De: Martín Orejel Soria
Asunto: Relato Rafa.
                            O M      G U R U      O M
 
                                                                  27 febrero 2004.
 
Querido Leo:
 
Te estoy enviando un relato que hice hace tiempo. No se si ya lo
hayas leído antes,  aunque creo que no. Vale.
 
En el verano del 82, once meses tras haberle conocido; una noche
en su cabaña después de haber cenado, mitad en serio, mitad en
broma leía las manos a varios compañeros.
 
Con andar impetuoso se acerco a nosotros y sin decir palabra
alguna me extendió una de sus manos. Esta, vigorosa, de largos
dedos mostraban a un hombre de pensamiento, a un hombre de
ideas, a un intelectual; sin embargo lo que mas llamo mi atención
fueron sus dedos hechos nudo, sus dedos nudosos en las
coyunturas y dije:
 
-Son dedos de sabio.- El sonrió y del mismo modo que llego se fue.
 
Pasaron ocho años de encuentros y desencuentros, atravesando
montes y conquistando colinas, y en nuestra ultima cita, vestido
de negro con tres fotos bellísimas de sus maestros colgados a
su saco, vi su gesto habitual, sus cabellos grises.
Toque su cara, llore. Admire las flores que cubrían su cuerpo.
Quise tocar sus manos pero estas permanecían cubiertas,
y hube de esperar a que las mismas fueran descubiertas por su
hija para mostrarme su ultimo regalo.
 
Ya no eran los dedos chatos, cuadrados, tipicos del hombre
intelectual, tampoco se veían nudosos, hechos nudos en las
coyunturas.
Ahora sus dedos se mostraban bellísimos, de uñas largas,
afiladas, maravillosos.
Ahora ! Oh agradable sorpresa ! sus dedos se habían transformado
en los de un hombre enteramente espiritual.
Ahora sus dedos eran idénticos a los de su eterno maestro:
Bhagavan Nityananda.

Hosted by www.Geocities.ws

1