Chuang-tzu
El hombre perfecto usa su mente como un espejo. No aferra nada, no rechaza nada. Recibe, pero no conserva.
En torno de nosotros se producen cosas, pero nade sabe de donde. Salen, pero nadie ve la puerta. Todos los hombres estiman la parte del saber conocido. Ignoran como servirse de lo Desconocido para alcanzar el saber. ¿No es esto extravío?
Si el lenguaje fuera adecuado, no haría falta más que un día entero para exponer el Tao. Como no lo es, lleva ese tiempo explicar los entes materiales. Tao es algo que está más allá de los entes materiales. No se lo puede expresar ni con palabras ni con el silencio.
Si puede ser, será; si no puede ser, no será. El camino se hace andando por él y las cosas las hacen los hombres y a las cosas las hacen los nombres que se los dan. ¿Por qué es así? Es así porque es así. ¿Por qué no es así? No es así porque no es así. Las cosas tienen su natural verdad. Las cosas tienen su natural poder ser. No hay cosa sin su verdad. No hay cosa sin su poder ser.
Distinguirlos es hacerlos y hacerlos es deshacerlos. En las cosas mismas no se da ese hacerlas o deshacerlas. Se identifican volviendo a la Unidad. Sólo quien lo ha comprendido, las identifica. Este no admite (estas distinciones). Sólo se sirve de ellas para el uso común. Este uso es su utilidad. Porque su utilidad es en lo que se identificaban; y su identificación es su logro. Ser adecuadas les basta.
Basta con seguir él es (la verdad). Bastar y no saber porque basta es lo que se llama Tao.
Fatigan su espíritu los que quieren comprender su Unidad sin haber entendido su “identidad”.
Mi vida es limitada y el saber no tiene fronteras. Un ser limitado, que persigue a lo ilimitado, está expuesto a tener que detenerse. Si a pesar de tener que detenerse, se empeñara de nuevo en querer conocer más, de nuevo se expondría a tener que pararse.
Obra el bien sin acercarte mucho a la fama, como quien obra el mal sin acercarse al castigo. Seguir el camino medio, “la espina dorsal”, es lo expediente. Es la manera de conservar la propia persona, vivir la vida entera, cuidar de los padres y llegar al término de los años.
Todo el mundo conoce la utilidad de ser útil; pero nadie conoce la utilidad de no ser útil para nada.
Tu corazón debe moverse en la simplicidad,
Tu espíritu unirse a la soledad;
Seguir el curso natural de las cosas
Y no abrigar egoísmo o parcialidad alguna.
No te conviertas en soporte de la fama. No te hagas archivo de proyectos. No seas gestor de negocios. No te hagas propietario de la sabiduría. Procura compenetrarte con el Infinito y andar sin dejar huellas de tu persona. Todo lo tienes recibido del Cielo, no lo mires como adquirido por ti mismo. El corazón de un hombre cumbre es como un espejo; a nadie despide, a nadie acoge; refleja sin quedarse con nada. Así vence las cosas y no recibe daño alguno de ellas.
Así los pies de los patos son cortos, pero si pretendes alargarlos, será con dolor. Los pies de las grullas son largos, pero si los acortas, será también con dolor. Así, lo que naturalmente es largo no necesita acortarse y lo que naturalmente es corto no necesita ser alargado. De esta manera no será preciso quitar penas.
Chuang-tzu soñó que era mariposa. Revoloteaba gozosa; era una mariposa y andaba muy contenta de serlo. No sabía que era Chunag-tzu. De pronto se despierta. Era Chuang-tzu y se asombraba de serlo. Ya no le era posible averiguar si era Chuang-tzu, que soñaba ser mariposa, o era la mariposa que soñaba ser Chuang-tzu. Chuang-tzu y la mariposa son cosas bien diferentes. Así son las transformaciones de las cosas.
Los que no se ven a sí mismos, sino que solo ven otras cosas, no se conocen a sí mismos, si no solo conocen otras cosas. Han adquirido el conocimiento del prójimo, no el propio conocimiento. Buscan el provecho del otro, no su propio provecho. Quienes buscan el provecho del prójimo y no su propio provecho, se han desviado. Yo, personalmente, me avergüenzo de mi virtud; pero, con todo, ni por arriba quiero practicar las virtudes de la caridad y equidad, ni por abajo entregarme a una conducta licenciosa y descarriada.
Así, la culpa de todas las confusiones del mundo la tiene el afán de saber. En el mundo todos saben lo que no conocen, y nadie sabe buscar lo que ya conoce. todos saben reprobar lo que ellos juzgan malo y nadie sabe reprobar lo que juzga bueno. de ahí la gran confusión. así arriba se ha perturbado la luz del sol y de la luna, abajo se ha corrompido la esencia de los montes y de los ríos, en el centro se ha degenerado el proceso de las estaciones. Los gusanos que trepan en la tierra y los insectos que revuelan en el aire han perdido su índole natural ¡Tan grande ha venido a ser el desorden de ese afán de saber en el mundo! Desde las tres dinastías van así las cosas. Se hace caso omiso de los hombres formales y se estima a los ligeros y ladinos. Se deja la plácida y sencilla holganza de la inacción y se entusiasman con el inquieto afán de instruirse. Afán que trae revuelto el mundo.
La esencia del más alto Tao es profunda y oscura. Lo más encumbrado del Tao es oscuro y silencioso. No veas nada, nada oigas, guarda la calma de tu espíritu y el cuerpo por sí mismo se rectificará. Te es menester calma y pureza y no fatigar tu cuerpo, ni agitar tu espíritu. Así, podrás vivir largo. Si el ojo no ve nada, si el oído no oye nada y la inteligencia no entiende nada, tu espíritu guardará tu cuerpo y el cuerpo podrá perdurar. Cuida de tu interior y ciérrate a lo exterior. Saber mucho es ruinoso. Yo te conduciré más arriba de la gran claridad, hasta llegar al manantial de la más encumbrada Luz (yang) para que entres por la puerta de la oscuridad profunda y llegues hasta el manantial de la más encumbrada oscuridad.
La enseñanza de los hombres grandes es lo que el cuerpo es para su sombra y la voz para su eco. Responden a toda demanda. Satisfacen todo deseo. Sintonizan con el mundo. residen en el silencio. Se mueven sin rumbo alguno. Ellos te toman y te hacen volver a tu primitiva espontaneidad. Divagan sin rumbo, entran y salen en la inmensidad sin orillas. No tienen comienzo, como el tiempo. Se dice en su elogio que han fusionado su persona con la Unidad. Unificados, carecen del yo. Sin yo ¿cómo pueden tener el ser? Los que miran el Ser son los antiguos varones virtuosos; los que miran la Nada, son los amigos del Cielo y de la Tierra. *
...continuará...
* Confucionistas los primeros, taoístas los segundos.