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Terremoto 1985
Características del sismo del
19 de septiembre de 1985
Ciudad de México,
Circa 1986 (Redacción RG / SSN-UNAM).-
La brecha sísmica
de Michoacán
En el caso de México, el ambiente
tectónico de mayor interés, desde el punto de vista
de potencial sísmico, en la zona de subducción que
existe a lo largo del Pacífico. El proceso de subducción
de la placa de Cocos genera una gran falla geológica que
es la fuente de los más grandes y frecuentes sismos de
México. La expresión fisiográfica de la falla
de subducción es la fosa o trinchera que corre a lo largo
de la costa de México y que alcanza localmente profundidades
de hasta 5 000 m.
El sismo de Michoacán del
19 de septiembre de 1985 es un de estos frecuentes sismos de subducción
que tienen lugar en la costa de México. El sismo se originó
en lo que se conocía como la brecha de Michoacán.
Una brecha o vacancia sísmica es un segmento de una falla
activa que durante un largo lapso de tiempo no ha sido objeto
de un deslizamiento, y por ende, cuna de un gran sismo. La ausencia
de grandes sismos en dicho segmento de una falla durante mucho
tiempo, indica que debe existir una acumulación importante
de energía elástica que crece día a día
y tendrá que liberarse irremisiblemente.
En el caso de Michoacán, el
último gran sismo del que tenemos noticia es un temblor
de magnitud 7.9 en el año de 1911, que curiosamente ocurrió
el mismo día en que Madero entraba triunfalmente a la ciudad
de México. Desde entonces, sólo había tenido
lugar en esta zona otro sismo de tamaño moderado cerca
de Playa Azul en 1981. Sin embargo, la magnitud del sismo de Playa
azul (Ms = 7.3) no fue lo suficientemente grande para liberar
la energía acumulada en la brecha de Michoacán desde
1911. El sismo de Playa Azul deslizó un segmento de la
falla de subducción de sólo 440 km de largo, mientras
que la longitud de la brecha de Michoacán era de casi 200
km de longitud. Resultanba evidente que para liberar la energía
sísmica acumulada en la brecha de Michoacán desde
1911, haría falta un sismo mucho más grande que
el temblor de Playa Azul.
La brecha de Michoacán quedaba
claramente delineada por las áreas de ruptura de falla
de los sismo de Colima de 1973 y de Petatlán en 1979 (Figura
12). Este último, como se recordará, causó
daños moderados en la ciudad de México, siendo la
destrucción de la Universidad Iberoamericana el ejemplo
más importante. Cabe apuntar que los segmentos de la falla
que se deslizan para producir un sismo importante son cartografiados
indirectamente por medio de la localización de las réplicas.
Las réplicas, por definición, son sismos de magnitud
menor que el sismo al cual prosiguen, y que ocurren sobre el segmento
de la falla geológica recién deslizada; las réplicas
de un sismo de gran magnitud son más grandes y duran más
tiempo que las de un sismo más pequeño. Podemos
pensar que las réplicas son sismos menores que liberan
parte de la energía que no fue totalmente relajada por
el deslizamiento principal, y que tienden a ocurrir en áreas
donde la superficie de la falla tiene rugosidades o heterogeneidades.

FIG.12. Hasta el 19 de septiembre de 1986 no habían ocurrido
sismos en la costa de Michoacán suficientes grandes para
liberar la energía sísmica acumulada desde 1911,
fecha en que ocurrió el último gran temblor en la
zona. esta brecha o vacancia sísmica quedaba claramente
delineada por las áreas de falla que produjeron los sismos
de Colima, Col. en 1973 y de Petatlán, Gro. en 1979.
Dimensión de la falla de
los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985
Después de un gran sismo como
los de Colima, Petatlán y Michoacán, se procede
a instalar de inmediato una red de sismógrafos portátiles
de fácil manejo en la zona que se sospecha cubre la falla
que produjo el evento. Esta red de instrumentos portátiles
permite estimar la localización (epicentro) y la profundidad
de las réplicas con mucho mayor precisión de lo
que podría hacerse con los sismógrafos instalados
permanentemente, que generalmente son insuficientes en número
y demasiado distantes.
Doce horas después de ocurrido
el sismo de Michoacán, La Universidad Nacional Autónoma
de México había comenzado ya la instalación
de sismógrafos portátiles que sirvieron para registrar
las réplicas producidas por el temblor principal. La figura
13 muestra la localización de las estaciones portátiles,
la localización epicentral de los sismos del 19 y 20 de
septiembre y los epicentros de las réplicas localizadas
en un lapso de dos semanas aproximadamente.

Fig. 13. Después de un sismo
se sucede una serie de temblores (réplicas) de menor magnitud,
que ocurren en el área de ruptura del temblor principal.
Las réplicas se utilizan para cartografiar indirectamente
el área de la falla que se deslizó produciendo el
sismo.
La ruptura del sismo de Michoacán
se inició cerca del poblado Caleta de campo, al noroeste
de Lázaro Cárdenas, Mich. La distribución
de las réplicas muestra claramente que el sismo se produjo
por el deslizamiento del segmento de la falla que estaba bordeada
por los sismos de Colima y Petatlán. Las réplicas
cubren completamente la brecha de Michoacán e incluyen
parte de las áreas de ruptura de los sismos de Colima y
Petatán. Nótese que el sismo del 20 de septiembre
tuvo lugar en el extremo sur del sismo del día anterior.
Aparentemente, la energía elástica acumulada en
la falla no se liberó totalmente el 19 de septiembre y
un segmento de la falla aún no relajada produjo el segundo
terremoto al día siguiente, que fue sentido también
muy fuertemente en la ciudad de México.
Ya hemos hablado frecuentemente de
las áreas de falla que se deslizan, produciendo un sismo.
En el caso de Michoacán, la longitud de la falla es del
orden de 200 km y en el ancho es de aproximadamente 80 km. Esto
da una idea de las enormes dimensiones de las fallas que producen
sismos de esta magnitud. El área o longitud de una falla
es otra forma de cuantificar el tamaño de un evento, que
resulta, tal vez, más fácil de intuir que una esotérica
estimación de magnitud. Todos los que sentimos el sismo
del 19 de septiembre en la ciudad de México tenemos una
imagen muy vivida de su impresionante tamaño. Sin embargo,
cuando comparamos el terremoto del 19 de septiembre con otros
grandes sismos de los últimos 25 años, resulta ser
un sismo no tan grande como creeríamos a priori. Para citar
dos ejemplos únicamente, el terremoto de chile de 1960
tuvo una longitud de ruptura de 1 000 km aproximadamente, mientras
que el sismo de Alaska en 1964 involucró una falla de 650
km de largo. Es decir, fueron en términos de sus dimensiones
geométricas cinco y tres veces más grande, respectivamente,
que el sismo que tanto daño produjo a nuestra capital.
Como apuntamos arriba, la magnitud
del sismo de Michoacán fue de 8.1 y representa uno de los
terremotos más grandes que haya sufrido México en
las últimas décadas. El único sismo más
grande que el del 19 de septiembre registrado en México
durante este siglo, es el sismo de Jalisco de 1932 (Ms = 8.4).
Además, como señalamos anteriormente, al revisar
la historia de sismos importantes en nuestro país, vemos
que hay muchos otros eventos que han causado daños importantes
a la ciudad de México. Muchos de estos eventos parecen
ser de magnitud igual o mayor que la del sismo del 19 de septiembre;
no podemos, por tanto considerar que el sismo de Michoacán
fue algo insólito o poco común en el ambiente tectónico
del sur de México.
Después del terremoto del
septiembre de 1985 es lógico pensar que la mayor parte
de la energía acumulada en esa antigua brecha ha sido ya
liberada. Por tanto, no consideramos que la costa de Michoacán
represente una zona de alto potencial sísmico en el futuro
próximo. Hay otras dos regiones en el país, sin
embargo, que tienen actualmente características similares
a las que tenía la costa de Michoacán hasta antes
de las 7:17 de la mañana del 19 de septiembre de 1985:
Guerrero y Chiapas.
La brecha de Guerrero, en la Costa
Grande de ese estado, es una zona situada inmediatamente al sur
del área de ruptura del sismo de Petatlán. Aquí
no ha habido ningún sismo importante desde los temblores
de 1907 1908; se piensa que en los últimos ochenta años
debe haberse acumulado suficiente energía elástica
capaz de causar un sismo de consecuencias. La longitud de la brecha
sísmica de Guerrero es aproximadamente del mismo tamaño
que la antigua brecha de Michoacán y, de romperse en un
solo sismo, éste podría ser de magnitud similar
al terremoto del 19 de septiembre. Podemos, por tanto, adjudicarle
un alto potencial sísmico, más no podemos, desgraciadamente,
precisar cuándo ocurriría tal sismo.
En la costa de Chiapas la situación
es más incierta. Sabemos con certeza que por lo menos desde
mediados del siglo pasado no han ocurrido grandes terremotos en
esa zona. A diferencia e otras regiones del país, sin embargo,
no tenemos en Chiapas evidencias históricas de ningún
otro terremoto que haya tenido lugar ahí. Esto puede ser
producto únicamente de nuestro pobre conocimiento de la
historia sísmica del sitio,, aunque cabe claramente la
posibilidad de que en Chiapas la zona de subducción haya
estado inmóvil durante más de 200 a 300 años,
preparándose para un evento de grandes dimensiones. En
contraste con ésto, podría argumentarse que en Chiapas,
por algún motivo que desconocemos, el deslizamiento relativo
entre las placas de Cocos y Norteamérica se lleva a cabo
en forma continua, mediante un comportamiento plástico
de la falla. Si esto fuese cierto, no habría energía
elástica acumulada y no sería necesaria la existencia
de enormes deslizamientos para liberarla, como sucede en las demás
zonas de subducción. Cabe señalar, sin embargo que
este mismo argumento se utilizó con respecto a la brecha
de Michoacán.
Intensidades observadas durante
el sismo del 19 de septiembre de 1985
Las observaciones de intensidad reportadas
en diferentes puntos de la república son integradas e interpretadas
para luego vaciarlas sobre un mapa geográfico. Con el fin
de facilitar su lectura, en el mapa se muestran no sólo
las intensidades reportadas en cada sitio, sin líneas que
encierran áreas que experimentaron la misma intensidad
aproximadamente. Estas líneas llamadas isosistas se muestran
en la figura 14 para el sismo del 19 de septiembre.

Fig. 14. Los efectos y daños
observados en las poblaciones y los daños alrededor del
epicentro se caracterizan por medio de la intensidad observada
en cada sitio. El mapa muestra las intensidades sentidas durante
el terremoto del 19 de septiembre. En ciertas zonas, las intensidades
reportadas son más altas que en las regiones inmediatamente
vecinas, reflejando los efectos de amplificación de la
energía sísmica ocacionados por la geolog local.
El sismo de Michoacán del
19 de septiembre fue sentido prácticamente en todo el centro
y sur del país. Existen inclusive algunos observadores
que reportan haberlo sentido en ciudades fronterizas de los Estados
Unidos. Las intensidades en la zona epicentral a lo largo de la
costa de Michoacán llegó localmente a alcanzar el
grado IX. En el mapa mostrado en la figura 14 vemos que como resultado
de la atenuación que sufren las ondas sísmicas al
viajar por el interior de la tierra, las intensidades disminuyen
en forma sistemática en función de la distancia
al epicentro.
Como sucede comúnmente en
los sismos de la costa de México, las isosistas del terremoto
del 19 de septiembre forman una serie de elipses aproximadamente
concéntricas, cuyo centro común está en el
epicentro. Los epicentros aproximados de muchos sismos históricos
importantes que ocurrieron antes de que existieran sismógrafos
para realizar las localizaciones, fueron ubicados con base en
la distribución de intensidades.
En la disminución gradual
de intensidades que muestra la figura 14 existieron zonas anómalas
y aisladas, cuya intensidad es mucho mayor que la de las regiones
circundantes. Estas anomalías en la distribución
de intensidades refleja las condiciones locales del suelo y sus
efectos sobre las ondas sísmicas. Las ondas sísmicas
son amplificadas notablemente en suelos blandos por ser más
fácilmente deformables que la roca firme. El caso más
notorio de amplificación local de las vibraciones sísmicas
debido a las condiciones del subsuelo es sin duda el de la ciudad
de México, que está construida sobre arcillas que
fueron arrastradas de las partes altas del valle y depositadas
en el lecho del antiguo lago. La destrucción de numerosos
edificios y las altas intensidades reportadas en el centro de
la ciudad refleja claramente este fenómeno de amplificación
local de la energía sísmica.
La amplificación de ondas
sísmicas se observa también en muchos otros valles
del centro del país que están rellenos de sedimentos
recientes. Sin embargo, los sedimentos están más
consolidados y contienen proporcionalmente menos agua que los
suelos de la ciudad de México, dando como resultado intensidades
mucho menores. La población de Ciudad Guzmán, Jal.,
está construida sobre cenizas volcánicas y sufrió
también daños considerables a consecuencia del mismo
fenómeno de amplificación de energía sísmica.
CONCLUSIONES
De la discusión anterior es
evidente que la ciudad de México ha estado sujeta a lo
largo de su historia a los riesgos geológicos que la rodean.
El riesgo volcánico es menos frecuente y debemos esperar
que se presente a más largo plazo. Además, la actividad
volcánica va frecuentemente precedida por fenómenos
premonitorios. Si se logran registrar e identificar estos síntomas
precursores con instrumentación adecuada, un programa acorde
de protección civil permitiría mitigar la pérdida
de vidas y los daños materiales.
La actividad sísmica, por
otro lado, no sólo nos acecha en forma más sorpresiva
e impredecible, sino que es también más frecuente.
A juzgar por el rico registro histórico de sismos sentidos
en la ciudad de México, debemos esperar que ésta
seguirá siendo azotada en el futuro por grandes temblores.
El movimiento de placas tectónicas que los origina ha existido
durante millones de años y seguramente continuará
irremisiblemente en el futuro. Por otro lado, el desarrollo científico
actual está aún lejos de poder efectuar predicciones
inminentes con un alto grado de confiabilidad, existen además
serias dudas sobre la utilidad práctica de una predicción
que tenga un margen de error de varios días en una urbe
de las dimensiones de la ciudad de México.
Los daños sufridos en la capital
a raíz de los sismos del 19 y 20 de septiembre de 1985
muestran que durante su incontrolable crecimiento, la ciudad se
ha hecho más vulnerable a los fenómenos sísmicos,
debido al número y tipo de edificaciones construidas en
los últimos treinta años. A mediano plazo, las opciones
que parecen viables para mitigar el peligro sísmico en
la ciudad de México son uno proceso de descentralización
que inhiba un mayor crecimiento de la ciudad, un estricto y escrupulosamente
implementado código de normas y procedimientos de construcción,
la reglamentación del uso y mantenimiento de los inmuebles
y la formulación de un adecuado sistema metropolitano de
protección y defensa en caso de catástrofes naturales.
(Con Información
del Servicio Sismológico Nacional - UNAM)
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