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Terremoto 1985
Las causas probables de la catástrofe
sísmica del 19 de septiembre de 1985
Ciudad de México,
Septiembre-Octubre 1988 (Redacción RG / Instituto de Geofísica-UNAM).-
Después de los sismos que sufrió la ciudad de México
en 1985, se han hecho innumerables estudios sobre las causas que
provocaron la catástrofe. El autor de este artículo
analiza los cuatros factores más relevantes que, a partir
de sus investigaciones, determinaron la magnitud de la tragedia
La interpretación correcta
de los daños sin precedentes sufridos en la ciudad de México
por el sismo del 19 de septiembre de 1985 adquiere gran importancia
en estos momentos, pues de ella dependen las medidas que se adopten
para prevenir una catástrofe similar en el futuro. Al conocer
los factores que intervinieron en la catástrofe de 1985,
y su orden de importancia para definir la prioridad de cada uno
de ellos, se previene el riesgo de cometer errores en el enfoque
normativo, de consecuencias tan costosas como imprevisibles para
la seguridad sísmica de México.
Actualmente no existe un consenso
general sobre la causalidad de la catástrofe de 1985 que
permita fundamentar sobre una base teórica los trabajos
científicos que se realizan sobre ese temblor. Algunas
de las ideas preliminares se sustentan en argumentos cuya validez
conviene examinar más de cerca. Por ejemplo, la magnitud
del sismo lo coloca entre los mayores que han ocurrido en México,
pero ha sido igualado en numerosas ocasiones, no solamente en
el periodo azteca y en la Colonia sino aun en el presente siglo.
Los sismos de 1932, de 1911 y posiblemente de 1907, de 1902 y
de 1899 generaron en la ciudad de México intensidades del
mismo orden que el de 1985 y no ocasionaron ninguna catástrofe
de proporciones comparables.
También se ha hablado del
efecto de amplificación de las ondas sísmicas en
sedimentos del Valle de México como otra posible causa.
Pero el tren de ondas superficiales acotado en las arcillas del
Valle de México durante el terremoto de 1985 no podría
atribuirse exclusivamente a este mecanismo. Tal como se define
normalmente, amplificación implica correspondencia, fase
por fase, entre la señal origen y la señal amplificada,
pero en el caso del Valle de México los acelerogramas en
suelo blando y duro son muy diferentes. Existe distorsión
de los registros en suelo blando, no solamente en contenido espectral
sino también y sobre todo en amplitud, duración
y carácter.
Con frecuencia se ha atribuido la
catástrofe al "crecimiento explosivo" de la ciudad
en los últimos 30 años. Pero este crecimiento puede
calificarse como tal únicamente fuera de la zona más
afectada y no en el centro de la ciudad. En otras palabras, la
zona que sufrió menos cambios en los últimos 30
años fue la más afectada por el sismo.
Se sabía que la zona blanda
del centro de la ciudad de México era más susceptible
de dañarse, y que por tal motivo requería normas
más estrictas; esta mayor severidad había sido la
esencia de la política normativa desde 1957. Las normas
de 1976 se basaban principalmente en la experiencia del sismo
de 1957, cuyas amplitudes fueron rebasadas considerablemente por
el ocurrido en 1985.
Por otra parte, la zona afectada
por daños graves a estructuras de ingeniería fue
la misma en ambos sismos. Esta zona, ocupada por arcillas lacustres,
se había beneficiado de normas más estrictas; de
hecho, la aceleración máxima registrada por temblores
en esta zona nunca llegó a alcanzar, ni siquiera en 1985,
el valor de 0.24g prescrito en 1976 para la aceleración
basal de diseño.
Se objetará que estamos comparando
una aceleración pico en campo libre con una aceleración
espectral de respuesta, pero cabe preguntarse ¿por qué
existe una diferencia tan grande entre estos dos valores?
En efecto, sabemos que las normas
japonesas, que se cuentan entre las más estrictas del mundo,
se conforman con un nivel de aceleración basal de 0.20
g. En cuanto a los métodos constructivos y de diseño
usados en México, se ha dicho que son comparables a los
de Estados Unidos.(1)
Aun suponiendo que ese no fuera el
caso, es significativo que las nuevas normas de 1987 se limiten
a cubrir el 40% del pico espectral de 19 registrado en la estación
acelerométrica de la Secretaría de Comunicaciones
y Transportes (SCT). A la luz de la experiencia de 1985, el comportamiento
inelástico de las estructuras ofrece garantías suficientes
para soportar las solicitaciones sísmicas previsibles en
el futuro. Es razonable preguntarse entonces ¿por qué
no bastaron los valores de diseño prescritos por las normas
de 1976, tal como ocurrió con las construcciones edificadas
sobre terreno duro?
En otras palabras, ¿hasta
qué punto la aceleración basal fue efectivamente
la causa determinante de la catástrofe? Si lo fue, ¿por
qué los daños más graves se circunscribieron
nuevamente a un área de 25 km2sobre arcillas, en lugar
de extenderse a todo el Distrito Federal, zona de vigencia de
las normas de 1976 y de los anteriores sistemas y métodos
de construcción?
No linealidad
Hay una circunstancia que vuelve
insistentemente en toda esta discusión y que es fundamental.
La enorme concentración de daños en la zona del
centro de la ciudad corresponde clara e indiscutiblemente a la
presencia de arcillas lacustres. Conviene detenemos en este hecho
y examinar con toda imparcialidad qué significa la correlación
de los daños con las arcillas. Es totalmente evidente y
está fuera de toda discusión que existió
tal correlación. Proponemos, por consiguiente, que se acepte
como primera causa de la catástrofe la presencia de arcillas
lacustres en el centro de la ciudad de México.
Ahora bien, la no linealidad del
comportamiento elástico de estas arcillas está documentada
por numerosos ensayos de laboratorio. En la figura 1 se resumen
los datos existentes hasta 1987.(2) El módulo de cortante
G ( que sería constante en el caso de un sólido
lineal) decae rápidamente con la deformación aplicada
. La arcilla se reblandece a medida que se deforma, y eventualmente
su rigidez puede tornarse insignificante. Estamos en presencia
de un material que es, en cierto sentido, intermedio entre un
sólido y un líquido. Ello puede ser importante cuando
se trata de estudiar las ondas superficiales que se propagan en
este material. Desde un punto de vista geofísico, un líquido
es un material cuyo módulo de cortante es menos de 1% de
su módulo de incompresibilidad. (3) En arcillas saturadas
del Valle de México la incompresibilidad es muy elevada,
del orden de 109 N/m2, como la del agua; su módulo de Poisson
es del orden de 0.499, como el del agua.
Figura 1. Propiedad dinámicas de suelo (arena y arcilla),
según datos de SEED y otros(2) y Kokusho y otros. la región
sombreada corresponde al comportamiento no lineal de las arcilla
del Valle de México; el sombreado más intenso, a
las deformaciones mayores del 1%
En la figura 1 se observa que el
efecto de no linealidad se acentúa cuando la deformación
rebasa cierto umbral, del orden de > 0.1%. Ahora bien, en el
sismo de 1985 la deformación en superficie alcanzó
valores más de diez veces superiores a este umbral. En
efecto, durante el sismo del 19 de septiembre de 1985 la estación
SCT1, situada en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes,
registró una amplitud máxima de µ = 30 cm
con un periodo de 2s. La velocidad promedio de las ondas de cortante
en una capa superficial de 30 m, que incluye el relleno de suelo
arenoso y las arcillas saturadas subyacentes, es del orden de
75 m/s en condiciones normales, es decir, cuando no hay sismo.
Esto significa que una onda de superficie ordinaria del tipo Rayleigh
tiene una longitud de = 2 x 75 = 150m. Según Gilbert (4)
1a deformación angular en una onda de Rayleigh de amplitud
µ es
= 2 µ /
= 2 X 0.30/150 = 0.0125, (1)
o sea, una deformación de
1.2%. Esto corresponde a una disminución de cerca de 50%
del módulo de cortante G, lo que equivale a un decremento
de 70% del módulo secante de rigidez µ. En el relleno
arenoso que cubre las arcillas el decremento de la rigidez fue
aún mayor, ya que las arenas son más degradables
que las arcillas (véase figura 1). Actualmente no sabemos
si un sedimento es capaz de propagar ondas de cortante u ondas
de Rayleigh de baja frecuencia en tales condiciones.
Así, las deformaciones en
el sismo de 1985 rebasaron el umbral de la no linealidad. Ahora
bien, cuando se reduce el módulo de cortante G, la velocidad
de las ondas de cortante baja también, en proporción
a la raíz cuadrada de µ. El periodo T permanece prácticamente
constante a partir del momento en que las ondas superficiales
empiezan a dominar, es decir, cuando aparecen las amplitudes máximas
en la arcilla. Por lo tanto, la longitud de onda A tiene que acortarse,
ya que se verifica = T. Esta reducción de la longitud de
onda constituye el punto crucial de nuestra argumentación.
Si examinamos la ecuación
(1), vemos que la deformación difícilmente puede
quedarse en 1.2%. Tiene que aumentar sustancialmente debido al
acortamiento de y debe seguir aumentando después de cada
ciclo de carga, aunque la amplitud u no crezca. En realidad, u
aumentó durante todo el primer minuto del temblor .
Así, para cada incremento
de se registra otro nuevo decremento de G. Este fenómeno,
observado en el laboratorio, se conoce con el nombre de "degradación
del módulo de cortante".(5) La rapidez de la degradación
depende de ; es decir, se acelera cuando > 0.1 % . En conclusión,
podemos afirmar que durante el sismo de 1985 la superficie de
la arcilla pudo haber alcanzado deformaciones sumamente altas,
mucho mayores que el valor " = 0.4% que comúnmente
se supone. (6)
A medida que la impedancia elástica
del material se reduce más allá de cierto umbral,
una proporción creciente de la energía se vuelca
hacia otra forma de energía: la gravitacional.(4) Al principio
la energía gravitacional es muy pequeña, puesto
que vale gu2 por m2, mientras que la energía elástica
vale 2 µ u2 / , y g << 2 µ / . Pero cuando µ
-> 0 la velocidad decrece, la onda se acorta y sus características
se asemejan cada vez más a las de una ola hidrodinármica,
tal como predijo Gilbert.(4) "
Figura 2. Razones espectral es de Fourier para los sismos del19
de septiembre de 1985 (trazo lleno) y del 21 de septiembre de
1985 (trazo punteado), según Singh y otros autores.6 Las
estaciones CDAO y CDAF se encuentran en la Central de Abasto (terreno
blando), y la estación CUIP está ubicada en la Ciudad
Universitaria (terreno duro)
Los métodos lineales de análisis
no son necesariamente los más adecuadospara detectar estos
cambios, sobre todo cuando se desarrollan en el dominio de la
frecuencia y no de la longitud de onda. Singh y otros autores6
comparan los espectros de Fourier de los sismos del 19 y 21 de
septiembre de 1985 para tres estaciones: CDAO y CDAF, ubicadas
en la Central de Abasto, en suelo blando, y CUIP, en Ciudad Universitaria,
en suelo duro (véase figuras 2 y 3). Debido a la cercanía
de estas estaciones, puede suponerse que el movimiento de la roca
dura debajo de CDAO y CDAF fue idéntico al movimiento registrado
en CUIP . Para el caso de una amplificación lineal, los
tres registros no solamente deberían ser similares sino
que los de CDAO y CDAF deberían poder derivarse del CUIP
mediante una operación de amplificación y filtrado.

Figura 3. Acelerogramas obtenidos en las estaciones CUIP y CDAO,
que sirvieron de base para el cálculo de la gráfica
superior de la figura 2. Nótese la diferencia de duración
y carácter entre los registros en suelo duro y blando,
así como la diferencia en la proporción de amplitudes
para los dos sismos. El tren de ondas--superficiales que se advierte
en CDAO después de los 60 s solamente es observado en las
arcillas
El acelerograma de CDAF para el 19
de septiembre de 1985 alcanzó accidentalmente una duración
de solamente un minuto debido a un problema operacional en CDAF.
El resultado fue una fuerte reducción del pico espectral
(véase figura 2), correctamente atribuida por Singh y otros
autores a la amputación de la coda del sismograma.6 Esta
coda faltante se inició y desarrolló lo hasta dos
minutos después de terminar la señal en CUIP: no
pudo entonces haber sido generada por la señal de CUIP
. Por lo tanto, las comparaciones espectrales parecen carecer
de validez, puesto que miden el efecto de ondas superficiales
que estaban presentes en los registros en suelo blando y ausentes
en los de suelo duro, debido a la breve duración de estos
últimos.
Esto se aprecia más claramente
a través de las envolventes del espectro de respuesta en
CDAO (véase figura 4). Obsérvese el máximo
espectral característico, que se inicia después
de terminado el primer minuto de registro y que se prolonga hasta
el final del registro con una duración total de 3 minutos.
Esta fase posee un contenido espectral casi monocromático
de aproximadamente 4 s de periodo. No existe fase similar en los
acelerogramas en suelo duro. Velázquez de León constató,
con reloj en mano, que la duración de las oscilaciones
armónicas sensibles al hombre en el sismo de 1768 fue de
más de 6 minutos, 7 confirmando observaciones similares
hechas durante el sismo de 1985. Difícilmente puede suponerse
que una onda superficial sensible al hombre durante 6 minutos
pudiera resultar de la amplificación de una onda de cuerpo
cuya duración máxima fue , de apenas una fracción
de minuto.

Figura 4. Envolventes de espectros de respuesta para dos estaciones
en suelos arcillosos lacustres: a) sismo del 19 de septiembre
de 1985 en la esta- ción CDAO; b) sismo del Mar de
Japón (1983) en la estación OGV OgataoMura (según
Ohta y otros). '6 Obsérvese el carácter monocromático
y la duración del tren de ondas superficiales, que
corresponde al máximo de la envolvente eso pectral
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La figura 4 muestra otro acelerograma,
correspondiente al sismo de Mar del Japón de 1983. Pese
a la gran diferencia entre las distancias hipocentrales (100 km
contra 404 km) la similitud entre estos sismogramas es notable,
mucho mayor que con el de CUIP, estación situada apenas
a 10 km de CDAO. Pero la única semejanza entre CDAO y OGV
(la estación japonesa) consistió en que ambas estaciones
estaban localizadas en arcillas lacustres.
En la figura 3, notamos que la razón
de amplitudes entre los dos sismos (19 de septiembre a 21 de septiembre)
es muy diferente para estaciones en suelo blando y duro: 4: 1
para CUIP, contra 2: 1 para CDAO. Esta diferencia resulta especialmente
visible para el caso del tren de ondas superficiales. La diferencia
de magnitudes es:
M19 - M21 = 8.1-
7.5 = 0.6 (2)
lo que concuerda bien con la razón
de amplitudes en CUIP, puesto que 0.6 es el logaritmo de 4. En
otras palabras, la estación CUIP parece comportarse en
forma lineal, de acuerdo con la definición de la magnitud
como proporcional al logaritmo de la amplitud. En cambio, la estación
CDAO acusa una discrepancia del orden de 100 % con respecto a
la razón de amplitudes esperadas. Si las amplitudes en
suelo blando no siguen la escala de magnitudes, ya que una diferencia
de magnitudes relativamente moderada ( M = 0.6) produce una discrepancia
de un factor de dos, que puede medirse directamente en el sismograma
sin la ayuda de espectros de Fourier, y si esta discrepancia se
traduce además en una reducción de 40% en el pico
espectral, 6 tal discrepancia sugiere no linealidad.
Pese a los esfuerzos y al ingenio
invertidos, nadie ha logrado duplicar el tren de ondas característico
del sismograma de CDAO con base en una transformación lineal
del sismograma de CUIP . Un mejor resultado se obtiene cuando
se utilizan las ondas de Rayleigh en la estación TACY para
generar la coda del registro de SCTl (M.P. Romo, comunicación
personal). Evidentemente, no se trata de ondas engendradas por
amplificación de ondas de cuerpo provenientes del basamento,
sino de ondas superficiales generadas en la capa sedimentaria
a través de algún tipo de acoplamiento con ondas
de Rayleigh.
En este caso, la comparación
de los picos espectrales entre estaciones en suelo blando y duro
no es directamente interpretable en términos de amplificación,
sea lineal o no lineal. Lo propio puede decirse de las funciones
de transferencia, si es que podemos hablar de transferencia entre
ondas de cuerpo y de superficie. Todo indica que el comportamiento
de las arcillas fue altamente no lineal.
Efectos de ondas no lineales
La relevancia de la sección
anterior para el problema de la causalidad de la catástrofe
es evidente. En efecto, las solicitaciones críticas ya
no serán solamente las aceleraciones basales generadas
por ondas de cuerpo, sino también las deformaciones del
terreno producidas por ondas superficiales.
Si el efecto principal de la no linealidad
fue acortar la longitud de onda ,
este acortamiento debe ser detectable instrumentalmente. Para
ello basta disponer de estaciones espaciadas a distancias menores
que .
Esto es factible, pero no se ha hecho ni en México ni en
otros lugares. Sin embargo en Suecia se han efectuado mediciones
de ondas producidas por vibraciones artificiales en arcillas blandas
(no tan blandas como las de México), y se encontraron ondas
superficiales con longitudes de 20 a 30 m.8 Estos valores son
de 8 a 12 veces menores de los esperados con base en la teoría
lineal. Si suponemos un acortamiento en la misma proporción,
en el caso del sismo de 1985, podrían suponerse longitudes
de onda de 15 a 20 m en las arcillas del Valle de México.
Tales longitudes de onda concuerdan
con las descripciones de ondas "visibles" por testigos
oculares en grandes terremotos.(9,lO) La existencia de ondas superficiales
de corta longitud y de baja velocidad de propagación es
cada vez más difícil de negar o de ignorar. Son
fenómenos que han sido descritos demasiadas veces y con
demasiada precisión y consistencia.
¿Cómo podemos explicar
estas ondas? Jeffreys 1l hace notar que la rigidez de la glicerina
es 3 X 106 cgs, valor apenas 10 veces menor que la rigidez de
la arcilla del Valle de México en estado de reposo. Se
requiere muy poca pérdida de rigidez para que este material
se comporte como un fluido a bajas frecuencias. En cambio, para
pequeñas amplitudes y altas frecuencias se observa que
los materiales saturados de baja rigidez se comportan como un
sólido elástico.
Este hecho ha sido conocido por los
geofísicos durante muchos años. Después del
gran sismo de Tokio, Matuzawa 12 analizó las condiciones
de existencia de ondas gravitacionales en los suelos arcillosos
partiendo de la suposición de que el material se comportaba
como un líquido. Hoy sabemos que se trata de una simplificación
extrema, pero las observaciones en que se sustenta no han sido
rebatidas. Mooney y Bolt 13 calcularon las curvas de dispersión
de ondas de Rayleigh en una capa sedimentaria de 100 m de espesor
y una velocidad de cortante de =
200 m / s; encontraron que a periodos mayores de 1 s el movimiento
d e las partículas era prógrado y predominantemente
horizontal, como en el caso de las ondas superficiales registradas
en el sismo mexicano de 1985. Existe una prominente fase de Airy
a un periodo de cerca de 1 segundo.
Gilbert4 concluyó que el cambio
del movimiento orbital de retrógrado a prógrado,
y de predominantemente vertical a predominantemente horizontal,
puede interpretarse indicando un comportamiento transicional entre
una onda elástica y una onda de gravedad como existiría
en una capa fluida. Debe notarse que los efectos mencionados,
ocasionados por la baja rigidez de la capa sedimentaria, todavía
no contemplan el efecto de la no linealidad.

Figura 5. Dimensiones de un edificio y profundidad
bajo el nivel de la calle
Supongamos ahora un edificio de ancho
,
largo L y altura H desplantado sobre un terreno plano a profundidad
p bajo el nivel de la calle (véase figura 5). Sea
la longitud de onda y ux y z los desplazamientos en la dirección
de la propagación y la vertical, respectivamente. La inclinación
del suelo por efecto del terremoto estg
= 2
uz / .
Para amplitudes muy pequeña, o sea, antes de que la rigidez
se deteriorara por efectos del sismo, tendríamos ~=
150 m. Para una amplitud de uz = 10 cm se tendríatg
= 2
x 0.10 /150 = 0.419% que es una inclinación tolerable si
recordamos que había edificios inclinados en 3% sin derrumbarse.
Por tales consideraciones, se acostumbra no tomar en cuenta la
rotación de la base en el diseño sísmico
de las estructuras.
En cambio, supongamos la existencia
de ondas no lineales de longitud
= 20 m. Tenemos ahora tg
= 2
x 0.10 /20 = 3.14%, que supera la inclinación que terna
el edificio Nuevo León antes del sismo (alrededor de 3%).
Esta construcción tenía un ancho A= 13.5 m y una
altura H=41.8m. El desplazamiento del centro de gravedad debido
a la inclinación puede calcularse en 41.8 X 0.06/2 = 1.25
m en una dirección (inclinación de 6%) y cero en
la otra dirección. Por poco que se amplifique la oscilación
del edificio puede considerarse que el centro de gravedad caerá
fuera del tercio central de la base (13.5/6 = 2.25 m) y la construcción
se desestabilizará.
Consideremos ahora el efecto de la
longitud de onda sobre el edificio en planta. La sección
caída del edificio tenía un largo L = 100 m. Si
la longitud de onda fuera A = 150 m la torsión en planta.
aunque considerable. cambiaría de signo una sola vez. Pero.
si la onda no fuera lineal, con una longitud de onda de
= 20 m y ux = 30 cm. la torsión alcanzarla
= 2
X 0.30/20 = 9.4% . Más aún, la onda cabría
cinco veces en la planta del edificio, puesto que L = 5 .
Es decir, la deformación cambiarla de signo hasta 10 veces
en la sección de planta; y como la onda viaja lentamente
a lo largo del edificio el efecto serla semejante al del tornillo
sin fin de una trituradora o de un molino de carne.
Las consideraciones anteriores se
aplican a la deformación del suelo. Un largo de 100 m era
excepcional puesto que la mayoría de los edificios en México
medían menos de una cuadra de largo. Para una estructura
provista de cimientos rígidos. los valores correspondientes
se promediarían sobre todo el largo y el ancho de la cimentación;
por lo tanto. las solicitaciones efectivas del temblor serían
bastante menores que las calculadas arriba. No cabe duda que es
posible diseñar edificios para que resistan este tipo de
solicitaciones.
Las estructuras marinas, por ejemplo,
se diseñan generalmente para resistir olas de longitud
igualo menor que el largo de la nave. Sin ir más lejos,
nuestros edificios coloniales han de. mostrado una sorprendente
capacidad para resistir altas deformaciones e inclinaciones. Pero
el hecho de tener que considerar la rotación y distorsión
de la base ("cabeceo" y "balanceo", para hablar
en términos náuticos), introduce inevitablemente
ciertas limitaciones, sobre todo de altura ( como en el caso de
los barcos), además de nuevas exigencias de redundancia
y de flexibilidad.
En tal caso, ¿cómo
se explica que haya sobrevivido la mayoría de los edificios
altos en el centro de la ciudad? Una respuesta posible es la siguiente.
Toda onda superficial es, por definición, una onda cuya
amplitud decae en la dirección vertical. A una profundidad
de /2
el movimiento ya es muy pequeño en términos de ingeniería.
Mientras la arcilla se comporta en forma lineal, con una longitud
de onda de
= 150 m, la capa blanda es afectada en su totalidad puesto que
/
2 =75 m, que es del orden del espesor de la capa blanda. En cambio,
si se suponen ondas no lineales de
= 20 m, tenemos que /2
= 10 m; y en este caso las estructuras desplantadas o las tuberías
cimentadas a más de 10 m de profundidad no habrían
sido afectadas por los sismos.
Esto corresponde bastante bien a
las experiencias recogidas en el sismo de 1985. En efecto, de
los edificios de seis o más pisos, aquellos que poseían
sótanos profundos para estacionamientos fueron los menos
afectados. Ello se esperaría igualmente con base en la
teoría lineal. Sin embargo, los túneles del Metro
fueron poco afectados, y las estructuras de acceso a ese medio
de transporte sí sufrieron daños. Las tuberías
del Drenaje Profundo quedaron intactas; en cambio, las de distribución
del agua potable fueron gravemente afectadas.
En resumen, la no linealidad del
Comportamiento elástico del material sedimentario saturado
bien pudo haber desempeñado un papel relevante en la distribución,
índole y gravedad de los daños observados en el
terremoto del 19 de septiembre de 1985.
Otras causas
Si revisamos la historia sísmica
de nuestro país, nos percatamos de que el Valle de México
ha sufrido daños con todos y cada uno de los grandes sismos
que se originaron en la zona de subducción. Ya sea lineal
o no lineal el mecanismo de excitación en la arcilla del
Valle de México, el hecho es que se generan grandes amplitudes
con sismos provenientes de cualquier epicentro en la Zona de subducción
con la posible excepción del segmento de Chiapas-Guatemala,
que resulta muy lejano.
La zona de subducción representa
con mucho la estructura sismogénica más activa del
país. Puede afirmarse, por lo tanto, que el Valle de México
es la zona más expuesta y de mayor riesgo sísmico
en la República. En efecto, por muy elevado que sea el
riesgo sísmico en alguna zona de la costa mexicana del
Pacífico, el de la ciudad de México siempre lo excederá
puesto que incluye, adicionalmente, el riesgo proveniente de las
demás zonas.

Figura 6. Situación del Valle de México en relación
a la zona de subducción del OceAno Pacífico. El
contorno sombreado corresponde a la zona de intensida. des superior
a VII en la escala de Mercalli, por causa de sismos con epicentro
en las costas de MichoacAn y Guerrero. La zona cubierta por líneas
isosistas muestra las zonas focales que pueden originar darlos
de consideración en la Ciudad de México
En la figura 6 vemos la situación
general del Valle de México en relación con las
fuentes sismogénicas del Pacífico. La hemos presentado
bajo la forma de un mapa de isosistas combinado para resaltar
la distribución probable de intensidades; sin embargo,
dicho mapa no refleja la incidencia temporal relativa, que debe
ser mucho más alta para el Distrito Federal.
Proponemos, entonces, como segunda
causa de la catástrofe la situación excepcionalmente
riesgosa y vulnerable a la acción de sismos del Valle de
México. Esta situación apenas está siendo
reconocida en el medio científico; aún falta mucho
para que se traduzca en una política urbanística
efectiva.
Los daños catastróficos
provocados por el sismo de 1985 afectaron predominantemente edificios
de 6 a 15 pisos, construidos bajo la vigencia de una norma sísmica
considerada como una de las más avanzadas de su época.
Sabemos que ello no fue suficiente. Pero ninguna norma sísmica
del mundo parece considerar rotaciones de la base por efectos
de ondas no lineales de corta longitud. Si estas ondas desempeñan
un papel importante en el origen de los daños, tal omisión
debe ciertamente incluirse entre las causas de la catástrofe
de 1985.
Los efectos de rotación y
torsión de la base serían especialmente relevantes
en edificios altos y cimentados a escasa profundidad; en edificios
largos y poco redundantes en su diseño estructural, y en
edificios frágiles o poco dúctiles. Por ejemplo,
cuando un edificio alto y frágil es sometido a inclinaciones
cíclicas repetidas, la estructura tiende a sacrificar sus
pisos superiores con tal de bajar su centro de gravedad. Esto
representa un dilema para el ingeniero, ya que al asignar coeficientes
sísmicos más elevados a los pisos superiores se
incrementa la rigidez del edificio y se requiere un empotramiento
basal más profundo para prevenir el volcamiento. y como
los pilotes confieren escasa rigidez lateral, ello podría
implicar una limitación a la altura de los edificios en
suelo blando.
No quisiéramos concluir esta
sección sin mencionar un tema doloroso, que no se ha destacado
suficientemente en los trabajos técnicos sobre el terremoto
de 1985: el de las víctimas. Es difícil discutirlo
sin parecer melodramático; sin embargo, es necesario.
La vivienda cuesta dinero; la seguridad
también. Ambas son deseables. Por lo tanto, podría
considerarse que un cálculo de tipo de costo-beneficio
será eminentemente aplicable en este caso. Las normas sísmicas
deben incorporar precisamente esta clase de cálculo. Esto
significa que el costo de una catástrofe como la de 1985
debe ser evaluada; dejar de hacerlo equivale a adoptar una actitud
evasiva ante la realidad.
Pero, ¿cómo calcular
el costo de las vidas humanas? Ninguna de las 20 000 víctimas
en la tragedia del 19 de septiembre de 1985 quería morir;
ninguna estaba preparada para este terrible desenlace. Al adquirir
su departamento, a veces a costa de grandes sacrificios, ciertamente
nadie pensó que se exponía a esta clase de riesgos;
más bien, suponía que un edificio moderno representaba
una vivienda más segura para él y su familia. Nadie
sospechaba la posibilidad de la muerte de sus hijos, atrapados
en los escombros de un cuarto vecino y sufriendo una lenta y atroz
agonía en la oscuridad, sin poder socorrerlos. Estos miles
de niños martirizados, a cuya memoria está dedicado
este artículo, son las víctimas inocentes de un
proceso que desgraciadamente está en peligro de repetirse
.
Más de dos años después
de la tragedia, México sigue careciendo de un programa
efectivo de prevención en el ámbito de la comunidad
en general. Parece evidente que ésta debe contarse entre
las causas de la catástrofe. Las vidas de millares de ciudadanos
representan necesariamente una pérdida más catastrófica
e irreparable que los valores materiales de centenares de edificios
destruidos.
El proceso normativo no solamente
debe encarar estos hechos sin parpadear; también debe institucionalizar
un proceso que permita la incorporación de nuevas tecnologías
constructivas y de diseño en forma rápida y expedita.
Nos referimos a un proceso como el que existe actualmente en la
aviación civil, donde cada accidente se investiga en forma
exhaustiva y, en lo posible, en forma accesible al público
usuario. Una vez determinadas las causas, se introducen modificaciones
inmediatas en las normas a escala mundial, y estos cambios son
acatados por la industria en forma voluntaria y en un plano de
cooperación mutua y buena voluntad, aun cuando eso signifique
suspender los vuelos para cierto modelo de avión hasta
subsanar el defecto.
Necesitamos el mismo tipo de proceso
normativo en ingeniería sísmica. Por ejemplo, existe
cierta incongruencia en establecer reglas rigurosas y detalladas
de cálculo para edificios cuyo estricto cumplimiento incumbe
al proyectista, y al mismo tiempo dejar a su plena discreción
la única decisión que verdaderamente importa, a
saber: dónde pueden construirse edificios de determinadas
características y dónde no.
Planear edificios sin salidas de
emergencia accesibles y funcionales en caso de derrumbe equivale
en cierto modo a diseñar un reactor nuclear sin circuitos
secundarios. Una vez que se ha producido un colapso real, con
víctimas reales, incumbe al proceso normativo estudiar
todas las estructuras desde el punto de vista de lo que sucedería
con los usuarios en caso de emergencia.
No es nuestra intención criticar
lo mucho que se ha avanzado en materia de normas sísmicas
desde la Ley Field en California (1933), pasando por el Código
Unificado de Construcciones y sus equivalentes en México
y en otros países. Pero es preciso reconocer que la catástrofe
mexicana de 1985, precisamente por el tipo de construcciones afectadas
y por el número de víctimas que tuvo, puede y debe
significar un hito en el proceso normativo mundial en materia
de protección sísmica.
Etica y causalidad
No sólo es difícil
sino imposible dar una respuesta éticamente neutra a la
pregunta sobre las causas de la catástrofe sísmica
de 1985. Ya hemos identificado cuatro causas principales: la presencia
de arcillas lacustres, el desconocimiento de los efectos de la
no linealidad en suelos durante los grandes sismos, la posición
geográfica vulnerable de la ciudad de México, y
las carencias en materia de prevención de catástrofes.
¿En qué orden corresponde jerarquizar estos cuatro
factores?
Sin la presencia de arcillas lacustres
no hay catástrofe. Si no se considera la presencia de las
arcillas, sus propiedades físicas y su distribución
en los suelos de la ciudad de México no existe posibilidad
de una zonificación efectiva. Hasta que se reconozca la
primacía de este factor causal, se reglamentará
el tipo de estructuras que pueda permitirse en dicha zona. Por
tal motivo, proponemos citarlo en primer lugar .
La segunda prioridad corresponde
necesariamente al factor conocimiento. Se desconocía y
de hecho sigue desconociéndose- el efecto de la no linealidad
en los suelos durante los grandes sismos. Es posible que este
efecto sea menor de lo que aquí suponemos pero todo indica
que el efecto existe y que es importante. Es preciso averiguarlo.
Los últimos dos factores son
de tipo político. La ciudad de México está
situada en un foco de convergencia del riesgo sísmico desde
las zonas activas del Océano Pacífico: ¿qué
estamos haciendo al respecto? ¿Qué medidas de protección
civil se están llevando a cabo en el ámbito de la
comunidad? ¿Cuáles han sido los efectos de la política
de descentralización? Es necesario proponer e impulsar
alternativas urbanísticas imaginativas; por ejemplo, podría
reservarse la zona baja de la ciudad para edificar el futuro centro
administrativo, legislativo, jurídico y cultural de la
nación.
La priorización de las causas
de una catástrofe revela en ocasiones lagunas insospechadas
en nuestros conocimientos y limitaciones en el seno de la propia
sociedad. Supongamos, a título de ejemplo, una teoría
causal que citara tres factores de la catástrofe: la gran
magnitud del sismo, la amplificación del suelo y el crecimiento
de la ciudad de México. Ninguna podría calificarse
de desconocida o de imprevisible. Esto equivale a decir que la
catástrofe fue resultado de la fatalidad: todo estaba previsto
pero la desgracia sucedió a pesar de todo. Equivale, en
cierto modo, a declinar toda responsabilidad.
Si partimos, por el contrario, de
un punto de vista humanista (en oposición al fatalista),
tenemos que comenzar por reconocer que toda catástrofe
es, ante todo, evitable. La naturaleza no es nuestra enemiga,
sino la necedad y la codicia del hombre. La civilización
consiste en erigir normas para combatir estas tendencias. Guando
existe responsabilidad social ( dice una antigua fuente china)
ni la muerte puede ser una calamidad.
Discusión
El presente trabajo plantea más
preguntas de las que resuelve. No hemos discutido el problema
del mecanismo mediante el cual se generarían las ondas
no lineales. No hemos tratado la cuestión de la transición
entre ondas elásticas y olas seudo-gravitacionales, relacionada
con la siguiente pregunta: ¿debe conceptualizarse a la
arcilla como un sólido elástico, un cuerpo viscoelástico
o elastoplástico, o un líquido viscoso? Finalmente,
no hemos hablado de los experimentos cruciales que tendrán
que realizarse en el laboratorio y en el campo para resolver todas
estas preguntas.
Supongamos que el sismo genera una
onda estacionaria en el centro de la laguna. Las olas se propagarían
lentamente en dirección a las orillas. Al adelgazarse la
capa de arcilla, los frentes de olas se orientarían en
forma paralela a la orilla y las amplitudes crecerían como
en el caso de una rompiente. Esto explicaría los efectos
extraordinarios observados en la orilla del lago (en la colonia
Roma, por ejemplo). En el caso del edificio Nuevo León,
su orientación paralela a la orilla, haciendo frente a
una amplia zona lacustre de edificación baja, debió
ser especialmente desfavorable, ya que hizo que la construcción
absorbiera toda la energía de la ola en su costado.
La arcilla del Valle de México
es un material singular, cuyas propiedades siguen siendo muy poco
estudiadas. Su contenido de agua es muy alto ( casi 400%), y su
consistencia sólida se debe a enlaces químicos entre
granos minerales; estos enlaces pueden perturbarse o romperse
debido a la acción de las ondas sísmicas de cortante.
Matuzawa (12) y Gilbert(4) han desarrollado
teorías acerca del tipo de ondas que puede existir en un
suelo cuando la energía gravitacional empieza a predominar
sobre la energía elástica. Pero ninguno de estos
autores ha considerado el efecto de una eventual transición
no lineal entre elasticidad e hidrodinámica. Es importante
saber si esta transición puede ser gradual, como parece
pensar Gilbert , o si es más bien similar a un cambio de
fase. En este último caso, la onda se "congelaría"
produciendo ondulaciones residuales del suelo como las que se
han observado en los terremotos japoneses. (12) Urge realizar
experimentos críticos para definir los fenómenos
dinámicos que ocurren en la región de transición.
Conclusiones
En conclusión, podemos decir
que las causas principales de la catástrofe sísmica
del 19 de septiembre fueron las siguientes:
1. La presencia de arcillas blandas
en una zona bien delimitada del Valle de México.
2. El desconocimiento de los efectos
que pueden tener sobre las estructuras las ondas no lineales de
corta longitud.
3. La situación excepcionalmente
riesgosa, y vulnerable a la acción de los sismos distantes,
del Valle de México.
4. La falta de instrumentación
de un programa efectivo de defensa civil y de prevención
contra catástrofes en el ámbito nacional y local.
Otras causas pueden haber desempeñado
un papel relativamente secundario. Así, el sismo fue de
elevada magnitud, aunque no mayor que otros que han afectado la
ciudad en los últimos 100 años. Hubo amplificación
de ondas de cuerpo, aunque ello no pueda explicar la aparición
del tren de ondas superficiales que fue el causante de la catástrofe.
También hubo crecimiento demográfico, aunque no
tanto en la zona que sufrió los daños más
graves. Podría decirse, sin exagerar, que el 185 cambio
más significativo entre 1932 y 1985 consistió en
la proliferación de un tipo de construcción más
vulnerable la acción de las ondas no lineales. Los daños
en edificios coloniales no fueron esencialmente mayores en 1985
que en los sismos de 1911 y de 1932.
Hubo edificios que adolecieron de
graves defectos de construcción y diseño. Sin embargo,
estas fallas no estaban circunscritas a una zona específica
de la ciudad y no pudieron ser factores determinantes de una catástrofe
de esta magnitud. Es importante investigar todas las causas y
no solamente las que concuerdan con una determinada teoría
de su origen. El estudio de una catástrofe requiere de
la interacción de muchas disciplinas científicas
y tecnológicas y no puede soslayarse la presencia de puntos
de vista políticos, éticos y humanos que influyen
en la selección de las causas y su categorización.
Agradecimientos
Agradezco la crítica oral
y escrita del profesor Emilio Rosenblueth y de otros colegas,
especialmente de Servando de la Cruz, Luis &teva, Alberto
jaime, Jorge Lomnitz Adler, Miguel P. Romo y Gerardo Suárez.
La investigación básica para este trabajo fue apoyada
por la Universidad Federal de Bahía, Brasil y la Universidad
de Kyoto, Japón. Agradezco a los profesores T. Mikumo de
Kyoto, y E.E.S. Sampaio, de Bahía, su generosa hospitalidad.
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(Ciencia y desarrollo,
septiembre/octubre 1988 Vol. XIV Núm 82, CONACYT)
(Con Información
del Servicio Sismológico Nacional - UNAM / Artículo
escrito por Cinna Lomnitz)
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