|
Opinión - Miguel Ángel Granados Chapa
El extraño caso del canal 40
Ciudad de México,
19 de septiembre (Redacción RG / Reforma).-
Hace cuatro meses que el Canal 40 dejó de transmitir, suspendidas
sus operaciones por una huelga extraña: el sindicato que
representa a los trabajadores ha rehusado admitir que el empleador
satisfaga, como se empeña en hacer, todas sus peticiones
a fin de reanudar labores. A esa conducta anómala de la
representación sindical corresponden otras del mismo carácter
de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, que sin
atribución legal ninguna averigua lentamente la naturaleza
de un crédito ofrecido a la concesionaria de ese canal.
Y los tribunales atentan contra el derecho de propiedad al conceder
derechos de accionista a un acreedor. Todo ello impide que el
público disponga de una opción televisiva que enriquecía
el espacio informativo en la pantalla chica.
El 19 de mayo, después
de varios emplazamientos no cumplidos por la buena fe de los trabajadores
que esperaban el pago de salarios atrasados y otras prestaciones,
CNI entró en huelga. Llegó así a un punto
culminante una situación que los empleados de esa televisora
habían resistido con entereza profesional, pero ya no era
posible prolongar. Había una contradicción de fondo
en la suspensión de labores, pero no era atribuible a los
trabajadores. Al dejar de transmitir, y en consecuencia dejar
de facturar publicidad, disminuían minuto a minuto las
posibilidades de una recuperación financiera que permitiera
el pago de lo adeudado.
El Sindicato de Trabajadores de la
Industria de Radio y Televisión (STIRT), del que forman
parte los asalariados de canal 40 no es una agrupación
que vaya a la huelga fácilmente. No registro ningún
caso en que haya llegado a ese extremo, ni durante las prolongadas
gestiones de Rafael Camacho Guzmán y Nezahualcóyotl
de la Vega, ya finados, ni en la actual de Ricardo Acedo Samaniego.
Como sindicato nacional de industria, que contrata con los grandes
consorcios de la comunicación, prefiere una buena relación
con los empleadores. De cualquier modo, esta huelga nacía
de motivos justos.
Ausente el principal accionista del
40, Javier Moreno Valle que entre muchos conflictos enfrenta uno
de carácter fiscal, su abogado Javier Quijano quedó
a la cabeza de un fideicomiso a través del cual se ofreció
a los huelguistas la satisfacción total de sus peticiones.
Hasta estuvo de acuerdo en cubrir adeudos que no formaban parte
de la litis inicial. Además de la oferta directa al sindicato,
inició y perdió ante la Junta Federal de Conciliación
y Arbitraje un procedimiento para allanarse a las demandas laborales.
Y sólo encontró renuencia sindical, pues ya la CTM
se había interesado directamente en el caso, al extremo
de que poco antes de su muerte Leonardo Rodríguez Alcaine
llamó gángster a Moreno Valle.
CNI quedó en posición
de pagar a los trabajadores gracias a un crédito sin garantía
ofrecido por General Electric México (GEM). Como si fuera
autoridad bancaria o mercantil, la SCT determinó averiguar
el alcance de ese préstamo. No creyó en la palabra
de Quijano, quien aseguró a esa secretaría que además
de ese crédito no se había celebrado acto jurídico
alguno que alterara el régimen de propiedad de la concesionaria.
Incrédula, la SCT decidió averiguar la índole
de esa operación, no obstante que públicamente GEM
informó que el crédito tenía el propósito
de sanear financieramente al canal 40 para que sus subsidiarias
NBC Universal y Telemundo tuvieran en México un mercado
para su programación. Por otro lado, a pesar de que la
Comisión Nacional Bancaria y de Valores (al responder a
la SCT que nada tenía que decir de GEM porque no es una
entidad financiera), recomendó no requerir información
al Gobierno de Estados Unidos, la SCT lo hizo y continúa
en espera de respuesta, que en cualquier sentido que se ofrezca
no concierne en lo absoluto al ámbito de regulación
propio de esa celosa secretaría.
La demora laboral y la administrativa
fueron el marco perfecto para que TV Azteca, que posee en prenda,
pero no en propiedad, el 51 por ciento de las acciones de la concesionaria
del canal 40 reemprendiera por la vía judicial su viejo
empeño de quedarse con esa teleemisora. A pesar de que
no es accionista sino acreedor, consiguió que el juez 28º.
civil convocara a una asamblea donde destituyó a Moreno
Valle como administrador de la empresa y puso en su lugar a Hernán
Cabalceta, su antiguo socio, poseedor del 5 por ciento de las
acciones. La Novena Sala del Tribunal Superior de Justicia del
DF validó la absurda decisión de primera instancia,
que ilegalmente ahorró a TV Azteca un juicio que trocara
la condición jurídica de las acciones entregadas
por CNI en garantía de un viejo préstamo de donde
surgieron los diferendos entre las dos televisoras.
Fue también nombrado un comisario,
que tomó la insólita medida de desconvocar a una
asamblea de accionistas a que había llamado Moreno Valle
para el 12 de septiembre. A pesar de la desconvocatoria, a la
que no concedieron valor alguno, se realizó la asamblea
de accionistas con presencia del 95 por ciento del capital. La
asamblea, que ratificó en su cargo a Moreno Valle decidió
también acudir en queja ante el Consejo de la Judicatura
y denunciar ante el Ministerio Público Federal al juez
que convirtió en accionista a un acreedor.
No es preciso suponer una concertación
de acciones para comprobar que sí hay una coincidencia
de efectos, que se reúnen en impedir que se resuelva en
favor de los trabajadores la huelga que su sindicato mantiene.
(Con la opinión
de Miguel Ángel Granados Chapa / Reforma)
|