia cristiana en un determinado tiempo de la historia, sólo si se acepta que las siete "iglesias" representan siete períodos consecutivos que abarcan la era cristiana, y que cada mensaje tiene una aplicación específica sólo en un período específico. Sólo así puede considerarse a los cristianos de cualquier período como pertenecientes a una "iglesia" en particular, y únicamente así el mensaje de Laodicea puede aplicarse de una manera especial a la "iglesia" de nuestro tiempo. Por lo tanto, cuando se consideran cronológicamente las siete "iglesias", o se afirma que representan períodos específicos de la historia, no es posible que los cristianos de un período puedan emigrar espiritualmente a otro.
2. La hipótesis de que los laodicenses deben dejar su "iglesia" para unirse con la de Filadelfia para ser salvos, se basa en la idea de que cada "iglesia" representa únicamente un estado o condición espiritual particular. Es cierto que cada una de las siete tiene sus problemas característicos y que los consejos, las amonestaciones y las promesas que se dirigen a cada una son apropiados para todas. Pero es igualmente cierto que algunas de las "iglesias" reflejan un estado o condición espiritual más deseable que otras.
Ahora bien, es bueno que el cristiano diligente de cualquier período de la historia haya aspirado y aspire a reflejar las características deseables de todas las "iglesias" y a ser digno de recibir las diferentes promesas hechas a ellas. Así también debe procurar evitar sus características indeseables y prestar atención a las amenazas y amonestaciones que se les dirige. Pero cuando los mensajes se consideran desde este punto de vista, son intemporales en su naturaleza; el lector diligente los aplica a su propio caso pues considera que pueden suplir sus necesidades personales, sin pensar en que vive en un determinado tiempo. No tiene necesidad de pasar simbólicamente su feligresía de una a otra iglesia.
3. Hablando en términos generales, se dirigen palabras de alabanza a todas las "iglesias", excepto a Sardis y a Laodicea; palabras de reprensión a todas, salvo a Esmirna y Filadelfia, y palabras de promesa a las siete, y por esta razón se ve que las "iglesias" tenían miembros deseables e indeseables. Pero en ningún caso aconseja Cristo a los miembros leales de una "iglesia" que se supone que es desleal, que transfieran su feligresía espiritual a otra cuya condición espiritual parece preferible. Si este fuera su propósito, tendríamos derecho a esperar una clara exhortación a salir de Sardis o Laodicea, similar, por ejemplo, a la exhortación para salir de Babilonia (cap. 18:4). Pero la Inspiración no ha registrado ninguna exhortación al respecto a Laodicea ni a ninguna de las otras "iglesias". En cada caso el remedio para el mal prevaleciente ha sido un sencillo y enfático: "Arrepiéntete". A los cristianos leales de la "iglesia" de Efeso que habían caído y "dejado" su "primer amor", no se les aconsejó que emigrasen a Esmirna (cf. cap. 2:4-5). A los del período de Pérgamo que albergaban las doctrinas de Balaam y de los nicolaítas (vers. 14-15), no se les dijo que transfiriesen su feligresía a Efeso o a Esmirna. La "iglesia" de Sardis estaba casi muerta (cap. 3:2), pero a sus miembros fieles no se les ordenó que se mudaran a Filadelfia. Similarmente, a los cristianos leales del período de Laodicea no se les ordena que se hagan miembros de Filadelfia; por lo menos no lo hace Cristo, el testigo verdadero al dirigirse a los de Laodicea. Pero se les dice, como laodicenses, que se arrepientan y hallen en Cristo el remedio para todos sus defectos de carácter (vers. 18-20).
La idea de que el cristiano puede mejorar sus perspectivas de salvación recurriendo al escapismo de una emigración espiritual y practicando una forma de justicia que cree que es superior a la de otros cristianos, está claramente en desacuerdo con las enseñanzas de nuestro Señor (cf. Luc. 18:9-14). En la parábola de la cizaña (Mat. 13:24-30, 37-43) el dueño del campo ordenó que el trigo y la cizaña debían "crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega" (vers. 30). La cizaña no debía ser desarraigada por manos humanas, ni tampoco trasplantarse el trigo a otra parte. Sólo cuando los ángeles segadores junten el trigo en el alfolí del Dueño y quemen la cizaña, habrá una separación general de justos e impíos (vers. 30, 39-42).
Los miembros de la antigua iglesia de Laodicea no habrían mejorado su condición espiritual con mudarse a la ciudad de Filadelfia. El propósito de Dios para la "iglesia" de Laodicea no incluye un plan de emigración espiritual a alguna de las otras "iglesias" del Apocalipsis, sino más bien una transformación completa del corazón y de la vida (ver com. Apoc. 3:18-20). Cualquier otra solución que se proponga para los males de Laodicea sólo hará de la persona un hipócrita.
4. Es verdad que a ninguna otra "iglesia" se le dirige una reprensión tan incisiva como a la "iglesia" de Laodicea; pero también es cierto que a ninguna otra se le ofrece una evidencia más tierna del amor de Cristo, una comunión más íntima con él, o una recompensa más gloriosa (vers. 19-21). El mensaje para Laodicea no significa un rechazo incondicional, como tampoco lo son los que se dirigen a las otras "iglesias". Si la pobreza espiritual de los laodicenses fuese irremediable, el Testigo verdadero no les ofrecería "oro"; si su vista espiritual no tuviese cura, no les ofrecería el "colirio" celestial; si su desnudez "espiritual" no tuviese esperanza, no les ofrecería sus propias "vestiduras blancas" (ver com. vers. 17-18).
Es evidente que hay vencedores en Laodicea (vers. 2 l) como en cada uno de los períodos anteriores de la historia de la iglesia, y a estos vencedores de Laodicea es a quienes se les da la promesa de sentarse con Cristo en su trono.